Poesía Cuatro
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 15 de agosto de 2026
MARGARET ATWOOD
El
hombre que existió
En
el campo con nieve va abriendo mi marido
una X, concepto definido ante un vacío;
se aleja hasta que queda
oculto por el bosque.
Cuando
ya no lo veo,
en qué se ha convertido
qué otra forma
se mezcla en la
maleza, vacila por los charcos
se esconde de la alerta
presencia de animales de la ciénaga
Volverá
al mediodía; o puede que la idea
que tengo yo de él
sea lo que me encuentre de regreso
y con él amparándose tras ella.
Puede
que me transforme a mí también
si llega con los ojos del zorro o los del búho
o con los ocho
ojos de la araña
No
puedo imaginarme
qué verá
cuando abra la puerta
ÁNGELA MALLÉN
Un
hombre en un camión
Llueve sobre campos de colza crecida.
Llueve sobre el asfalto y los arcenes forrados de
genista. Llueve sobre pastos con vacas, colinas con château, pueblos sin gente.
Al pasar por debajo de los viaductos cesa la lluvia un segundo, un suspiro, un
impasse. Y otra vez las vacas mojadas, pastando serenas. Tres filas de camiones
de alto tonelaje y gran cilindrada. Camioneros tan inmutables como las vacas.
Las filas no avanzan. La lluvia no para. El cielo se licúa como si antes
hubiera sido una pieza de hielo. Avanzamos muy poco.
Yo
soy un hombre frágil dentro de mi camión
con
motor biodiesel, híbrido y enchufable
Despiertan
a mi paso las señales dormidas
y
los árboles cierran párpados de madera
El
ojo omnipresente de la tierra
vigila
siempre abierto
No
eludo los designios de las Moiras
Las
señales decretan mis acciones
Las
tormentas recalcan mi caos interior
Soy
un hombre muy frágil dentro de mi camión
trampero
de serpientes blancas y escurridizas
Procuro
no pisarle
el
rabo a las culebras
De:
“Motel Milla Noventa”
ROALD HOFFMANN
Este
camino
La
constante de la vida
es
el movimiento,
vector
natural del arrastre
y el
desplazamiento.
Justo
sobre la colina
hay
comida o sexo,
o
solo una vía de escape.
Entre
los haces de hierba,
una
hormiga suelta
una
molécula.
Las
exploradoras son modestas.
Donde
una ha ido,
por
voluntad o por azar,
otras
procuran
ciegamente
seguirla.
Para
un músico, el botín
son
las tonalidades,
“dejar
señales
a lo
largo del camino,
senderos
para regresar
a
casa”. Las tensiones
creadas
se verán
resueltas.
Qué fácil
es perder
el
propósito
de
conseguir
no
sentirte extraviado;
de
cometer un único error,
sintiendo
todo este tiempo
que
el camino de regreso
se
puede desandar,
que
habrá alguna señal
justamente
al doblar
la
siguiente curva.
Seguir
adelante
implica
que uno,
alguien
en quien confías,
conoce
el camino.
Pero
Dios no anda
a tu
lado.
Quedarse
atrás
es
separarse
voluntariamente,
o no.
Ninguna
pista nos aguarda ya.
Para
todos nosotros,
el
camino que seguimos
se
acabará
con
el tiempo, el vector
quedará
a la fuerza detenido.
Pero
no hoy, incluso
si
yo tomara un giro fatal.
A
base de ensayo y error,
afanándome
por respirar
en
este bosque de secuoyas,
ascendí
esta empinada colina
y
contemplé el camino
de
vuelta a casa.
De:
“Los hombres y las moléculas”.
Versión
de Luisa Pastor
JÜRI TALVET
Suponiendo
que el polvo solo
es el polvo del más allá
El
cielo es de un azul inusitado
en esta primavera estonia
(¿nostalgia del futuro? ¿buen augurio?)
Las palabras liberan el horizonte
y he aquí que todos somos
muchísimo mejores. Es como si los ataúdes
que flotan sin cesar en el aire de tu ensueño
ya no sirvieran para el mal.
Tampoco para el bien. El polvo
–cualquier polvo– sin embargo
contiene más tristeza
que un cuerpo vivo. Así,
en esta primavera que muestra en Estonia
un cielo tan insólitamente azul,
cualquier desequilibrio en todo aquello
que promete y augura es un reflejo
del más allá, de lo real y verdadero.
De:
“Nada es más que lo que es”
Versión
de Albert Lázaro-Tinaut.
BOHDÁN-ÍHOR ANTÓNYCH
Atardecer
Las
nubes se rizan sobre el prado,
ovejas
que apacienta la luna.
Entre
las hierbas brotan las muchachas
para
el deleite de los jóvenes traviesos.
Los
bueyes clavan sus cuernos
en
el sol que sangra.
Los
campos se enrojecen y la tarde
supura
como una herida.
De:
“Cántico sobre la indestructividad de la materia: obras selectas”.
Versión
de Salomea Slobodian
RODOLFO MATTAROLLO
…
¿Pero no cree Ud. que algunos ángeles y demonios
se salvarán del olvido,
aún cuando nuestras lenguas
ya no se hablen
y que si a pesar de todo
perseveramos en ser felices
será con todo el pasado a cuestas
incluído Auschwitz y la ESMA?
Por corta que sea nuestra vida,
por momento entrevemos una eternidad
y dan ganas de hundirse en ese abismo
en cuyo fondo puede haber un intenso lago
tramsparente de esperanza
indestructible pese a todo.
