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miércoles, 28 de enero de 2015

CLAUDIA LARS

 


Sonetos del Arcángel (V)

 

Nada puede igualarte... ni la estrella
que es ojo y brasa, joya y flor deseada;
ni la flor -ala tímida- clavada
al barro humilde que la forma sella.

Palma de sangre, fugitiva huella,
criatura y ángel, brisa y llamarada;
para tejer tu gracia ilimitada
toda cosa prestó su línea bella.

Porque sé que en lo bello lo divino
guarda el poder de misterioso rayo
que vuelve el lodo humano cristalino;

mi gajo en madurez, mi flor de mayo,
trémulos -en el goce y la dulzura-
han sido ofrenda a la belleza pura.

 

 

 

 

jueves, 22 de enero de 2015

CLAUDIA LARS

 


Sonetos del Arcángel (IV)

 

Se alza mi corazón... rosa de vida,
con musical fragancia y miel de aurora,
y es una dulce y nueva flor cantora
en el rosal eterno suspendida.

Río del ansia copia y enamora
su soledad vibrante y conmovida,
mas para ser tu rosa preferida
es intocada rosa trepadora.

La envuelve lo celeste, sólo sabe
de la pureza que en el aire cabe
y de tu clara y alta perfección.

Y en un tallo invisible se levanta
hasta la suave curva de tu planta
la rosa de mi absorto corazón.



 

 

viernes, 16 de enero de 2015

CLAUDIA LARS

 

Sonetos del Arcángel (III)

 

Amor, eres radiante como el día
y como el agua transparente y puro;
vienes de la más clara lejanía
como un panal de sol, rico y maduro.

Por ti el silencio cambia en armonía
su angustia singular, su anillo oscuro,
y anuncian resplandores del futuro
el vuelo de una azul pajarería.

Y yo, que siento ante la luz la viva
atracción que domina y que cautiva
al mirasol girante y empinado;

busco tu claridad de maravilla
y en lo solar, como una flor sencilla,
define el corazón forma y estado.

 

 

sábado, 10 de enero de 2015

CLAUDIA LARS

 

Sonetos del Arcángel (II)

 
¡Amor, pequeño amor, amor gigante!
Gusanillo de luz y sol de Enero.
Playa de siglos, clima del instante,
ancla fija en el golfo marinero.

Almena sobre rumbos del levante.
Alta señal de guía y de pionero.
Espejo que refleja la distante
línea de lo perfecto y verdadero.

Por ti, devotamente, a toda hora,
alza mi ensueño su celeste llama
y se humilla la carne pecadora.

Para seguir tus huestes he nacido:
¡Símbolo eterno que mi voz proclama,
alado capitán jamás vencido!

 

 

domingo, 4 de enero de 2015

CLAUDIA LARS


 
Sonetos del Arcángel (I)

 

Quiero, para nombrarte, voz tan fina
y tan honda... conciencia de la rosa,
eje del aire, llama melodiosa,
cambiante y desolada voz marina.

Vaivén de arrullo, trémolo a sordina,
rumor que el mundo y el azul rebosa;
arpegio de la escala luminosa
donde el canto de amor sube y se afina.

Para nombrarte debo ser tan clara
como lira perfecta que tocara
mano imposible, de belleza viva.

Y ha de vibrar dulcísimo tu nombre
-verbo del ángel, música del hombre-
en mi delgada lengua sensitiva.

 

 

 

sábado, 7 de julio de 2012

CLAUDIA LARS





Envío



Sobre tu blanca huella mi camino;
mi siempre andar sobre tu luz en fuga.
Con ecos, con taludes, con mareas,
y este nombre del alma en mi aventura.

Aquí... para llegar hasta tu reino,
escuchando la voz que no se escucha;
cayendo en estas noches de mi paso
y amaneciendo clara por tu ayuda.

Llevo en el corazón tu guerra eterna:
la guerra del que anuncia y del que busca.
Estoy, bajo mi cuerpo de vergüenzas,
formando un ángel con la sangre pura.

Por eso muestro aquella casa ciega
y el diurno puente en medio de las lunas.
Por eso voy a la montaña libre
que define mi tierra de criatura.

Torbellinos de amor me han detenido,
pero en amor hallé la vía oculta.
No se borró el secreto del gran sueño
ni se cansaron nunca las preguntas.

Se cuenta el viaje sin decir en dónde
está el arribo, la silente música.
Ni la memoria sabe lo que pierde
ni la palabra pesa lo que junta.

Ya tengo la canción, ya se me rinde;
ya combato en su llama tan desnuda.
El ardiente mensaje está en mi lengua
para entregarlo como cosa tuya.

¡Oh Cristóforo mío, de tu marcha
salgo yo... la pequeña, la nocturna!
Subiré por la escala de tu fuego
sin traicionar mi estremecida ruta.


viernes, 6 de julio de 2012

CLAUDIA LARS






Espejo



Miré a la dulce niña del pasado
con piel ansiosa y con el ojo puro,
dibujando su forma contra el muro
donde el amor la había equivocado.

Era yo misma... cuerpo ya olvidado,
gesto de ayer y corazón seguro;
simple inocencia en el afán oscuro
y secreto del canto inaugurado.

Estaba allí, casual y sensitiva,
dueña del dardo y la manzana viva
en trémula quietud y extraño aliento.

Toqué su falda de vergel y danza,
entré en el corazón de la esperanza,
y recogí el engaño del momento.