viernes, 13 de octubre de 2023

 


LUCÍA PI CHOLULA

 


 

Platisma

 

Llevo un manto bordado alrededor del cuello
de hilos rojizos que arropan, pero no serenan.
Por las noches, sus fibras enmarañadas tiran hacia mis hombros;
despierto con la asfixia en la garganta
y un sabor metálico en la lengua.
Me visto con la lástima de un cuerpo.

Ojalá trajera conmigo la cuna-rebozo de mi infancia
la cadencia del pecho de mi madre
los colores brillantes del bordado.

El manto de mi cuerpo aprieta hasta el quebranto y
no me carga: un regazo de flores marchitas,
de balas disparadas antes de tiempo
—en días de revolución y soldaderas—,
de niñas que perdieron el aire y no lloran más.

Un manto hecho cuerda, hecha mano
que se aferra a la tráquea del condenado a muerte.
Un músculo enfrentado contra el organismo
se interpone entre el aire y mis alvéolos:
una plasta que lastima.

 

 

KAREL ALEXEI LEYVA FERRER

 

  

 

Apunte

 

Debajo del cristal,
o más bien
bajo la capa de polvo
que el vidrio exhibe,
tal vez,
a la sombra del mueble
otrora cuidadosamente bruñido,
en el cuarto de viaje
de un apartamento sin ventanas para despedirnos,
queda escrito este poema,
en el que empiezo a descubrir
la extraña permanencia de las cosas.

 

ROXANA ELVRIDGE-THOMAS

 

 

 
Sekhmet

 

Señora del fuego en las fauces
gran soberana del trueno
tu, la del rostro rugiente
tú, de melena formada por hilos de sangre
tú, la del níveo colmillo
tú, ganadora en contiendas
a ti imploro:
¡Piérdelos!
que se astille el cristal de sus ojos
que se hunda en los pozos su anhelo
que se tuerza su sangre
que se pudra el vigor en los brazos
que mil pústulas manen sus carnes
mal augurio arañe sus frentes.
Oh señora
tu fragor amamanta mis venas
somos tus hijos
danos la victoria en la batalla. 

 

De: “Kratos”

 

 

AUGUSTO RODRÍGUEZ

 

 

 

El agua que recorre tu cuerpo

Un poema sin tiempo
para Efraín Jara Idrovo

 

A veces cuando te veo dormir
me pregunto:
¿cuánta agua recorre tu cuerpo?
¿cuántos ríos se desbordan
desde tus piernas
y del orificio de tu boca?
A veces cuando pienso
que estás durmiendo lejos
sin mí
allá en Cuenca
veo a Efraín Jara Idrovo
caminando
por las islas Galápagos
buscando con sus ojos destruidos
a su hijo muerto
en la arena o debajo del mar
y a veces creo que ese hijo
sin vida nace de tus piernas
otra vez
escondido del mundo.
Te imagino caminando
a orillas del Tomebamba
pero ahora su líquido no me alcanza.
Me vuelvo a preguntar:
¿cuánta agua recorre tu cuerpo?
¿qué hago con esta hambre
que me devora
con toda esta sed que viene de ti
de tu más profundo interior
y que no puedo saciar?

 

ISAURA LEONARDO

 

 

 

V

 

Nunca disfruté las maquinitas de videojuegos en la niñez, ni siquiera el Pac-Man. No pude ser una de esos niños que se aferran a ellas y entrenan como si fueran a ir a la guerra. Tampoco logro aferrarme a la máquina de atrapar peluches, pero me relaja ver a los ludópatas pescar muñecos. Veo cómo se vacía el contenedor transparente. Tengo una epifanía: me veo a mí, niña gimnasta, en la alberca de hule espuma entrenando la fuerza de las piernas, solo que los peluches ocupan el lugar del hule espuma. Corro, cargo esta musculatura entre osos polares y pingüinos con moños. Yo, la máquina de pisotear peluches.
 

 

MARÍA GONZÁLEZ

 

 


 

TE GUSTABA DIBUJAR, describías
los trazos de manera armónica,
flexible.
Hablabas del sonido metálico,
acurrucado en el sofá, eras
todo tibias.

Paseabas tranquilo,
el albero en las gomas,
la sonrisa en la cancela.
Un regusto de albúmina y raíces.

Saltar entre la gente.
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