Poesía Cuatro
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 21 de febrero de 2026
VICTORIA BENARROCH
Germinas las raíces de mi paisaje
entre cada gota de olvido
la
amante sabe de retornos
MARÍA MORENO QUINTANA
por
esta distorsión contradice
la
energía paralela al rumbo
del
ángel con sus labios pétalo
en
el pico de la razón
De: “Desde
el potrero”
CARIDAD GÓMEZ
Prunus
dulcis
Avanzas
por el campo con sosiego
como la lluvia que no cae,
como lo que no
mece el viento.
De fondo la risa de la infancia
y compruebas que hoy, al fin, no te has dejado
para luego.
Sin deudas pendientes te encuentras con el almendro
que, como tú, ha pasado por todas las estaciones
hasta ver brotar sus rosáceos pétalos.
La prontitud de su floración anuncia el fin del invierno.
Acaricias su tronco -joven todavía- y admiras la flor
que nace y que tiene por delante una vida.
Ya no duele la presencia de la tarde. Huele a horizonte.
Respiras el tiempo y se encharcan de calma tus pulmones.
Comprendes que la vida sucede en este instante,
admiras el esplendor de la flor del almendro
y ya no deseas nada que no sea el ahora.
De: “De
repente, abril”
RUBÉN DARÍO CARRERO
Lo
íntimo es el agua
Lo íntimo es el agua y las preguntas.
¡Qué hice ayer!
Estoy desnudo bajo la regadera
dispuesto a responder.
¿Qué pasa con mi vida?
Se ha ido mi mujer
y se ha llevado a mis hijas.
El jabón azul es vulgar.
Es el que puedo comprar.
Un detalle insignificante:
las burbujas del jabón azul
no vuelan.
¿Puedo salir a beber una cerveza?
Me cuestiono.
Sonrío en medio de un bostezo.
Estoy en mi cuerpo
y el espejo empañado
huele a crema dental.
Yo pude ser otro, ayer, anoche,
alegre, paciente.
El paño iluminado por la humedad
pesado como un espanto.
Mi pie mojado
no sabe que él es el instante
parcial e inminente.
No hay respuestas y las preguntas cambian.
Hoy vuelvo a imaginar que me resbalo
y mi cabeza golpea el tope del lavamanos.
TENTE GARRIDO
San Antonio,
35
A Eugenia y José
Sentado
en el umbral de la casa de mis abuelos
he venido siguiendo el señuelo;
el rastro amable que ha ido dejando la memoria
que aún me queda.
El
tiempo refleja mañanas deformes
por las que deambula mi cuerpo
lastrando un alma cansada.
La
calle se estrecha,
las esquinas lucen afiladas,
ya no hay bicicletas tiradas en la entrada.
Por
las rejas trepaba al balcón del primer piso.
En el baño, al otro lado del patio,
siempre hacía frío.
Debajo de la escalera
coronas de manzanilla seca
enarbolando los mandiles
que eran nuestras capas de Superman,
y una bolsa de pan duro
que siempre estaba llena.
Tres
pisos de una casa interminable
para jugar al escondite,
para buscar los regalos de reyes,
para huir de mi hermana,
de mis primos,
de mi madre gritando
¡Estaos quietos!
Tres
pisos que con el tiempo han ido menguando
en una casa tan pequeña…
con tantas brechas, que no entiendo
como sigue ocupándome tanto espacio,
hospedando tantos acuerdos.
¡Apartad
las bicis de la puerta!
El
comedor siempre oscuro,
la cortina cerrada
para que desde la calle nadie nos viera.
La tele encendida,
teclas que salían disparadas
al cambiar de canal,
corridas de toros y telenovelas.
Un reloj de péndulo
al que todos los días había que darle cuerda
y una máquina de coser plegada
en un mueble de madera.
Bautizos,
comuniones y bodas
enmarcadas en todas las paredes.
Papel pintado y gotelé.
Baúles con pañuelos de mil colores,
ropa de varias generaciones.
Un desván con cajas que abrigaban
caudales secretos custodiados por ratones.
El
luto y la devoción
en las blancas manos de mi abuela,
tierna y sonriente,
inmensa y tan pequeña.
Suaves también las manos
de campo de mi abuelo
y el hoyuelo en su barbilla
donde guardaba el misterio
de tantas historias,
tantas rimas, tanto cariño
y, sin embargo,
tanto sufrimiento.
El
escaño negro en la cocina,
sopas de jamón y
cajas de cerillas.
El
sombrero de fieltro colgado
en la percha del pasillo
No juguéis con él a pistoleros,
como os pille el abuelo…
Langostinos en Nochebuena.
Plátanos y obleas.
Viandas de niño rico.
¡No corráis dentro de casa
que volvéis loca a la abuela!
¡Quitad las bicis de la puerta!
De: “Peonías
en el lecho del fauno”
JULIETA SBDAR
Buenos
días
Me
paro por primera vez
frente a un curso
de la escuela secundaria.
La noche anterior no duermo,
transpiro, vomito, imagino
el peor de los escenarios.
Nadie lo nota cuando entro
arreglada para lucir más grande
y con mi mejor sonrisa lanzar
el primer buenos días
de muchos.
