Poesía Cuatro
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 4 de agosto de 2026
CRISTINA SÁNCHEZ-ANDRADE
49
El
chatarrero
¡El
chatarrero! ¡Ha llegado el chatarrero!
¡Haaaaaa llegado el chatarrero
a la puerta de su casa, señoooooora!
Recogemos
todo tipo de chatarra:
esperanzas oxidadas,
iras polvorientas y días que pesan como el metal,
lámparas
como sueños apagados,
recuerdos hechos añicos,
tuberías y cañerías atascadas
como viejos pensamientos.
¡El
chatarrero! ¡Ha llegado el chatarrero!
¡Haaaaaa llegado el chatarrero
a la puerta de su casa, señoooooora!
Señora,
solo tiene que salir.
Saque a la puerta lo que tenga,
ollas resentidas,
sartenes inseguras y
manijas
que gimen en la oscuridad.
Saque ventanas y puertas,
las rejas que la separan del mundo.
¡El chatarrero! ¡Ha llegado el chatarrero!
¡Haaaaaa llegado el chatarrero
a la puerta de su casa, señoooooora!
Clasificamos,
limpiamos y desmontamos.
Despiezamos su chatarra mental.
Anímese, señora:
a veces,
si esa chatarra tiene arreglo,
la reparamos para una segunda vida.
DANIEL ALCÁZAR
Su
mano derecha
Artemisia
Gentileschi
La
cuerda aprieta,
cada nudo es un ojo inquisidor.
Mi mano derecha grita,
y con esa misma mano
pinto a Judith degollando a Holofernes
—también con su mano derecha—.
La derecha de Dios reservada al Hombre
es ahora la mano que respira en la espada
que degolla al Hijo
hecho a vuestra imagen y semejanza.
Mi mano derecha sobre la suya.
Su mano derecha empuñando la luz
que nunca nos fue dada y que ahora cae,
roja y abierta sobre el mundo.
De:
“La memoria encendida”
ZUZANNA GINCZANKA
Soberbia
Somos
centros de círculos,
somos
centros de mundos
pensamos la palabra:
«yo»
cerrados en ella como con llave:
mi circunscripción, mi circunscripción c e n t r a l
no quiere hermanarse con la tuya:
somos
centros de círculos
y nos separan
siete colinas — —
nuestros
círculos crecen de orgullo,
se inflan de soberbia,
—¡oh, círculos
lacustres de agua,
— oh, fama
que te agrandas!
en el chapoteo de la lejanía
ya no se oye nuestra propia ola —
nos perdemos en la hipertrofia desbocada
como en ciudades de hormigón armado.
—
¿De qué hablamos?
De nosotros,
que es bueno ser tu propio timonel,
que la libertad es nuestra patria
y nuestro orgullo multiplicado por cien.
— ¿Qué callamos?
El dolor que
de un hachazo abrió el cráneo,
que en la soberbia —
de círculos —
que crecen—
crece con nosotros
la s o l e d a d — —
31 de mayo 1934
De:
“El ave de fuego”
Versión
de Elzbieta Bortkiewicz
FERNANDO DÍAZ SAN MIGUEL
Quiero
saber qué significa todo, saciado de las mentiras que repetimos a falta de algo
real.
espera
Palabras
diáfanas.
espera
El
dolor ya no existe entre antes y después de la muerte, antes o después del
sueño. barro
Vienes
del sueño, me nombras.
disolve
Como
los hombres crean dioses nombrándolos, al nombrarme en el sueño me conviertes
en sueño.
De:
“El libro de la sed”
RONNY RAMÍREZ
Sueño
con una casa
Quiero
una casa donde pueda tender la luna
como un calcetín de Navidad,
pero las monedas bailan en mi alcancía
hasta volverse polvo.
Termino el día vegetando en mi escritorio,
quemando facturas que saltan
de gavetas y ventanas
y encadenando deudas que se arrastran como cascabeles.
Quiero una casa donde echar raíces
y celebrar el paso de los años,
un espacio modesto donde atesorar
los cometas felices;
un lugar sagrado donde crecer, además,
entre olas y peñascos.
Pero no basta sumar más horas
sobre mis hombros o dormir con la corbata.
Espero que el banco me sonría otra vez
y me suelte su jauría de ratas
para quedar absorto en otra tasa de ensueño,
apostar la mitad de mi vida
en una hoja bien planchada,
aun cuando apenas sobreviva
bajo el péndulo que me acorrala
y me zanja los bolsillos.
Debo tirar los dados hasta que mi sueño estalle
como una botella en el refrigerador.
Debo firmar un pacto de muerte y sonreír
porque una casa por fin estará a mi nombre.
De:
“Condeno la noche y sus perros de caza”
