lunes, 9 de marzo de 2026


 

CLAUDIA MARÍA JOVEL

 

 

1. La ternura en el combate

(fragmento)

  

 

Lo que amamos

Amamos
la mañana con olor a paz,
la tarde y su caída de sol,
el surco, la tierra, el machete,
el humo, el martillo, los pies.

La ternura
con que derrotas tu cansancio,
armado de tu manos,
acompañada de las nuestras,
arrastrando
las heridas
que sanarán con la hierba
que crece en nuestros cuerpos.

 

 

STEPHEN SPENDER

 



Hielo

Para Muriel

 

 

Ella entró desde el aire nevado
Donde la arquitectura de carámbanos colgantes
Tendía vellones blancos alrededor de la plaza barroca.
Vi a su rostro helarse entre sus pieles,
Desde el rincón de la chimenea en el cuarto
Donde había esperado en mi sillón.
Corrí hacia ella con el fuego de mis labios
Y besé esa calidez contra su piel
Y sentí cómo el rojo hacía florecer el blanco
Cuando, a mi cuidado, sus sonrientes ojos
Brillaron con el resplandor del hielo
De afuera, cuyo deslumbramiento habían traído consigo.
Ese día, hasta ahora, lo olvidé.
¿Cómo es que ahora recuerdo
Yo, que cuando ella entró, no vi
La pasión de su blanco diciembre?

 

 

De: “Recordando”

ALFREDO ESPINO

 

  

Lámpara de oro

 

 

Tú vives en un íntimo santuario,
donde te adoro yo. Resaltas pura,
lámpara de oro en la celeste altura,
y alumbras mi cerebro visionario…

Y, ¿sabes?, a pesar que el tiempo es vario,
allá en el fondo de mi vida oscura
tú persistes aún, como perdura
un nombre sobre mármol cinerario…

Y aunque en pos de las dudas y los años
vienen sombras y vienen desengaños,
y se extinguen encantos e ilusiones…

Tú brillas en las noches de mis duelos,
¡cual fulge en el enigma de los cielos
el palpitar de las constelaciones!

 

Al joven bardo José Luis Silva.

De: “La poesía, siempre”

 

JOAQUÍN ALVARADO

 

 

 

Versiones de algo que no termina de caer

(Fragmentos)

 


y cuando las palabras se vuelven órganos, la mezquina tarea de reemplazar cada una de ellas es semejante a la espera del lenguaje donde el amor de dos piezas blancas pudo ser posible

 

 

CARLOS SANTOS

 

  

Asimetría

  

Aquí pasa el tiempo en la sombra del agua.
Y mi rostro cambia, siendo muchos,
pudiera ser ya cualquier otro.
El de este personaje por ejemplo
que hace un gesto ya distinto —tan pronto—
en la luz interpretada por tanta fugacidad,
diciendo:
—A cada paso tengo
un eco escalador de ventanas,
y en cada una el minuto
por venir me desconoce.

 

 

TERENCE TILLER

 

  

Camellos

  

Los veo balancear sus extrañas cabezas como gansos,
diecinueve camellos en fila, como gansos en vuelo;
como si afrontaran un problema, o en busca
de algo, pero un poco perplejos, un poco inseguros de su derecho.

Pero me alegra que su mirada altiva
vea, como yo, la ciudad polvorienta,
la alta actividad de las calles, los rostros abotonados,
los coches como agentes secretos, la falta de todo.

Gentiles y seguros como manos de pianista, sus pies,
deliberando sobre la piedra, imprimen
en ritmos ajenos a nosotros
las monedas de su distancia, en desdén o duda.

Movimiento de ciegos o de muy orgullosos:
podrían ser ciegos; pero donde caen sus ojos enmascarados
tienen la mirada lejana e inocente del marinero
por donde esto termina, por el límite y la carencia de todo.