domingo, 11 de enero de 2026


 

ALFRED DOUGLAS


 

Rechazado

 

 

¡Ay! He perdido a mi dios,
a mi hermoso dios Apolo.
Donde posaba su huella
mis pies solían seguirlo.

Pero un día, ¡ay!, ocurrió
que mi alma estaba tan cargada de llanto
que me tendí al borde del camino,
y él me dejó mientras dormía.

Y mi alma despertó en la noche,
y agucé el oído buscando su flauta,
y oí tan solo el roce del vuelo
de alas y el ulular de los pájaros nocturnos.

Y la noche bebió toda su copa,
y fui al santuario del valle,
y mi grito subió en la hondonada:
«¡Apolo! ¡Apolo! ¡Apolo!»

Pero nunca acudió a la puerta,
y el sol se ocultó en la niebla,
y llegó alguien caminando tarde,
y supe que era Cristo.

Tomó mi alma y la ató
con cuerdas de hierro,
siete veces la rodeó
con los lazos de mi deseo.

Los lazos de mi deseo,
mientras mi deseo dormía,
eran siete bandas de hierro
para atar mi alma que lloraba.

Y al fin escondió mi alma
en un lugar de piedras y temores,
donde las horas pasaban como días
y los días como años.

Y tras muchos días
lo dormido despertó,
y el deseo ardió en llamarada,
y mi alma subió en el humo.

Y nos alejamos del lugar
sin volver la vista atrás,
y el ángel que oculta su rostro
se agazapaba en el cuello del viento.

Y fui al santuario del valle
donde sonaban laúdes y flautas,
y grité: «He vuelto, Apolo,
a tu templo, tras mi extravío».

Pero no quiso mi alma,
manchada de sangre y de lágrimas,
que había yacido bajo tierra como un topo
en el lugar de las grandes piedras y el miedo.

Y ahora estoy perdido en la niebla
de lo que jamás podrá ser,
porque no quiero a Cristo
y Apolo no me quiere a mí.

 

 

JENNY WASIUK


 

Humo

 

Me fumo tus excusas,
vigilada tenazmente
por una hueste de relojes detenidos.
Un niño solo
me observa a través del ventanal.
Y en esta mesa…
el café
sabe a humedad.
El cenicero se llena
y la vida se vacía en otra copa
de finales
sin final.
Crepita una nueva brasa
al extremo de mis dedos
y los aros de humo
copulan
disolviéndose
entre preguntas
sin respuesta…

Ya no hace falta
el oxígeno,
estoy nublándome
y me apago…

 

 

WENDY COPE

 

  

El nuevo régimen

 

Sí, de acuerdo. Vamos a ponernos serios.
Comemos demasiado. Bebemos como cosacos.
No es mala idea averiguar
si nos gustamos sobrios. Resistamos.
Yo tengo el Perrier y el rallador,
miraré el whisky o el postre como un crimen.
Todos tenemos que ser sensatos tarde o temprano,
pero no seamos sensatos todo el tiempo.

Nada de pensar en una segunda botella
y decir “qué más da” y ceder al final.
Mañana saldré a correr como una loca
para hacerme rica, exitosa y delgada.
Una vida sana rejuvenece, dicen,
pero, Dios, cuesta una barbaridad.
Todos tenemos que ser sensatos tarde o temprano,
pero no seamos sensatos todo el tiempo.

La conversación no será tan trivial:
hablarás largo y tendido de la actualidad.
Y cuando las noches no sean tan animadas,
empezarás a recordar lo que digo yo.
Ah, mira si puedes llamar al camarero
y pedirme un vodka doble con lima.
Todos tenemos que ser sensatos tarde o temprano,
pero me niego a ser sensata todo el tiempo.

 

 

MATÍAS JOSÉ MORALES

 

  

Las ciudades del futuro

 

En el fondo, donde los peces
no llegan. Dos vidas.

La primera: caminaba
mientras el sol le seguía en silencio.
Sin ecos, belleza proporcional
al hambre de ruidos que recuerdan un campo y su niebla.

La segunda: predijo varias muertes
antes de salir en dirección a un lago
que surgiera desde abajo. Se metió al agua de noche
y pronunció la palabra llanto entre aplausos.


 

BERLIE DOHERTY

 

  

El fantasma del jardín

 

El fantasma del jardín
quiebra ramitas al pasar,
remueve las hojas,
pero no está ahí.

El fantasma del jardín
suelta las zarzas
para que me salten contra las piernas,
pero no está ahí.

Tiende telarañas sobre mi cara,
sopla vaho en mi mejilla,
susurra con aliento de pájaro en mi oído,
pero no está ahí.

Sacude gotas de lluvia desde las ramas,
salpica el estanque,
dibuja un rostro en el agua
que no es el mío.

Mueve sombras bajo los árboles,
demasiado alta, demasiado fina,
demasiado pequeña para ser yo.

Extiende correhuela para atraparme,
aletea alas salvajes sobre mi cabeza,
tira de mi pelo,
pero no está ahí.

Y cuando miro,
solo queda la hierba doblada
donde sus pies al correr
han borrado el rocío.

Y solo queda el suspiro
de su risa
deslizándose
como
luz de luna
sobre
hierbas
mojadas.

Si fueras una zanahoria

Si tú fueras una zanahoria
y yo un brote,
herviría contigo,
me sentaría en tu plato.

Si tú fueras un renacuajo
y yo una rana,
esperaría a que te crecieran las patas,
te enseñaría a croar.

Si tú fueras una castaña
y yo un hilo,
ganaríamos todas las batallas,
venceríamos a todo.

Si tú fueras un cuaderno
y yo un bolígrafo,
te escribiría un mensaje
una y otra vez.

Si tú fueras granjero
yo estaría en tu rebaño.
Si fueras una canción pop
cantaría cada palabra.

Ojalá pudiera decirte
que me gustas mucho,
pero tú eres como un secreto
y yo soy como un nudo.

 

LILIANA ANCALAO

 

  

las mujeres y el frío

 

yo al frío lo aprendí de niña en guardapolvo
estaba oscuro
el rambler clasic de mi viejo no arrancaba
había que irse caminando hasta la escuela
cruzábamos el tiempo
los colmillos atravesándonos
la poca carne
yo era unas rodillas que dolían
decíamos qué frío
para mirar el vapor de las palabras
y estar acompañados

las mamás
todas
han pasado frío
mi mamá fue una niña que en cushamen
andaba en alpargatas por la nieve
campeando chivas
yo nací con la memoria de sus pies entumecidos
y un mal concepto de las chivas
esas tontas que se van y se pierden
y encima hay que salir a buscarlas
a la nada

mi mamá nos abrigaba
ella es como un adentro
hay que abrigar a los hijos
el pecho
la espalda
los pies y las orejas
dicen así
y les crecen las ramas y las hojas
y defienden a los chicos del invierno
y a veces sale el sol y ellas tapando
porque los brazos se les van en vicio
y hay que sacarles
despacio
con palabras
esos gajos

pero el frío no siempre
lo sé porque esa noche en aldea epulef
dormíamos apenas
alrededor de nuestro corazón al descampado
eufemia descansaba el purrún del camaruco
y la noche confundió su pelo corto con el pasto

era la madrugada y eufemia despertó
con la helada en el pelo
y el frío esa vez tenía boca
y se reía con nosotras
se está poniendo viejo el frío nos decían

las mujeres aprendemos
tarde
que hay un tiempo en la vida
en que hasta sin intención
vamos dejando una huella de incendio
por el barrio
ni sé por qué la perdemos
y esa tarde yo precisaba
medias de lana cruda para cruzar las calles

en las ciudades el frío
nos raspa las escamas
punza en la nuca
se vuelve más prolijo
en eso andaba y a la noche
había un hombre en mi cama
o era un niño o un muchacho
yo no quería respirar muy fuerte

tiene las manos abrigadas este hombre
entonces por qué me fui
para ver si salía a buscarme o me dejaba
a que los esqueletos de pájaros
se incrusten en mi cara

como el eco del silencio seré
si no me encuentra

por hacerme la linda

encima me da abismo
este frío
sangre azul