Poesía Cuatro
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 11 de julio de 2026
ÁLVARO OJEDA
Retazos
Casuales
construcciones del sonido:
–yo ya se lo dije, y él lo sabe–
aplazada la confesión hasta el siguiente encuentro
el siguiente día,
la siguiente tarde en un paisaje renuente
a la soledad,
al hartazgo,
a la expiación,
por eso.
El
paso firme más firme que la carne,
la antigua juventud va en el atuendo
y este sol de noviembre ayuda poco,
imposturas necesarias como el ácido ascórbico.
–yo
ya se lo dije–
y la otra que con ella camina
ni finge ni asiente ni parece
detenerse,
–la detención es para los viejos–,
piensa,
aunque las confesiones son detenciones
de corazones,
se piensa como se discurre.
Han
pasado las dos y pasarán mañana
otra vez y otra vez:
nunca preguntará la una por la ausencia de la otra.
MAHFÚD MASSÍS
Perronuestro
PERRONUESTRO
que estás en los cielos,
petrificado sea tu nombre,
caiga sobre nos el tu reino,
hágase tu voluntad sobre la tierra, debajo del cielo.
El pan negro de cada día arrójanoslo hoy
y perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros asesinamos a nuestros deudores;
húndenos en la tentación, más líbranos del animal.
Amén.
JOSÉ MANUEL FAJARDO
El
cementerio
Crece
un rosal salvaje sobre la tumba
en
la que el cuerpo medita su ruina
un
rosal alto y retorcido
fiera
cruz que guarda arisca
el
secreto que le sirve de alimento.
Piedra
que crece
sobre
el lomo erizado de esta ingrata colina
donde
el olvido musita sus palabras de hierba
y la
tierra enseña sus uñas pardas
entre
las tristes ranuras de las lápidas.
Hay
una calma de siesta
en
el cementerio.
Hay
una verja abierta
y
una fosa abierta
y un
pájaro diminuto que se posa en un arbusto
y un
vuelo fugaz de gaviotas
cuyos
gritos secos son la única oración
que
entona el cielo.
En
vano teje la araña del tiempo
su
mortaja de silencio
pues
la húmeda voz del cementerio lanza al aire
sus
mudas palabras de arena y mármol y gravilla
sus
murmullos de césped y caléndulas.
Y en
la hondura del valle
se hacen
eco los perros
y la
lluvia se aquieta
y se
aplacan las iras del viento
y el
rosal despliega el suspiro de su aroma
como
un himno a los muertos.
(Getxo, 1993)
De:
“Perfecta sombra”
JOSÉ MÁRMOL
La
sentencia
unos
ochenta marzos le imaginaría. bronceada la tez. ya
mondo
el cráneo. hierático el pulso en una vieja silla.
apretaba
un cigarro entre la sien izquierda. nadie puede
—me
dijo quedamente— embridar y montar una vida. o
un
deseo a no ser los suyos. a la soledad no temas. ella es
tu
carne. trata de ir destino arriba y el azar te acompañe. él
como
el vocablo dios lo puede todo. la guitarra y la canción
si a
polvo llegan. polvo serán de quien tocó y cantaba.
De:
“Donde todo triste ruido hace su habitación”
ÓSCAR DELGADO
Waldteufel
Tañía
el río estrellas navegantes,
dorado son de estrellas afiladas,
estrellas en el río de la luna.
Luna
de los violines: amarilla
voz infantil sobre la memoriosa
fronda de los violines de la luna.
Y
pasaban las islas en el sueño
de un viento de violines donde el río
tañía las estrellas y la luna.
