Poesía Cuatro
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 8 de marzo de 2026
CLAUDIA MARÍA JOVEL
1. La
ternura en el combate
(fragmento)
Si
no amara
Si
yo no amara
no fuera capaz de retar el viento
que viene en dirección contraria,
no vería en cada nube,
en cada piedra,
en cada flor,
pedacitos de nuestro gran amor.
Tampoco hubiera sentido
que hasta por los poros
lanzas,
como lloviznas mañaneras,
ese polen de ternura
que depositas
en la tierra,
en el cielo,
en las paredes…
STEPHEN SPENDER
Hacer
nada y todo…
Hacer
nada y todo es una droga,
mi pluma es una amarga raíz de olvido, mis pensamientos
obligan al día a cubrir con imágenes el abismo de la espera.
Luego
las comidas interrumpen y pregunto ¿Qué,
qué estoy esperando?
¿Que de mi soledad brote
un tallo ascético de nueva energía?
¿O que ella entré en la habitación
con su vestido rojo y bese mis ojos hasta el júbilo
murmurando “Te amo como tú amas”?
Desde
hace un año he inhalado mentiras
al imaginar que mi vida era la mitad de una vida, correspondida
con la viva necesidad de otra.
Pero ahora esa mitad se ha disipado y me levanto con mi cuerpo
partido por el relámpago.
¿Cómo
es posible creer que lo que me
divide no la desposee a ella también?
¿Que en algún lugar no está ella esperando dulce, tristemente,
en una orilla también desolada,
sintiendo la misma pérdida que yo,
consciente de la misma cura?
¡Ah,
pero hay trenes, correos!
Entonces estos días de hierro me muestran
cuánto tiempo he estado equivocado, al parecer,
y cómo sigo tragando la verdad
—que he perdido para siempre a la que amo—
gritando por un instante, para luego volver otra vez
a mi droga de amargos días y sueños.
VITA SACKVILLE-WEST
Los
grandes felinos
Los
grandes felinos de ojos dorados
miran entre los barrotes.
Los desiertos están ahí, y los diferentes cielos,
y la noche con diferentes estrellas.
Rondan la colina aromática,
y se aparean tan ferozmente como matan,
para vagar, para vivir, para beber hasta saciarse;
Pero yo sé esto más allá de su entendimiento:
el hombre ama un poco, y por mucho tiempo morirá.
Los
de su especie cruzan la cordillera del desierto
donde los tulipanes brotan de las piedras,
sin saber que sufrirán cambios
o los buitres hurgarán en sus huesos.
Su fuerza es eterna a sus ojos,
alcanzan al ciervo en vuelo,
y en su arrogancia hieren;
Pero yo soy sabio, si son fuertes:
el amor del hombre es pasajero como su muerte es larga.
Sin
embargo, ¡oh, qué poderes para engañar!
mi ingenio se convierte en fe,
y en este momento creo
en el amor y escudriño la muerte.
Vengo de la nada, y seré
fuerte, constante, veloz, eternamente:
Soy un león, una piedra, un árbol,
y como la estrella polar en mí
está fijo mi corazón constante en ti.
Ah, que me quede para siempre ciega
con leones, tigres, leopardos y sus especies.
JOAQUÍN ALVARADO
Endechas
de tu camino
oh
por favor, no apartes tu cuerpo elemental del camino como un grano de sal en la
arena
haz
que el mortuorio color de la memoria (no la tuya) arda más que mil soles negros
juntos
CARLOS SANTOS
Sombra
de rayo
(fragmento)
3.
El
país siempre un mazo repartido entre tahúres.
El resto actuaba su papel.
Los mirábamos desde la cama
caída de otro tiempo.
Le daban forma a las instituciones.
Iban por las calles sofocadas,
en el tiempo correcto.
Aceradas las armas sobre el público,
dejaban manchas de sangre al avanzar,
dejaban platos vacíos.
Es el poder de la violencia —decían—
Nadie se asusta, únicamente duerme la ciudad.
Los mirábamos desde la cama, nuestro limbo.
Y en él, había un pozo:
cuanto escalara del fondo yacía con nosotros.
Era entonces el turno del segundo dios:
el toro coronado de guirnaldas
nos llevaba al olvido.
De: “El
hombre flaco del cuento negro”
TERENCE TILLER
Niños
Semilla
sentada en el vientre del crepúsculo, en el triste
aire vibrante de agujas de la fuente, temor
crecido en viento o árboles —como niños irreales, alegres
y perdiendo su brillo— fruto que el suelo ha de dar,
pequeños como el tictac de un reloj, como el silencio, se mueven
en qué incierto y vasto sobre de amor.
Han
sido enviados, regalos o cartas de ruego (aunque
sin abrir), a la noche fría y sin súplica,
—el tiempo peligroso, cansado, el mundo apagado de los viejos—;
sin duda el árbol se cansa de su fruto,
se cierra el útero del ser, el niño de la maduración:
sin duda la fuente rebosa el manantial.
