Poesía Cuatro
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 18 de agosto de 2026
MARGARET ATWOOD
Resurrección
Veo
ahora veo
ahora no veo
la
tierra es una ráfaga en mis ojos
ahora
oigo
el
crujido de la nieve
los
ángeles que escuchan sobre mí
cardos
resplandecientes de aguanieve
acumulada
esperan
el momento
de elevarme
hasta el sol
con pilares, la última ciudad
o
torres vivas
aún
sin levantar
cuyas piedras latentes reposan rodeando
su fuego sagrado a mi alrededor
(pero
la tierra cambia con la escarcha,
y los que se convierten
en las voces de piedra de la tierra
también cambian y dicen
dios no es
la voz del torbellino
en
el juicio final
todos éramos árboles
ÁNGELA MALLÉN
Setenta
silencios por minuto
En la
distancia suena
el
blues de la ciudad,
el
rap de sus motores
y el
metal de sus máquinas
Las
Gigantas lanzaron un sedal
Pescaron
en Epiro y en Tesalia
palabras
que respiran por agallas,
dilatan
y contraen su corazón a pilas,
iluminan
un cerco como el faro,
alumbran
como lámparas mineras
Barco.
Ninfa. Araña – Pez.
Medusa Geisha. Oruga
Palpitan.
Callan. Palpitan
Alumbran.
Ciegan. Alumbran
Ningún
corazón vale sin latido
No
hay estrella que alumbre sin palpitación
Hay
que seguir. Doy gracias al silencio
que
dejan en el pecho los latidos,
que
dejan en el aire las palabras,
que
dejan las estrellas en el cielo
Setenta
Silencios por Minuto
es
la tregua que ofrecen las Gigantas
Y en
un silencio salto desde el barco
que
partió de mí llevándome
Y
salto en un silencio desde el barco
al
país que palpita en mi interior
donde
las viñas florecen y las fuentes manan
De:
“Motel Milla Noventa”
ALFONSO QUIÑONES
Amores
exiliados
La tierra nos amaba un poco
Yo recuerdo
Rene Char
Emilia
era regordeta y bella con labios carnosos
como
la pubertad
era
un año mayor que yo
dejé
de verla hasta que me la devolvió
ya
muy abuela una página de Facebook.
Bárbara
con su cabello negro como una cascada
llena
de ternura me esperaba al atardecer
en
la esperanza que descargué
por
fin en Cienfuegos
también
de abuela
Ahora
nos enviamos mensajes
más
o menos cariñosos
vía
messenger
Te
recuerdo Gladis la calle mojada
tu
casa mojada tu vulva mojada
la
lluvia en el pelo
no
nos volvimos a ver
Bajo
el candil nos amamos Clara
bajo
el candil de la traición
ibas
a encontrarte con él
con
él con el profesor
resignación
Qué
habrá sido de Isabelita
de
piel morena y ojos de Gioconda
del
pintor Victor Manuel que nunca la vio
pero
la imaginó para siempre
Queda
en cambio la memoria de una guitarra
donde
se aprenden dos acordes al sol
olvido
de ti
María
Mercedes mi prima segunda o tercera
con
aquellos bucles negros y su piel blanca
bella
entre las niñas bellas
a
quien pregunté si quería ser mi novia
y
nunca me respondió porque Dios
se
la llevó con una leucemia fugaz
Nos
amaban la ingenuidad
el
desconocimiento del álgebra
y la
química de la vida
Nos
amaban la esperanza
y la
seguridad de que no había razón
para
no seguir queriéndonos.
Y
tal parece que la tierra en que nacimos
fue
las que nos dejó de amar
el
día en que ocurrió un cambio de rail
y
una parte del tren se fue hacia el mundo
con una
locomotora loca como los tiempos
y
otra quedó flotando con la inercia
a la
deriva en medio de la tempestad
y la
niebla de una llanura infinita llamada exilio
ROALD HOFFMANN
Los
hombres y las moléculas
Voladizos
grupos metilo,
golpeados
en un movimiento anarmónico sin fin.
Una
molécula nada,
propagando
su funcionalidad,
dispersando
sus centros reactivos.
No
toda colisión,
no
toda precisa trayectoria,
a
través de la cual estas complejas bolas de billar
llegan
a sus predecibles lugares de encuentro,
conduce
a la reacción.
Muchas
de esas colisiones acaban
siendo
un inocuo golpe lateral, sin más.
Un
intercambio de momentum,
una
mera desviación.
Y lo
mismo pasa con nosotros.
El
choque debe ser certero.
Los
ojos necesitan de una cerradura
y
atisbos de un intento de penetración.
El
entorno cuenta.
Un
suave cepillo de mohair
o un
roce de manos.
Una
brisa perfumada.
Los
hombres (y las mujeres) no son
tan
distintos de las moléculas
como
ellos piensan.
De:
“Los hombres y las moléculas”.
Versión
de Luisa Pastor.
BOHDÁN-ÍHOR ANTÓNYCH
Autobiografía
En
los montes, donde el sol está más cerca,
me
detuve por primera vez mirando el cielo,
entonces
algo extraño e ignoto despertó en mí,
y
alcé la cabeza, y, verdes, las palabras llenaron mi boca.
Ahora,
esté donde esté y sea cuando sea,
sigo
siendo un niño ebrio con el sol en el bolsillo.
Al
bajar del monte hacia el bullicio de las ciudades,
en
la pobreza y el infortunio no imprequé ni maldije al destino,
contemplé
en calma los huracanes de las olas adversas.
Mis
canciones son un puente de viburno sobre el río del tiempo;
yo,
un pagano enamorado de la vida.
De:
“Cántico sobre la indestructividad de la materia: obras selectas”.
Versión
de Salomea Slobodian
CARLOS GERMÁN BELLI
La
cara de mis hijas
Este
cielo del mundo siempre alto,
antes jamás mirado tan de cerca,
que de repente veo en el redor,
en una y otra de mis ambas hijas,
cuando perdidas ya las esperanzas
que alguna vez al fin brillara acá
una mínima luz del firmamento,
lo oscuro en mil centellas desatando;
que en cambio veo ahora por doquier,
a diario a tutiplén encegueciéndome
todo aquello que ajeno yo creía,
y en paz quedo conmigo y con el mundo
por mirar esa luz inalcanzable,
aunque sea en la cara de mis hijas.
