"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
lunes, 16 de marzo de 2026
NONI BENEGAS
Pensamos juntas,
en un leve aleteo me decís: cuidáte
y
siento la conseja
como un breve apretón,
aquel
que hiciste con tu mano
dibujando una eternidad
para siempre en la mía.
De
ese roce vivo.
De: “De
ese roce vivo”
ROWENA HILL
Un
día al lado del río
El
río en la madrugada
el sol está aún detrás del filo
—es oscuro, insondable.
Los
rayos alcanzan el agua
traspasando las hojas,
pequeñas ondas acogen sus sombras.
El
sol ahora está alto,
las rocas se calientan la espalda,
las cascadas son de cristal líquido.
Una
nube cubre el sol,
la corriente es opaca,
los reflejos se repliegan en la piedra.
La
tarde de nuevo es clara,
el agua absorbe la luz tardía del sol
para llevarla al seno de la noche.
La
espectadora ha vivido la historia,
sigue la corriente entre las tinieblas.
¿Se
promete una nueva mañana?
VICTORIA BENARROCH
Tu puerta cerrada
es el nudo
de una tormenta
en una gota de agua
De: “El desierto que cruzamos”.
MANUEL HERNÁNDEZ
Final
call
Compramos
un
boleto de ida
Decidimos
huir
demasiado
tarde
Nos
hundimos
en la oscuridad
del universo
De:
“A un respiro de la orilla”
GERTRUDE STEIN
Yo
soy rosa
Una
rosa es una rosa es una rosa es una rosa.
Yo soy Rosa mis ojos son azules
yo soy Rosa quién eres tú
yo soy Rosa y cuando canto
yo soy Rosa como toda cosa.
JAMES TATE
La
tribu perdida
Un
frisbee rojo pasó volando y todos nos arrodillamos
y rezamos. No tengo idea de por qué rezábamos. De hecho,
ni siquiera sé qué hacía yo con ese grupo de lunáticos.
Estaban todo el tiempo en busca de señales. Yo, la verdad,
no creía en esas cosas. Pero cuando se arrodillaban a rezar,
yo lo hacía también, salvo que no rezaba. “¿Qué piensas que
significa esa bandada de palomas?”, me preguntó uno. “Significa
que nos hemos alejado del abrazo de Dios”, le dije. “Qué tragedia,
¿no?”, me dijo. “En efecto”, le dije. Atravesamos un campo
de tréboles. Había un viejo tractor todo oxidado.
Una mujer se tropezó y se cayó. “Déjenla, que así nos va
a estorbar”, dijo el líder. Dos ciervos nos vieron y escaparon al galope.
“Son días santos, el final se acerca”, dijo mi compañero. Todos en ese instante
nos hincamos y nos pusimos a rezar. “No creo que el final se esté acercando”,
dijo alguien. “Está muy claro que el final se acerca”, dijo otra persona.
“La señal son dos ciervos galopando, ¿no?” “Dos ciervos galopando
significa que algo prodigioso está a punto de ocurrir”, dije
yo. “Yo no vi ningún ciervo. Para mí que te los imaginaste”,
dijo alguien. “Mejor sigamos viaje. Dentro de poco se va a hacer
de noche”, dijo el líder. Poco después, entramos en un bosque. “Me parece
que esto es un error. Nos vamos a perder”, dije yo. “Sólo se pierden
los de poca fe. Acuérdate, va a haber una señal”, me
dijo. “Hay demasiadas señales en el bosque”, dije yo. Un pájaro
carpintero se lanzó en picada y pasó apenas encima de nosotros. “Aquí
tenemos que acampar”, dijo el líder. Estaba anocheciendo cuando
armamos las carpas. “No me gusta este lugar”, dije yo. “Dios
no nos va a defraudar. Jamás defrauda”, dijo mi compañero. Se hizo
de noche. Yo dije, “Nos tenemos que ir de aquí. Va a pasar
algo horrible”. Nadie me respondió. Encendí la linterna
y empecé a caminar entre los árboles. Esa gente
nunca me cayó bien. Eran una tribu perdida y yo no estaba perdido,
apenas confundido.
