miércoles, 17 de mayo de 2023


 

JUAN DE CUETO Y MENA

 


 

Suprascripçión

 

I

Al muy prepotente don Juan el segundo,
aquél con quien Júpiter tuvo tal zelo,
que tanta de parte le fizo del mundo
quanta a sí mesmo se hizo del çielo;
al grand rey d’España, al Çésar novelo,
al que con Fortuna es bien fortunado,
aquél en quien caben virtud e reinado;
a él, la rodilla fincada por suelo,

 

SANDRA LUCÍA RAMÍREZ

 

  

 

 

Banquetera en los noventa 

El [ser humano] libre en ninguna cosa piensa menos que en la muerte,
y su sabiduría no es meditación de la muerte, sino de la vida.
Libro V, prop. 67.

 

EL CLÓSET me quedó pequeño
y era demasiado solitario

miré pasar los cuerpos
de rostros invisibles
desde mi posición
                                            espié
la marcha transitando
del negro    al rosa    al arcoíris
de la indignación    a la jotería    al orgullo

el acrónimo fue sumando letras
mi cuerpo, años
y mi pelo se hizo blanco
y no fue repentino

la revolución sexual que yo esperaba
me alcanzó con treinta años de retraso

and I could say cool
good for you gender-fluid kids

pero elijo decir chido
no me importa

debe ser la menopausia
esta falta de deseo de ser deseada
hartazgo de una vida de exigirme
amar correctamente

nunca fui ni demasiado les
ni suficientemente buga
el clóset me quedó pequeño

la marcha pasó del negro al rosa al arcoíris

una letra llenó el vacío de la palabra
que repito en silencio
en este umbral
de vieja
de amantes olvidables
como yo
en los noventa.

 

ZAZIL ALAÍDE COLLINS

  

 

 

                                                               Para Ryan Bemis


FUE TANTO el viento
que la estrella suturó
donde el placer desfoga
las venas del origen
bravo y grande corazón

Fue tanto el viento
la sangre salvaje y caliente
an own hope en nueva piel
the meaning of your hands
surrounding me

Later later
elbow con elbow en la montaña
inside the cosquillas
tu terapia de amor
con caramelos

Fue tanto el viento
que el aliento del sahuaro
y el agua on fire de las rocas
nos pinchó        corazón

tanto   tanto
que besar la herida
arrobó mi península
sobre tu boca
 

GABRIELA AGUIRRE SÁNCHEZ

 

 


 

POR PRIMERA vez vamos juntas al mar.
Celebras los puentes del camino,
sus colores y sus formas.
Y nombras el lago que agoniza,
las garzas que comen del espejo.
Veo tus dientes brillando al sol y al viento
porque sonríes para señalarme
algo que no está en el paisaje.

¿Qué es lo que me dejas ver del mundo
que nunca antes vi?
¿Por qué miro tus dientes o tus manos
y son el primer diente,
la primera mano que veo?

Recién nacida de ti abro los ojos
y encuentro pómulos y mejillas,
lunares
y líneas que parten por la mitad los dedos.
Descubro apenas el mundo,
el gris de la carretera,
la dilatación de tus pupilas
y la galleta que me pones en la boca.
He nacido.

Al deseo del mar,
a la medida de los kilómetros,
a los monosílabos que vienen de tu pecho.
 

De: “La isla de tu nombre”

ADRIANA DORANTES MORENO

 



 

 

Se cuentan las semanas y los días y las noches, las horas que faltan para terminar la jornada y temer por el comienzo de la siguiente con el hambre de días y noches y semanas. Y se cuentan las horas de sueño, para que el sueño otorgue menos conciencia de la desesperación.

 

La saciedad es individual,
incompartida.
Como un instinto primitivo, busco y anhelo su encuentro.
La satisfacción de la saciedad: mecanismo descompuesto.

Silenciosa como huésped amable, habita en mí para sembrar el temor y la vergüenza.

Cuando debería ser un placer encumbrado en el nivel más alto del goce,
sin endorfinas de por medio
—satisfacción pura—,
para mí es motivo de vergüenza.

Mi saciedad me trastorna, me reta.
Desearía poderme saciar con dolor y lágrimas,
que el estómago estuviera lleno y sin demandar alimento.
Comer es transgredir.
Es un pecado condenado desde hace siglos,
—aunque haya sido por un dios que se transmuta en pan y vino.

Soy un número: estadística.
Las operaciones matemáticas pertinentes me colocan en un cuadro alarmante
que me convence de ser un error en el mundo.
A solas me duelo por las veces en que me he sentido satisfecha.

(La soledad se parece a la saciedad,
es igualmente individual,
incompartida).
Una voz dentro de mi cabeza es el juez.
He hecho mal.
No merezco la saciedad.
Los gordos no merecemos la saciedad.

 

 

IRENE SELSER

 

 


En el silencio
el roce de unas ramas
junto a la puerta