Donde llegan los pasos
Pocas veces la poesía, esa ave azul de los
mares abscónditos, acertó a detener su vuelo inaprehensible para irradiar luz
de armonía y de belleza, como cuando buscó el esbelto y airoso espíritu de
Claudia Lars, para encontrar en su puro y transcendente encanto su mística y su
destino.
Esta poetisa nació, como nacen los
predestinados: con una estrella de luz en el pecho para crear poesía. Para ser
su excelsa intérprete. Para sentirla y trasmitirla. Para hacer de ella su
religión y fundamento de vida. Y dignificar, con alto sentido de apostolado de
la belleza, el ser y la esencia humanas.
No es que Claudia Lars haya inventado algún
nuevo capricho métrico, alguna forma rítmica que ya antes no hubiese sido
conocida. No. Escasos poetas modernos han sabido como ella, trasvasar en los
antiguos moldes clásicos, una tan nueva y jugosa esencia de poesía. Al punto de
sugerir la impresión de ser forma y contenido, una nueva creación de arte.
Claudia Lars posee una armonía innata, como
en la corriente de los ríos. Como en el aire que quiebra guitarras en la
fronda… Y es que en sus labios y en sus versos la palabra, la palabra literaria
del tráfico cotidiano, no la petulante voz neológica ni la arcaica resurrecta,
adquiere un recién descubierto sentido semántico, y una prístina y juvenil
sensibilidad.
Donde
Llegan Los Pasos es el triunfo más alto, no definitivo, de
nuestra gran poetisa.
La
Prensa Gráfica, 17 de mayo de 1953.