lunes, 14 de septiembre de 2026

ARÍSTIDES LUIS

 

 


Cuadro azul sobre fondo de nada



Tampoco llegaré a la edad
donde haya en cada una de mis notas
el latido de la vida.
¿Cuánto tiempo aguantará un piano a flote
en el agua negra después del maremoto?
¿Sobre qué signos se debe declarar su muerte?
Piensa el viejo pintor Katsushika
en el horizonte de un mar arrepentido,
mientras un piano negro
va sonando su música de espuma
como un caballo muerto a la deriva.

No celebraré ciento diez años.
Nadie escuchará mi madera
quebrándose en el estómago del mar.
Nadie vendrá a tocar
la música de mi cuerpo ahogado,
piensa el viejo pintor loco
mientras llena con plastas de pintura su tabla,
la tabla no lleva surcos,
la gubia y los instrumentos están en la basura,
sus cajones están vacíos, limpios,
sólo plastas de azul
sobre ese único bloque de madera,
lo suaviza, lo expande,
lo pule para que el papel
tome de un solo trago ese azul
pardo, oscurecido como un foco viejo,
tenue como la luz en un sorbo
de agua apenas tocando la lengua,
robusto como el sonido
de un piano descompuesto,
terso, lluvioso
como susurro de gaviotas
en el aliento de una playa fría.

El resto de los colores en la basura
junto a los instrumentos y los diarios.
Todos los seres, las cosas, mueren.
Todos los hombres morirán
pero no todos lo harán quejándose,
piensa el pintor feliz, experto,
frente a un cuadro azul
que en su sello dice:

retrato de la ola
mirando su reflejo
en el agua.

 

De: “Cuadro azul sobre fondo de nada”

 

 

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