"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
viernes, 5 de mayo de 2023
JUAN DE CUETO Y MENA
Cómo
falló Macías
CV
Tanto
anduvimos el cerco mirando,
que nos fallamos con nuestro Macías,
e vimos que estava llorando los días
con que su vida tomó fin amando.
Lleguéme más çerca, turbado ya quando
vi ser un tal ombre de nuestra nación,
e vi que dezía tal triste canción,
en elegíaco verso cantando.
INMACULADA MENGÍBAR
Cosas
de mujeres
Pero
seamos realistas:
Penélope, cosiéndole,
no es más feliz que yo
ahora mismo rompiéndole
la cremallera.
CATULLE MENDÈS
El
niño y la estrella
Un
astro brilla en el azul del cielo
y en el agua dormida se refleja.
Un
hombre que pasaba
dijo al niño poeta:
“Tú,que sueñas con rosas en las manos,
y con el alma al ideal abierta
cantando vas tus iluciones, dime:
¿entre tú y yo, cuál es la diferencia?”
“Esta,
responde el niño:
levanta la cabeza :
¿ves la estrella que brilla solitaria
en el azul?
-La
veo
-Ahora cierra
los ojos y responde:
¿con los ojos cerrados sigues viéndola?
-“No, dijo el hombre, no la veo”.
Entonces,
como el que absorto sueña,
“aunque cierre los ojos, dijo el niño,
yo sigo viendo en el azul la estrella”.
ARTURO CORCUERA
Fábula
de la luciérnaga y su sueño terrorífico
Diamante
en trizas.
Semáforo
diminuto
que señala el rumbo
de las libélulas
Posada
sobre un madero
cantas intermitente,
astilla de lucero.
ANA CASTILLO
Algo
de ti
Algo
de ti
me recuerda a casa;
no la de hoy,
la de otros tiempos–
Las tortillas de la abuela
sobre su comal ardiente;
el perfume de la bugambilia
en el jardín.
Tus pestañas estrelladas–
de niñez
como las estrellas mismas
que contemplaba yo, me parece
hace siglos ya.
JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ UNSÁIN
Sur
y Norte de América
Mírame
donde estoy, apenas triste,
solitario desde hace tanto tiempo,
con las venas desechas , sin su sangre,
temblando con oscuro sentimiento.
Mírame donde estoy patria temible,
Desesperado sin posible espera,
Sin antes, sin bandera, sin consuelo.
Mírame patria, mírame llorando,
Adivinando el rumbo de tu viento,
Viendo crecer las fieras invasiones.
Ellos están aquí. Los extranjeros.
Aquí donde tu eras la certeza,
de un campo verde, un cielo azul,
Un pueblo:
un pueblo con vergüenza, con el coraje,
ya sin felicidad, pero creciendo.
Aquí donde la tierra miserable,
era nuestra nomás y era en el cielo,
Donde moría la mejor frontera,
donde la libertad paraba vuelo.
Esta patria era el sur, Bárbaro y alto,
el apampado sur, el sur violento,
Sin otra industria que la del coraje,
sin otro Dios que Dios, el del silencio.
Arriba de la rosa, por el Norte,
los ángeles malignos van creciendo,
Convocando su guerra prodigiosa,
pudriendo el aire con su largo aliento.
Yo estoy aquí, en el Sur. Pido con odio
que haya luz en los ojos de los ciegos,
Que velen los que duermen
y se afilen los filos de los dientes y el acero.
Ellos están aquí, fuertes y hermosos,
ya están sus fuegos en la patria ardiendo,
Ya se pervierte el alba y hay un soplo
de conquistas, de sombras y de miedo.
Yo digo: que este sur nos pertenece, que todo es nuestro,
Simplemente nuestro, y hay que defenderlo con las uñas,
con la voz, con el alma, con el pecho, o quedar una tarde azul y blanca
definitivamente libres. Muertos.
jueves, 4 de mayo de 2023
JUAN DE CUETO Y MENA
Otra
vez invoca
VI
E
ya, pues, desrama de tus nuevas fuentes
en mí tu subçidio, inmortal Apolo;
aspira en mi boca por que pueda sólo
virtudes e viçios narrar de potentes.
A estos mis dichos mostradvos presentes,
o fijas de Tespis, con vuestro thesoro,
y con armonía de aquel dulçe choro
suplid cobijando mis inconvenientes.
INMACULADA MENGÍBAR
Y
sobre aquella especie de amuleto plateado
Y
sobre aquella especie de amuleto plateado
prendido en su chaqueta,
que me hizo esconder
era
un regalo de ella a media noche,
no escribir un poema.
CHARLES HUBERT MILLEVOYE
El
manzanillo
«¡Cuán
dulce será en tu boca
«Zarina, el beso de amor!»
Así a la bella cubana
Habla el cacique feroz.
«¡Oh
Nelusko!» Ella responde,
Trémula ya de pavor,
«Tu prepotencia respeto,
«Mas mi cariño es de Azor.»
En
el pecho del cacique
Despierta la indignación,
Y furibundo la dice:
«Yo te amo, y soy tu señor.
«Aquesta
noche en la playa
«Me aguardarás»; y partió.
Zarina, desesperada
En tan cruda situación,
Debajo
del manzanillo
La triste suerte esperó.
«Ven ¡oh Nelusko!» cantaba
Con desfallecida voz,
«Pues
cierras el duro pecho
«Al grito de mi dolor
«De las cumbres se desata
«El huracán bramador,
«Y
el mar y agitada selva
«Le saludan con horror.
«¡Ay! pronto las palmas tiernas
«Destrozará su furor,
«Cual
tú desgarras impío
«Mi pecho y el de mi Azor.
«Ver; satisface inhumano
«Tu tiránica pasión,
«Mas
será helada y sombría
«Esta noche de tu amor.
«Y tú, de un tirano fiero
«Víctima triste, cual yo,
«Objeto
de mi cariño,
«En otro mundo mejor
«Te espero, do nadie diga:
«Yo te amo y soy tu señor.»
Sus
párpados lagrimosos
Iba cerrando veloz
La muerte, cuando a sus plantas
Llega rápido su Azor.
Afanoso
la buscaba:
Apenas reconoció
El funesto árbol, se llena
De sorpresa y de terror.
De
la mortífera sombra
En sus brazos la sacó:
«¿Qué ibas a hacer infeliz?»
«-Sacrificarme a tu amor.»
Él
con ardientes caricias
Serena su corazón;
Entonces llega Nelusko
Y fiero le dice Azor:
«Tengo
arco, flecha, macana,
«Robusto brazo y valor,
«Y el que a Zarina pretenda,
«Espere la destrucción.»
El
atónito cacique
Le oye con mudo furor,
Y cede, al ver del amante
La firme resolución.
Así
el torrente que inunda
Los campos asolador,
En la base de ancha peña
Quiebra el ímpetu feroz.
Versión
de José María Heredia
ARTURO CORCUERA
Fábula
de maese cuervo
Sombra
de plumas
que empolló la noche.
La
noticia funesta,
las defunciones,
de maese cuervo
son lectura diaria.
«¡Ah
—exclama—,
si tuviese
agencia funeraria!»
ANA CASTILLO
Pido
lo imposible
Pido
lo imposible: ámame para siempre.
Cuando se extinga el deseo todo, ámame.
Ámame con la firme obstinación de un monje.
Cuando el mundo entero
y todo lo que estimes sagrado te advierta
contra ello: ámame aún más.
Cuando una furia innombrable te sobrecoja: ámame.
Cuando cada paso de tu puerta a tu empleo te canse…
ámame; y de tu empleo a tu hogar de nuevo, ámame, ámame.
Ámame cuando estés hastiado…
Cuando cada mujer que veas sea más bella que la última,
o más triste, ámame como siempre lo has hecho:
no como un admirador o como un juez, sino
con la compasión que reservas para ti mismo
en tu desamparo.
Ámame como te deleitas de la soledad,
la anticipación de tu muerte,
los misterios de la carne, sus desgarros y enmiendos.
Ámame como al más venerado recuerdo de tu infancia…
y si no hay uno en tu memoria…
imagínalo, y déjame habitarlo contigo.
Ámame marchita como me amaste plena.
Ámame como si Yo fuese para siempre…
y yo, haré de lo imposible
un simple acto,
amándote, amándote como te amo.
MELCHOR DE PALAU
Crepuscular
¡Cuán
plácidas al alma las horas de tristeza
en que la tarde muere, al toque de oración!
Del sol en el cenit, da el rayo en la cabeza,
al ponerse en ocaso, nos da en el corazón.
miércoles, 3 de mayo de 2023
JUAN DE CUETO Y MENA
Cantar
de Macías
CVI
«Amores
me dieron corona de amores
por que mi nombre por más bocas ande.
Entonces non era mi mal menos grande
quando me davan plazer sus dolores.
Vencen el seso los dulces errores,
mas no duran siempre segund luego plazen;
pues me fizieron de mal que vos fazen,
sabed al amor desamar, amadores.
INMACULADA MENGÍBAR
La
historia de nuestras vidas
Después
de este silencio,
qué nos queda.
Me
conmueve mi propia soledad, mientras leo.
¿Así
que
ésta era la historia de mi vida?
Me
recuesto y te miro
envejecer sin mí.
CATULLE MENDÈS
Locura
de Amor
Un
noble mago, rey de los placeres,
Viendo el pesar horrible que me inquieta
Exclamo bondadoso: -Dí, ¿Qué quieres para vivir feliz, pobre poeta? :
Quieres
príncipe ser?..quieres honores?..
Quieres triunfar cual esforzado atleta?..
Quieres ser el señor de los señores?..
Quieres el cetro que avasalla el mundo?…
Quieres ceñir laureles triunfadores?…
Quieres talento sin igual, profundo?…
Quieres tener, de Adonis, la belleza?…
Quieres gozar amor casto y fecundo?…
Quieres llenar tu casa de riqueza?…
Quieres la ciencia, infame, del protervo, donde la humana perversión empieza?…
Callo
el mago, y alzando la cabeza, triste le conteste:
Quiero
ser cuervo…
Como un demente contemplome el mago
Con extrañeza grande en la mirada,
Y con acento doloroso y vago,
si
-, le dije con la voz turbada:
-Movido
por el diablo de los celos, ayer di muerte a mi gentil amada, la de pupilas
bellas cual los cielos, la deboca mas fresa y sonriente, que el rosal que hace
rosas mis anhelos cuando despunta el sol en el oriente. La mate por hermosa y
por coqueta, desgarre su belleza refulgente, destroce de sus ojos la violeta y
al mirarla morir, en mi delirio con afanes sangrientos de poeta y con locos
empeños de martirio, puse en su frente nítidos jazmines, en su ceno de nieve un
blanco lirio y le di por magníficos chapines capullos de azucenas y de nardos …
¡ Todo lo que es pureza en los jardines y en los sueños sublimes de los bardos!
…
¡
Grave cosa es matar! – Con dulce acento el noble mago a compasión movido me
dijo, y luego murmuro: – Lo siento, y aunque me extraña el crimen cometido, te
salare de la injusticia airada y aun he de darte seductor olvido si antes me
explicas con franqueza honrada, por que quieres ser cuervo, gran poeta-
Y contesté con emoción secreta:
¡
Para comerme el cuerpo de mi amada!-
CHARLES HUBERT MILLEVOYE
La
caída de las hojas
Con
despojos de la selva
Cubrió otoño la campiña;
Perdió el bosque su misterio,
Ruiseñores ya no trinan.
Y un
mancebo moribundo,
Lento el pie, vagar se mira
Recorriendo la floresta
Otro tiempo tan querida.
«¡Adiós,
dice, bosque amado!
En tu duelo mi ruina
Voy leyendo, y cada hoja
Al caer, mi fin avisa.
«Tal
me anuncia de Epidauro
Triste oráculo: Tu vista
Otra vez, y vez postrera,
Gozará la pompa umbría
«De
los árboles. La noche
Pavorosa se aproxima;
Más que otoño macilento,
A la tumba el cuerpo inclinas;
«Y
la hierba de los campos,
Y la vid de la colina,
Verán, antes que se agosten,
Tu temprana edad marchita.—
«¡Yo
me muero! Helado soplo
He sentido. Mi florida
Primavera asoma y huye,
Y el invierno llega aprisa.
«Breves
flores me adornaron,
Arbolillo fui de un día,
Y entre lánguidos verdores
Ningún fruto dio mi vida.
«¡Vuela,
pues, a tu destino,
Hoja efímera; y no aflija
Las miradas de una madre
La mansión que me reciba!»
Dice,
y vase, y para siempre;
Que sus hados ya adivina
La postrera débil hoja
De las ramas desprendida.
Sepultáronle
a la sombra,
A la sombra de una encina:
Solitaria está su tumba,
Madre amante la visita;
E
interrumpe con sus pasos
El pastor, si allá los guía,
El silencio de aquel valle
Donde el túmulo domina.
Versión
de Miguel Antonio Caro
ANA CASTILLO
XII
Vuelos,
vuelos de luz, vuelos muy altos,
que remonten montañas gigantescas
donde nada se escuche,
sólo el canto
de algún pájaro libre y vagabundo.
En la cima de un monte
que recorte
con sus crestas el cielo
y haga suyo
el silencio de nubes, el vacío,
para colmarlo todo con su aliento,
con su enorme energía contenida.
Así,
pájaro mío, te vislumbras.
Reflejas tu silueta en el espejo
de un horizonte inmenso
como el alba.
MELCHOR DE PALAU
Al
Polo Ártico
¡Dó
estás! ¡Por qué te ocultas
con pertinacia tanta,
y en sudarios de hielo te sepultas,
que dique ponen a la humana planta!
¡Acaso, al descubierto, en ti se apoya
el sabio mecanismo,
labrado por la mano de Dios mismo,
al que imprimió perpetuo movimiento
un leve soplo de su puro aliento!
¡Eres, por suerte, diamantina joya
con que remata el eje de la tierra,
y temes que, en su ardiente afán de robo,
sobre ti caiga el hombre, como lobo
que a la presa se aferra!
¡Surge
en tu faz algún volcán de nieve,
que, arrojando glacial lava copiosa,
al nauta que a tus ámbitos se atreve
cubre con fría losa!
¡Recelas por ventura
que la Industria, incitada por la Ciencia,
aproveche tan rara coyuntura
de mostrar su titánica potencia,
forjando recio cable
que a ti sujete la movible esfera,
y, en el hondo misterio
de la noche sombría,
sepulto un hemisferio,
la clara luz de prolongado día
brille en el otro con potente imperio!
¡O que, aplicando fuerza incontrastable
al eje de la tierra,
la remueva en su asiento,
de su faz despidiendo cuanto encierra;
cuanto por sus arrugas peregrina,
cuanto, al impulso del solar aliento,
vigoroso germina;
cual con forzuda mano
el labriego sacude,
para que suelte el nutritivo grano,
el duro tronco de la añosa encina!
No,
no temas; el hombre,
que encontrarte desea,
sólo dama por escribir su nombre
en un muro del templo de la Fama.
Permítele llegar; deja que vea
las irisadas tintas caprichosas,
y las fiestas hermosas
que celebra en tu honor la luz febea;
déjale ver los témpanos flotantes,
puntiagudos gigantes
que, ansiosos de llegar en tiempo breve,
resbalan azorados por la nieve;
columnas que en su seno el mar abisma,
que tienen de la roca la dureza,
de la nube fugaz la ligereza,
a refracción del prisma;
déjale ver dó anidan esas aves,
que, blancas, inocentes y ligeras,
salen siempre al encuentro de las naves,
creyéndolas aladas compañeras;
que vea cómo enérgicas su broche
rompen, tras meses de enlutada noche,
esas flores enanas,
que tienen por hermanas
las que sufren también glacial oreo
en las cumbres del Alpe y Pirineo;
tus auroras boreales celebradas,
donde bullen reunidas
las luces divididas
de nuestras cotidianas alboradas;
el falso luminar que en noche oscura
disipa de las sombras el beleño,
y aparece radiante de hermosura,
como imagen fantástica de un sueño;
tus eléctricas lluvias que descienden
pausadas a la tierra que las llama,
que el aire vago con su lumbre encienden,
mas sin que cuaje su terrible flama
en rayo centellante
que, ciego y deslumbrante,
en nosotros la muerte desparrama.
Déjale
ver la misteriosa cita
que el brillo tenue de la clara aurora
da a la luz del ocaso moribundo,
a la que ambos acuden a deshora,
con belleza infinita
y en que se besan con amor profundo;
tu noche que se alarga y que se acorta,
cual sombra gigantea
que al fulgor de la tea
contempla un niño con mirada absorta;
esos diversos soles
que, cual reyes en guerra,
con corona y con manto de arreboles,
pretenden todos alumbrar la tierra;
enséñale si es cierto
que hay un lazo de unión entre tus mares;
o dile que no existe claramente,
que él, con brazo potente,
ahondando en los témpanos polares,
un canal abrirá,
como el que ha abierto
en las rojas arenas del desierto.
Dile
dó están las útiles ballenas
que, en pos de las ritinas y narvales,
abandonaron de Spitzberg las rocas,
huyendo los arpones criminales;
dónde las pardas focas
que, por sus voces de ternura llenas,
tomara el argonauta por sirenas,
y hoy en tus playas a solaz se tienden,
do incautas las sorprenden
cual sátiros, los rudos esquimales.
Dile
dó arranca la encubierta vía
buscada en vano por el frágil leño
que a tus sólidas aguas se confía;
y si el mar libre que con tanto empeño
jura Belcher que descubrió asimismo,
fue de su mente fugitivo ensueño
o engañosa visión del espejismo.
Cesa
ya de oponer a su bravura,
como piedras de celta monumento,
cual trozos de vetustas catedrales,
heridores carámbanos glaciales,
que, navegando al ímpetu del viento,
le dan, al par que muerte, sepultura:
ríndete al ver los ínclitos varones,
los sabios y esforzados campeones
que han sucumbido al pie de tu muralla,
cual fuertes escuadrones
que, en desigual batalla,
salvar intentan gigantesca valla.
«No
hay más allá», decían
las antiguas columnas, que existían
en el estrecho hercúleo;
«no hay más allá», falaces repetían,
señalando el inmenso mar cerúleo.
Colón, con sólo el aire de las velas
de sus raudas famosas carabelas,
derribó las columnas seculares,
y, con pasmo profundo,
hizo brotar un mundo
de la rizosa espalda de los mares.
¡Quién
sabe si, en un día no lejano,
las del polo mortíferas barreras
caerán del hombre a la industriosa mano,
que ha dado realidad a las quimeras!
¡Quién sabe si, con rumbo ya seguro,
salvará en globo el invencible muro!
¡Quién sabe si, por premio a tanto arrojo,
y en pos de tanto sufrimiento y luto,
el mar de hielo cruzará a pie enjuto,
como el pueblo de Dios cruzó el mar Rojo;
y, teniendo cual él segura egida,
seguirá con sosiego
de aurora boreal el vivo fuego,
que le lleve a la tierra prometida.
Y
tú, mortal dichoso,
que del Polo has de ser Colón glorioso,
si alientas ya, si escuchas el murmurio
lejano de la Fama
que anhelosa hacia ti las alas bate,
si el corazón te late,
como infalible augurio,
al fuego sacro de la heroica llama,
ven, y quedo al oído
pronúnciame tu nombre,
hoy oscuro, mañana esclarecido,
que mi pobre poesía
al propalarlo asombre,
ufana con el don de profecía:
mi mente arrebatada
te imagina ya al fin de la jornada,
cuando tu pie de atleta,
tras lucha denodada,
huelle triunfante la escondida meta.
De
tu alta gloria al esplendente rayo,
fundiranse de hielo las montañas,
cayendo con desmayo
de la mar en las líquidas entrañas.
Inmóvil tú en el eje,
en torno tuyo girará la tierra,
cual el coro de ninfas danza teje
en torno al Dios que terminó la guerra;
sin fuerza ya para causar estrago,
flotarán por la undosa superficie
nevados copos con gentil molicie,
cual blancos cisnes en tranquilo lago.
Colosales
ballenas
asomarán en grupos seductores,
y al aire lanzarán, de asombro llenas,
copiosos y variados surtidores.
Contemplarán los ojos,
a tus pies, en glaciales ataúdes
labrados en gigánticos aludes,
de Franklin y otros nautas los despojos;
descarnado -y escueto,
alzarase de Hall el esqueleto,
y de su mano pasará a tu mano
la gloriosa bandera[15],
que, según vera crónica nos dice,
en nombre de su patria recibiera,
cuando lanzose al férvido Oceano
bandera que en cien mares desplegada,
y por brisas australes agitada,
sirviole de sudario
al hallar ¡infelice!
en un monte de nieve su calvario.
Por
corrientes marinas removidos,
caerán con roncos retumbantes sones,
imitando el tronar de los cañones,
los témpanos erguidos.
Del
cielo las erráticas estrellas
se entregarán a misteriosa danza,
la blanca nieve guardará tus huellas,
y del sepulto sol las luces bellas
asomarán, por verte, en lontananza.
Bandadas de palomas mensajeras,
por caminos radiales,
el ancho espacio cruzarán ligeras,
para llevar las nuevas lisonjeras
a sus tierras natales.
En
homenaje las abiertas flores,
y las plantas balsámicas de suyo,
perfumarán el virginal ambiente,
y lanzarán vivísimos fulgores
la Aurora Boreal en torno tuyo
y la Estrella Polar sobre tu frente.
martes, 2 de mayo de 2023
ARTURO MARASSO
Poemas
de integración
Vuelves,
del seto asoman crecidas las granadas,
encuentras los amigos en los huertos natales,
hay un olor de frutas, de hierbas aromadas,
late en el aire cálido con temblor de cristales
la mañana, en las sombras guarda aún la frescura,
tres días tiene el zumo del racimo estrujado
de esta copiosa dulce primera uva madura,
en cántaro de arcilla de la hez se ha serenado;
huye el lagarto ardido de sol; en la colina
brota de hueca piedra con un manar de nieve
el agua, denso el ramo de ciruelas se inclina,
dice el zorzal de cuanto se ha amado, ajena embebe
la memoria; te entrega, viña de verano, el vino
nuevo; incumplidos sueños saben la confidencia
primigenia; anduviste de uno en otro camino
errante; brilla el álamo, atraía en la ausencia.
EDUARDO GONZÁLEZ LANUZA
Apocalipsis
Cuando
el jazz-band de los ángeles
toque el fox-trot del juicio final
y llegue Dios al galope tendido
de sus tanques de hierro
estallen los soles
hechos dinamita viviente
y por los espacios
rueden oleadas de odios dispersos.
Se enhebrarán las chimeneas y las torres
en el agujero de la luna
y un bosque de gritos
retorcidos como llamas
incendiará el silencio de las noches
y llegará una voz infinita,
la voz del OTRO diciendo a Dios;
-¿Que has hecho de los hombres?
y él temblará de miedo
como un niño que ha roto los juguetes.
HOMERO MANZI
Viejo
ciego
Con
un lazarillo llegás por las noches
trayendo las quejas del viejo violín,
y en medio del humo
parece un fantoche
tu rara silueta
de flaco rocín.
Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,
al ir destrenzando tu eterna canción,
ponés en las almas
recuerdos añejos
y un poco de pena mezclás al alcohol.
El
día en que se apaguen tus tangos quejumbrosos
tendrá crespones de humo la luz del callejón,
y habrá en los naipes sucios un sello misterioso
y habrá en las almas simples un poco de emoción.
El
día en que no se oiga la voz de tu instrumento
cuando dejés los huesos debajo de un portal
los bardos jubilados, sin falso sentimiento
con una “canzonetta” te harán el funeral.
Parecés
un verso
del loco Carriego
parecés el alma
del mismo violín.
Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,
tan llena de pena, tan lleno de esplín.
Cuando
oigo tus notas
me invade el recuerdo
de aquella muchacha
de tiempos atrás.
A
ver, viejo ciego,
tocá un tango lerdo
muy lerdo y muy triste
que quiero llorar.
JIM HARRISON
Otro
país
Amo
estos amaneceres muy húmedos con
mil pájaros que oyes pero
no llegas a ver en la niebla.
Mi viejo y ajeno cuerpo es un extranjero
que lucha por entrar en otro país.
La llamada del somormujo me da escalofríos.
De regreso en la cabaña veo un libro
y no acabo de estar seguro de qué es en realidad.
BILLY COLLINS
Consuelo
Qué
agradable no viajar a Italia este verano,
recorrer sus ciudades y ascender la pendiente de sus tórridos pueblos.
Cuánto mejor deambular por estas calles familiares,
absorbiendo el significado de cada cartel y señal de tráfico
y los bruscos gestos que hacen con la mano mis compatriotas.
No
hay conventos aquí, ni frescos desmoronados o famosas
cúpulas y no es necesario memorizar una sucesión
de reyes o pasear los húmedos rincones de los calabozos.
No es necesario dar vueltas en torno a un sarcófago, contemplar
la cama diminuta de Napoleón en Elba, o los huesos de un santo en redoma.
Cuánto
mejor dominar el simple recinto hogareño
que empequeñecerse ante columna, arco o basílica.
¿Por qué hundir la cabeza en locuciones extranjeras y arrugados mapas?
¿Por qué meter paisajes en una hambrienta cámara de un sólo ojo
ansioso de tragarse el mundo, monumento tras monumento?
En
vez de recostarse en un café ignorando cómo se dice helado,
bajaré a donde el coffee shop y la camarera
conocida como Dot*. Me deslizaré en la corriente del periódico
matutino, las barreras del lenguaje destruidas,
los ríos del idioma fluyendo libremente, los huevos despachados sin problema.
Y
tras el desayuno, no tendré que buscar a alguien
deseoso de fotografiarme rodeando con mi brazo al propietario.
No repasaré la factura ni registraré en un diario
qué tuve que comer y cómo incidía el sol en la ventana.
Basta con volver a subirse al coche
como
si fuera el gran automóvil del mismísmo idioma inglés
y haciendo sonar mi cuerno vernáculo, acelerar
por una carretera que nunca me llevará a Roma, ni siquiera a Bolonia.
WILLIAM CULLEN BRYANT
El
sol de Mayo
El
sol de Mayo envuelve en esplendores
Prado y selva, de nuevo floreciente;
Mas la que a honrar venía estos verdores
Con sonrisa aún más pura y más fulgente,
En soledad reposa
Bajo la helada losa.
En
larga copia blancas flores bellas
Asoman del camino en las orillas;
La que con mano que envidiaban ellas,
Cogiendo iba y juntando florecillas,
En soledad reposa
Bajo la helada losa.
Los
pájaros al aura brillad ora
Esparcen sus concentos matutinos;
La que con voz más dulce y más canora
Convidome tal vez a oír sus trinos,
En soledad reposa
Bajo la helada losa.
La
música del año que amanece,
La florida estación me causa enojos;
Mi espíritu se anubla y entristece,
Las lágrimas asoman a mis ojos;
Que ella ¡ay de mí! reposa
Bajo la helada losa.
lunes, 1 de mayo de 2023
ARTURO MARASSO
Dicha
Dichoso
aquel que vive en mansión heredada,
oye cantar los tordos que escuchó cuando niño;
ve llegar los inviernos entre lluvia y nevada
y siente el mismo acento de familiar cariño.
En
la noche, en sosiego, a media luz, en torno
de la mesa o la lumbre, se conversa, en voz tierna,
de un viaje, de un recuerdo, de una ida sin retorno
–hace ya veintiocho años– a la mansión eterna.
Triste
lágrima asómase y ocúltase, medrosa,
recuérdase la historia de la aldea, el pasado
tiempo de la familia, la niñez bulliciosa,
y se ve lo futuro al ayer arraigado.
Se
lee el viejo libro con reposo, alguna hoja
anotaciones lleva del padre o del abuelo;
a veces una lágrima casual el texto moja
y se encuentra en las dulces páginas el consuelo.
El
antiguo reloj de la pared aún suena;
vienen los largos días del estío, o el invierno;
son las noches oscuras o ya de luna llena;
aunque los años vuelen todo parece eterno.
Feliz
aquel que vive en mansión heredada
con fontanares y árboles al pie de una colina,
y del otoño lánguido en la tarde nublada
ve rodar por los campos la lluvia y la neblina.
HOMERO MANZI
Sur
San
Juan y Boedo antigua, y todo el cielo,
Pompeya y más allá la inundación.
Tu melena de novia en el recuerdo
y tu nombre florando en el adiós.
La esquina del herrero, barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjón,
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón.
Sur,
paredón y después…
Sur,
una luz de almacén…
Ya nunca me verás como me vieras,
recostado en la vidriera
y esperándote.
Ya nunca alumbraré con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya…
Las calles y las lunas suburbanas,
y mi amor y tu ventana
todo ha muerto, ya lo sé…
San
Juan y Boedo antiguo, cielo perdido,
Pompeya y al llegar al terraplén,
tus veinte años temblando de cariño
bajo el beso que entonces te robé.
Nostalgias de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevó
pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió.
EDUARDO GONZÁLEZ LANUZA
El
otro
¿De
quién es este rostro que me mira
del
otro lado del ahora?
¿De quién su inalcanzable
proximidad de luz?
¿Quién
de los dos de quién es el fantasma?
Tan simultánea precisión en llantos,
en el desdén y en la melancolía
no permite saber ni quién ordena
ni quién es el esclavo que obedece.
Me
mira por mis ojos, me utiliza
como vicario de sus levedades
en el áspero mundo de los sólidos,
erpo también me ayuda
para andar pro las aguas del azogue
en el puro milagro inadvertible.
Jamás
se me anticipa, persevera
en un mutuo destino, equilibrando
un solo ser entre los dos platillos
equidistantes de la luz.
Acudimos
los dos. No averiguamos
cuál es el Primogénito y el Otro,
y entre los dos se apoya una sonrisa.
De
Tu clemencia y Tu justicia aguardo
que en el último día de los días,
resucites, Señor, a las imágenes
que el azar dispersara en los espejos.
JIM HARRISON
Muerte
otra vez
No
nos pongamos románticos ni tristes con la muerte.
De hecho es nuestro acto más singular, junto con
el nacimiento. Pensemos que es como preparar
el desayuno, así de ordinario. Romper dos huevos
en un tazón, o un tazón en dos huevos. Deslizarse
en un ataúd después de drenar los líquidos, o mejor,
deslizarse en el fuego. Claro que es un poco difícil
aceptar tu último beso, tu último trago, tu última
comida, sobre la cual los condenados pueden ser
muy suyos, como si pudiera haber una hamburguesa
con queso enviada por Dios. Algunos amantes indagan
con su ojo interior, pero es sobre todo un plácido
lago al amanecer, niebla creciente, la solitaria llamada
de un somormujo, y mirar el agua inmóvil y opaca.
Como niños, sabremos otra vez todo lo que estamos
destinados a saber: que el agua es fría y profunda,
y el sol penetra tan solo hasta cierto punto.
BILLY COLLINS
Invención
Esta
noche la luna es una galleta
mordida
flotando en el cielo,
y en
una semana más o menos
según el calendario
probablemente parezca
un
plateado balón,
y hace nueve, diez días tal vez
me recordaba una afilada y delgada uña.
Mas
finalmente—
a últimos de mes,
calculo—
se
consumirá
hasta ser nada,
nada más que estrellas en el cielo,
y
tendré algunas noches
para mí mismo,
tiempo para dar reposo a mi agitada pluma.
WILLIAM CULLEN BRYANT
La
voz del otoño
Murmurando
a la contina
Sopla alada ventolina,
Y retostadas y rojas
Cual copos de luz, las hojas
Remolina.
Ya
mustia campiña rasa,
Ya el árbol que el sol abrasa
Roza en blando movimiento;
Doquier de otoño el aliento
Corre y pasa.
Sobre
el musgoso arroyuelo
Susurra, y saluda, al vuelo,
La última desierta flor
Que lánguida y sin color
Mira al cielo.
Y a
rapaces bullidores
Llega, y besos voladores
Les da en ojos y mejillas,
Y deja atrás sus cuadrillas
Y clamores.
Y a
lago y selva remota
Va triscando, y alborota
El más recóndito nido,
Do entre peñas escondido
Raudal brota.
Ni
en la granja se guarece
Que alegre ninfa embellece,
Ni en concavidad repuesta;
Huye, y la cima traspuesta,
Desparece.
Di,
¿no te causa pesar,
Nunca haber de reposar,
Blanda brisa, ni en laderas
De los montes, ni en riberas
De la mar?
Perenne
inquietud te asiste,
Para agitarte naciste,
Sin cesar, de Oriente a Ocaso;
Aura que detiene el paso,
Ya no existe.
Pienso
que dejando lloras,
Mil formas encantadoras
Que, doquiera que resbalas,
Con tus levísimas alas
Mal desfloras.


.jpg)

