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martes, 1 de agosto de 2023

SARA CAMHAJI LISBONA

 

 

 

La casita

 
En el principio mamá deseó una casita de árbol. Pero su infancia estuvo desolada y las tinieblas rondaban sobre la faz de la mía. Y dijo mamá: “hágase toda de madera”. Y de pino barnizado al fondo del jardín se construyó. Y dijo mamá: “haya dos metros de altura que separen el piso alfombrado del suelo de pasto”. Y se efectuaron cuatro columnas de concreto para mantenerla suspendida. Y mandó traer una escalera provisional de cinco peldaños de latón. Y así hubo entrada y hubo salida el siguiente día. Y vio que era bueno colocar un timbre y un candado. Y dijo mamá: “cúbrase el jardín de árboles frutales que den simiente según su especie: limonero, naranjo, ciruelo, níspero y peral”. Así fue que mucho tiempo antes los sembró, y desde el pequeño balconcito vio que eran buenos a la vista y suculentos al paladar. Y dijo mamá: “sepárese lo mojado de lo seco”. Y mandó a soldar un techo laminado. Y vio que fue bueno porque evitó la inundación por goteras. Y dijo mamá: “haya luz”, y alumbró un único foco con apagador. Y hubo clic y hubo clac el siguiente día. Y proliferaron muñecas, tacitas y colibríes. Y hubo canto y hubo juego al día siguiente… Entonces ella descansó aunque yo no había crecido. Y me dijeron: “no es bueno que estés sola”, y todo se llenó de alacranes y ratones.

 

lunes, 31 de julio de 2023

SARA CAMHAJI LISBONA

 

  


Escondidas

 

Vuelve la niña que cruza la sala de su abuela,
el cerco de miradas, de luto —ella.
la que rehúye al rastro
de un arameo oscuro, un brazo
dislocado, un cabello hirsuto
volteando y corriendo a trechos entre muebles sin gesto
con hilos de oro
la muerte
no se echa en el sillón

Sola
entre peldaños de mármol
tirita en la sala
y asume lo irreversible:
volver al jardín por la tarde
abrazarse entre arbustos
quemar la base
y esperar veinte años para decir
un dos tres por mí

 
 

domingo, 30 de julio de 2023

SARA CAMHAJI LISBONA

 

 


Luz cenital

 

Esa noche fui Naomi Shemer
una ciudad subterránea
un corazón con muralla
un escenario en cúpulas de bronce

Fui Naomi Shemer
recitando un hora tartamudo
rikud de pasos en pozos de agua desmedidos.
Todos se dieron cuenta, sospecho
y en tramoya lamento no llegar al Zion

Pero me reconocen,
soy el violín de todas las canciones,
escucho palmadas de oro desde el camerino.

La amiga más cercana de mi infancia
me centra la mirada y redunda lo de entonces:
a ti todos te quieren
porque tus papás se murieron.

Ya sin el vestuario,
abandono ese y todos mis diplomas
detrás de bambalinas.

Ante un espejo insulso
froto mis párpados
como plazas de un mercado vacío.