"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
lunes, 11 de diciembre de 2023
MANUEL IRIS
Confesión
Desnudo
frente al mar
escribo
hablo con rabia
me rebelo:
mi
voz ya no eres tú
sino mi voluntad de ti.
Un
verso es una enredadera
trepando en la música,
un cuerpo hambriento
de su propia muerte
(todo
canto es caníbal).
Nuestra
saliva
es tinta
de la espera.
De: “Devocionario”
VIOLETA OROZCO
Catedral despedazada
De
tu mirada
solo recuerdo la rabia
como si quebrar fuera
la única respuesta
abrir
algo por la fuerza
dejar que tus ojos me partieran
como a un coco el machete
y
yo miraba desde lejos mis fragmentos
como quien mira
después de la guerra
la
catedral despedazada
SEBASTIÁN URLI
Popham Beach
Dibujo
formas sobre la arena
como quien pide urgente un deseo: darle
algo que hacer
al mar.
Dibujo
rostros, dibujo islas,
también un perro con su cadencia:
la economía de los roces me desgasta.
Son
cosas claras, quietas
pero es intenso el olor de la arena.
Si
pudiese,
me
acostaría sobre las rocas,
encadenado o no,
para ofrecerme en sacrificio a mis labores.
Ni
a las leyendas
ni a los dioses marinos.
A
mis labores
a mis modestos placeres
a
la fatiga del perro en la playa.
VÍCTOR RUIZ
5.30 a.m
Asómate, las calles se incendian de pasos; el
aire, desgajado sobre las ramas, descansa en el murmullo de unos labios. A
estas horas, ni los perros se atreven a ladrar, tienen miedo de escuchar sus
voces reflejadas en el eco. Encerrada en su cuarto, una muchacha sueña con la
mano que anoche se posó sobre sus muslos, una lengua serpeante en su cuello y
en la concha de su oreja. A estas horas, rodillas inclinadas elevan plegarias
al cielo en busca de un perdón que no les llegará, pues nada arriba asciende ni
nada abajo desciende, el paraíso es un cementerio de palabras, un jardín
poblado de susurros, Dios recolecta vocablos y los guarda en su bolso, domador de palabras abandonadas.
Asómate, sobre el suelo luminarias exangües,
un hombre camina con un cigarro en su mano, te dice algo, las palabras salen de
su boca y se confunden con las formas del humo y se deshacen como las formas
del humo, y apenas percibes un cartílago de consonantes, fragmentos de vocales
muertas. A estas horas, sobre el camino, tú regresas, vuelves a mí como si
nunca nos hubiéramos despedido, tu rostro poblado de sombras, aun así puedo ver
en tus ojos la callada lumbre que me guía en esta oscura caminata. Asómate,
la memoria es un pozo anegado de fantasmas.
GUILLERMO MOLINA MORALES
Herencia (I)
No
conquistaron
Ni la tierra que estaban sembrando
Mis
ancestros llenaban el granero del Marqués
El Marqués vendía el grano a los barcos
Y compraba su entierro en la iglesia
Si
un niño moría de hambre
Al niño siguiente le daban el mismo nombre
Mi
madre tiene el nombre de su hermana muerta
Mis
ancestros son a la Conquista
Lo que el estiércol a un árbol genealógico
O un árbol genealógico a la idea de inocencia
No
comemos el grano sino el pan
La
inocencia es una pregunta
Que solo tiene sentido en la interrogación
De: “Mar caníbal”
ANTONIA TORRES AGÜERO
Al amanecer
como venidas de un compás anterior
las olas del lago se levantan de la nada.
Tal
vez anuncian toda la agitación del día
o quizás son
solo efectos
breves
cataclismos
submarinos.
Las
olas o el viento:
la estampa de la edad
que hemos perdido
cada verano
en la vigilia
a orillas del lago
durmiendo como exploradores
en una cueva del tiempo
dibujando el momento
para contarlo más tarde
al fuego
a ciegas
mientras zurcimos un calcetín
entumidos y ensimismados.
Las
olas
no cabe duda
son producto de esta imagen:
la
juventud
lo mismo:
el
viento insistente
impide dibujar
unas palabras torpes
levanta las hojas
mi cuaderno
el ruedo de mi vestido
el polvo del suelo
por
la mañana
suenan los tachos de café
vibra una bolsa plástica colgada
la cuerda de un instrumento
agita elegante la cumbre de unos álamos
vuelca con violencia una copa
y la quiebra
a
mediodía una barcaza nombrada como la tragedia
toca su sirena para vaciar el muelle
de niños
de intrusos
de viejas con provisiones
de jóvenes oscuramente hermosos
que se lanzan de cabeza a un fondo transparente
un calado que parte en dos la luz meridional
y obedientes a la señal
el lugar se vacía
allí:
donde
se reparten el ocio y el tiempo
en zambullidas
en lances
en peces
en algas
en páginas
en cartas
finalmente
la tarde se dibuja de sombras
la silueta de unos perros
o niños
juegan a morderse el cuello
ensayos
o escarceos de la muerte
mordiéndonos los tobillos
tentativas
devaneos
como pequeñas olas
ampolladas
se levantan
en la vigilia
al amanecer
y de la nada.
