"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 10 de marzo de 2026
CLAUDIA MARÍA JOVEL
1. La
ternura en el combate
(fragmento)
Ruta
Caminábamos
por la ruta escogida
seguros de llegar pronto al final.
Nos burlamos hasta del más mísero gusano,
logramos penetrar mil barreras,
descubrimos cielos,
encarcelamos temores,
dejamos plasmados nuestros poemas
en la pupila de la tristeza.
Cantamos, cantamos,
y cantando le pusimos flores a la muerte,
y no nos siguió.
STEPHEN SPENDER
Auden
en Milwaukee
Cené
con Auden. Él había estado tres días
En Milwaukee, hablándoles a los estudiantes.
Me amaron. Estaban fascinados.
Su rostro encendía la escena.
Vi la foto de él, embutido en
ropas de tapicería y pantuflas al tono
Sólo su cara estaba viva encima de ellas.
Debe haberse introducido a sí mismo en el salón
Como un objeto, un premio, un regalo que conoce su valor,
Midiendo su valía para ellos en balanzas,
Palabra pesada por palabra, absorto en su propia voz.
Él sabe que ellos son jóvenes y, mejor, qué él es viejo.
Comparte su distancia con ellos como un chiste.
Lo aman por eso. Esto, porque sienten
Que él no le pertenece a nadie, y sin embargo te lo da todo.
Lo ven como un objeto, artefacto, que el tiempo
Ha arado entrelazado con todas esas líneas
Y sin embargo tiene un núcleo que simplemente arde.
ALFREDO ESPINO
Alma
cándida
A la memoria de la señorita
María Teresa Dueñas.
El
alma limpia es gota de un agua luminosa
que en cálices de rosas halla inviolada cuna.
Yo sé de un alma de esas: era un claro de luna
temblando en el rocío que lloraba una rosa…
Pero una mañanita de cálidos fulgores
volvió de nuevo al cielo la limpia gota aquella,
que bien fuera por clara la hermana de una estrella,
o bien, por leve, fuera la hermana de las flores…
No hay que buscarla ahora por reinos de dolores,
el alma limpia es gota de un agua milagrosa,
que si bien se evapora, vuelve en formas mejores
a iluminar el sueño de nieve de otras rosas…
Febrero, 1924.
JOAQUÍN ALVARADO
Versiones
de algo que no termina de caer
(Fragmentos)
presencias
de lo inalterable, estoy hablando desde mis tumbas para que cada temblor
rezague tu antigua memoria donde cantabas en el poema (no el mío) tu silencio
CARLOS SANTOS
11.
Ella
abre la puerta.
El sol entra hasta el fondo del salón;
se lleva por delante las cabezas
de los bebedores,
y en su lugar deja orlas doradas.
Solitaria, la mujer avanza
entre las mesas. Cada paso
queriendo revelarnos algo.
Parece dubitar no en su porte,
que es sombra del cielo,
pero en su manera de mirar las baldosas.
Cuando levante los ojos,
todos seremos número del azar.
De: “El
hombre flaco del cuento negro”
TERENCE TILLER
Aflicciones
del metal
Amor,
delicado entramado de espejos, forjado en el sol, luz en red,
plata de las ventanas del ocaso: guarda la lluvia lejos,
y el aire agrio que habitamos, líbralo
de las tiznadas velas del día común.
Oh, si debes, deja que mire hacia adentro, incluso; pues
el lupus y el cáncer de los metales pueden pronto
caer sobre él, y ya no lo contemples.
Esquisto
o detrito de los metales: veneno verde
para el cobre; mínimo escarlata, la ceniza del plomo;
la plaga gris y temblorosa que cae sobre el estaño;
el hierro que se pudre en alas de carbón o en sangre friable:
todas sus ruinas cosméticas, lepra de estuche de pintura,
son el acto elemental, recién fundido,
que el ácido del miedo, el fuego sacro y el llanto del tiempo oxidan.
Tostamos
nuestra suciedad para pintar, mezclamos aceite dulce
con ceniza de tierra o metal; y los colores surgen
con vida que a los elementos fue aburrimiento.
Rechaza, pues, el duelo fácil; deja que nuestra arcilla arda,
que el asombro del verano se oxide, que la vergüenza grave nuestra inocencia:
cuando todos estén muertos, su polvo será nuestro —
la paleta otoñal de la desesperanza y la tolerancia.
