lunes, 4 de mayo de 2026


 

ROCÍO ROJAS-MARCOS

 



Colofón

  

Y ahora en primera persona

dejo de mirarme desde fuera

dejo que se filtre la luz entre mis dedos

dejo que el aire ventile la casa.

Logro apartar la ponzoña del tiempo

friego con lejía las paredes

los suelos y hasta las persianas.

Ya no me tambaleo: he aprendido a mantener el

equilibro en la línea continua.

Ya no me caigo.

 

Ahí mirando de frente

Ahí está el miedo.

Ahí la salida iluminada.

Ahí estoy yo de pie.

 

De: “Miedo”

 

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 

  

 

XVIII

  

Mi sombra está llegando a la perfección, hoy la he visto

recortada contra el muro y me he detenido a tomarle una foto.

Soy yo, no me cabe duda. Parece dibujada con tinta sobre la

superficie rugosa, pero tiene la consistencia del muro que la alberga.

Más consistencia que yo mismo, que me desleo en años

con las venas de los sueños abiertas, cada vez más etéreo en este

cuerpo de sombra tan perfecta. Como si cuanto soy se fuera

transfiriendo a ella desde mis pies, sobre el pavimento, hasta la

silueta de esa cabeza que se ve que es la mía y quién sabe si un

día permanecerá ahí, proyectada cuando ya mi cuerpo se haya

ido, con la arrogante persistencia de lo que quise haber sido.

 

De: “Perfecta sombra”

 

 

JUAN CARLOS MESTRE

 

 

 

Antepasados

  

Mis antepasados inventaron la Vía Láctea,

dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad,

al hambre le llamaron muralla del hambre,

a la pobreza le pusieron el nombre de todo lo que no es extraño a la pobreza.

Poco es lo que puede hacer un hombre con el pensamiento del hambre,

apenas dibujar un pez en el polvo de los caminos,

apenas atravesar el mar en una cruz de palo.

 

Mis antepasados cruzaron el mar sobre una cruz de palo,

pero no pidieron audiencia,

así que vagaron por los legajos

como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas.

 

Y llegaron a los arenales,

en los arenales la tierra es brillante como escamas de pez,

la vida en los arenales solo tiene largos días de lluvia y luego largos días de viento.

 

Poco es lo que puede hacer un hombre que solo ha tenido en la vida estas cosas,

apenas quedarse dormido recostado en el pensamiento del hambre

mientras oye la conversación de los gorriones en el granero,

apenas sembrar leña de flor en la sábana de los huertos,

andar descalzo sobre la tierra brillante

y no enterrar en ella a sus hijos.

 

Mis antepasados inventaron la Vía Láctea,

dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad,

atravesaron el mar sobre una cruz de palo.

Entonces pusieron nombre al hambre para que el amo del hambre

se llamara dueño de la casa del hambre

y vagaron por los caminos

como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas.

 

Poco es lo que puede hacer un hombre con las migas de la piedad,

comer pan mojado los días de lluvia a los que luego seguirán largos días de viento

y hablar de la necesidad,

hablar de la necesidad como se habla en las aldeas

de todas las cosas pequeñas que se pueden envolver con

cuidado en un pañuelo.

 

De: “Antífona del otoño en el Valle del Bierzo” y la antología “Asamblea. Poesía reunida 1975-2025”

 

RENÉE NICOLE GOOD

 

  

 

Sobre el aprendizaje de la disección de fetos de cerdo

  

quiero que me devuelvan mis mecedoras,
los atardeceres solipsistas

& los sonidos de la selva costera que son tercetos de cigarras & pentámetros estilados con las patas peludas de las cucarachas.

he donado Biblias a tiendas de segunda mano
(las aplasté en bolsas plásticas de basura con una lámpara tallada en una ácida roca de sal del Himalaya: las Biblias como mementos bautismales, las que arranqué en las esquinas de las calles de las manos carnosas de los fanáticos, abreviadas, de fácil lectura, parasíticas).

recuerdo más el atrevido olor a gomilla de las ilustraciones en las brillantes páginas de los libros de biología; con ellas me quemaba los pelos de la nariz;
& la sal & la tinta adherida a las palmas de las manos.
Bajo estampitas de la luna a las dos & cuarenta & cinco de la madrugada estudio & repito:
          Ribosoma
          endoplásmico—
          ácido láctico
          estambre

en la Casa Internacional de Panqueques (IHOP) en la esquina de Powers & Stetson Hills…
repetí & garabateé hasta que se abrió camino & se estancó en algún lugar que ya no puedo señalar, tal vez en mis entrañas…
tal vez allí, entre mi páncreas & mi intestino grueso, se encuentra el insignificante arroyo de mi alma.

es la regla con la que ahora mido todas las cosas: dura & astillada por el conocimiento que se asentó como un paño contra la frente febril.
¿puedo dejar que ambas cosas existan a la vez? ¿esta fe voluble & esta ciencia universitaria que irrumpe desde el fondo del aula?

ahora no puedo creer
que la Biblia, el Corán & el Bhagavad Gita se deslizan como largos cabellos detrás de mi oreja, como solía hacer mamá, & exhalan por sus bocas «dale su lugar al asombro»…
todo mi entendimiento gotea por la barbilla hasta el pecho & se resume en:
          la vida es simplemente
          el óvulo & el espermatozoide,
          y dónde se encuentran esos dos,
          y con qué frecuencia & qué tan bien,
          y qué muere allí.

JUAN JOSÉ ARREOLA

  

 

El rinoceronte

  

Hagamos entonces homenaje a la bestia endurecida y abstrusa porque ha dado lugar a una leyenda hermosa. Aunque parezca imposible, este atleta rudimentario es el padre espiritual de la criatura poética que desarrolla en los tapices de la Dama, el tema del Unicornio caballeroso y galante.

 

Vencido por una virgen prudente, el rinoceronte carnal se transfigura, abandona su empuje y se agacela, se acierva y se arrodilla. Y el cuerno obtuso de agresión masculina se vuelve ante la doncella una esbelta endecha de marfil.

 

JUAN AROLAS

 

  

 

El navegante

  

Apartado de ti surco los mares,
¡oh cándida mujer!
Triste víctima he sido en tus altares,
¿y mía no has de ser?
¡Qué terrible en sus tétricos horrores
se muestra el mar, mi bien!
Pues yo temo más que sus rigores,
tu enfado o tu desdén.
El bramido de recios vendavales
no me intimida a mí;
no temo todo el peso de los males;
tu olvido, hermosa, sí.
Tú sobre leves plumas reclinada
no sientes aflicción;
sostiene mi cabeza acalorada
la dura tablazón.
Si de volverte a ver tengo el consuelo,
te juro, por mi fe,
que tú serás mis glorias y mi cielo,
y al mar no volveré.
Si Dios me da que pueda coronarte
la sien de albo jazmín,
y un ósculo tomar al despertarte
del labio de carmín;
que en cambio de una lágrima muy pura
me des tus alegrías,
y cubras con un velo de ventura
mis noches y mis días,
jamás será que fíe en la bonanza
del mar y sus arenas,
ni cuelgue el sutil lienzo de esperanza
de débiles antenas.