domingo, 10 de mayo de 2026


 

ROBERTO MANZANO DÍAZ

 


 

Así a dónde vamos a ir, si necesitamos tanto?

  

Así a dónde vamos a ir, si necesitamos tanto? Si todo se gasta un jolongo de algo, un tranvía de eso y de aquello, un triste diapasón de utensilios;

porque no hay manera, no basta con las manos, no basta con añadir los pies, las rodillas, los codos, los hombros, la cabeza;

no basta: siempre urge una prolongación, un abarque mayor o menor, una hendidura más larga, una extensión casi planetaria;

en cuanto se viene desnudos y desnudos nos marchamos, debíamos tener una desnudez intermedia, pero no es posible;

nos vamos entretejiendo, envolviéndonos, esposándonos, hilándonos y deshilándonos, oh Penélope;

y nos vamos alargando, demorando, sucediéndonos repletos de botones, bocinas, barrenas, oh Odiseo;

grandes son las alforjas de nuestro destino, crecen como los gajos de un milagro, pues vivimos de adminículos;

dependemos de los artesanos que se especializan, de las industrias que se especializan, de los países que se especializan;

toda nuestra libertad radica en el aceite, la sal, la tinta, el petróleo, el papel, el fósforo, el antibiótico;

toda nuestra existencia pasa como un hilo por el que trae el ajo, el distribuidor hidráulico, el mecánico de las imágenes y los dientes;

oh Edison, cómo es posible? hacia dónde vamos a ir si ya necesitamos de este modo? hacia dónde, si somos tantos, y demandamos tanto?;

cuántas cucharitas de diversos tipos, cuántos cuchillitos para los pies, los panes, los pescados;

cuántos espejos y cremas, cuántas tenazas y esmeriles, cuántos títulos y expedientes, cuántos galones y planillas;

cuántas sogas y diademas, detectores y lentes, armas y bebidas, aviones y peinetas, espátulas y misiles;

y hemos olvidado los matices simbólicos del cielo, el sabor del rocío o de la yerba macerada bajo las caderas del amor;

a qué olían las costas de los ríos vírgenes, los langostinos de los arroyuelos, las manos de la amada dentro de las hojas del sasafrás solemne?;

fíjate bien, Tersites, que todo es agotable, insostenible, deleznable, expulsable, pero goza de un acabado perfecto;

fíjate que todo fosforece en líneas puras, pero es para un sólo golpe de boca o para el paréntesis fugitivo del mes;

qué se fizieron los ebanistas que levantaban aquellos muebles sólidos, aquellas mesas que atravesaban como barcos las aguas de los siglos?;

qué se fizieron los artefactos solos, que no formaban cadenas de cadenas, que eran inderivables unos de otros como zafados eslabones?;

oh Plutón, vivir para tantas cosas grandes y chiquitas, urgentes y bellas, frágiles y mancomunadas, terminables y extensas;

con cuántos racimos vive el hombre, dentro de qué férulas, árbol que nunca acaba de gajear hacia la totalidad del viento.


 

MATILDE LADRÓN DE GUEVARA

 

 

 

Quise ser la diosa que cautiva

  

Desde el bruñido bronce de tu cara
y el hondo gesto de tu altiva frente
me miraste y sentí una llamarada
que nacía en tus ojos envolvente.

Había en ella una inquietud curiosa,
llena de rebelión y de desvelos
como esperando que una joven diosa
cayera a tus pies desde los cielos.

Y quise ser la diosa que cautiva
y ser también la sierva enamorada
y sentirme a tu lado, sensitiva,

Para amarte y estar atormentada
y apaciguar mis ojos en tu vida,
en tu mirada triste y desolada.

 

FLORA THOMPSON

 

  


 

Brezo

  

Hablas tú de pálidas prímulas,
de frágiles y fragantes flores,
del junquillo y de la flor del cuco
que perfuman la pradera en primavera.
Pero dadme a mí el brezo,
el brezo con aroma de miel,
el encendido brezo gitano:
¡esa es la flor para mí!

Amas los senderos del jardín,
los céspedes pulidos y los valles,
los trigales y la umbría vereda,
y las velas de pescadores en el mar.
Pero dadme a mí el páramo,
el noble páramo púrpura,
el libre y lejano páramo sin fin:
¡esa es la tierra para mí!

 

AURELIO PASTORI

 

 

 

Mi palabra

  

Recorrí el campo
por última vez
antes de entregarlo.

Al irme y cerrar la portera
me fijé en el poste
que la sostenía:
un molle.

Lo pusimos
como provisorio
hace varios años
y vino a durar hasta hoy
igual que yo.
La polilla y los taladros
lo vienen acribillando.

Toqué su madera cansada
y le dije «adiós».
Escuché claramente mi palabra.

 

BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS

 

  


 

Privilegios

  

Ayer durante la cena
Dijeron muerte
y la sorda entendió suerte.
Después pronunciaron dolor
y ella creyó escuchar amor.
Alguien habló de maldad
y enredada en los inútiles
laberintos del oído, la palabra
alcanzó a llegar como lealtad.
Al final de la tarde
alguien dijo que era largo el camino
y la sorda sonreída
levantó la copa
para que no faltara el vino

 

 

ÓSCAR DELGADO

 

 

 

Preludio en sol

  

Sol
de abril:
siete flechas
de música en los arcos
de los caminos trémulos de viajes.

Brisas recién nacidas juegan a la niñez
en los retoños cálidos del agua.

Los pétalos del aire se maduran
de sol.

Y sobre el agua polirrítmica
ríen el sol elástico
los retoños
del agua.

Flauta de sol inicia la lectura
de las livianas claves que aligeran
el moreno cuadrante del estío.

Largo retorno de horizontes lentos
en cristalino rumbo de alas limpias
multiplica los ángulos
del sol.

¡Flauta de sol licuada en claves gárrulas!
¡Angulo fiel del ágil sol de abril!