"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 26 de febrero de 2026
RAFAEL CAMPOS LOZANO
Jaculatoria
parte
En la muerte de P. Auster
Te
morirás un día
o qué te crees
así de entre minúsculas
te dices por ejemplo
lo piensas tantas veces porque seguramente
te morirás un día
y te vas dibujando imaginando el caso
por si te mueres antes
para que cuando sea
y se presente el día
ya te hayas casi muerto algún rato perdido
entrenando la danza dos o tres o más veces
y ya no sientas miedo
y ya no sientas nada cuando llegue ese día
Cuando llegue ese día
y tengas que morirte
ya te habrás muerto antes
y ya no tendrás miedo
ya no podrás morirte el día que te mueras
porque te habrás muerto antes
porque ya te habrás muerto
y ya sabrás morirte
y nos darás la pena que nos debes
al lado de la vida que nos dejas
te hemos querido tanto y te querremos
porque nos has pintado de palabras
el más hermoso teorema escrito
de tantas existencias cardinales
De:
“Inusitaciones”
LUIS CHAVES
Repaso
Se
acelera el corazón
por medios artificiales
y los vientos alisios
son vehículo de polen y epidemias.
De la belleza de la fealdad
otros hablan mejor.
¿Con
quién dormirás ahora?
es una interrogante
para los años que vienen.
Lo de hoy es la brisa
en la espalda
y todo lo que dura
menos que el plástico.
JESÚS RAMOS DÍEZ
Solo
nos queda morir atravesados
por el beso homicida.
Tu
beso más beso
Tu
beso de aguamiel, bambú crujiente,
con su celinda flor y malvasía,
exhala el aire en su soplido ardiente
fluyendo de tu boca hasta la mía.
Tu
beso como espada entre tus labios,
profundo y a la par mucho más fuerte,
me asfixia cada vez con los agravios
del beso religioso de la muerte.
Arráncame
la vida con un beso,
ad líbitum, un beso de tu boca
surcando los confines de los mares.
Besograma
que me encadena preso,
libaciones de vino que provoca
la pasión del Cantar de los Cantares.
De:
“Tu ofensiva belleza”
BENJAMÍN PRADO
El
médico
—Tenía
que ocurrir, tarde o temprano.
Era
cuestión de tiempo que cambiara tu suerte,
se
apagase tu estrella —me dijo—. Y esta vez
no
va a poder salvarte la campana.
Sus
ojos eran los de las serpientes.
Sus
palabras, veneno.
—Ha
llegado tu hora
de
saber que la vida lo es porque se acaba,
como
la arena
sólo
es
tiempo
cuando
cae.
Hablaba
y a su espalda ardía el fuego.
—Prepárate
y que Dios te pille confesado:
de
este valle de lágrimas
nadie
se marcha sin pagar sus culpas.
Todo
lo que respira
tiene
principio y fin.
Qué
te habías creído.
Y
movía
las
manos
en
el aire
igual
que si tejiese una tela de araña.
Yo
intentaba gritar,
pero
él me había
arrancado
la voz.
Pensé
en tantas mañanas de sol desperdiciadas,
pensé
en la vanidad,
la
soberbia,
la
envidia,
la
droga del dinero, las guerras familiares,
los
egos literarios, las batallas domésticas,
las
luchas del orgullo,
los
verbos de la ira…
—No
volverá a salir la luna para ti.
Te
llorarán tus hijos, pero a los pocos meses
malvenderán
tus obras a libreros de saldo;
todo
lo que quisiste se marchará con otro;
caerás
en el olvido.
Y
entonces volví en mí:
no
había ningún monstruo, sólo un médico.
Pero
algo había visto en mis radiografías…
Me
fui de la consulta
como
quien al salir de un lugar oscuro
parece
hecho de las mismas sombras.
Recordé
a Mary Oliver, esos versos que dicen
Que los
pájaros no poseen nada
y es
por eso que pueden volar. Yo, sin embargo,
no
tengo mucho, pero sí mucho que perder.
Cuando
el poema inventa otro lenguaje,
todo
lo conocido da un paso atrás:
igual
que ocurre a veces cuando habla el doctor.
De:
“La edad de los fantasmas”
RAQUEL JADUSZLIWER
Ahora
escucho la canción del invierno.
Resucitada
en nieve, toda hecha de música,
la
canción del invierno habrá de rescatarnos.
A
los atraídos por la oscuridad,
a
los desvariados por la noche.
A
los hipnotizados por la noche
con
todas sus estrellas giratorias.
De:
“Espiga de los días”
