Poesía Cuatro
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 12 de septiembre de 2026
YELITZA RUIZ
PARA HACERNOS DE TU BRIZNA hay que dejar flores y azúcar en tus bordes,
Mamayuka, dulcear la laguna para agradecer la crecida de los pastos, las
rollizas canillas de las yeguas. Carameleamos en tu nombre todos estos valles,
pero a veces no sabes cómo defenderte de los que quieren vaciar tu casa en
busca de oro. Dinos, Mamayuka, cómo te escondemos a ti y a los duendes que te
cuidan del minero que las ronda, cómo cubrimos tu escama, madre agua.
¿Cómo
hacer para cuidarte?
Si
nuestros días penden de sus rifles.
Ellos no saben que el oro no rinde, que no se bebe.
Dales el entendimiento,
regálales un verano que les recuerde que también somos agua.
De:
“Variación de la escama”
ARÍSTIDES LUIS
Ryuichi Sakamoto conversa con un piano ahogado.
O sobre la música que compuso con el piano encontrado
después del tsunami
1.
El cuerpo de un piano ahogado
Como un animal de origami
barnizado por la sal del naufragio,
el cadáver de un piano deshace tus manos, Ryuichi,
tus manos salobres, quebradizas.
Intentas recomponer poco a poco su canción
acariciando el acero cabizbajo de las cuerdas,
la tristeza de sus martillos.
Repasas con una pequeña melodía
la línea del mar en su costado.
Montas el agua sobre su lomo,
escuchas su tapa azotándose
como herrumbre vieja,
como las costeras de Tohoku,
las notas ocultas del desastre
y el crujir de una flor seca bajo el agua,
miras los pedazos de su bastón
como una pierna reventada
por una mina en el campo de batalla.
Eres, Ryuichi, la noche de su música.
De:
“Cuadro azul sobre fondo de nada”
SOFÍA OCHOLA CHÁVEZ
Lo
que quedó de los noventas
Bob
Ross
pinta en mi cara un paisaje
de árboles magullados
envueltos en una perfección pétrea.
Mandela fue elegido presidente,
una y otra vez,
hasta que se hizo un monstruo,
una dictadura autodenominada como mandelista,
pero eso solamente fue un mal sueño de Colosio,
justo antes de morir.
Bob Ross decía que era sencillo,
con esa voz en español súper-puesto,
y ese afro que podía haber sido una vagina.
Mi cara seguía fresca,
obedecí a un impulso incomprensible,
encendí un cigarrillo y busqué mis nervios,
mi estrés y estreñimiento,
en un tipo de depresión generacional,
inconexa en internet.
Terminé refugiada,
en una luz azul neón,
con cigarros y cervezas,
buscando a Ren y Stimpy,
recordando cuando niña,
me masturbaba mirando
algún capítulo al azar.
¿Por qué Ren y Stimpy me provocaban?
Quizás lo grotesco,
quizás las groserías aisladas,
quizás el poder revitalizante
de ser una caricatura
que podía hacerte sentir
el aroma de la pestilencia
y la ineptitud de unos brutos.
Me tiré la cerveza encima
y Bob Ross entendió
que los paisajes perfectos
eran lo más triste del mundo.
Ofreció, sin duda alguna,
hacer una pinturita de Minnie Mouse,
a lo que uno se niega, por pura dignidad.
Tomé la última botella llorando fuerte
con conversaciones sin sentido, pero
con una pequeña sonrisa de satisfacción
pasando entre mi generación
—el lugar más solo para llorar
o llevar a cuestas tus problemas—.
Mis pasos se van quebrando
y sigo diciendo que tengo un sueño,
algún sueño en algún lado.
Muevo la toga, y aviento el birrete
entre toda mi generación,
en la ciudad de los sueños rotos,
en lo que quedó de los noventas.
*
Prefiero
ser un chicle de clorofila
en el hocico de cualquier vago.
De:
“El cielo detrás”
MIGJENI
Blasfemia
Flotan
mezquitas e iglesias en nuestros recuerdos,
en
sus muros se estrellan plegarias sinsentido
que
partirle el corazón a dios no han conseguido,
pues
continúa, entre tambor y campana, latiendo.
Mezquitas
e iglesias suntuosas en zonas miserables…
espadañas
y alminares sobre nuestras barracas…
voces
del muecín y el cura, su canto deleznable…
¡Oh
pintura ideal, antigua, milenaria!
Flotan
mezquitas e iglesias en mentes de creyentes.
Los
tañidos se enredan con la voz del pregonero,
sobre
sotanas y barbas de hoxha la virtud resplandece.
¡Oh,
cuántos bellos ángeles a la puerta del infierno!
En
milenarios castillos posan cuervos doloridos,
con
las alas abatidas — seña de desesperanza
hablan
de tiempos de antaño con angustiosos graznidos,
cuando
los viejos castillos de contento fulguraban.
De: “Versos
libres”
IMANOL GÓMEZ MARTÍN
Maldito
poeta
Oficio de suicidas, intentar retener
la huella de la luz en sílabas de sombra.
J.L. Panero.
Avanza
buscando su nombre
entre
los cadáveres olvidados de la poesía.
Avanza,
de memoria, sobre versos antiguos,
vivencias
de otras álgebras del sueño,
quiromancias
poéticas,
vitales
sin medir su alcance
que
le hacen caer rodilla en tierra de nadie
porque
su hogar es la nada que aconseja
el
desalojo del poema,
su
morada es mentira de figura literaria
que
le arropa y hiere,
porque
su palabra es ceniza
y en
realidad no avanza,
sólo
el sueño le acompaña hacia su muerte.
De: “Taller
de ausencia”
MARÍA ANTONIETA FLORES
aquí
se cuenta cómo surgen los aretes en la fragua
has
bajado brusca sobre el incendio
con
un anillo de luz que te ha atado
a
otro
tu
opuesto deslumbrante
gimiente
muerdes
los deseos
en
aros retorcidos
por
tu quebranto
inútil
ha
sido el rostro de muchas memorias
y
solo giras en la espiral de las posturas
que
transforma el mundo en un relámpago lento
tal
vez lentísimo
inadecuado
para la superficie de un planeta
has
quemado
la
sal y tus uñas
mientras
encontrabas la abertura
más
abierta
el
ángulo inesperado
mordido
en
el arranque de un sonido nuevo
brotado
de tus entrañas
enrojecidas
porque
se han encajado
en
presente continuo
y
cada bocanada que exhalan tú y él
son
noches primitivas sin fuego
ni
luna
te
retuerces en tu gemido
se
retuercen en las membranas
del
cielo
único
lugar que se abre como tempestad
y
casa
no
hay casa permanente
ni
temblor que no raje la tierra
los
nuevos acantilados
De: “absoluto”
