"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 5 de marzo de 2023
ESTELA PUYUELO
Bostezo
Se
abre el bostezo
como una caja de muertos.
Tan breve y rotundo.
Me
tumbo a la sombra
de sus fauces sin fiera,
en su lecho sedoso
acolchado de olvido,
en matriz esponjosa
de bocanada fresca,
un tiempo que vale
una vida.
Y no
me acuerdo de nada
en esos entonces fugaces
en que ya no soy.
JUANA MARÍA NARANJO
XIII
Tu
mirada Señor,
luz de esperanza
nos alumbra el alma,
así como el sol, al olivo irradia:
así úngenos, cúbrenos,
sálvanos Padre Dios.
De:
“Abedules de luz”
MANUEL M. FOREGA
Átropos
Cuando
supe que tú encarnabas el miedo,
me acerqué a ti para conocerlo.
De nada sé más bello desde entonces
que vivirte, o imaginarte
cuando no estás, poseer
tu sexo óseo con el mismo espanto que amar.
Sólo tú
dignificas el efímero placer del tiempo que me vive.
(Nace
el amor del miedo
Y no ama aquél en quien no habita).
¿Regresare
a ti sin haber vivido?
De: “Cuerpo
de la edad”
RENÉ E. RODAS
La ciudad
The
apparition of these faces in the crowd;
petals on a wet black bough.
Ezra
Pound
Perro
La
luna ritma entre cuatro patas. Una indecisión lo acosa: morir de hambre o ser
rosa amarilla.
Muchacha
Dos
pies perfectos metidos en suaves sandalias. Los dedos se mueven, huraños.
Policía
Desde
su vehículo blanco escupe en la pista negra. Los ojos son un muro sin pintar:
tumba recién sellada.
Iglesia
La
torre de Santa Cecilia no vigila la ciudad. Ostenta la grandeza de su boato.
Escolares
El
periquito en su jaula es enseñado a decir hurra y a silbar. Los escolares lo
ven risueños, mientras pasan recitando la oración a la bandera.
Detective
Escudriña
la vulva de las niñas morenas. Acaricia su pistola y cuida su bigote. Bebe en
las cantinas y vigila a su vecino de mesa.
Puta
No
es dueña de su esquina. No tiene cama propia. Los cigarrillos son fiados. La
noche es un cronómetro en su contra. Su cuerpo pide que la muerte sea hombre.
Incendio
El
último canario cerró la puerta. Los murciélagos despertaron en llamas. El ave
fénix tiene un seguro de desarrollo comercial.
Bruja
Una
piel amarilla pasa arrastrando unos terribles ojos negros y collares gruesos y
aretes de oro. Huele a siglos atávicos. Uno la ve y se siente miserablemente
perdonado.
Araucaria
Parece
marcar las siete y diez. El sol la ilumina por poniente. Sus vegetales puntas
señalan la miseria en todas partes.
Anciano
Las
gentes van de prisa. Canastos y esquinas obstaculizan su paso. Las puertas
están hechas en otra medida. La sangre le circula como sebo.
Loco
Una
botella usa de monóculo. A través de ella ve la luz artificial y cuenta velas
encendidas que caminan entre duendes.
Semáforo
Juega
con los sentimientos de la gente. Cuando todo el mundo parece haberlo entendido
y amenazan con asimilarlo al paisaje, se descompone, insolente.
Comercio
Un
pájaro de barro. Un gato inmóvil de ojos redondos. Relojes japoneses. Un rótulo
de consuelo: piensa en grande.
Tráfico
Por
esta calle se entra y se sale. Por estas calles se circula y se fenece. Los
autos y las personas son monedas de circulación transitoria.
Mercado
Desde
su vieja casa de adobe, se derrama hecho un sol de gritos y trastos viejos.
Ocupa las calles, ensucia el aire y anuncia el hambre desde las cinco a-eme.
Casas
nuevas
La
montaña encoge sus dominios para darle paso a las colonias. Las gentes encogen
sus vidas para caber en las casas.
Muchacha
Una
falda de pliegues, un par de lindas y sanas piernas, un hermoso cabello, la
piel tostada de los senos en la que se adivina el mar tropical. Las grandes
familias aún conservan algo de su viejo brillo.
Tomate
Destripado
con todos sus ojitos amarillos y su sangre pálida, yace en la calle. Los
peatones lo esquivan indiferentes. Su vegetal ombligo ríe de miedo.
Maestro
La
estatua del maestro vigila la circulación de autobuses desde su silla de
piedra. Las losetas están sucias, allá abajo.
Sorbetero
La
campanilla llama a los clientes y el tesoro se esconde del verano en su coraza
de hielo. Los niños se defraudan de abuelas y madres.
Monumento
Desde
la esquina contempla la calle que lleva su nombre. No tiene cuerpo. Sólo ojos
para vigilar su antigua casa.
Cuartel
Como
el mercado, también se ha derramado de sus muros, hasta robarse la calle. Sus
hombres registran flores, narices, abejas, poros. Odia los suspiros del parque.
Grandes
casas viejas
La
cultura del aislamiento es empresa fácil, cuando se tiene un gran apellido y
una casa comprensiva y bella.
De: “De
los violines y otras cuerdas”
PEDRO LASTRA
No
vuelvas al pasado
No
vuelvas al pasado,
nadie te espera allá.
Más temprano que tarde
te dirá la sirena
con su canto dulcísimo:
—»Ven aquí, ven aquí,
encontrarás el reino perdido de tu fábula,
la amistad y el amor de los días sin fin,
mira estos bellos lienzos
tendidos para ti,
este es el paisaje y el lugar que te esperan
y esas figuras son las que buscas en sueños».
Todo eso oirás, y suaves músicas
de nostalgia y regreso. La sirena
(su nombre es tentación)
no se irá de tu lado, repitiendo su canto.
No escuches. Ha llegado
la hora de la verdad:
no hay ensalmo que valga. El hoy es aún hermoso,
yo sé lo que te digo.
De: “Transparencias”
MARIANA BERNÁRDEZ
La pluma espera en un cajón
cercada por la pesadumbre de lo quieto
Su color rojizo se encarna en mi mano
Singladura
Anoto
en la libreta
en cuya portada alguien
que no tú ni yo
dibujó unos corazones
¿por eso la llevaste?
Sevilla
a la distancia parece irreal
a pesar de haber recorrido sus calles
haber ido al parque de María Luisa
a la Giralda
o ir en fuga a ver El Cachorro
Casa
Velha
de rimas árabes
las
fotografías
los papeles acumulados
las entradas a los museos
me enredan el sosiego y la madrugada
—se me quedan tras las imágenes
que se desmigajan al tropezar
y al hacer de lo entrañable un acantilado—
…
repaso tu miedo de quedarte dormido
y que al despertar encontraras
algo distinto
a lo venerado
que sólo fuera un hilo de bruma
Cierra
los ojos
dormita en mí
Al
final del viaje
el ballet de Eurídice y Orfeo
nos cita con su tañido de sirena
Soplaba
el céfiro
Veníamos del Barrio Alto
y habíamos bebido un oporto en el café de Pessoa
¿A
quién abrazamos
………..al abrazarnos?
tus manos desandan la ruta del recordar
¿Y si pierdes por distraído
el vuelo de la abeja
o el colibrí en el sillón
o las paredes lloviendo a cántaros?
Hace
tan sólo un momento…
Poco
tiempo
Mucho tiempo
sólo resta sumar y multiplicar
la geometría incalculable de los cuerpos
que hablan en el tránsito del alba
sobre su miedo y su deseo.
De: “Del
viaje”
