"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
viernes, 23 de junio de 2023
RIGOBERTO PAREDES
Letra para un himno
De algo que bien pudiera llegar a ser un país;
de un país que no puede ser, todavía,
estoy hablando.
Falta
mucho, todo
lo que un país quiere tener:
un nombre, un nombre propio de país;
tierras, mares y cielos del país;
muertos, vivos por un país;
belleza, poetas y animalitos
a salvo en su país.
Un
país que no duela sin querer.
Un país que no duela.
Otro país.
Un
país que no puede ser, todavía,
es mi país.
EDUARDO ESPINA
Mínimo
de nombres posibles
(Un comienzo es siempre otro)
de manera que aquellas cosas que no se pueden decir,
es menester decir siquiera que no se pueden decir.
Sor
Juana
No
se veía nada, mejor dicho no se veía nada.
Tiene razón Sor Juana en lo que haya callado
y aquello al pie de un epónimo, y a propósito,
¿cuándo verá el oso a su femenino en la miel?
Desde este Luxor a solas, rocas, peñasco, mar
a morir menos que ánima venida de muy lejos
pero no tanto como estuario anterior al tiempo.
Mar de todas las mareas al remar a su manera
a ras de la corriente donde dirá a los días todo.
Y al Sur salpica, rasca el kiss de las quimeras
haría hace un buen rato por ser tan de repente
o tan, buen ciego para la Sor, también Él azor.
Mira cuánto ímpetu ha perdido, o mira cuánto
de todo esto dejaríase mirar en hora, ahora ya.
No se veía nada pero ahora se ve menos, años
de no verse, de bañarse en guarismos a ciegas.
Entonces igual a ella sería la mirada en la cara
de lectura cuando la cifra abre y ve la primera
palabra: eso es ver, esto es el sentido siguiente.
Frase, refranes y no dejes el alma para mañana
ni menos señales su ausencia añadida al cariño
de piraña que de niña comía mirras arrepentida.
Juana anda dando a las ideas un ánade desnudo.
Para otra será tal ardid, para él la edad indebida.
¿Cuál de entre todas las que tienen aun tiempo?
¿Edad de las que mueren más al menor intento?
Ahí va, viendo al viento tocar a la íntima bestia
tan bien enviada por quienes temen a la imagen.
Caza la cima, si tanto le daba la luz como llegar,
porque ha llegado: comienza con apariencia, en
la misma persona la sorpresa cambia de planes.
Mínimo de mundo visible, el que Berkeley vio
y no este de ahora, que a nadie ideal pertenece,
mundo para inclinar a la chancleta la bataclana.
Está frío, en la ingle clama por algo menos ahí.
Mundo, o da lo mismo pues en inglés es world.
Cuando empiece a ser menos, alguien lo sabrá.
NIELS HAV
Acerca
de su ceguera
1
Me
pregunto si es más barato
escribir con tinta, pues en Buenos Aires Borges
dictaba sus cuentos laberínticos.
El Homero argentino consideraba las palabras símbolos,
que compartimos con los demás. “Creo que la estética abstracta
es una ilusión vana,” escribió en un prefacio,
en el que renunció a la originalidad. Casi sin jactancia.
Después de ciego tuvo contacto visual con John Milton
en El paraíso perdido.
2
El
amor es ciego. ¡Pero pasaron cuarenta años!
Cuarenta años con estudios, imitaciones o ataques de ira,
al escapar el tigre de sus sueños. A veces visitaba
al oculista, siempre con desilusión: Estudió
a Joyce, que quizás amó a Nora, pero totalmente ciego
nunca fue. Sólo después de perder la razón
y llamarse Don Quijote, Alonso Quijano dejó
la biblioteca paterna; y cuarenta años después
de encontrar el amor en Ginebra, Borges quedó ciego –
¡Tan ciego como Beethoven sordo!
3
Trabajaba
en la oscuridad y pulía mentalmente sus frases,
hasta que centelleaban de pura metafísica
“Si uno es poeta, lo es siempre y se ve todo
invadido de poesía.” Borges se alimentaba
de su desgracia y reemplazaba el mundo visible
con sagas y versos en inglés antiguo. Su ceguera
se volvió un don: sólo en aquel momento se puso
al nivel de Homero, y sólo entonces pudo ver
en la profundidad del oscuro y vasto mundo
en ese instante vertiginoso de la eternidad.
Versión
de Gloria Galindo
JUVENTINO GUTIÉRREZ GÓMEZ
Varado
a medianoche
Azul
la noche
sentado en esta barca
nacen estrellas.
Versiones del mixe al español por el propio autor
JORGE CASTAÑEDA
VI
La médula del río
Sabe
repetir la profundidad de los astros,
Donde se muerden los higos
Se muerden resonancias sin levadura,
Bendice su mirada infinita
Bendice al hombre que flota en la medula del río,
Lejos
Hacia una lejanía de muerte pasajera
A un paso de distancia
De la red con espuma salvavidas,
Respiremos bajo la sombra del cetáceo
Respira con la agonía de la sombra,
La medula del río
Habla en la cima del cosmos injertado,
En la inmemorial humedad del caos
(no se ven los labios hinchados de la madre),
bendice su orgasmo agrietado
bendice esta boca lamiendo su alma,
lejos
los muertos a media asta
flamean
hacia una lejanía de incendios
hacia un brillo arrastrado
a la melancolía del río.
MÓNICA LICEA
Hibernación
El
pesado oso en mi espalda
trepa por mi espina dorsal y
me encaja sus garras cada noche.
Busca, olfatea y encuentra mi útero de miel
lo mastica incesante hasta que se atora
entre sus dientes.
Ese
animal pesado que conmigo duerme
mamífero de robusta respiración
acecha con cautela
los menores espasmos de vida.
Le
digo “quieto, hoy no”, y lo acaricio con torpeza.
Se
recuesta a mi costado
su pelaje me cubre
y el aire se vuelve primitivo
como si estuviéramos al interior de una caverna.
Te
extinguirás también, blanda furia
y contigo se irán todas las formas
los sonidos
el hambre
y la secreta vida
de los abismos que recorres.
De: “Hermano”
