miércoles, 24 de junio de 2026


 

PAULA F. LUPIÁÑEZ

 


 

Informe para la frutera

  

Una grieta en la losa de la ducha.
El agua se me escurre
como si yo doliera.
Me dijeron palabras
que no sonaban mal.
Las dijeron despacio,
con la delicadeza
de quien saca un diente
a un niño que no llora.

La palabra era blanda,
por eso se hundía.
El médico tenía
los dedos de mi padre.
Me rozó sin querer
con su humanidad lacia.
Llevaba en la boca
una brizna de escarcha.
Yo también fui amable.
Yo también fui de mármol.

Salí con un papel
que decía mi nombre
y otras cosas sin nombre.
Me ardían las axilas.
Quise llamar a alguien,
pero no supe a quién.
Pensé́: Si lo digo, será́ verdad.
Volví́ por la avenida,
compré pan y tomates.
La frutera me dijo:
¿Qué tal vas con el frío?
y respondí́ que bien,
que aún no me calaba. 

 

 

De: “Pan recién horneado bajo el brazo”

 

GREGORIO CASTAÑEDA ARAGÓN

  


 

Canción de las olas náufragas

  

Lívidas olas, olas náufragas,
bajo la linterna lunar,
os he visto salir de la noche
como con ojos de ansiedad.

Y os he visto, angustiadas olas,
lejos, en la sombra glacial,
flotando, crispadas, para asiros
de lo que nunca habéis de hallar.

Tal vez porque os pareció oscuro
vuestro palacio de cristal,
váis de un abismo en otro abismo,
cabalgando, locas de atar.

Mas en la orilla, al fin, aguarda
la tierra para descansar.
La tierra dura, cruel y negra,
término de toda ansiedad.

 

ÁNGEL GAZTELU

 

 

 

 

El rostro del magnificat de Boticelli.

  

Tu frente de alumbrarnos nunca cesa,
absorta el alba en tu candor reposa:
nieve y espejo la azucena ilesa
copia tu hechizo y agua melodiosa.

Como la luz que en el trigal se espesa
granándose en la espiga rumorosa:
como el ala del día y su promesa
mansamente doblándose en la rosa.

Vuelcas la plenitud de tu rocío
al aire de tu clara primavera.
Gracias por el celeste señorío

de tu rostro invadiendo la ribera
de nuestra sombra, como el áureo río
de la luz invadiendo la vidriera.

 

 

CLEMENTE PADÍN

 

 

 

 

Metalenguaje

  

Palabra compuesta
escrita en español
que consta de 12 letras
cuya caracterización
puede armonizarse
poéticamente
en 7 versos
(o más).

 

 

MAHFÚD MASSÍS

 

 


  

Epitafio a la memoria

  

Como un hacha plegada, o un aire rendido a un viejo territorio,
pasáis como ancianos roncos
ante el caballero caído bajo las piedras,
amarillo, sin dedos ya, como zapallo de ultratumba.
La noche y su hembra ciega echaron estos huesos en el bulevar,
despojos que pesan en el corazón
como gladíolos, o los ojos del padre muerto.
Dejad que caiga esta pierna en el mar, el mar profundo.
¡Oh, alma !, pingajo quemado, tigre sin rayas en la gran gema difusa,
lingote seco en el furor pálido,
espera un descendimiento,
una voz cayendo desde arriba,
porque, ciertamente, el cuervo de las alucinaciones,
el cuervo, reo de tristezas,
creará un día su propia fábula, su corazón por encima de la memoria,
y su pecho de oro, su viento rasgado,
muerde el oído del tiempo, apenas, y de rodillas.

 

 

ISAAC ROSENBERG

 

 

 

Los inmortales

  

Los maté, pero no morían.
Sí, todo el día y toda la noche
no podía descansar ni dormir por ellos,
ni protegerme ni huir.

Entonces en mi agonía me volví
y teñí mis manos con su sangre.
En vano — pues más rápido de lo que mataba
resurgían más crueles que antes.

Maté y maté con furia asesina;
maté hasta perder toda mi fuerza.
Y aún se alzaban para torturarme,
pues los demonios solo mueren por juego.

Solía pensar que el diablo se ocultaba
en sonrisas de mujeres y en el vino.
Lo llamaba Satán, Belcebú.
Pero ahora lo llamo: sucio piojo.