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martes, 31 de octubre de 2023

MOISÉS RAMOS RODRÍGUEZ

 

 

 

Ágape

 


El vociferante cabalgar de los centauros inunda el bosque

(calle de bancas de piedra

áspero piso

confortable para quienes ya claudicaron):

sátiros tocan cítaras y flautas:

danzamos alrededor del fuego

en la hora del conocimiento

 

Ménades

personificación de las Moiras

son las sirenas que escuchó Odiseo:

su canto es antiguo

delicada la urdimbre con la cual cubren

un conocimiento que se nos escapa

 

El dios coronado con hojas de parra

invita a bailar:

los bebedores se acercan

—exultantes—

en tanto otros huyen a someter

en una jaula

sus deseos apremiantes

 

Amanece:

la luz es la escalera que vieron los profetas

 

 

 

lunes, 30 de octubre de 2023

MOISÉS RAMOS RODRÍGUEZ

 

  

 

…y la miré a los ojos

 



…una noche

decidí tomar de los cabellos

a la ciudad convertida en fugitiva

—nada más para mirarle el rostro—

 

(estaba yo cantando

como corresponde a quien se precia

de estar solo

o ser poeta)

 

…y la miré a los ojos:

estaba tan fuera de sí

que gritaba ofreciendo mercancías

sentada cómodamente en el retrete de su olvido

No quedaba en ella rastro

de lo que fue su vida regia:

cubierta con harapos 

los pies desnudos y maltrechos

estiraba la mano temblorosa

decorada aún con el brillo

casi imperceptible

de su última joya:

la Octava Maravilla

el Osario de América

 

 

Pedía

por caridad

el verbo o la palabra que llevarse a la boca

hincado el codo en sus riquezas mal habidas

Nos vimos como se miran

los huérfanos

los gemelos

los cófrades que toda filiación abandonaron

alejados de toda pertenencia

El frío congelaba sus encías deshabitadas

babeaba como quien pierde la palabra

escurrida por la comisura de los labios

pero logró decir

que estaba dispuesta a cortarse las venas del asfalto

para dejar renacer un río limpio

Juró que recuperaría su nombre augusto

para perpetuarlo en un blasón de piedra en la memoria

 

Hablaba creyendo estar iluminada

mientras los dedos de los pies le carcomían las ratas

y las cucarachas le surcaban el rostro virulento

Tartamudeaba 

apoyada en el báculo de sus centros comerciales

Le pedí que dijera su nombre en voz alta

que repitiera el nombre de sus padres

de sus hijos

sus entenados

las hienas que están royendo su cadáver:

ojos nublados de vieja ciega

echó hacia atrás la su cabeza

agitó su bote con monedas

tarareó las últimas estrofas de su himno

y yo me fui a buscar bronca a otra parte