viernes, 24 de abril de 2026


 

STEVIE SMITH

 


 

Profundamente mórbida

  

Profundamente mórbida, profundamente mórbida era la chica que tecleaba cartas,
siempre fuera del horario de oficina, corriendo tras sus mejores amistades.
Pero cuando la luz del día y la sombra de la oficina la envolvían,
no por eso, oh no por eso, sus compañeros empezaron a dudar de ella.
Era aquella mirada en su ojo,
¿por qué siempre parecía decir adiós?

Joan se llamaba, y a la hora del almuerzo,
solitaria, solitaria,
iba a contemplar los cuadros
en la National Gallery.
Sola, completamente sola,
sin un amigo a su lado,
iba a contemplar los cuadros,
toda sola.

¿Dejará a sus colegas de oficina,
dejará sus placeres vespertinos,
por el trabajo en una agencia amistosa,
retrasando su ocio con fatigas?
Sola, completamente sola,
ante los cuadros parece hecha de piedra.

Cerca de los lienzos de Turner,
más cerca de lo que un pensamiento puede ir,
sus ojos cuelgan y todos los colores
estallan en un brillo especial,
todo para ella, toda sola,
todo para ella, todo para Joan.

Primero el lienzo donde el océano,
como un animal poderoso,
con un movimiento realmente perverso,
salta hacia el funeral de los marineros.

La retiene jadeante. Oh, la criatura,
oh, el viril y malvado ser,
con su piel de sombra y espuma,
tensándose sobre él.
Salvaje y capturado, salvaje y capturado,
por el pintor, Joan está arrebatada.

Ahora se aparta del lienzo
hacia otro, más querido todavía,
donde la terrible luz del más puro sol
cae sobre la espuma.
Allí, las costas ardientes de la fantasía
se abren ante su placer.
Sola, completamente sola,
ven, aléjate, ven, aléjate,
sola.

Lady Mary, Lady Kitty,
el honorable Featherstonehaugh,
Polly, Tommy, de la oficina,
¿cuál de ellos la retendrá ahora?
Ven, aléjate, ven, aléjate,
sola.

La espuma se extendió y la absorbió,
fue algo apenas notado,
que Joan estaba y ya no está
(oh, ve y díselo al joven Featherstonehaugh).
Se ha ido, se ha ido,
sola.

Se irguió recta,
el sol cayó,
ya no había más Ciudad de Londres.
Entró en la orilla pintada
y allí camina para siempre,
feliz, del todo feliz,
brillando intensamente
en una luz feliz, feliz,
toda sola.

Dicen que era una chica mórbida, sin duda,
y que lo que le ocurrió nació de ello.
Pero yo digo que es una afortunada,
por caminar eternamente en ese sol.
Y al bendecir el nombre del dulce Turner,
quisiera poder hacer lo mismo.

 

Nota: Stevie Smith, seudónimo de Florence Margaret Smith 

 

JOSÉ ROBERTO CEA

 

  

 

Loas a la luz del día

  

La autoridad del sueño me llega en unas hojas amarillas.
Viene desnuda, pálida, delgada,
casi verdad no dicha
pero ágil.
Con palabras de piedra llena de ojos.
Haciendo voces.
Y el día se desviste, faisán de oro.

Hay demasiada memoria en el camino.
Demasiada memoria.
La sangre no se cansa de esta casa
que se quedó en la puerta.

Aquí,
las pálidas leyendas adquieren lucidez, color.
Aquí,
es donde se reúnen los más fieles espejos.

El egoísmo pierde su relieve
y el Escriba
saca de los augurios su palabra
y la deja pegada en la memoria.

Las hogueras del sol prenden el día
y con frutos extraños y vasijas
se alejan los últimos jirones de tinieblas.

Sale la iguana. Aparece la boa y la tortuga.
El jaguar pone manchas en el día.
El quetzal hace verde la mañana.
El venado se arisca.
Canta el aire en los pájaros.
El tiempo nos entrega otra caricia.

 

JOSEFINA PEÑATE Y HERNÁNDEZ


 

Sonrisa helada

Ante la Royal,
mi máquina de escribir¹.

 

 

Parece una enorme calavera. Sus encías descarnadas, sus dientes blancos, tan blancos, como si fueran de fino marfil.

Parece sonreír. Esa sonrisa se cambia en enorme carcajada. La caja sonora bajo la presión de la mano chica y sabia parece desgranar una sonrisa graciosa, una carcajada interminable…

¡Cuántas veces esta misma carcajada acaba en un largo, en un interminable bostezo!

Si la ciencia misma parece detenerse ante el símbolo: ¡La Muerte! ¡Una Calavera! Caminos eternos que mientras más se andan nos dan una sensación de regresar al principio, y de una desesperación infinita cuando contemplamos que la senda es tan larga y escarpada…

Y en el siglo de las velocidades, Ella, que abrevia el tiempo y el trabajo puesto que tan breve es la vida —vida de ensueños contada por golpes de clepsidra—, desde el silencio parece invitarnos a alegrar nuestro mutismo con la magia de su sonrisa, con el lujo de su carcajada sonora… y dejar el bostezo de nuestra peregrinación sobre la nitidez del papel.

Y con sus teclas de fino cristal, rodeado de circulitos de reluciente metal, me dan la sensación de pupilas quietas, inmóviles, que copian la misma visión: la visión de mis manos, que, con mágico aletear de pájaros prisioneros, se deslizan con voluptuosos estremecimientos.

Es el mutismo de la boca férrea; es el quietismo de unas pupilas sin luz que parecen mirar más allá de la vida.

 


1.- La “Royal” es una marca de máquinas de escribir muy popular a principios del siglo XX. Por la descripción tan detallada, sabemos que la autora se refiere a la serie Nº 10, la cual ella compara, y es comparable en verdad, al aspecto de una calavera.

 

 

VICTORIA BENARROCH

 

 

 


Un amor vive
en la transparencia de mi lágrima

en la herida del desarraigo
 

De: “El desierto que cruzamos”.

 

LUIS CHAVES

 

 

 

México D.F.

 

Esa foto donde ninguno sonríe:
¿quién nos creerá que fue de la época buena?

 

NONI BENEGAS

 

 


 

Cartografía ardiente

  

¿Podría el otoño
ser maleza,
un hilo entre las rocas
serpenteante,
cañamazo indeciso
por la red de tu mirada?

¿Podría, pulsión aguda,
sentir tus bordes
desplegarte
como un mapa nuevo
—cartografía ardiente—
comprometer mis caminos
desandarte?

Si hubiera otoño
así sería.

 

 

De: “Cartografía ardiente”