Poesía Cuatro
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
viernes, 13 de febrero de 2026
SABRINNA ALENTO MOURÃO
Punto
crítico de la noche
cuando
en el agreste de mi boca
se hizo mar,
concluí:
por amor, a veces,
creamos catástrofes:
intercambiamos amenidades,
hablamos kamasutras,
acrobacias,
pirotecnias verbales:
tu
suave grosera femenina masculina pasivo-agresiva activa
mano:
tocó la mía igualmente
suave grosera femenina masculina pasivo-agresiva activa
mano:
las ampollas de herpes
de muchas otras bocas
explotadas en la mía
ardían:
sin embargo yo era un dócil cordero,
un animal resignado
que caminaba mansamente hacia el matadero:
y eso te bastaba:
que yo me reprochara
por las veces que lloré
y sollocé
y babeé
y dormí en el pecho de otra
lamentando por la mujer que no estaba conmigo;
que yo mire fijamente al abismo de la hoja en blanco y
me viera reflejada en él;
que al intentar burlar el silencio
él resonara en el hueco de la vida;
que antes de acostarme, ya exhausta,
quitara lentamente la película
de cada capa del palimpsesto
de pequeños suicidios de cada día:
es media noche
y todavía no he descubierto
el punto débil de la muerte.
RENATA FLÁVIA
Siete
hierbas
abrir
espacio
en el pecho
en los armarios
abrir la casa
del cuerpo
de ancestros
el aliento
respirar lo imposible
rever sin calcular
el piso es el mismo
pero el mundo
está cambiando
de lugar
PÂMELA FILIPINI
Déjame
plantar una flor
Déjame
plantar una flor
en tu jardín
para
que siempre
yo tenga que preguntar:
¿cómo está ella?
cuando
en realidad
quiero saber de ti.
MARÍA EDUARDA CASTRO
Ese
insecto
Ese
insecto vuela como una máquina un poco rota
a la izquierda y más a la izquierda
no sigue adelante
recuerda los pies del soldado que, en la nieve,
tenía una bota con tacón y otra sin
no os dejéis impresionar, están soldando a los generales
de regreso a sus pedestales.
en los domingos tranquilos
pasajes olvidados,
el cuerpo desde el centro hasta los extremos,
tenso como
una tabla,
ojos entrecerrados, arco histérico,
recuerda esto
de esa máquina medio rota
regresando,
y esos hábitos
de irregulares sueños.
la mesera huele desde lejos
al hospital francés
del siglo XX.
ese insecto descolorido,
el blanco y el rojo del gallo portugués
predijeron buen tiempo
¿ese grupo podrá
cruzar la calle?
las sillas con un pie en el agua
otro en la tierra, hacen ruido
ella limpiaba la casa, pero sus manos no podían
alcanzar las cosas.
la cuerda no quedaba suspendida,
el refrigerador se movía,
el fuego no prendía,
hizo un ruido eléctrico
brazos largos, piernas cortas –
cuando caía se reía
como una tonta,
los hermanos se reían,
apostadores de caballos
aquel insecto casi tenia nombre,
se movía sobre un fondo negro,
algo arañando,
angustia de la superficie,
¿quién se bajará de esa acera
bajo la marquesina??
el espejo, desde dentro
un pez arrugado nos mira
las aguas no tienen forma, sombras
gigantescas de un ala
– aquí hay una flecha, ella apunta –
hablaban –
no tiene, no tiene forma,
irían al fondo
con la sal caliente,
con las piedras deslizándose,
pero podrían soldarse
en una gorra
de militar a caballo
MAÍRA DAL’MAZ
Todavía
me asusto con quien toma mi mano
I
Chico
con el balón de fútbol,
déjame ir contigo
como una piedra en el zapato
recordándote lo que te molesta
al
menos estaremos juntos
II
Chico
parado en el cantero
tomando foto de flor
déjame ir contigo como una espina
al
menos te recordaré que tienes
sangre
III
Caballero
con traje frente al pequeño campo
tan digno es tu gesto de vender el maíz del día
déjame ir contigo
como una pizca de azúcar
al
menos te acompaño
con la audacia de la primera droga
que sucia mi
sangre
MANUEL M. FOREGA
Un
salvador
Conozco
los placeres
de una infancia junto al prado,
el vallado y los terneros temblorosos;
conozco la muerte cegadora del padre,
lejana, perfilado su cuerpo contra poniente;
conozco el feliz despertar
de las formas y los cantos del pájaro en la aurora;
conozco el eclipse súbito de la distancia,
la hondura del tiempo en cada vuelo
que no encuentra destino;
conozco las pausas de los sueños atravesando el mar,
conozco cómo crecen esquivos los años
en los confiados vástagos de tu estirpe;
conozco los jirones de la memoria
cuyos restos ocupan una alcoba que nadie visita,
las fortunas y la búsqueda de los futuros tesoros;
conozco ese mundo natural
que se escapó de entre tus manos
y ha de encontrar ahora otro lugar.
Conozco el amor y su filo de doble espada,
un rosal con sus espinas, un fango
que se muestra bajo aguas cristalinas;
la mirada exangüe de quien ha recorrido tu cuerpo
y lo abandona con desdén.
Conozco un cielo raso cuyo horizonte
sólo nimbos esconde y predice.
Conozco
el final.
Porque
lo dicen tus labios cerrados.
Porque lo leo en tus párpados.
_-_(MeisterDrucke-323172).jpg)