Poesía Cuatro
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 28 de marzo de 2026
ELAINE VILAR MADRUGA
rosario
cuenta
a cuenta
camino
entre los dedos que ya no son dedos
sino derrumbe
la vejez de mi cuerpo
la naranja pelada del rosario
como la vejez de mis ideas
cuenta a cuenta
mis ideas pasan
entre dedos que ya no son más
que representación
de lo roto
por qué rezas por qué rezo
por el camposanto vacío de las ideas
por la vejez de las ideas
por la naranja cruel.
De:
“Las tarántulas”.
EDUARDO IGLESIAS
A
las gaviotas
no las matan los hombres con sus carabinas.
Libres en su aleteo
mecido por el viento.
Eterno disfrute.
Y viven bien su natural discreción.
No las matan los hombres con sus carabinas.
Cazadores turísticos, escopeteros del ruido.
Matan por el placer de matar.
Escupen por el placer de escupir.
Odian por el placer de odiar.
Animales muertos
en sus cacerías de postín.
Ahítos sus estómagos de tanto comer.
Gordos escopeteros,
esperando a sus presas
escondidos en sus ilustres madrigueras.
Ricos de pólvora:
¿Cómo se mira a un animal
abatido por tus propios disparos?
De:
“La isla que navega”.
LUIS CHAVES
El
albañil
Un
ladrillo a la vez
al lado de otro,
luego una fila sobre
la mezcla fina de argamasa.
Así
se reconstruye una casa
con los ladrillos de la anterior.
Otro
orden pero
los mismos ladrillos
cemento arena agua.
Toda
casa se construye en torno
a un ladrillo indispensable:
el albañil que busca la piedra filosofal.
Como
aquel que empieza
su casa por el humo,
pongamos el ladrillo
del molde de las niñas
en cada almohada,
el del peso de la gata sobre el edredón,
encima va el de las ráfagas de romero
y el del verano en la ducha del patio.
Cada
pared sostiene una ruina
o recibe la sombra del árbol.
Toda
casa necesita ese ladrillo capital,
si no está puede verse
desde afuera
la luz de los veladores encendidos
en la noche.
Un
ladrillo a la vez
poco a poco si vale la pena,
toda casa se construye
alrededor de ese ladrillo
que ninguna casa tiene.
CARMEN VERDE AROCHA
Miércoles
Quizás
sea un error vivir tanto tiempo.
Tantear el costado de algún dios.
El
amante lo confunde todo.
¿Cuál
amante?
¡Ah, fíjate! Alguien ronda
por las esquinas de los miércoles.
Los cocodrilos nos hieren al rozarnos
con
miradas de gato
y alas de mariposa.
¿No
los ves? Están al acecho.
¿Será el miedo enojado
porque en este siglo xxi se
siguen encerrando a las mujeres
en los castillos?
Les
prometen alejarlas
de los territorios suicidas
y llevarlas a lugares
donde entra el aire.
En
el aire casi nada es de confiar:
ni los ciclones
ni el miedo
ni las promesas de las águilas.
Los
miércoles no confíen en los pájaros.
Solo
tus ojos de Leopardo
y alas de Hermes me protegen.
De:
“Mares y halagos. Variaciones poéticas”
STEVIE SMITH
Dios
el devorador
Hay
un dios en quien no creo,
mas hacia este dios mi amor se extiende;
este dios en quien no creo es
mi vida entera, mi vida y yo soy suya.
Todo lo que en mí hay de placer y dolor
(de amargo dolor y desprecio de los hombres)
se lo doy como alimento a este dios
pues él es mi vida entera y yo soy suya.
Cuando esté muerta espero que él devore
todo lo que haya sido y no haya sido
y lo triture y lo engulla y engorde
devorando mi vida toda pues es suya.
Nota:
Stevie Smith, seudónimo de Florence Margaret Smith
VITA SACKVILLE-WEST
Canción
sajona
Herramientas
de nombres nobles:
azada, guadaña y pala,
firmes y duras como llamas,
limpias, curvadas en su filo;
un hombre y sus herramientas hacen su oficio.
Amplitud
de las tierras inglesas,
lomas, caños y praderas,
el olor acre de los establos,
tierra de raza inglesa;
un hombre y su tierra hacen su credo.
Rebaños
y ganados tranquilos,
vacas de ojos serenos
que acuden dóciles a la voz,
cerdos que vagan por los huertos;
un hombre y sus bestias hacen su hogar.
Niños
recios y rubios
gritando en lucha fraterna,
como la tierra, son sajones,
hijos de un hombre y su esposa;
pues un hombre y sus amores hacen su vida.
