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jueves, 27 de septiembre de 2018

YVES BONNEFOY





Hic est locus patriae



Los árboles llenaban el lugar de tu sangre;
el cielo se rasgaba, demasiado cercano
para ti; otros ejércitos vinieron, oh Casandra,
y nada pudo ya resistir a su abrazo.
Aquel que regresaba se apoyó sonriendo
en la copa de mármol que adornaba el umbral.
Cae la luz en el sitio que llaman La Arboleda.
Era luz de palabra, fue noche de huracán.



viernes, 21 de septiembre de 2018

YVES BONNEFOY





Lo inacabado



Cuando él tuvo veinte años, alzó la mirada, vio el cielo, vio nuevamente la tierra, con suma atención. ¡Era cierto entonces! Dios no había hecho más que un bosquejo del mundo. No dejó nada sino ruinas.

Ruinas este roble, aun siendo tan bello. Ruinas el agua que viene a romper suavemente en la orilla. Ruinas el sol mismo. Ruinas todos estos signos de la belleza, como bien lo prueban las nubes, aún más bellas.

Sólo la luz poseyó vida plena, se dijo. Y por eso pareciera simple e increada. Desde entonces, los bosquejos es lo único que le gusta de la obra de los pintores. El trazo que se cierra sobre sí le parece que traiciona la causa de este dios que hapreferido la angustia de la búsqueda a la alegría de la obra concluida.


De: “Las uvas de Zeusis”.

Versión de Adalberto García López 


sábado, 15 de septiembre de 2018

YVES BONNEFOY



  

La rapidez de las nubes



La cama, la ventana cercana, el valle, el cielo,
La rapidez espléndida de esas nubes,
La súbita garra de la lluvia en los cristales
Como si la nada rubricase el mundo.

En mi sueño de ayer
El grano de otros años ardía a fuego lento,
Sin calor, en el suelo embaldosado.
Descalzos, lo apartaban nuestros pies como un agua límpida.

¡Oh amiga mía,
Qué distancia tan débil separaba nuestros cuerpos!
La hoja de la espada del tiempo que merodea
Hubiese allí buscado en vano lugar para vencer.



De: “Ce qui fut sans lumière”

Versión de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán.



domingo, 9 de septiembre de 2018

YVES BONNEFOY





La lluvia de verano



                I

El más querido y no por eso
Menos cruel
De todos nuestros recuerdos, la lluvia de verano
Repentina, breve.
Salíamos, y era estar
En otro mundo
Nuestras bocas se embriagaban
Del olor de la hierba
Tierra
El manto de la lluvia se extendía sobre ti.
Aquello era como el seno
Que hubiese soñado un pintor.

                II

Y de pronto en el cielo
Percibíamos
Ese oro que la alquimia
Había buscado tanto.
Lo tocábamos, brillante
Sobre las ramas bajas,
De aquello amábamos el gusto
Del agua, sobre nuestros labios.
Y cuando recogíamos
Ramas y hojas secas
Ese humo al final de la tarde, brusco, ese fuego,
Era también el oro.


De: “La lluvia de verano”


Versión de William Guaregua


lunes, 3 de septiembre de 2018

YVES BONNEFOY





El ruido de las voces



El ruido de las voces eres tú, a quien designan.
Estas solo en el encierro de los barcos oscuros.
Caminas sobre este suelo que se mueve, pero tienes
Un otro canto además de esta agua gris en tu corazón.
Otra esperanza además de este partir que te conceden.
No es sombrío, este fuego que se tambalea enfrente.
No te gusta el flujo de las simples y terrestres aguas
Y su ruta de luna donde se calma el viento.
Más bien, dices, más bien sobre las costas más muertas.
Palacios en donde estuve hasta el derrumbe,
Tu no amas salvo a la noche en tanto noche, pues carga
Con la antorcha, tu destino, de total renuncia.



lunes, 30 de julio de 2018

YVES BONNEFOY





VI



Y la belleza del mundo se inclinó allí
En el susurro del cielo nocturno,
Ella reflejaba su cuerpo en el agua atrapada y traviesa,
que se ramifica entre las piedras.
Ella acercaba su boca y respiro
a aquellos ojos de él sin luz. A ella le gustó
la retirada de su túnica aún cerrada
lisa bajo la espalda el pecho aún más claro,
el día estaba rompiendo a tu alrededor, en el espejo, y el sol
plegaba tu nuca desnuda con una niebla roja.
Pero ahora
aquí estoy fuera de la casa en la que nada se mueve
ya que ella no es más que un sueño. Voy, dejo
en cualquier lugar, contra un muro, bajo las estrellas,
este espejo de nuestras vidas . Que el rocío
de la noche se condense y fluya sobre la imagen.
de Lo que fue sin luz, Gallimard


martes, 24 de julio de 2018

YVES BONNEFOY





V



Salgo.
Sueño que salgo en la noche nevada.
Sueño que llevo
Conmigo, lejos, fuera, es sin retorno,
El espejo de la recámara superior, aquel de los veranos
De otro tiempo, la barca y la proa donde, simples,
Fuimos, nos preguntamos, en el sueño
De veranos que fueron breves como es la vida.
En aquellos tiempos
Fue a través del cielo que brillaba en sus aguas
Que los magos de nuestro sueño, retirándose,
Propagaban sus tesoros en el cuarto oscuro.



miércoles, 18 de julio de 2018

YVES BONNEFOY





El adiós



Regresamos a nuestro origen.
Este fue el lugar de la prueba, pero desgarrado.
Las ventanas mezclaban demasiadas luces,
Las escaleras ascendían a demasiadas estrellas
Que son arcos que se derrumban, escombros,
El fuego parecía arder en otro mundo.

Ahora los pájaros vuelan de cuarto en cuarto,
Las persianas han caído, el lecho está cubierto de piedras,
El hogar lleno de escombros caídos del cielo que quiere apagarse.
Allá hablábamos, por la noche, casi en un susurro
Debido a los rumores de las bóvedas, sin embargo, allá
Edificamos nuestros planes: pero un barco,
Cargado con piedras rojas, se alejaba
Irresistiblemente de una costa, y el olvido
Posaba ya sus cenizas sobre los sueños
Que recomenzábamos sin fin, poblando de imágenes
El fuego que ardió hasta el último día.

¿Es cierto, amigo mío,
Que no existe salvo una palabra para designar
En la lengua que llamamos poesía
Al sol de la mañana y a aquel de la noche,

Uno sólo el grito alegre y el grito de angustia,
Uno sólo el desierto venidero y los golpes de las hachas,
Uno sólo el lecho sin hacer y el cielo tormentoso,
Uno sólo el niño que nace y el dios muerto?

Sí, así lo creo, lo quiero creer, pero ¿cuáles son
Estas sombras que empañan el espejo?
Y he aquí, la zarza tarda entre piedras
Sobre el camino de hierba aún no tupida
Donde estaban nuestros pasos hacia los árboles jóvenes.
Me parece hoy, aquí, que la palabra
Es este cuenco medio roto, donde se extiende
A cada amanecer lluvioso el agua innecesaria.
La hierba y en la hierba el agua que brilla, como un río.
Todo es siempre un bucle del mundo.
El Paraíso está disperso, lo sé,
La tarea terrestre es reencontrarlo.

Las flores esparcidas entre la simple hierba,
Pero el ángel ha desaparecido, una luz
Que no fue más repentina que la puesta del sol.
Y como
Adán y
Eva caminaremos
Una última vez en el jardín.
Como
Adán el primer arrepentimiento, como
Eva la primera
Valentía nosotros desearemos y no desearemos.

Cruzar la puerta que se entreabre
Allá abajo, en el otro extremo de los cordones, coloridos
Como el augurio de un último rayo.
El futuro recuperado en el origen
Como el cielo enfrentado a un espejo curvo,
¿Podremos recoger esta luz
Que fue el milagro de aquí
La semilla en nuestras manos oscuras, para otros estanques
En el secreto de otros campos “prohibidos por la piedra “?

Sin duda, el lugar para vencer, para vencernos, es aquí
Del cual partimos, esta noche.
Aquí sin fin
Como esta agua que se escapa del cuenco.



jueves, 12 de julio de 2018

YVES BONNEFOY



  

La nieve



Ella venía de más allá de las rutas,
Ella tocó los prados, el ocre de las flores,
De esta mano que escribe en humo,
Ella ha vencido el tiempo a través del silencio.

Hay más luz esta noche
A causa de la nieve.
Podría decirse que las hojas arden, más allá de la puerta,
Y que hay agua en la madera que vuelve.



viernes, 6 de julio de 2018

YVES BONNEFOY





Una voz



¿Qué casa quieres hacer para mí?
¿Qué escritura oscura cuando viene el fuego?

He retrocedido mucho tiempo ante tus signos,
Me has expulsado de toda densidad.

Pero ahora la noche implacable me guarda,
Con sombríos caballos me alejo de ti.