jueves, 6 de agosto de 2026


 

PEDRO CEPEDAL

 

 


 

12 [Zagreo]

  

Los ojos siguen cerrados no miran
Mirar es prerrogativa de vivos

Creo

Levanto con el pulgar uno de sus párpados
La esclera ya no está roja
No ha vuelto a ser blanca
El iris es glauco

Si le acerco la linterna

La pupila permanece dilatada
La luz llega a la retina
Y no retorna

Aparto el dedo y el párpado se cierra

 

De: “Ananké”

 

 

ELIZABETH BARRET BROWNING

 

 

 

¿A qué se dedicaba, el gran dios Pan,

en medio de los juncos junto al río?

Pues a esparcir la ruina y maldiciones,

chapotear con pezuñas de cabra

y romper lirios áureos que flotaban

allí con la libélula en el río.

 

Un junco le arrancó, el gran dios Pan,

al lecho frío y hondo de aquel río;

el agua transparente corrió turbia,

y los lirios partidos se murieron,

y marchó para siempre la libélula,

aun antes de sacarlo de aquel río.

 

Se sentó en la ribera el gran dios Pan

en tanto que fluía turbio el río;

acuchilló y talló como un gran dios,

con su acero feroz, al pobre junco,

y no quedó ni rastro de la hoja

que mostrara su origen en el río.

 

Dejándolo muy corto, el gran dios Pan

(¡qué alto que se alzaba sobre el río!),

igual que el corazón de un hombre extrajo,

por el anillo externo, su meollo,

y a la cosa seca y hueca hizo muescas

y agujeros sentado junto al río.

 

“Así, así”, reía el gran dios Pan

(reía allí sentado junto al río)

“así es desde el inicio de los dioses

como lograr podemos dulce música.”

Y besando su boca un agujero

sopló con energía junto al río.

 

¡Qué dulce, dulce música, oh dios Pan!

¡Qué dulce conmoción en torno al río!

¡Dulce hasta cegar, oh gran dios Pan!

De morir se olvidó sobre la loma

el sol, mientras los lirios revivieron,

de vuelta la libélula en el río.

 

Mas casi una bestia es el gran dios Pan,

allí sentado riendo junto al río,

a un hombre convirtiéndolo en poeta;

qué precio, qué dolor, los dioses lloran

por el junco que ya no crecerá,

un junco entre los juncos junto al río.

 

Versión de Antonio Rivero Taravillo.

 

CARMEN TOSCANO

 

 

 

Trazo incompleto

 

Te encontré una vez más.
Tenías lo que mi alma deseaba,
lo que todo mi ser siempre pedía.
Te perdí una vez más,
tenías lo que yo no quería.

Mi alma era para ti, vino a buscarte
creyendo que ya estabas,
tú viniste después para esperarme
sin saberme llegada.

Sedientas se buscaron, y se vieron,
mas pasaron de largo, sin palabras;
porque yo te aguardaba por el norte
y en el sur, silencioso, me esperabas.

No pensamos, al vernos, en que el tiempo
pudiera haber burlado nuestras almas.

 

PATRICIA TRIGUEROS

 


 

Dos días casi tres

 

I

el ruido de Chicago pesa
pesa menos cuando te acostumbras al viento, pesa más
si se te pierde el pasado
y los gritos de San Salvador se callan, ¿en serio
no sabes
lo que pasó?

se pierden los incendios que borran pasados, no hay rastros, hay

hay un edificio en Chicago erguido, me fijé, y escuché
que el gran incendio de Chicago duró tres días casi cuatro

se llevó todo
pero dejó fragmentos
difíciles de recoger
como huishtes

la violencia de Chicago pesa
pesa menos cuando no se ve, así
como la madera carbonosa y las grietas que llevamos dentro, nosotras, las personas que nos dejamos

sin grietas no penetra la violencia, tengo fisuras opacadas por fuego oscuro, caminé con él entre madera y astillas, la extranjera en Chicago
que no aguanta el frío
que blanquea la piel

 

II

nunca supe si con su edad venían nuevos derechos
o si de esto se tratan los privilegios, prefiero
dejarme llevar
cogí su mano y lo seguí; no hay víctimas
cuando no se habla del crimen

en dos días casi tres alcanza el tiempo, tendremos tiempo

debíamos crear espacios
puentes
cerrar costillas
protegernos de los incendios y en sus ojos
creí verme
sin anunciar la segunda parte
de esta historia de colonias

en dos años tendremos hijos con dos nacionalidades, una generación sin tensiones

 

III

por qué es tan romántico
ceder

dos días casi tres
para vernos de nuevo
para ver su ciudad y olvidarme de la mía

dos días casi tres que recogieron las diferencias
pero creo
que yo le ayudé al tiempo
usé mis manos para pintarme

no es que hoy sea un día difícil, es que
todos los días me cuesta
quitarme el hollín que besa mi piel después del incendio

y cuando creí que me iba a conservar
en la trinchera de sus brazos me vi

me vi en el cuadro de una mujer negra
borrando su herencia
usando colores
Kerry James Marshall sabe de incendios
el gringo a mi lado no veía
cómo en estos retratos
estamos todos
los que nos borramos

 

IV

soy un huésped en Chicago, soy
invitada de mi novio en Chicago

lo mínimo que puedo hacer es no dejar rastros
lo último que quiero
es desaparecer
y nunca sabré qué se siente
sentirme cómoda en mi piel

porque el tiempo no borra incendios
ni fisuras, y las rajaduras quieren
pedazos de alguien más, quien sea
acércate
somos más iguales
entre más nos separamos

porque cuando pasamos dos días casi cinco –
porque cuando nos conocimos
nunca hablamos
de empeñar mi ciudad, ni de perder mis pecas
ni de la condición y la regla
de conservar tu piel y no la mía

y que no se note, que no se vea
el hollín de incendios y conquistas

 

RUTH GRÉGORI

 

 

 

La historia de La Luna

  

En el principio era el caos: la guerra.
Y dijo un grupo de locos que llegaron de fuera:
“Hagamos una luna que ilumine este desierto”.
Y La Luna fue hecha, en 21 noches, sin sus días.

Y el grupo de locos creaba una luna nueva cada noche.
Muy pronto, nuevos habitantes
con su equipaje de sueños y delirios
sobrepoblaron el lugar.
Entonces los locos fundadores vieron
que lo que habían creado se les iba de las manos…
Y lo soltaron.

Pero había entre ellos una mujer,
la que había soñado primero aquella luna,
y ella decidió que era tiempo de inventar una luna nueva.
Abrió las puertas de par en par
para que jóvenes lunáticos repoblaran el lugar.
La Luna se llenó entonces de legiones de seres
de largas melenas y marcas en el cuerpo,
seres que cantaban a los gritos
y cuyas almas se apaciguaban con estridencias
y ruidos que ellos llamaban música.

Eso creó problemas con los vecinos.
A causa de ello, más de una vez,
La Luna corrió peligro de ser devuelta al silencio y a la oscuridad.

Luego de pelear y vencer en aquellas batallas,
la mujer sintió el llamado de amar.
Su amor vivía lejos de La Luna
y ella decidió marchar.
Tras algunos años fuera, el fin de aquel amor la devolvió a suelo lunar.

Pero al regresar, halló a La Luna en ruinas.
Los guardianes no habían sabido mantener su luz.
Y los encargados de mantenimiento del espacio exterior
movían los hilos sin preocuparse de que el caos volviera.

Ella pronto supo que el tiempo de La Luna menguaba.
Entonces ordenó que corriera de nuevo el tiempo hacia atrás.
Durante un mes se celebraron fiestas
con todos los locos que alguna vez cruzaron su trayectoria en el espacio lunar.
Seres de bellas palabras, seres que hablaban con música,
seres que cantaban poemas con sus cuerpos,
seres que hacían magia con sus trazos de color y sus flashes de luz.

La última noche, La Luna rebosaba
como en sus mejores noches.
Y la madrugada
se estiró hasta el amanecer.
Cuando por fin la hirió la luz, no quedó rastro de ella.
Pero la estampida de locos hacía ratos se dispersaba entre las corrientes del desierto.

 

 

VANESSA NÚÑEZ HANDAL

 


 

Pez

  

Hoja que cruza el agua y se baña
en los ríos y mares.
Como un relámpago pequeño
se escapa a la vista,
volando en los ríos, empujando
a las cataratas para que formen pozas.
Cuando el agua aquieta,
es la risa de los lagos.