"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
miércoles, 3 de enero de 2024
CAMILLO SBARBARO
La niña que camina bajo los árboles
La niña que camina bajo los árboles
no tiene más que el peso de su trenza,
un hilo de canto en la garganta.
Canta sola
y salta por la calle: porque no sabe
que nunca tendrá un bien más grande
que ese poco de oro vivo sobre los hombros,
que esa alegría en la garganta. A nosotros, que no tenemos
otra felicidad que las palabras,
y no el encendido lazo ni la mucha
esperanza que agranda aquella el corazón,
si no es demasiado pedir, que se nos quite
antes la vida que ese único bien.
Versión del italiano de Carlos Vitale.
ALAÍDE FOPPA
Ella y el miedo
Creció con ella
subrepticio
recóndito
con apariencias tan cambiantes
que nadie lo reconocía.
Ni ella misma
que se creía valiente.
No iba acompañado
de monstruos o fantasmas,
no surgía
de cuartos oscuros
ni de abismos.
Invisible temblaba
en su palabra tímida,
se volvía un velo
ante el paisaje luminoso,
una barrera
ante el fruto apetecido,
una sonrisa
ante la decepción.
Paralizaba la mano
que iba a tenderse
hacía una mano amiga.
Bajaba por los párpados
sobre la mirada
en que por un instante
brillaría la dicha.
Aunque era una niña quieta,
tenía miedo
de hacer ruido
porque alguien dormía a su lado.
Tenía miedo
de correr por la casa solitaria
donde sus pasos despertaban
resonancias extrañas.
como era una niña silenciosa
tenía miedo de cantar,
porque su voz despertaría
resonancias extrañas
en su alma solitaria.
Y temía las palabras,
las duras palabras que hacen daño
y las dulces palabras
que querían anidarse
en su corazón erizado.
Las palabras de los otros
y las suyas.
Miedo de lastimar
y miedo
de ser lastimada.
y si la asustaban
las puertas cerradas
a las que no osaba tocar,
ay, cuánta desazón,
ante una puerta abierta…
Vivía
como en un retrato de juventud:
vestida de baile
adornada de rosas,
fina, dulce y sonriente,
pero inmóvil
en el umbral iluminado
de esa fiesta
donde el miedo
la dejó para siempre detenida.
JIAO TONG
Pago a meses
Si los sueños también pudieran pagarse a meses,
quisiera primero pagar por adelantado por un poco de alegría, trabajo y amor,
en el extremo opuesto de la vida real
escuchar de nuevo y por completo una valiosa risa…
A menudo me paro frente a la ventana de la cocina, reacio a dejar ir,
mirando a través de ella un deseo que he guardado por mucho,
mucho tiempo— si acaso,
si acaso los sueños también pudieran pagarse a meses,
deja que vuelva a deber ese futuro que es trivial en extremo
para hacer del hoy, uno más completo.
Aunque el ciclo de deudas continúe encogiéndose,
yo estoy dispuesto a pagar puntualmente los intereses y el presupuesto para la
felicidad,
así como la hipoteca de una sonrisa triste,
esa sonrisa que estoy destinado a pagar toda mi vida.
Versión al español de Omar Pérez Rizo.
SANDRA BEASLEY
Habla la arena
Soy fluida y omnívora, el beso
casual. Daré vida a tus ostras.
Comeré tus diamantes. Soy una boba, nada
en sí misma, sólo la medida que vale
y si eres un animal suficientemente pequeño,
acércate;
si eres un vegetal suficientemente pequeño, acércate;
si eres un mineral suficientemente pequeño, acércate.
Madres, quítenme de las manos
de sus hijos. Amantes, libérenme
de los grilletes de sus pantalones. Tracen
una línea, que sea mi boca: nombraré
su país. Soy alguien que dice Sí en el fondo.
Juguemos a las escondidas y a ahogarnos. Hagamos
como si las perlas fuesen ojos. Cuando los hombres caen,
me gusta cómo tocan sus brazos, cómo
cómo se rozan
las piernas. Hay siempre más hombres, hombres
que traen bolsas lo suficientemente grandes como
para sostener
a los demás. Un hombre que se arrodilla
con una bolsa más pequeña, la llena y la vierte, la llena
y la vierte, como si pudiera probar algo.
Versión
de Yéred Cosío Martínez
MARÍA PAZ GUERRERO
COLORES: ROJO EN EL LUGAR del adentro que se abre
inteligente.
Ampliarse al color en la oscuridad, sin parpadeo, solo branquias. Masas verde
neón son el roce planetario.
Una multitud de chamanes que meditan al unísono, en medicina.
Lunas de arroz por la carretera que aparecen y desaparecen.
En el sueño de los chamanes en medicina. Y nosotros. Solos.
Todo se abraza, se idolatra.
Hoy es luna en la corteza de la tierra. Estrellas
de hielo en el campo de trigo lunar en la tierra.
Porque la masa y los pelos reciben, porque la piel absorbe, en la tierra. Por
lo pisos granate de Amazonis Planitia.
Atardecer en azul, despertar en cielo rojo, tres de la tarde en horizonte
verde, piso seco como mil millones como tres mil millones de seres humanos que
zapatean al unísono, en la tierra.
Fibras volátiles teñidas de naranja son la piel del
sentido solar. Ver los hilos del aliento. Amasar las estrías rugosas del
aliento. Una pantalla alucinatoria que viaja en planos de intensidad.
La telaraña del encuentro en un espacio digital.
Cuarzos, dinamita en las lunas del futuro, pero no
digas futuro, haz el futuro. Haz los cuarzos luego la dinamita.
Son bolas de fuego que giran iracundas en el llano.
Salen a medianoche conducidas por los magos.
Y se multiplican.
CAMILA RÍOS ARMAS
París
El Sena amaneció sereno. La quietud de su agua me
renueva. Ser agua que siempre va, que siempre viene. Ser quietud vaivén de las
corrientes. Mantener mi cuerpo eucalipto morado. Pecho rosa tallo con espinas.
Hacer nadar las palabras ausencia y presencia.
Hablar pájaro que canta. Imaginar gaviota que vuela y llama. Renacer
primavera.
El Sena lleva en su cauce las desilusiones de fin de semana, pero agua que mira
el espejo refleja la llegada de la espera. Con ella, más tiempo.
martes, 2 de enero de 2024
CAMILLO SBARBARO
Ahora
que has venido
Ahora
que has venido,
que con paso de danza has entrado
en mi vida
como una ráfaga en una estancia cerrada —
para celebrarte, bien tan esperado,
las palabras me faltan y la voz
y callarme junto a ti ya me basta.
El
gorjeo que ensordece el bosque
al nacer el alba, enmudece
cuando sobre el horizonte salta el sol.
Pero
a ti mi inquietud buscaba
cuando, de muchacho,
en la noche de verano me asomaba
a la ventana como sofocado:
porque no sabía, me palpitaba el corazón.
Y todas tuyas son las palabras
que, como el agua que rebosa en el borde,
a la boca venían, solas,
las
horas desiertas, cuando se adelantaban
puerilmente mis labios de hombre
por sí mismos, por deseo de besar…
Versión
del italiano de Carlos Vitale.
ALAÍDE FOPPA
Ella
y el tiempo
Medido
en el ritmo presuroso o calmo
de su suspiro,
en el fluir de su sangre perenne,
en su parpadear silencioso,
en el orden de su sueño,
en su desvelo,
en su larga espera,
en sus vagos recuerdos,
el tiempo
invisible río,
la arrastra sin defensa
a un mar desconocido.
Para
verse un instante
en el claro lago de la felicidad,
quiso detener su curso,
mas la corriente se llevaba
la desvanecida imagen.
Y no hay para ella
un agua quieta
donde hallar de nuevo
el candor de su rostro infantil,
el esplendor de su mirada joven,
reflejados un día
en espejos empañados.
Turbia corriente,
el tiempo
lo confundió todo.
¿Quién
dijo
que es breve la vida?
Si nunca acaba,
si cada hora
es apenas una lenta gota,
y es tan largo el día
que hasta le cabe la muerte.
¿Quién dijo que es larga la vida?
Si es tan breve,
tan estrecha,
tan incompleta y fugitiva,
que no le cabe casi nada
de todo lo esperado.
Era
tan extraño su tiempo,
que ella vivía sin presente,
adormilada
en confusas memorias,
o perdida
en vagos ensueños,
en hábiles y acariciantes fantasías
en las que no creía.
Sólo sobre su piel pasaba
ese presente vacío.
Como un animalito paciente,
se anidaba
cerca de sus ojos,
en la comisura
levemente amarga
de sus labios,
consumiéndola
sin que se diera cuenta.
Pero
alguna vez
se vistió de esperanza
el tiempo.
Levantada entonces
sobre su incierto presente,
ella vivió en la aurora
por un momento.
JIAO TONG
Cama
matrimonial
Los
sueños son tan cortos
la noche tan larga
me abrazo a mí mismo
practicando la intimidad
armándome de suficiente valor para una noche que será lenta e infinita
duermo en esta cama matrimonial
pensando siempre en que se siente tan apretada
la soledad ha ocupado una superficie demasiado grande
Versión
al español de Omar Pérez Rizo.
SANDRA BEASLEY
Tú
eras tú
Soñé
que estábamos en tu bar favorito:
Tú eras tú, yo era la rockola.
Puse a Sam Cooke para ti,
pero no volteaste ni una vez.
Quise bailar. Quise un whisky.
Y quise que quitaras tu mano de ella.
Llevabas tu mejor sonrisa
y la camisa que hace que tus ojos sean verdes.
Si me lo hubieras preguntado, te habría dicho
que su cabello parecía de plástico.
Pero entonces, mi boca era de plástico.
Pesaba 300 libras.
Brillaba como en 1972.
Un hombre intentó seducirme con monedas,
pero pude oír su camioneta afuera,
aún encendida. Yo era leal a ti.
Puse a Aretha, Marvin, al Reverendo Al.
Tú la besaste todo el camino hacia la salida.
Más tarde, intenté hacer mi propia música,
tarareando una pista contra otra,
moviendo la aguja arriba y abajo.
Cantaban en mi sangre las burbujas .
Por la mañana, vinieron a repararme.
Versión
de Yéred Cosío Martínez
MARÍA PAZ GUERRERO
LAS
ESTRELLAS ME AYUDARON a entender que
cuando algo va mal
estrepitoso
con el piso hacia abajo:
un dos tres cuatro
paseíllo
punta-tacón-golpe-golpe
rastrillo
de lomo
crujiente.
Ajusta
la espalda, mete la pelvis
punta tacón
hasta que baje al cuerpo
fuerza en el centro, siempre.
Amplía la envergadura, cual ramillete.
Se empieza por debajo: se prosigue si desciende.
Encuentra el lugar del abajo, el límite de lo por debajo, la cresta del hacia
abajo.
Ordenar el camino punta tacón compás rastrillo
y los brazos hasta los cachos.
CAMILA RÍOS ARMAS
El
yo; el otro
No
hay cuerpos en la noche húmeda de ausencia.
Ni ojos atravesando el ruido que nos separa.
;
Enlazo lo paralelo de nuestros mundos sin que los nudos se rocen.
La espera deja de ser la causa para ser el fin.
;
La cuerda por la cual cruzar la oscuridad paraliza el miedo.
Desgarro cada centímetro de tu duda.
;
Le tengo fobia a los pozos, a la negra angustia de lo incierto.
Sé que el encuentro de nuestras manos sellará el temor que habitamos.
lunes, 1 de enero de 2024
CAMILLO SBARBARO
Callas…
Callas,
alma cansada de gozar
y de sufrir — a lo uno, a lo otro estás
resignada —
Escucho y no me llega tu voz.
No de lamento por la miserable
juventud, ni de ira o de revuelta
y tampoco de tedio.
Enmudecida
yaces con el cuerpo en una desesperada
indiferencia.
No nos asombraremos
no es verdad, mi alma, si ahora
el corazón se parara, si suspendido
quedase el aliento…
En cambio caminamos.
Y los árboles son árboles, las casas
son casas, las mujeres
que pasan son mujeres y todo es aquello
que es — aquello que es.
Las
vicisitudes de alegría y de dolor
no nos tocan. Ha perdido la voz
la sirena del mundo y el mundo es un gran
desierto.
En el desierto
yo me miro con secos ojos a mí mismo.
Versión
del italiano de Carlos Vitale.
ALAÍDE FOPPA
Ella
y su cuerpo
Rara
vez le pareció
que le quedara bien
su cuerpo.
De niña,
era un cuerpo tan breve
que la obligaba
a mirar siempre desde abajo,
a esperar que sus padres
la tomaran en brazos
para verles
el rostro de cerca,
para tocarles los cabellos,
a esperar el abrazo
de su madre
para recostarse
en su pecho suave.
Ella, desde su estatura,
sólo podía abrazarle
las rodillas duras.
Luego,
fue un cuerpo inquieto,
a menudo doliente,
castigado
por persistentes fiebres,
un cuerpecillo insignificante
del que surgía un rostro pálido.
Y cuando un día
pareció vestirse de fiesta
de la adolescencia
ella creyó que se lo reprochaban.
Apenas asomaba la alegría
en el ritmo ligero de su paso
en el sonido claro de su voz,
en el brillo de sus ojos,
oscuros peligros acechaban
ese florecer extraño.
¿Tenía derecho a vestirse de fiesta
en un mundo enlutado?
¿Podía llevar su pie danzante
por un camino de espinas?
Quizás
su mismo cuerpo
era un vestido ajeno.
Por eso tuvo extrañas aventuras
el joven cuerpo lastimado:
iba al abrazo
como a un naufragio
y volvía como un sobreviviente
milagrosamente salvado.
En la fuga
se encontraban de nuevo
ella y su cuerpo
sin saber de qué huían.
No
sabía entonces
que era
una tierna parte de sí misma,
tierra pródiga
donde su vida florecía;
y qué tan dulce
como el viento de primavera
era su aliento misterioso
tan ricas como las ramas
del árbol verdecido,
sus manos,
y más luminosos
que los astros del firmamento
sus grandes ojos abiertos.
JIAO TONG
Tapabocas
Los
rumores emergen de las cuatro direcciones—
todo se ha vuelto silencioso, todo,
los audios fueron bloqueados, yo
no puedo decir nada más, desde ahora
pusieron tapabocas, cubriendo
sonrisas, encubriendo excusas,
cubriendo los gestos entre uno y otro,
la tristeza se parece a un secreto
que en todo lugar se propaga.
Un
gato duerme en el balcón del apartamento
y no se baña en rayos de sol, salgo del elevador,
quiero buscar a quién darle la mano. La ciudad entera
tiene fiebre alta, todos necesitan
de sus pastillas para el sentimiento de seguridad; mis amigos continúan
sentándose en las cafeterías a contar chismes, que se salpican
y se adhieren a las redes sociales, buscando los audios perdidos. El toser de
las motocicletas
viene y se va. Los rumores corren más rápido que el virus, los días
se van encubiertos.
El
pánico de esta situación no se puede esconder.
No hay esperanza de regresar, el olvido se parece
a las lágrimas de ayer, como hoy
se parece a vernos a través de la distancia de la ventana de cristal, la
sospecha y el odio
han intervenido entre nosotros y
tienen un poco de ambigua distancia, como hoy y como ahora
solo puedo armarme a mí mismo, fingir
que aún puedo comenzar de nuevo.
Versión
al español de Omar Pérez Rizo.
SANDRA BEASLEY
Inmortalidad
Acéptalo:
nunca estaré
en el reverso de un centavo
ni seré un globo flotando por la Quinta Avenida;
nadie dará mi nombre a una variedad de rosal,
o a una forma de lanzar rectas, o a un escarabajo
con cuatro extrañas alas plateadas.
Dicen
que las hélices de mi saliva nadarán en los hijos
de mis hijos, pero eso no es más
que un trasplante insulso, como
un peral forzado a dar fruto. Mi corazón
es una canica amarilla esperando en un enjambre de canicas amarillas,
esperando que alguien trace las líneas del juego, esperando
por
el pulgar de Dios. La inercia
es la inmortalidad al alcance de todos. Incluso
las recetas antiguas nos han fallado ahora,
ya no hay párpados dorados o vasos canopos, ya no hay
baklava horneándose en la cripta
de mi mandíbula. Llámame
egoísta,
pero ¿quién no sueña
con ser cometa y viento, barco y océano?
Quiero ser la pelota y el bate y el montículo
y el sudor y el césped.
Quiero ser el vampiro que bebe
un alto y fresco vaso de mí para vivir eternamente.
Versión
de Yéred Cosío Martínez
MARÍA PAZ GUERRERO
NADIE
SE ACERCABA a esa persona
que se paseaba
por el recinto
de miura.
Solo el gesto hacia atrás
largos
cachos
ajustados
extender la tripa.
Ni una medida corazón
ni un hallazgo expresivo:
has de ampliar el pecho
extender los hombros inflar la panza.
Al pisar te habla el núcleo terrenal.
Al repetir te desprendes
milímetros,
una vuelta en diagonal
pedir temblor / pisarse la cola
los brazos vuelan / el eje patea
cuál enunciación para este atronar
con final truncau.
CAMILA RÍOS ARMAS
Boca de Uchire
El
sol siempre es el mismo a esta hora en Boca de Uchire. Los cangrejos han tomado
cuerpo de hombre, de pescador de orilla. Cavar es mi propio ejercicio de
retorno a la infancia. Horas de labor indagando la arena, los residuos de la
desidia de otros. Los restos de quien ya no soy. A pocos metros, de niña dibujo
corazones con un palo de madera. Mientras el final de la curva roza la esquina
de la otra mitad, media figura se ha borrado. Se me hace imposible representar
el amor en la inmediatez de las olas. Insisto, porque un corazón tiene que
estar completo. Presente, mi ideal a medias. Totalidad, certeza de olas. La
brisa le pega a él, durmiente frente al mar, que me interroga mis bordes, mi
límite, la finitud de mi vientre. Reto al tiempo que reposa en mis pies.
Comienzo de año y fin de otro.


