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jueves, 22 de diciembre de 2016

SERGIO CORDERO




Cuarto de asistencia



Vivo estrechamente en el mundo como tú
como ellos
Recorremos pasillos infinitos
nuestros hombros se rozan y a veces se golpean
Despierto  tu cara soñolienta
está muy cerca de la mía
si hubiéramos estado conversando
de cosas muy íntimas
si fuéramos amigos
Ayer nos vimos por primera vez en este cuarto
todavía no sabemos nuestros nombres
ni ese pasado aparentemente tan distinto
en realidad confluye en los recuerdos
recíprocos de infancia
una semejante adolescencia
y una juventud donde amigos mujeres accidentes
dejaron cicatriz
Pasamos el umbral  somos adultos
Tienes razón   no puedo vivir solo
no es posible vivir solo conmigo
¿Qué más pueden hacer las soledades
cuando miran sus islas de desdén
separadas apenas por un hilo de agua?
Mejor hablemos
sí   no es necesario
pero tenemos tiempo disponible
y debemos hablar porque otros hablan
y debemos seguir hablando hablando
hasta gastarnos todas las palabras


martes, 22 de marzo de 2016

SERGIO CORDERO




La bicicleta



La bicicleta
lanza su sombra al pavimento
—interminable cinta—
como sólo ella sabe.
La sombra crece, se estira allá, muy lejos,
y alcanza la otra orilla;
luego viene y me cuenta
o, si no,
desaparece, se pierde en un suspiro
y otra surge despacio
para cubrir la ausencia
de la sombra que somos mi bicicleta y yo.

Continúo pedaleando,
ruedo vertiginoso,
me trago el pavimento de esta noche;
luego miro el reloj: la una y quince.
Me hundo lentamente por el paso
a desnivel, desaparezco apenas,
pero vuelvo a surgir del lado opuesto
como si así espantara a una parvada
de pájaros chillones
y el mar, atrás, me fuera persiguiendo.

Finalmente, cansado, adolorido,
me detengo a las puertas de la casa.
Dejo la bicicleta en la cochera;
reclino sus manubrios pensativos
—el niquelado brillo de su acero—
y mi propio cansancio de cara a la pared.




miércoles, 16 de marzo de 2016

SERGIO CORDERO



  
Nosotros
(Carta a mi hija)



Tu madre y yo nos hemos separado y
nos hemos reunido tantas veces
porque no somos justos, mi pequeña,
ni con nosotros mismos ni contigo.

Yo no creo en nada, en nadie. Ella confía
en mí y en todo. Pero su ternura
–si la comparo con la intolerancia
de su torva familia– es un misterio.

¿Cómo explicarte lo que ves en ambos?
Ella me ama porque la desprecian
y yo la quiero porque me soporta,
pero buscamos cosas diferentes.

Dices “mamá” y “papá”, muy convencida:
palabras que no sé qué significan.






jueves, 10 de marzo de 2016

SERGIO CORDERO




Desde un Volkswagen…



Desde un Volkswagen,
pequeña isla rodeada de sábado,
contemplo la distancia:

mi alma es una línea,
el horizonte trazado por la mano
que te sintió madura,
fresca por dentro, como una manzana.

Y deseas que te muerda.



viernes, 4 de marzo de 2016

SERGIO CORDERO



  
Casa en la playa



Esa luz emerge desde el fondo de los ojos;
no por el sentimiento,
es la pureza,
el aire y, más allá, la liturgia del océano.

Escucha la distancia: somos voces,
su Babel se aproxima,
toma forma,
llega a la habitación para callarse.

El sudor quiebra una imagen,
la irisación deja el instante y se convierte en grito,
tiembla sobre la piel del agua: nuestra piel.
El maderamen cruje con el peso del miedo.
(El lugar es el núcleo de la arena –desierto–,
el mar…) Esa luz.
Las sombras me prolongan.
Ya no es la misma playa.
Su invierno era propicio. Los paseos
derretían el aire entre las manos
—el firmamento entonces fue la tarde.

El recinto
no divide su horario en refugio y audacia,
sólo un rastro furtivo en la terraza, el cuarto…

La piel retiene y envejece: recordamos.






domingo, 27 de diciembre de 2015

SERGIO CORDERO




El otro poeta

Todas las cosas a las que me entrego
se hacen ricas y a mi me dejan pobre.
Rainer Maria Rilke




Esa esclava que obsedió al orfebre
adorna la muñeca del guarura.

La última acuarela del suicida
se multiplica en el papel tapiz.

La sinfonía del niño prodigio
fue adaptada para un comercial.

Ese verso en el que concentré
años de experiencia y reflexión

es el eslogan de un vino corriente
o remata el discurso de un político.

Todo aquello a lo que me entregaba
ha quedado tan pobre como yo.


lunes, 21 de diciembre de 2015

SERGIO CORDERO




Repudia la razón



La razón es inútil,
no es humana.
Es la ínfima parte que nos toca
de Dios.
Y lo demás, lo nuestro,
está en los sentimientos,
la flaqueza.
Porque saberte débil es sentir que estás vivo,
porque la perfección te da la fuerza
y el poder matar.
Te da la muerte,
la muerta perfección.

Estamos vivos.
Nuestra única culpa es seguir vivos.



martes, 15 de diciembre de 2015

SERGIO CORDERO



  
Currículum Vitae



Dilapidó en estúpidos proyectos
el caudal de su ira
y después
miró ante sí una puerta.

Fatigado,
tuvo que recargarse
en el dintel de sus cuarenta años
antes de abrir la puerta y contemplar
sus perspectivas.
Más allá, el futuro
o el destino - el nombre es lo de menos -
le dieron a elegir
varias salidas:
el corazón que estalla,
la ventana al vacío,
el largo viaje detrás de un escritorio.

Sensatamente,
optó por lo primero.




miércoles, 9 de diciembre de 2015

SERGIO CORDERO




Deseo de raíces

          Dichoso el árbol que es apenas sensitivo
                                                  Rubén Darío



Esta mañana algo se detuvo
y muy a pesar mío
espero en un sillón,
deseoso de raíces.
Quiero sentirme árbol
no para dormir
ni para morir menos
-bastaría con echar a la basura
mi endeble filosofía de la vida-;
simplemente
me duele la cabeza.
A los árboles nunca
les duele la cabeza,
nada saben
de mis antesalas
en sillones cafés imitación cuero
mientras contemplo la miseria azul
de mis zapatos tenis.
Algún día
-sin embargo-
consumiré el pasillo.
Más vale no correr sobre su banda
sin fin. (Por un tropiezo,
el que tenía bajarse de la cama
saltó del piso diecinueve.)
Dejará de dolerme la cabeza
y volveré a sentir calor o frío
pero emociones no.
Terminará esta envidia de raíces
donde el árbol espera para darse
y yo para pedir




jueves, 3 de diciembre de 2015

SERGIO CORDERO



  
Ahora que lo dices…



Ahora que lo dices, no comprendo a la vida,
nunca le he pasado la mano por el pelo
ni le he dicho palabras agradables.
Cada que voy a verla, me limito
a cohabitar con ella pagándole lo justo.
Nunca me la he ganado a base de ternura.
Y se me olvida, a veces, que es humana también,
que su sexo no siempre fue una selva
sino un patio limpio, una llanura impúber
donde corríamos todos detrás de la pelota.





lunes, 9 de julio de 2012

SERGIO CORDERO






Bitacora del regreso



¿no es el acto que apresa la ironía
obstinado creador de mis recuerdos?


1

¿dónde están las paredes que viví?
remuevo el barro fresco
de las casas antiguas
y descubro
los rasgos de mi padre

2

porque hay días que no puedo perder
en esta ciudad ciega
yo la amo
aquí la luz se da como los frutos
es un sitio cuidado desde el simple poder
de una mirada
mordiéndose los labios

3

pon las manos en la noche más alta de tu pecho
asómate al abismo
la pregunta
confiesa tu rencor por esta tierra
deseas que vaya al sitio donde el sol
ha secado mis pasos
y por eso al tocarte
me acaricio

“Vivir al margen”