"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 12 de marzo de 2023
CAROLINA ALVARADO
Presagio
Por
las cuencas de sus ojos
se filtra un presagio:
es la muerte.
La
anciana deja de contar las leguas,
sus pies terracota
sostienen la marcha.
A
Panzós va Mamá Maquin
y con ella sus alas,
dos pequeñas niñas, hijas de sus hijas.
Ellas la siguen,
desdoblan sus huesos sobre la tierra
se van armando y desarmando.
Ellas, sus niñas descalzas,
se llenan la boca seca
con flores del monte.
Si
tan sólo Ixmucané le enviara una
advertencia:
un mono blanco
un león purpúreo
o viera su cabeza rodar por el suelo.
Si
tan sólo se apiadaran de ella y de su pueblo,
ya Gucumatz, ya el dios cristiano.
Si al menos Dios estuviera mirando,
e invisibles hiciera los senderos
que llevan a Panzós.
Ausentes
son las señales.
La muerte le ha puesto miel a los caminos.
La anciana mira hacia el cielo e implora:
¡Invoco a Huracán Chipi-Caculhá
Raxa-Caculhá,
al Corazón del cielo,
al Corazón de la tierra,
al Creador, al formador,
a los progenitores!
¡Ixpiyacoc, Ixmucané,
les hablo, les invoco
para que me sean favorables,
para que vean por mis niñas!
El
silencio de los cielos y la tierra,
cae en su corazón.
Rosa
Maquin arriba a la plaza;
se abre paso entre la gente;
quiere hablar con el señor de blanco.
¿Cuántos metros hay entre la anciana y el fusil?
¿Cuánto debe pedir para encontrar la muerte?
¡Un pedacito de tierra, no más,
una tierra baldía!
Entre
las espesas nubes
su cabeza se quebranta,
cual los dientes de una granada.
Aferradas
al cuerpo de su abuela,
las niñas han visto
hombres taladrar hombres.
No siempre nacen alas
con llamados de viento.
De: “Poemas
para la revolución”
RANDALL ROQUE
Haru
Urara
Perder
en los hipódromos es otra cosa;
cuando todos apuestan al número rojo,
al impar en las pistas del polvo ácimo;
no se trata solo de perder,
sino de hacerlo donde todos
tiran su última moneda
Perder,
en todo caso,
también es un arte,
una manera
de justificar la ruina
Un
caballo purasangre como Seabiscuit
terminó en la memoria de las estampillas
como un símbolo de esperanza
durante la Gran Depresión
En
cambio, Haru Urara,
entró a la historia con dignidad,
sin ganar para su Jockey una sola carrera
Salió
a correr en espesos lodazales,
pantanos crecidos en barro sobre heno,
la esperanza de los que se saben
irremediablemente perdidos
Es
sencillo ser como Frederik El Grande,
el caballo más guapo de la historia
con sus crines en ondulado hollín
al que todos ven galopar
con su larga melena al viento
y no
ser
el desafortunado Helhest,
decrépito, enfermo,
con sólo tres patas nórdicas,
un caballo junto a Hela en el inframundo,
cabalgado solo por la muerte.
Un caballo del que todos huyen
con solo escuchar sus cascos
como se huye de una desgracia futura.
Hacer
un trato con Helhest,
es hacerlo con el oculto corazón
de los carbones en las minas
Nosotros
encontramos mayor cobijo
en la desesperanza
Nosotros
que vivimos del abandono
rotos en tantas partes que solo
causamos la ominosa compasión
de los alegres, los afortunados
No
fuimos ni seremos nunca
como el equino tarpán, Othar,
el temible caballo gris de Atila,
Rey de los Hunos, que donde pisa
no regresa hierba jamás
O
como Marengo,
el caballo de Napoleón que combatió
en Austerlitz, Jena-Auerstedt, Wagram,
con ocho heridas profundas sobre su carne,
prisionero en Waterloo, sobreviviente
a trescientos caballos muertos,
con su osamenta en el Museo Británico
No
seremos paridos por dioses nórdicos
con ocho patas como Sleipnir, para Odín,
ni tendremos la suerte de ser amados
como “Palomo” el caballo blanco
[de Simón Bolívar,
ser la otra mitad del centauro
en las batallas de Bomboná y Junín
Nosotros
nacimos de los caballos
que se rinden en los hipódromos de sed,
siempre dando la última batalla
que no ganaremos
No
seremos tan grandes
como el As de Oros de Zapata
recordado en rancheras
ni viviremos la vida de Incitato
junto al emperador Calígula
por quien la ciudad dormía para su descanso
y recibía copos de avena, mariscos, pollo,
mantos de púrpura y joyería, una villa con
sirvientes y caballerizas de mármol
con pesebres de marfil
Apostaremos
a perder
porque es el mundo conocido,
y, aún así, los dioses nunca podrán
quitarnos la certeza de la duda
Vendremos
del barro como el polvo.
Deshechos de la nada y de sus briznas.
Agitados como la hierba
Doblados
como juncos
que no se rompen
Como
un caballo de tres patas
que aún galopa contra los dioses
CHRISTIANE DIMITRIADES
Si
pudiera prestarte mi voz para que hable de tu vana jornada en la
que hurgas los basurales, del cansancio que ya no distingue la
enfermedad del desconsuelo, de tu regreso a casa por las doscientas
treinta escaleras con las manos colmadas de rancia oscuridad.
De
los amantes y de los libros nos queda alguna imagen,
deslustrada por la impertinencia del tiempo.
MARIANA BERNÁRDEZ
Y
del estar el cuerpo se enracima y se danza
en la visión de los volcanes puertos de nubes
y aunque no se llegue a dónde se quisiera
por desconocimiento del punto geográfico
pareciera que el olor de los árboles
fuese mensajero de palabra plena
…………………………………………………espera
………………………………………o promesa de volver a lo que es de uno
mientras que la mano presiente posarse y reclamarse dueña
hasta de lo nimio que anda en el aire.
ALEYDA QUEVEDO ROJAS
Escasa
humedad,
poca luz sin nutrientes.
Y las flores grandes,
tan grandes al final del invierno,
tapizando el camino hasta el final del túnel.
De: “Jardín
de dagas”
JAVIER ACOSTA
Mírate
bien
Eras
la boca de la madrugada
el doble verdadero de mi boca
de mis encías caninas. Mi perro infiel
pues hay mascotas que regresan
lustros después de que su amo
las abandona al otro lado de la calle
Tú no vuelvas. Es tan triste volver
Lo ha sido casi desde siempre
Vuelve la luz
los girasoles
el despertar nostálgico de las princesas
la boca neutra de la madrugada
Pero nada es de nuevo
nada se repite
Ni la delicada órbita de las falenas
Ni el ubicuo paso de Venus
Ni la aurora boreal de tu vulva
en mis labios medianos
en mis necias papilas gustativas
Nada vuelve.
