La
casita
En el principio mamá deseó una casita de árbol. Pero su infancia estuvo
desolada y las tinieblas rondaban sobre la faz de la mía. Y dijo mamá: “hágase
toda de madera”. Y de pino barnizado al fondo del jardín se construyó. Y dijo
mamá: “haya dos metros de altura que separen el piso alfombrado del suelo de
pasto”. Y se efectuaron cuatro columnas de concreto para mantenerla suspendida.
Y mandó traer una escalera provisional de cinco peldaños de latón. Y así hubo
entrada y hubo salida el siguiente día. Y vio que era bueno colocar un timbre y
un candado. Y dijo mamá: “cúbrase el jardín de árboles frutales que den
simiente según su especie: limonero, naranjo, ciruelo, níspero y peral”. Así
fue que mucho tiempo antes los sembró, y desde el pequeño balconcito vio que
eran buenos a la vista y suculentos al paladar. Y dijo mamá: “sepárese lo
mojado de lo seco”. Y mandó a soldar un techo laminado. Y vio que fue bueno
porque evitó la inundación por goteras. Y dijo mamá: “haya luz”, y alumbró un
único foco con apagador. Y hubo clic y hubo clac el siguiente día. Y
proliferaron muñecas, tacitas y colibríes. Y hubo canto y hubo juego al día
siguiente… Entonces ella descansó aunque yo no había crecido. Y me dijeron: “no
es bueno que estés sola”, y todo se llenó de alacranes y ratones.