El
manzanillo
«¡Cuán
dulce será en tu boca
«Zarina, el beso de amor!»
Así a la bella cubana
Habla el cacique feroz.
«¡Oh
Nelusko!» Ella responde,
Trémula ya de pavor,
«Tu prepotencia respeto,
«Mas mi cariño es de Azor.»
En
el pecho del cacique
Despierta la indignación,
Y furibundo la dice:
«Yo te amo, y soy tu señor.
«Aquesta
noche en la playa
«Me aguardarás»; y partió.
Zarina, desesperada
En tan cruda situación,
Debajo
del manzanillo
La triste suerte esperó.
«Ven ¡oh Nelusko!» cantaba
Con desfallecida voz,
«Pues
cierras el duro pecho
«Al grito de mi dolor
«De las cumbres se desata
«El huracán bramador,
«Y
el mar y agitada selva
«Le saludan con horror.
«¡Ay! pronto las palmas tiernas
«Destrozará su furor,
«Cual
tú desgarras impío
«Mi pecho y el de mi Azor.
«Ver; satisface inhumano
«Tu tiránica pasión,
«Mas
será helada y sombría
«Esta noche de tu amor.
«Y tú, de un tirano fiero
«Víctima triste, cual yo,
«Objeto
de mi cariño,
«En otro mundo mejor
«Te espero, do nadie diga:
«Yo te amo y soy tu señor.»
Sus
párpados lagrimosos
Iba cerrando veloz
La muerte, cuando a sus plantas
Llega rápido su Azor.
Afanoso
la buscaba:
Apenas reconoció
El funesto árbol, se llena
De sorpresa y de terror.
De
la mortífera sombra
En sus brazos la sacó:
«¿Qué ibas a hacer infeliz?»
«-Sacrificarme a tu amor.»
Él
con ardientes caricias
Serena su corazón;
Entonces llega Nelusko
Y fiero le dice Azor:
«Tengo
arco, flecha, macana,
«Robusto brazo y valor,
«Y el que a Zarina pretenda,
«Espere la destrucción.»
El
atónito cacique
Le oye con mudo furor,
Y cede, al ver del amante
La firme resolución.
Así
el torrente que inunda
Los campos asolador,
En la base de ancha peña
Quiebra el ímpetu feroz.
Versión
de José María Heredia