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sábado, 7 de abril de 2012

ALMUDENA GUZMAN




Señor, si usted sabe...



Señor,
si usted sabe
que yo ahora estoy celosa
por lo que me ha dicho,
tenga al menos el detalle de no hacérmelo notar durante
                cena.
(Nunca en mi vida enrollé espaguetis con tanto odio.)

jueves, 5 de abril de 2012

ALMUDENA GUZMAN





Señor, ahora que mi piel y la suya...





Señor,
ahora que mi piel y la suya
-después de las sábanas-
han formado un nuevo «collage» en el agua,
no es el mejor momento para hablarle,
desde luego,
pero aprovechando que estoy arriba
y usted debajo,
quisiera decirle
-casi no me atrevo con sus ojos-
que no puedo más,
que voy a pararme.


-Era el placer como una de esas muñecas rusas que se abren
y aparece otra,
y otra...-


lunes, 2 de abril de 2012

ALMUDENA GUZMAN




Usted se ha ido...



Usted se ha ido. Pero tampoco conviene dramatizar
               las cosas.

Cuando salgo a la calle,
aún me quedan muchas tapas risueñas en el tacón,
y mis medias de malla consiguen reducir la cintura
             de la tristeza
si su ausencia va silenciándome en una resaca
             de escarcha.

O sea, que no estoy tan mal.
Porque yo podré ser de vez en cuando un eclipse. Pero
nunca
               un eclipse sin sangre de luz.

viernes, 30 de marzo de 2012

ALMUDENA GUZMAN





Si todo esto cambiase...



Si todo esto cambiase,
si me dijera usted, de pronto, que me ama,
yo ni me detendría para hacer la maleta.

Huiría luchando contra el miedo a la costumbre
           de su cuerpo.

jueves, 29 de marzo de 2012

ALMUDENA GUZMAN





Volvemos a comer juntos...



Volvemos a comer juntos.
Este hombre cada día más guapo y a ti te rebasan las orejas.

Qué importa.
Qué importa el poco tiempo que tienes para enamorarlo,
qué importa la sopa fría
- no puedes permitirte el lujo
de perderlo de vista un solo instante, Almudena -,
si cuando vas a citar "yo siempre estoy triste"
él se anticipa y acariciándote los ojos dice que le encanta
tu alegría.



domingo, 12 de febrero de 2012

ALMUNEDA GUZMÁN



Esto ya va mejor...

Esto ya va mejor.
Ya no le tengo miedo.

Y me complace que usted,
como quien no quiere la cosa,
haya fijado el barniz de sus ojos en mis piernas.

sábado, 11 de febrero de 2012

ALMUNEDA GUZMAN




Entonces el beso conocía el norte y el sur...



Entonces el beso conocía el norte y el sur,
el este y el oeste de toda cartografía
como si antes de labio en medio de la lluvia
hubiera sido rosa de los vientos
o brújula del corsario de los siete mares.
Nada estaba preparado
-dormían las leyendas su sueño abisal-
y sin embargo no cabía margen alguno de error:
cada noche atracaba en su alborada,
cada zozobra en su bahía,
cada deseo en su rompeolas.
Así era el amor,
volver a casa
con la red llena de certidumbres
nunca un naufragio en alta muerte
silenciosa
como ahora.