sábado, 2 de diciembre de 2023


 

ESTEFANÍA ARISTA

 


 

Shadowboxer

  

He golpeado con los puños
incorrectamente
—crochet, directo, gancho—
contra síntomas que antes no eran
más que un así es de distraída,
—directo— así es llorar tarde,
—finta— y llorarlo todo.

El dolor es un espacio pequeño,
una casa
donde se cierran las ventanas
y me protejo.
Me mantengo alerta,
lista para el choque eléctrico
—la descarga anómala—
dentro del ring.

Boxear es un arte
y diría que es mi llamado,
I do it exceptionally well,
I do it so it feels like hell.

Ahora me obligo a mejorar
la defensa, girar mi cadera
para evitar los golpes,
—uno, dos, jab izquierdo y cruzado—.

He golpeado incorrectamente
durante veintidós años
en cada consultorio médico:
and if I let him get too close to me
he’ll set his spell on me.

Boxear es asistir al sepelio
de lo enfermo.
Las sogas no son mi materia:
prefiero que mis pies
caigan en el primer round,
—directo, crochet, gancho—
a que cuelguen en el aire.

No se lo cuento al psiquiatra
ni lo escribo
ni doy el salto.
Veo al hombre
hablar desde las esquinas
—diez, nueve, ocho, siete…—
y lo decido cuando ya no boxeo
con los puntos a mi favor.

 

De: “Hipocampo”

 

FRANCISCO SEGOVIA

 


  

Nacimiento de Enkidú


            8
De lodo fue creado el hombre
de légamo limo y lodo fue formado el rival del rey
su imagen en el espejo su gemelo en decisión y fuerza
al que enviaron los celestes a frenar su corazón.

Lo modelaron las manos de nuestra madre Meh
las manos de Araru nuestra madre
y luego lo arrojaron a la estepa …

Como un trozo de cielo cayó a la tierra el hombre
como un mojón de lodo como cuacha de un onagro.
Más animal que de veras hombre
apareció de pronto ese parto de la tierra
la soledad y el silencio
sin ancestros sin ombligo
sin padre que lo engendrara
ni madre que gritara al darlo a luz
cayó de pronto en descampado la cría del monte
que no sabe de pueblos palabras o fronteras
el que nació ya grande embarnecido y fuerte
sin infancia que recordar el sin abuelos
ni hermanos ni primos nació huérfano
el que nunca se ha cortado el pelo
el que tasca hierba con las gacelas
y va cubierto sólo de su pelambre hirsuta
como haces de cebada o manojos de trigo
el que mete los pies al agua que bebe … 

 

De: “Siduri”

 

NAHUEL LARDIES

 

 

 

No ficción

 

¿Por qué me distrae una pérdida en la ducha
y no la lluvia afuera?

Traté de ir adaptando la cabeza
para el show,

traté de darme más
capacidad de ahogar el grito,

los cortes en la piel
bajo la gasa frágil de la prosa,

pero no aprendí a contar,
tuve que usar los dedos,

tocar el aire con las yemas,
no desmayarme,

dejar correr el agua.

 

LAURA WITTNER

 

 

 

Por qué si me postran mil veces me levanto

 

Los patios internos.
Los baños y cocinas con pileta cuadrada.
Los ambientes semicirculares
con ventanal corrido.
Un aro de básquet en la calle
para que tire cualquiera.
El café exacto que todo lo arrasa
y todo lo eleva durante media hora.
El cielo cuando se decolora hasta quedar en blanco.
La pronunciación de un idioma extranjero
rodeándome como una atmósfera
cargada de sentidos ocultos.
Las charlas con mi hija en el balcón.
Las charlas con mi hija en un colchón
atravesado en el living, sin sábanas.
La mano de mi hijo adolescente
en mi mano cuando nadie lo ve
trazando la misma caricia que en la infancia.
La memoria de todas las caricias
que dejaron su dibujo indeleble.

 

JULIO MARÍA

 

 

 

Aquaman llora el Nilo


1

Yo estuve ahí.
Primero usaron su llanto
para revertir la sequía del Mar Muerto.
Aquaman arrastró una silla entre las piedras,
se quitó el traje y se sentó desnudo.
A sus espaldas, cientos de soldados, banderas,
caracoles rotos, huesos de peces.
El atlante pidió un vaso de agua, agachó la cabeza
y comenzó a llorar durante 20 días,
hasta que el mar volvió a ondularse frente a los ojos de la gente.
Viva el renacido Mar de las Lágrimas, dijeron.
El presidente de la Tercera Jerusalén pagó toneladas de peces
voladores para festejar el milagro.
Toneladas de peces chasqueando como miles de aplausos
multiplicándose hasta las montañas orientales.
Los niños de Israel mojaron sus piernas y fueron felices.
Las niñas de Palestina cantaron en círculos y fueron felices.
Las piedras de Jordania sintieron la brisa tocando sus mejillas
y fueron felices y hacía calor
y era domingo.

 

2

Después siguió la resurrección del Mar Rojo,
mejor conocido entre los hebreros
como el Mar de los Juncos, o Mar de las Cañas.
Miles asistieron para presenciar el milagro.
Famosos críticos de arte, filósofos, periodistas,
presidentes de toda la tierra. Transmisiones en vivo.
Yo también estuve ahí. Aquaman
caminó sobre las rocas, pidió un vaso de agua
y colgó su traje en la silla como una piel muerta.
Después hundió sus manos en su rostro
y se quedó en silencio durante 10 minutos
que pudieron ser 10 años. No recuerdo exactamente,
pero de pronto comenzó a llorar
y como un toro de agua, se deshizo.

 

3

Donde antes hubo ríos, mares, lagos,
ahora quedaban caminos de piedras, depresiones, huecos.
La falta inmensa de un color azul
llenando los paisajes.


Noticias de los últimos días.
   Aquaman lo hace de nuevo: Las Cataratas del Niágara
seguirán llorando otros cien años. Siguiente rescate, el Cráter de la Luna.
Robots y colonias humanas experimentan con hidrocultivos.


   Celebración y fuegos artificiales en el Lago Titicaca:
Patos salvajes, truchas y huallatas festejan su renacido hábitat.
Coros de niñas cantando en quechua. Una corona de totoras para el héroe.
Las ancianas mascan coca. Los zorros de las montañas se avientan
con alegría desde los peñascos. Las gaviotas dejan caer su excremento
sobre las aguas nuevas del Perú. Aleluya.


   El New China Times escribe:
Siempre consideramos a Aquaman un superhéroe menor de un país
en decadencia, sin embargo, ha estado a la altura de la catástrofe. Su llanto
bíblico no sólo ha multiplicado los peces, también devolvió a nuestra boca
una vieja palabra: salvación. De nuevo, nos aferramos a la vida en un punto
azul que flota en la oscuridad del universo.

4

Aquaman llegó al Nilo.
Colocó su silla como siempre. Su vaso de agua.
Su cuerpo desnudo y su silencio.
Los minutos comenzaron a cambiar el color de las cosas,
pero no había llanto. Acaso un camello orinando la tierra.
Dudas, miradas, murmullos. Se está quedando seco,
dijo un canciller, soplándose el calor con un abanico de seda.
Así transcurrieron el día y la noche.


   Al amanecer un diamante cruzó el cielo cortando las nubes.


Entonces brotaron las primeras lágrimas de la orca
y los muertos carrizos comenzaron a humedecerse.
Los juncos volvieron a sentir el agua en sus gargantas.
Las piedras se fueron convirtiendo en tortugas,
y uno a uno, aparecieron los viejos dragones del río,
arrastrándose hasta los pies del tritón, 7 noches y 7 días
duró el milagro, hasta que el príncipe ya no pudo sostenerse.
Ambulancias. Gritos. Memes. Fake news.
Aquaman ingresó en el Hospital de El Cairo y el desierto lloró.
Las pirámides lloraron. La Esfinge y todo el Egipto
se tallaron los ojos, llenos de agua.

Al otro día,
las casas despertaron con sus pisos mojados
llenas de peces, caracoles pegados a los muros,
cangrejos y langostas picoteando las puertas,
flamingos de Ra cruzando las calles en développés,
coros de ranas subiendo y bajando escaleras,
cocodrilos bostezando en las plazas.
Yo vi a los perros flacos de Alejandría
bajando hasta los muelles, ladrando, moviendo
sus colas felices como sonajas.

 

5

La Unión Planetaria de las Naciones
pidió al héroe un último trabajo:
   llorar el vacío Golfo de México.
Aquaman llegó al seco puerto de Veracruz, cansado
como un cristo hecho de palos de lluvia,
   pero bienvenido fue
entre jaranas y trompetas elefánticas. Calaveras gigantes de azúcar,
altísimas vírgenes de Guadalupe montadas en alebrijes colosales,
piñatas de luz neón, el rugir de los cañones del San Juan de Ulúa. Chiflidos.
Mariachis. Cristos de rábanos. Drones cortando las nubes calientes,
zumbando bellísimos. Celebración y orgasmo. Cielito lindo. Amén.


Luego vino un silencio como una sábana inmensa cubriendo la boca de la gente.


Un paisaje sordo
   de miradas y murmullos. La esperanza
como un mar de rezos y razas. El arte de llorar en coro.
Un rosario de lágrimas.
   Yo escuché la euforia de los antropófagos. Gritos.
Balas perdidas perforando las nubes. Tortillas al aire
como platillos voladores. Los sueños de un país sin cabeza,
celebrando: el dolor ajeno. Así fue.

 

6

Yo, Tales de Mileto,
primer filósofo equivocado, contemplador de eclipses
y vendedor de aceitunas, viejo fantasma de los mares,
vi caer al hijo de Poseidón como un delfín muerto…
entonces lo comprobé, también los elefantes de piedra
son de agua, hasta los mandriles a pesar de su violencia,
los hipopótamos, los leones, las hienas,
aunque sean la risa del África, tambien lloran,
600 kilos pesa el corazón de la ballena
y de todas formas se quiebra y es líquida su carne
y va llena de lágrimas por los abismos del mundo.
¿Cómo se acumula tanto mar adentro de los ojos?
¿Por qué una silla
        y no 10 o 12
             vasos de agua?


Nadie nunca le preguntó por qué lloraba.
A juzgar por los trabajos del sireno, su vida no fue heroica
sino patética. Esclavo de su llanto, ese cristo de agua
nunca fue un prodigio, solamente otro mamífero común,
cansado de vivir, roto entre sus semejantes. Yo lo vi deshacerse
como un tiburón derrotado, desnudo frente al mundo
y sin embargo, siempre dándonos la espalda.

 

De: “La isla que canta”

 

ROBIN MYERS

 

 

 

Buena



Había en un momento un mantra que decía así. No eres menos capaz de lastimar que de ser lastimada. No eres menos capaz de curar que de ser curada. Tú, por supuesto, no te lo creíste. Y lo del daño, menos. Día tras día, hundías los tobillos en tus intenciones más decentes como en los arroyitos que deja la marea. No tienes que ser buena, dice un verso. Pero tuviste que. Tuviste, y querías serlo y querías serlo. Aún así, miraste de reojo. Aún así, te aferraste, estrujaste, guareciste, rehusaste y cuchareaste sopas cancerígenas en una olla prestada. Aún así dobló de golpe tu deseo. No eres menos capaz de lastimar que de ser lastimada. No eres menos capaz de curar que de ser curada. El agua, deslumbrante, se enroscó despacito entre tus pies.

 

Versión de Daniel Lipara

De: “Centro”