El
álamo Carolina
El
ferrocarril todavía pasa por el pueblo de Chacabuco
donde, solitario y sin estacas, nació el más bello de los árboles.
Fue creciendo hacia arriba y por debajo,
llenándose
de preguntas como de pájaros¹.
Sueña el álamo Carolina con el siguiente verano cuando todo resplandece,
pero aún es mayo en el sur otoñal.
Por fin ve aproximarse al hombre a lomo de un caballo exhausto
–¿dónde estaba el desaparecido?
Él se quita el sudor de los párpados con la manga de la camisa,
aspira el verde y se recuesta en el tronco.
Entonces Haroldo se duerme y sueña que es un árbol.
De:
“Don de la ausencia”
1.- Haroldo
Conti.
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