"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
miércoles, 10 de junio de 2026
CARLOS PINTADO
A Cinara
The star-crowned
solitude of thine oblivious hours…
Ernest
Dowson
Cuando
breve la luz su paso esconde
Temerosa quizás de lo que ha sido
Tiniebla mucho antes, no ha querido
Decirnos quién en sombras nos responde
Si a tientas preguntamos cómo o dónde
Un rostro que entrevemos y soñamos
Parte de mí, de ti, de lo que amamos
Y así desaparece con premura.
Anda en sombras la luz cuando procura
El rostro de Cinara, el que ya odiamos.
EMILIO ORIBE
Cantar
de Eternidad
Estío.
Por Cerro Largo,
cuando caía ya el sol,
cien leguas por tierra adentro,
solo, ¡tan solo! iba yo.
El
Tacuarí era de oro,
pitangas daban su olor.
El ave voló del trébol
hacia el rancho de terrón.
Subía,
lenta, la luna.
La hirió un hombre con su hoz.
El se unió a mujer morena.
Volvieron Ruth y Booz.
Cien
leguas por tierra dentro,
de nochecita, iba yo,
cuando escuché en un recodo,
de niños una canción.
Pueblo
rural. Los muchachos
corrían de dos en dos,
en un patio con parrales,
dando al aire esta canción:
Las
estrellas, en los cielos
se juntan de dos en dos.
Se juntan para jurarse
La eternidad del amor.
Cada
niño conducía
niña de blanco candor.
Así el halo de la luna,
así el más puro vellón.
Vino
hasta mi una rapaza
y agua fresca me ofreció.
Impuso a todos silencio
y de esta manera habló:
—
Agua fresca al pasajero
no le niegues, dice Dios.
— No es agua lo que deseo,
quiero aprender tu canción.
—
Cantamos, que las estrellas
se juntan de dos en dos.
¿ No sabes ?, para jurarse
la eternidad del amor.
Por
campos de Cerro Largo,
en noche oscura iba yo.
La niña siguió cantando,
mas yo olvidé su canción…
Pues
las estrellas se engañan,
eternidad no es la flor;
ni eternidad son los hombres,
ni eternidad el amor.
GREGORIO CASTAÑEDA ARAGÓN
Canción
para el niño que nació en el mar
No
cierren la puerta,
que abierta ha de estar.
Dejen que entre el aire,
déjenlo pasar.
Dejen que entre el agua,
déjenla llegar.
Te daré una estrella,
la estrella polar.
Y nieve de espuma
con sol y con sal.
Con sal de las olas,
con sol de la mar.
Cuando
iba el velero
mar adentro allá…
entre cielo y agua
te parió mamá.
Se puso en las cuerdas
el viento a cantar.
Tu
padre en las redes
te meció al pescar.
Grumete, primero,
luego capitán,
tendrás un balandro
para ir por la mar.
Quiero
que te duermas,
que hay que madrugar
a ver las gaviotas
volando volar.
A darles su almuerzo
de migas de pan.
Rosa de los vientos,
oro de fanal,
buen marinerito,
lobezno de mar,
que comes arenques
y atún sin ahumar.
Cuando
grande seas,
que un día serás,
te irás —¡quién lo duda!—
solito a viajar,
y mamá la vieja
se pondrá a cantar,
a cantar canciones
que tú ya no oirás,
con nieve de espuma,
con sol y con sal,
con sal de las olas,
con sol de la mar…
MERCEDES MARÍN DEL SOLAR
Soneto
Y
perdiste ¡ay dolor! aquella hermosa,
Que tu delicia i tu ventura hacia!
Y son despojos de la huesa fria
Los bellos ojos i la faz de rosa
Como
la oscura nube fragorosa
El rayo abrasador a1 suelo envia,
Así el Eterno en malhadado dia
Tu pecho hirió con mano rigorosa.
El
astro de tu dicha se ha eclipsado
Y el porvenir risueño en un instante
En yermo de dolor se ha trasformado,
Viendo
en tal desventura, el pecho amante
Que para alivio de tan triste estado,
El humano consuelo no es bastante…
SIEGFRIED SASSOON
Consecuencias
¿Aún
no lo has olvidado?…
Pues los hechos del mundo han seguido rodando desde aquellos días amordazados,
como tráfico detenido en cruces de ciudad:
y el hueco embrujado de tu mente se ha llenado de pensamientos que fluyen
como nubes en el cielo iluminado de la vida; y eres un hombre absuelto,
tomando tu parte en el tiempo, con paz y alegría.
Pero el pasado es el mismo —y la guerra es un juego sangriento…
¿Aún no lo has olvidado?…
Mira abajo, y jura por los muertos que nunca olvidarás.
¿Recuerdas
los meses oscuros en Mametz—
las noches vigilando, alambrando, cavando, apilando sacos de arena?
¿Recuerdas las ratas, el hedor
de los cuerpos pudriéndose frente a la trinchera—
y el alba llegando, blanca y sucia, con lluvia desesperada?
¿Te detienes a pensar: «¿Volverá a suceder?»
¿Recuerdas
el estruendo antes del ataque—
y la rabia, la ciega compasión que te sacudía
al mirar los rostros condenados de tus hombres?
¿Recuerdas las camillas volviendo tambaleantes
con ojos moribundos y cabezas caídas—
esas máscaras cenicientas de quienes fueron jóvenes y alegres?
¿Aún
no lo has olvidado?…
Mira arriba, y jura por el verde de la primavera que nunca olvidarás.
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN
Siemprevivas
¡A
las flores emblema de la muerte,
las llaman siemprevivas!…
¿O será porque el vaho de las tumbas
sus ya marchitas hojas no marchita?
Al
no poder llorar, ríen los hombres,
y, al mirarlos pasar, causan envidia.
¡Siemprevivas! si el bien tiene su llanto,
también tiene el dolor su amarga risa.
