Luz
Llevo
los ojos bajos
por adiestrarlos.
Yo
sé cómo los hiere
la luz de lleno.
Llevo
los ojos bajos,
el pecho abierto.
Sé
que la oscuridad
es un deslumbramiento.
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
Luz
Llevo
los ojos bajos
por adiestrarlos.
Yo
sé cómo los hiere
la luz de lleno.
Llevo
los ojos bajos,
el pecho abierto.
Sé
que la oscuridad
es un deslumbramiento.
Acabará el dolor
Acabará
el dolor.
Cantará el tecolote después de la tormenta.
Se
cerrarán después los picos
y las bocas.
Todo
silencio,
o hueco.
Si
nadie ha de comer,
romperemos el cuenco,
el
plato plano,
el vaso y la jarra común.
Ya
no ha de haber jamás tú,
yo, otros.
Ni
el ahogo de risa,
ni el canto.
Velaremos
el fuego,
agonizaremos.
Y
toda esta ciudad con sus calles de agua
perecerá.
Perecerán
sus templos
y sus hombres perecerán.
Ocultará
su cabeza el armadillo.
Mañana
no habrá fuego nuevo,
ya es inútil velar.
Sortilegio
Paso
a paso, con el sonido y el eco del sonido
voy con el aire a cuestas:
ojos
abiertos a lo desconocido,
piel que estremece el sol,
pluma
vibrante
resistiéndome al tiempo
distraída al engaño,
y plenamente inmersa dentro del sortilegio.
Intelectuales, S.A.
Mientras
tú trabajas,
yo pienso por ti.
Y si
tú sufres,
yo sufro por ti.
Y si
tú no comes,
yo ya comí.
Y si
te matan
yo no morí.
Cerrazón
Grande,
grande la cabeza.
Pesa más que el cuerpo la cabeza,
pesa más que los miembros, la cabeza.
Dentro
de la cabeza el viento
golpeando su cola contra los muros sin puerta.
Fuera
el mundo rodando, rodando,
sin otra tarea.