martes, 1 de septiembre de 2026


 

ALKAÍD MARINO

 

 


Breathing Around

No quiero para mí tantas desgracias.

Pablo Neruda

 

Sucede que me canso de estar enfermo.
Sucede que entro en las farmacias y en los consultorios
estropeado, insoluble, como una oferta milagrosa
mintiendo en la fila de un sol sin dinero.

El olor de las salas de espera me hace volver la bilis.
Sólo quiero un descanso de aire, sin cubrebocas,
sólo quiero no ver nebulizadores ni sueros,
ni medicamentos, ni agujas, ni inyecciones.

Sucede que me canso de mi pecho y mis sesos 
y mis huesos y mis miedos.
Sucede que me canso de estar enfermo.

Sin embargo, sería agradable
asustar a un doctor con un estornudo sin cubrebocas
o dar muerte a una enfermera con una plática a veinte centímetros.
Sería bello
ir por las calles con un catéter sin vena
y respirando hondo hasta reír de asintomático.

No quiero seguir siendo análisis en espera,
cobarde, agotado, agitado de delirios,
bocabajo, en los pulmones hinchados de los días,
sobreviviendo y reposando, vomitando cada alimento.

No quiero para mí tantas pandemias.
No quiero continuar de pastilla y de sueño,
de camilla sola, de diagnóstico incierto,
amarillo, contagiándome de todo.

Por eso cualquier día se asfixia como el aire
cuando me escucha hablar con mi boca de remedio,
y persevera en su evolución como un latido solitario,
y da pasos de fiebre trémula hacia la madrugada.

Y me empuja a ciertos tubérculos, a ciertas semillas mágicas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertos laboratorios con olor a nausea,
a plazas insalubres como reuniones familiares. 

Hay palomas de color de cloro y fúnebres cantos
colgando de las puertas de los consultorios que ya deliro,
hay un respire hondo olvidado en las horas,
hay termómetros
que deberían haber sudado de confusión y espanto,
hay cubrebocas en todas partes, y alcohol, y
manos.

Yo deambulo con inercia, con miradas, con sábanas,
con pijamas, con soledad,
carraspeo, cruzo mi cuarto y la estancia cerrada,
y los brazos; donde hay recetas colgadas de un horario:
azitromicina, ivermectina y menjurjes que tosen
lentos verbos de insomnio.

 

SANTIAGO MAQUEDA

 

  


Canon

 

un óvulo   que rompe el tiempo     multiplica
si llueve en luna nueva    va a llover todo el mes    abonando lo duro
duele crecer    miro el cuarto creciente     su halo de agua
un canto algo     pariendo     dicen que hay más en luna llena
todo cuerpo se enfría cuando nace     cuenta la piel     morada de mi hijo
un huevo que eclosiona    huesos que     se encuentran
la enredadera     brota por el     esternón y los recubre
pichón que    desenreda     de su cáscara
y grazna     sus alas se liberan de las     redes
los ojos siempre abiertos     como negruzcos     en el vuelo
cuando empieza el invierno    la luz se reabre     se engarza con la noche
este es el sol de invierno    y cuando      cierro los párpados calienta
me lleno de algo    dilatante la luz    más sol que ayer ahí viene
soy yo que engendro    rayos    por los poros

 

 

MARLON PV

 

  

 


Entre una estrella y dos golondrinas


La casa, dicen, es donde uno se encuentra
y está hecha del mismo material
con lo que las grietas
siguen su curso,
con el temor de doblar la esquina
o del asfalto caliente en los pies desnudos,
uno se aferra a ella
a nutrirse de su costado pútrido.

La casa, dicen, se construye sobre un plano
que se piensa como se piensa la vida, dicen, planeada;
pero yo no tengo más que clavos sueltos,
madera roída y un plano desarticulado
dispersamente empobrecido.

Mi casa es un paracaídas,
así que lo aferro a mi espalda
apunto entre una estrella y dos golondrinas
¡y salto!

 
 

KATYA VÁZQUEZ SCHRÖDER

  

  

 
El Juicio

 

Y mirá,
al final,
no queda otra que entregarse.

Un hombre sale en el tren
a buscar trabajo con una camisa a rayas
agujereada.
Dos tipos juntan resuello
para entrar por la ventana
de una casa maltrecha de City Bell.
Uno anda en moto con el celular en la mano,
otro junta unos pocos pesos con las medias
que acaba de vender.
Nadie mira para adelante.

Entregarse es entonces
extender los brazos
entrelazar las manos
doblar el cogote para arriba
esperar que el golpe no acierte
mirar para abajo
agarrar un pañuelo
y encomendarse
a que todavía quede una palabra amable.

Y si no viene

(si no llega a venir)

diremos que no merecíamos
volveremos a nuestras casas
pondremos el agua a hervir
y pensaremos
si todavía nosotros
tenemos una palabra amable para el mundo.



KAMILA RUBERO

 

 


hormigas salvándome

 

un gato
se adueña de mis manos
cuando hago el intento de abrir la puerta.

sigilosamente
se derrite entre las rejas
y termina sobre la mesa estático,
antipático
y hambriento.

yo lo observo
sentada y triste
mientras algunas hormigas mordisquean mi brazo.

no me muevo,
el gato tampoco.

las hormigas han llegado a mi boca
amargas, asustadas
y lluviosas.

 

MARY WROTH

 

 

 

¿Cómo huir de este extraño laberinto?
Hay muchas sendas, mas ningún camino:
si giro a la derecha, ardo de amor;
permíteme avanzar hacia el peligro;
y si giro a la izquierda, el gozo cesa;
déjame retornar con mi inquietud,
aunque un beso traspase mi fortuna;
estar quieta es más cruel, de cierto lloro;
así, déjame ir en cualquier sentido,
hacia el frente o atrás, o hacia mí misma,
debo aguantar las dudas sin descanso
y de ese modo hallar la mejor senda.
No obstante, lo más duro de este dédalo
es depender del hilo del amor.