martes, 4 de agosto de 2026


 

CARLOS PINTADO

 


 

Sueño mi muerte:
Los clavos, la madera.
Cuelgo del sueño.

 

CRISTINA SÁNCHEZ-ANDRADE

 


 

49

El chatarrero

  

¡El chatarrero! ¡Ha llegado el chatarrero!
¡Haaaaaa llegado el chatarrero
a la puerta de su casa, señoooooora!

Recogemos todo tipo de chatarra:
esperanzas oxidadas,
iras polvorientas y días que pesan como el metal,

lámparas como sueños apagados,
recuerdos hechos añicos,
tuberías y cañerías atascadas
como viejos pensamientos.

¡El chatarrero! ¡Ha llegado el chatarrero!
¡Haaaaaa llegado el chatarrero
a la puerta de su casa, señoooooora!

Señora, solo tiene que salir.
Saque a la puerta lo que tenga,
ollas resentidas,
sartenes inseguras y
manijas
que gimen en la oscuridad.
Saque ventanas y puertas,
las rejas que la separan del mundo.
¡El chatarrero! ¡Ha llegado el chatarrero!
¡Haaaaaa llegado el chatarrero
a la puerta de su casa, señoooooora!

Clasificamos, limpiamos y desmontamos.
Despiezamos su chatarra mental.
Anímese, señora:
a veces,
si esa chatarra tiene arreglo,
la reparamos para una segunda vida.

 

 

DANIEL ALCÁZAR

 

 

 

Su mano derecha

Artemisia Gentileschi

 

La cuerda aprieta,
cada nudo es un ojo inquisidor.
Mi mano derecha grita,
y con esa misma mano
pinto a Judith degollando a Holofernes
—también con su mano derecha—.
La derecha de Dios reservada al Hombre
es ahora la mano que respira en la espada
que degolla al Hijo
hecho a vuestra imagen y semejanza.
Mi mano derecha sobre la suya.
Su mano derecha empuñando la luz
que nunca nos fue dada y que ahora cae,
roja y abierta sobre el mundo.

 

De: “La memoria encendida”

 

ZUZANNA GINCZANKA

 

 

 

Soberbia

 

Somos
centros de círculos,
somos
centros de mundos
pensamos la palabra:
«yo»
cerrados en ella como con llave:
mi circunscripción, mi circunscripción c e n t r a l
no quiere hermanarse con la tuya:
somos
centros de círculos
y nos separan
siete colinas — —

nuestros círculos crecen de orgullo,
se inflan de soberbia,
—¡oh, círculos
lacustres de agua,
— oh, fama
que te agrandas!
en el chapoteo de la lejanía
ya no se oye nuestra propia ola —
nos perdemos en la hipertrofia desbocada
como en ciudades de hormigón armado.

— ¿De qué hablamos?
De nosotros,
que es bueno ser tu propio timonel,
que la libertad es nuestra patria
y nuestro orgullo multiplicado por cien.
— ¿Qué callamos?
El dolor que
de un hachazo abrió el cráneo,
que en la soberbia —
de círculos —
que crecen—
crece con nosotros
la s o l e d a d — —

31 de mayo 1934

 

De: “El ave de fuego”

Versión de Elzbieta Bortkiewicz

 

 

FERNANDO DÍAZ SAN MIGUEL

 

 

  

Quiero saber qué significa todo, saciado de las mentiras que repetimos a falta de algo real.

espera

Palabras diáfanas.

espera

El dolor ya no existe entre antes y después de la muerte, antes o después del sueño. barro

Vienes del sueño, me nombras.

disolve

Como los hombres crean dioses nombrándolos, al nombrarme en el sueño me conviertes en sueño.

 

De: “El libro de la sed”

 

 

RONNY RAMÍREZ

 


 

Sueño con una casa

 

Quiero una casa donde pueda tender la luna
como un calcetín de Navidad,
pero las monedas bailan en mi alcancía
hasta volverse polvo.
Termino el día vegetando en mi escritorio,
quemando facturas que saltan
de gavetas y ventanas
y encadenando deudas que se arrastran como cascabeles.
Quiero una casa donde echar raíces
y celebrar el paso de los años,
un espacio modesto donde atesorar
los cometas felices;
un lugar sagrado donde crecer, además,
entre olas y peñascos.
Pero no basta sumar más horas
sobre mis hombros o dormir con la corbata.
Espero que el banco me sonría otra vez
y me suelte su jauría de ratas
para quedar absorto en otra tasa de ensueño,
apostar la mitad de mi vida
en una hoja bien planchada,
aun cuando apenas sobreviva
bajo el péndulo que me acorrala
y me zanja los bolsillos.
Debo tirar los dados hasta que mi sueño estalle
como una botella en el refrigerador.
Debo firmar un pacto de muerte y sonreír
porque una casa por fin estará a mi nombre.

 

De: “Condeno la noche y sus perros de caza”