Humo
Me
fumo tus excusas,
vigilada tenazmente
por una hueste de relojes detenidos.
Un niño solo
me observa a través del ventanal.
Y en esta mesa…
el café
sabe a humedad.
El cenicero se llena
y la vida se vacía en otra copa
de finales
sin final.
Crepita una nueva brasa
al extremo de mis dedos
y los aros de humo
copulan
disolviéndose
entre preguntas
sin respuesta…
Ya
no hace falta
el oxígeno,
estoy nublándome
y me apago…
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