sábado, 11 de julio de 2026


 

JUAN PABLO ZAPATER


 


En la terraza
me bebo un café solo
y el horizonte.

  

De: “Yodo en los labios”

 

ÁLVARO OJEDA

 

 

 

Retazos

  

Casuales construcciones del sonido:
–yo ya se lo dije, y él lo sabe–
aplazada la confesión hasta el siguiente encuentro
el siguiente día,
la siguiente tarde en un paisaje renuente
a la soledad,
al hartazgo,
a la expiación,
por eso.

El paso firme más firme que la carne,
la antigua juventud va en el atuendo
y este sol de noviembre ayuda poco,
imposturas necesarias como el ácido ascórbico.

–yo ya se lo dije–
y la otra que con ella camina
ni finge ni asiente ni parece
detenerse,
–la detención es para los viejos–,
piensa,
aunque las confesiones son detenciones
de corazones,
se piensa como se discurre.

Han pasado las dos y pasarán mañana
otra vez y otra vez:
nunca preguntará la una por la ausencia de la otra.

 

 

MAHFÚD MASSÍS

 

 

 

Perronuestro

 

PERRONUESTRO que estás en los cielos,
petrificado sea tu nombre,
caiga sobre nos el tu reino,
hágase tu voluntad sobre la tierra, debajo del cielo.
El pan negro de cada día arrójanoslo hoy
y perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros asesinamos a nuestros deudores;
húndenos en la tentación, más líbranos del animal.
Amén.

 

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 

 


 

El cementerio

  

Crece un rosal salvaje sobre la tumba

en la que el cuerpo medita su ruina

un rosal alto y retorcido

fiera cruz que guarda arisca

el secreto que le sirve de alimento.

Piedra que crece

sobre el lomo erizado de esta ingrata colina

donde el olvido musita sus palabras de hierba

y la tierra enseña sus uñas pardas

entre las tristes ranuras de las lápidas.

Hay una calma de siesta

en el cementerio.

Hay una verja abierta

y una fosa abierta

y un pájaro diminuto que se posa en un arbusto

y un vuelo fugaz de gaviotas

cuyos gritos secos son la única oración

que entona el cielo.

En vano teje la araña del tiempo

su mortaja de silencio

pues la húmeda voz del cementerio lanza al aire

sus mudas palabras de arena y mármol y gravilla

sus murmullos de césped y caléndulas.

Y en la hondura del valle

se hacen eco los perros

y la lluvia se aquieta

y se aplacan las iras del viento

y el rosal despliega el suspiro de su aroma

como un himno a los muertos.

(Getxo, 1993)

  

De: “Perfecta sombra”

 

 

JOSÉ MÁRMOL

 

 

 

La sentencia

  

unos ochenta marzos le imaginaría. bronceada la tez. ya

mondo el cráneo. hierático el pulso en una vieja silla.

apretaba un cigarro entre la sien izquierda. nadie puede

—me dijo quedamente— embridar y montar una vida. o

un deseo a no ser los suyos. a la soledad no temas. ella es

tu carne. trata de ir destino arriba y el azar te acompañe. él

como el vocablo dios lo puede todo. la guitarra y la canción

si a polvo llegan. polvo serán de quien tocó y cantaba.

  

De: “Donde todo triste ruido hace su habitación”

 

 

ÓSCAR DELGADO

 

 

 

Waldteufel


Tañía el río estrellas navegantes,
dorado son de estrellas afiladas,
estrellas en el río de la luna.

Luna de los violines: amarilla
voz infantil sobre la memoriosa
fronda de los violines de la luna.

Y pasaban las islas en el sueño
de un viento de violines donde el río
tañía las estrellas y la luna.