jueves, 16 de noviembre de 2023


 

ANDRÉS PIÑA

 


 

El día es una aldea
donde el tiempo lee 
nuestra imagen. 

 

 

De: Pops¹

 

1.- Nota: Jack Kerouac pensó que la asimilación natural de los haikús a la literatura estadounidense podía residir en sus pops, los cuales mostraban una suerte de inspiración mística del mundo que lo rodeaba. Así que, tomando esta idea, escribí estos poemas en ladino, que conservan la estructura clásica de tres líneas creada por el autor de En el camino.

 

 

JUAN CARLOS BAUTISTA

 

 

 

 

(Archimboldo, otra vez)

 

Mientras preparo la cena
y rebano las cebollas y los jitomates
y pliego la lechuga
como si le bordara una cofia al plato,
pienso en mi madre,
en su tristeza de los últimos años,
cuando ya no podía cocinar para nosotros.
La cocina se le llenó con el denso vapor
de los calores que la ganaron
cuando aún era una mujer hermosa.
Pienso en sus hijos
devorándola con rabiosa mansedumbre,

y vuelvo a su silencio,
y me pregunto qué pasaba por su cabeza
cuando habíamos terminado de comer
y ella se iba a bregar
con la devastación grasosa de la costumbre.
¿Había alcanzado sus confines?
¿Era buena esa Arcadia
que se empeñó en levantar
tres veces al día,
           como si una riada
destruyera su hormiguero una y otra vez?
¿Fue yegua o loba en ese amamantar sin descanso?
¿Tuvo nervios para el amor?
           ¿Tuvo amantes?

¿En qué pensaba al picar las verduras,
al macerar la carne, al templar el fuego?
¿Tenía estas ganas de dejarse vencer, como yo ahora,
por el picor de la cebolla, por el desangramiento de las remolachas?
Estas ganas de derrumbarse entre la despensa,
en medio de los frutos feroces y las yerbas de insoportable olor,
quieta al fin,
        como un Archimboldo en escorzo
        al centro de la cosecha salvaje,
           lejos del ruido y su maligna felicidad,
   para hacerse un retrato,
        un retrato en clave baja,
   de serena
   y purísima soledad?

 

 

MARTÍN TONALMEYOTL

 

 

 

Allá afuera

 

Allá afuera, hay una ciudad de carros muertos,
árboles moribundos con la última flor de la tarde,
niños con capuchas y fierros en las manos.
Allá fuera está el otro dios llamado muerte,
pedazo de miseria que regala dinero embarrado de sangre.

Allá afuera, la música del corazón
muere asfixiada con los ruidos contaminados,
con las trompetas celulíticas de movimiento alterado,
con los gritos de sapo y de hombres barbas de zanate.

Allá afuera hay políticos con ojos de mierda
y bocas de cielo,
balas que vigilan las calles, 
perros que se comen a los ancianos,
zopilotes mansos que comen a otros zopilotes.

Allá afuera, está la flor que sembré en la boca de ella.
Ella, también está allá afuera aventando piedras.
Tendría que ir por ella, pero los brazos de mi madre
me han amarrado con coraje.

Tengo que ir por ella porque la ciudad
se ha vuelto un concierto de chatarras,
un basurero de intelectuales,
un río de aguas sucias
y ahora mismo, en este instante,
es un silencio pintado por el miedo al otro.

Iré allá afuera rompiendo la boca de mi pueblo,
iré a probar la fortaleza de mis palabras,
caminaré pensando en ella para evadir los gases lacrimógenos, 
las pulgas de muerte que se esconden entre el viento.

Aquí en mi pueblo sólo quedará mi ausencia,
un pedazo de palabra temblando en un río, 
un respiro sucio cantando mi último poema.

Iré para regresar por siempre,
para sembrar eso que tanto pienso y digo
para quitarme de encima el nombre de poeta
y bañarme de tierra con olor a ajo y cebolla.

Me iré de aquí y diré que sólo soy un hombre.
Que en mi travesía sobre la tierra
aprendí a escuchar a los árboles. 

Me iré para conocer a la muerte con su seno de huesos,
con su cara chupada y su cola seca. 
Su codicia de piscar a hombres sanos.

 

Versión del náhuatl al español del autor.

 

 

C. E. FEILING

 

 

 

31

 

Del gramático Zeus desaprueba,
la cólera de Homero nos lo prueba.

A fin de mes (con suerte) la nodriza
una parte de paga le requisa;
no desdeña después el torpe intento
de pedirle además un 10%
—se parece, por último, la suma
a flores de papel sobre una tumba.

Consigue un padre amante, no tacaño,
que prometa pagarte a fin de año,
y al undécimo mes, sobre la fecha,
ya «por otro mejor» verás que te echa.

Tener casa y comida son tus penas;
él bromea a tu costa tras la cena.

 

Nota: Carlos Eduardo Antonio «Charlie» Feiling, más conocido como C. E. Feiling.

 

 

MARTÍN PRIETO

 

  

 

Desde la ventana

 

El mundo es esta estación de trenes, casi invisible por la lluvia.
Hay, entre las vías, un resto:
una naranja brillante apoyada contra el riel.
El hombre tiende la mesa
y cree cambiar en algo las cosas.

 

MAR CARRILLO DE ALBORNOZ

 

 

 

Un año más tarde

  

El aire huele a eucalipto y humedad.

Mi mano se alarga como un cable

hacia una pequeña cápsula semilla.

Aterriza en la palma de mi mano

sin peso.

Estudio sus hendiduras, tinta,

estrella. Desde esa cercanía

vuelve.

Un segundo y se aparta

hacia mi bolsillo.

La olvidaré pronto

en el fondo

del impermeable.