Poesía Cuatro
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 7 de mayo de 2026
LUIS ALFREDO ARANGO
Relieves
de memoria
En
Bonampak la tierra tiene ingravidez de plumas
dibujadas
por el sol;
la
tarde pinta murales de cadmio anaranjado;
cenizas
de volcanes extinguidos se levantan
y en
el aire inventan dioses y batallas.
Porque
después de todo el sueño es nuestra única heredad,
en
Uaxactún me quedo a descifrar la piedra donde duermen
-más
que números y fechas- estas huellas de gente que murió,
que
amaba, que también cortaba flores y aleteaba
tras
el anca del jaguar y las sonoras pisadas de la lluvia.
En
Tikal, escalinata prodigiosa,
soy
un pobre forastero deslumbrado.
Recuperadas
luna de otra edad,
fino
envoltorio de polvo que guardo en la memoria,
no
quiero más tesoro que estos nombres que descorren cielos
[verdes,
ceremonias
emplumadas con fragancia de copal y miel
[silvestre.
Te
sitiaron los pumas, Quiriguá,
te
devoraron águilas y tigres amarillos
que
tenían en los ojos jeroglíficos tallados
de
un antiguo calendario.
Beso
el barro,
amo
el estuco delicado,
me
inclino ante los sabios estelares,
ante
el pueblo que contaba los luceros y escribió sobre basalto
la
única historia verdadera que se ha escrito en esta tierra.
CARMEN OLLÉ
El
tiempo es un fantasma
Masoch
una torre gótica y perversa
un aniversario descuartiza mis nervios retuerce mis zapatos
me hace un gesto lascivo como si tuviera entre los dedos
un miembro gigante envuelto en cerda o una máquina de des-
coser
el asunto es gozar maníacamente
¿quién rompe dos veces
el mismo himen?
Pedazos de piel tallos y espigas sensoriales
que son hoy un zeitgeist
¿nos hemos situado ya dentro de la
convención o desadaptado de acuerdo
a una visión?
¿La dinámica del sufrir es acaso mecanicista?
Algunos sufren su pathos lo acarician lubrican con él.
¿El amoniaco de los pañales no es la lírica del orín?
La ciudad es una expresión que no alcanzaba desde las
rejas del colegio lo que en tus aulas lustrosas
las voces de los profesores ocultan por una educación
virtuosa, el piano delicado y el idioma sajón.
Torpe y sin fuerzas en el aburrido domingo juvenil
y el paseo a Chosica frustrado por la boñiga desparramada
en todos los verdes.
Elsa Sira Margarita las amo porque nadie sabe qué camino
han tomado sus frustraciones
estoy callada pero no ausente
Clarice Lispector escribe rodeada de sus niños
en el hogar
Silvia Plath pensaba dejarlo todo en aquel caso
el Occidente ha dado talentos como la Woolf cuya amistad
con la Ocampo hizo decir a ésta: yo, como toda subdesarrollada
tengo el hábito de escribir.
JORDI DOCE
A
veces, cuando callo,
me parece escuchar
la máquina del pensamiento.
Suena como el rumor de la nevera,
el ronroneo de la luz
en las baldas que el ojo
inspecciona sin decidirse.
No sabemos si hay hambre,
solo una mano que tantea
por tedio o por instinto,
la rigidez del cuello.
Como el gato ante la mosca
que vuela por encima de su mundo,
su léxico,
las cien visiones y revisiones
que han sido pasto de sus uñas.
Frente al imperativo de la caza,
la tentación del laissez-faire.
Que todo brille,
que todo pase,
también la mosca
que topa ciegamente en la ventana
y no sabe el porqué.
Ignorar ese ruido
de fondo, ese zumbido maquinal
que nada sacia,
será como volver a casa,
tocar el tiempo
sin el tiempo.
ROSANA HERNÁNDEZ PASQUIER
Invierno
Chorrera
de la cornisa,
tus días tesoros de la infancia,
fiestas del patio en el baño de tu columna.
El frío del aguacero
tiñe de morado los temblorosos labios.
Envueltos
en la borrasca salimos,
chapoteamos el río de la calle,
los barcos de papel saltan dificultades
y regresan cargados de niñez.
JESÚS MONTOYA
Clínica
del poeta menor
El
poeta menor tiene la culpa.
Se
echa en la orilla del agua
que
por el pico arrastra,
hasta
somnolencia le da
rumiarse
siniestro o torpe
ejecutor
en segunda lengua.
Un
armario podría dejarnos
con
las obras incompletas
de
la poesía menor que lee:
comienza
por el cono sur
y
desciende a rozar las rocas
con
los dedos del pie.
Camina
como revoloteo
de
gavilán y gestea aquí,
por
ejemplo, el calque
de
la escuela que mutila.
Estatua
folclórica
o
caricato movimiento
arriba
a las sinapsis
que
calibran sus ensayos
cuando
lo observamos
―yo
también lo espío―
tomar
sus pastillas:
50
miligramos de viajes
por
el mundo orwelliano
para
que se afinque cual caballo.
Pero
este poeta menor que soy
zanca
en hora álgida y planea,
sagitariano,
cómo arrearse
a
contracorriente.
Está
pariendo un don:
dona
sus ropajes a otras fosas
en
la vecindad del huerto;
empírico
se acorta
y,
bajándose del palco,
nos
deja de trinar.
