lunes, 10 de agosto de 2026


 

VANESSA NÚÑEZ HANDAL

 

 

 

Serpiente

 

Silba, aunque es muda.

Muda porque
en su boca el veneno
rompe hasta las piedras.
Veneno que sirve para mudar a los hombres
del mundo y a veces a sí misma.
Se cambia de ropa entre las piedras
y busca el agua
cuando se cansa de ser tierra.

 

 

ALFONSO QUIÑONES

 

  

 

Rosa de Ángel

Homenaje a mi amigo Ángel Díaz

  

Rosa mustia dominante en la memoria

agua azul rodeándote ajena de sí misma

nube mustia verbena del azul claro

duda que no existe    Nada de ti

sola esquina mustia

transitada por ángeles y melodías

donde los ases de luces entretejen

algodones de neón    Luna mustia

bendecida por la ceiba centenaria

que le dice oh madre mía dueña

fuente de amor fuiste ayer

de la belleza y el rocío válgame Dios

rosa ojo catarsis puerta mustia

no queda ya de lo que fuiste nada,

cántico delirio palabra

baile alma garganta señuelo

melancolía pasión de aroma rosa tú

este es tu final

rosa música rosa luz

Rosa mustia no rosa renacida

 

 

ROALD HOFFMANN

 

 

 

Mi refugio

  

Las fotos rescatadas de la buhardilla. Un hombre

y un chico despierto, enmarcados en una franja

de clara luminosidad, la puerta entreabierta.

 

Su maletín de herramientas de dibujo,

con las cubiertas desgastadas. Sus dedos

haciendo chasquear el cierre del maletín.

Su mano sobre los compases.

 

En mi cerebro, las neuronas

que una vez recordaron cómo me daba

unas palmaditas en la cabeza a principios de 1943.

 

La tarjeta identificativa que dice: “El judío

Hilel Safran, empleado de Radebeule Gmbh,

tiene permitido el paso.”

Firmado: Gauleiter K. Muller.

 

En el campo de trabajo, escribió largas notas

en polaco en un libro divulgativo

sobre teoría de la relatividad.

 

Alguien debe de saber en qué parte

de Zloczów arrojaron su cuerpo.

 

Sus ojos en una fotografía.

Mis ojos, los de mis hijos.

  

De: “Los hombres y las moléculas”.

Versión de Luisa Pastor. 

 

JÜRI TALVET

 

 

 

 

En el ensueño de una habitación de París
encontré al poeta peruano César Vallejo
que allí se estaba muriendo de tristeza.
Me dijo: no sé si hoy he logrado este poema
ni si he sido capaz alguna vez
de escribir uno que valiera la pena.
(Decididlo vosotros ahí: arriba o abajo.)
Solo sé que donde empieza la escritura
de la poesía sobre la poesía termina la poesía,
y donde termina el dolor termina la poesía.
Sé además que uno no se puede consolar
durante mucho tiempo con animales y pájaros
ni con árboles y briznas de hierba,
que no sienten nada, que no lloran ni ríen,
y también que es efímero
el sueño de que la razón humana
merezca redención.

 

 

De: “Nada es más que lo que es”

Versión de Albert Lázaro-Tinaut. 

 

 


BOHDÁN-ÍHOR ANTÓNYCH

 

 

 

En el camino

  

La mañana entretejida de vientos

saltó como un niño gitano del agua,

y, bronceada, joven, gritó sobre la arena,

en su delirio.

 

El río —la sierpe— tiene un fondo que canta;

los vientos azotan, se ondulan,

y el día esconde la luna, una moneda vieja

en el bolsillo de la sima.

 

Resuena la guadaña entre el avellano,

el amplio camino retumba cual cobre.

Avanza, risueño y descalzo,

un muchacho con el sol en los hombros.

  

De: “Cántico sobre la indestructividad de la materia: obras selectas”.

Versión de Salomea Slobodian

 

 

RODOLFO MATTAROLLO

 

 

 

Dmitri Shostakovich en parque Patricios

 

Las indescifrables noticias de la música
Fueron descifradas
Dónde podías refugiarte
En tu país inmenso
No había lugares
A los que la Mirada desde la Torre
No llegara
Te perdió tu discurso sinfónico
Las oleadas de tristeza
Dentro de la Revolución
Tus malos amigos, ese Maiakovsky capaz de suicidarse
Ante las puertas del Futuro
¿Entornadas? dónde podías refugiarte
En tu país inmenso
No había lugares
Dormías en el palier por si la KGB llegaba de noche a detenerte
(no querías que molestara a tu familia. Dónde refugiarse!
Dejaste entonces las grandes planicies sinfónicas
Donde la tristeza era demasiado evidente
Y encontraste una tierra de asilo
En el Cuarteto de Cuerdas
Como Shakespeare en los Sonetos
Un lugar donde abrir tu corazón
Arrojaste al Neva del foso de la Orquesta
Los timbales, las trompetas,
El triángulo, los sonoros contrabajos
Y te quedaste con las cuerdas que tienen la
Flexibilidad y resistencia del hilo de la araña.
Dos violines, una viola y un violoncelo.
Para tu experimento pasional. Tu laboratorio del alma
Donde nadie te siguió para acusarte en la Pravda
De confundirnos con un “galimatías musical”.
Y en esta mañana de verano en Buenos Aires
Escuchar a Shostakovich en Parque Patricios
En medio de las ruinas y de obras inconclusas
Acerca a esa tristeza de los sueños quebrados.
Pero de pronto la nieve se cubre de verde
Y el Parque comienza también a reverdecer
Uno ve llegar a los vendedores de modestas mercaderías
Como si trajeran en sus alforjas bazares de las
Mil y una noches
Porque somos hombres del siglo XX
Yo no sé cómo será la música del siglo XXI
Bastante tengo con la de mi siglo
Y vos Shostakovich como todos nosotros
Fuiste un hijo del siglo
Y de la inmensa Rusia
Y escribiste sobre un sueño
Que muchos soñamos
Y tu tristeza fue la Nostalgia de ese Sueño.
No acepto que se te expulse del sueño
Mientras camino por el Parque en ruinas
Y escucho al cuarteto Emerson
Desgranar las transparentes noticias de la Música.
Convertir lo cotidiano en eterno.
Hacer de este instante pasajero
Algo que tal vez sea válido
A lo largo de mucho Tiempo.
Y esto exige la elegancia de callar muchas cosas
Por eso te quedaste con las cuerdas
Que tienen flexibilidad y encanto.
Habrá que callar un momento ante el Futuro.
Estamos al costado del camino
Cambiando la rueda
Decía Brecht después de la segunda guerra mundial.