domingo, 14 de enero de 2024


 

SUSANA BENET

 


 

Un niño trata
de devolver al árbol
la rama rota.

(A Joel y Logan)

 

De: “Alma de caracol”

 

WILLIAM BUTLER YEATS

 

 

 

La isla del lago de Innisfree

 

He de partir sin falta, partir hacia Innisfree,
y alzar una cabaña con arcilla y con zarzos:
nueve hileras de judías tendré, un enjambre de abejas,
y solo he de vivir en el claro vibrante.

Y algo de paz encontraré, pues la paz llega lentamente,
gotea entre los velos de la aurora y el lugar donde canta la cigarra;
allí la medianoche es un rescoldo, el mediodía un brillo púrpura
y la tarde se puebla de alas de pardillo.

He de partir sin falta, pues siempre, noche y día,
oigo temblar las aguas en la orilla del lago;
en medio del camino, o en las grises aceras,
allá en lo más profundo del corazón las oigo.

 

 

URSULA K. LE GUIN

 

 

 

Ars Lunga

 

No dejo nunca de inventarme nueva gente
como si no fuera suficiente la explosión demográfica
ni tuviéramos sabe Dios cuántos terrores
y problemas, pero yo también lo sé,
de eso se trata. Nunca hay suficiente miedo
que iguale el placer, ni abismos suficientemente hondos,
ni tiempo suficiente, y siempre hay algunas
estrellas que faltan.

No es que quiera un nuevo cielo y una nueva tierra,
solo los viejos.
Viejo cielo, vieja tierra, nueva hierba.
Ni una vida después de la tumba,
que Dios me ayude, o me ayudaré yo sola
viviendo todas estas vidas
de nueve en nueve o de noventa en noventa
para que la muerte me encuentre siempre
desprotegida por los cuatro costados,
desguarnecida, indefensa,
inviolable, vulnerable, viva.

 

De: “En busca de mi elegía”

 

BEATRIZ PÉREZ SÁNCHEZ

  

 

 

Oigo tu caminar por el pasillo
y me despierta.
Te has quedado desvalida
y a ratos menos cuerda.

Permanezco mirando el techo
y no veo nada más que esa estela absurda
que deja la angustia.

Necesito que sigan tus pasos en la oscuridad,
que tu memoria persista.

Y es más grande todo, pero menos ligero,
como el peso que ya no soportas.

En eso nos transformamos:
en una necesidad de seguir esa vinculación,
en una extensa cuerda que tira
en una memoria de lo impreciso.

 

De: “Memoria”

 

WILLIAM HENRY DAVIES

 

  

 

El buey

 

¿Por qué pararme, bestia, a elogiar
tus flancos pálidos, tu rojo lomo,
los rizos de tu frente, que no dan
alegría a tus ojos pesarosos?

Yo no entablo amistad con el ganado,
las ovejas, las aves que no vuelen,
pues no viven según naturaleza
y es el hombre quien los sentencia a muerte.

Porque, aunque yo te concediese un nombre
y cuidase de ti por hoy tan sólo,
¿dónde estarás mañana si despierto
y hacia ti vuelvo, ávido, mis ojos?

Pues no, no perderé lo que no encuentre,
no tengo para ti gozo o tristeza.
Así que aparta tus enormes ojos,
que a través de la verja me contemplan.

¿Ves ese petirrojo solo, quieto,
en la rama sin hojas del manzano
con su pecho rojizo, como un último
fruto que por azar nadie ha arrancado?

Sólo con que le haga yo algún caso
vendrá todos los días a mi puerta
y es Dios, no el hombre, quien decide cuándo
el petirrojo ya nunca regresa.

 

Versión de Gabriel Insausti.

 

 

PAULA BOZALONGO

 

 

 

Los hombres que he querido
van situándose al lado de la muerte.

No sé si están debajo de mis pies,
es muy duro el asfalto
para llamarse infierno.

No sé si están detrás,
detrás de mí o del tiempo,
debiera ser alegre la memoria.

No flotan sobre mí
como ángeles sin alas,
tampoco persiguieron nunca el cielo
y aunque dios sea en la paz
solo el dueño social del sustantivo,
la buscaron en vida
y me la contagiaban.

Hoy lo único corpóreo es ya su ausencia
ocupándolo todo,
me da los buenos días

– no importa cómo estés esta mañana azul
porque ha salido el sol
y vivirás sin ellos.

 

De: “La piel de la naranja”