"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 7 de abril de 2026
ABELARDO SÁNCHEZ LEÓN
Laredo
al norte
A José Watanabe
El
poeta plasma imágenes en el escenario
pero esta vez la depresión le arrebata el manejo del lenguaje.
Debe recurrir a la infancia eterna y pronunciar a b c d e f
sin necesidad de aprobar exámenes.
Su inteligencia no necesita de ningún jurado
del venerado colegio de la provincia.
Al
poeta le gusta su poema como al amante su amor.
El
poeta no sale de la casa materna;
convaleciente, sin horarios ni responsabilidades,
un vago —murmura— del haiku
articulando estrofas con el propósito de conmover
si él fue conmovido por la imagen: un vago respetado.
En
el estanque antiguo
una rana salta
el ruido del agua.
Porque idiota es
quien ante el relámpago dice:
la vida huye.
No
hay explicación explica el poeta.
La poesía plantea interrogantes —digo por decir—.
Eso —mira sin mirar—:
el ruido del agua.
ANTENOR SAMANIEGO
Entre
lienzos y telas (IX)
Más
cerca de mi gusto están las telas
de Pissarro y Van Gogh, no de Chirico.
¿Me juzgarán por esto de borrico
los criticastros y las damiselas?
Monet entre las aguas y las velas.
Gauguin enfermo y ebrio… No me explico
por qué este gusto raro si replico
los trazos torpes y las bagatelas.
Contradicciones. Del Renacentismo,
Tiziano, Rembrandt… sólo los admiro;
¿pero gustarlos?… No lo sé yo mismo.
Mi gusto está en el siglo diecinueve
y un poco más acá. ¡Qué bien respiro
la atmósfera que se insinúa leve!
JOSÉ RUIZ ROSAS
Caracol
Primicia
de otro reino, cabezuela
con credenciales de su mundo elástico
llegada en puro amor, sólo silencio,
perfecta calma, respetuosa venia
para brindar caricias a las plantas,
comerse a besos temblorosas hojas,
retirarse a soñar en la sombrilla
guardada siempre a cuestas y compacta;
y luego, suave trotamundos, irse
palpando el rededor con dos vigías
parabólicos y semiplegables
a continuar su vegetal periplo
con eternos saludos y primicias.
SEBASTIÁN SALAZAR BONDY
Desde
el corazón
Me
sitúo en el centro de mi corazón,
pongo los ojos en el fondo de ese pozo
como dos lámparas frías que encienden el amor,
¿y qué veo?
Dios
mío, si veo
el claro espejo familiar que hay en mi sueño,
el pan que sale del horno de la vida a cada rato.
Vuelve
a ti, viajero, vuelve
al Hotel de Bâle, ya que París es una pieza mortecina,
un lavabo, una mesa, un lecho para el vino de esta noche,
y sabrás nuevamente que eres un círculo de dudas
un remolino incesante que gira en torno de la ausencia.
Me
sitúo en el centro de mi corazón, repito,
y me digo:
“Estoy aquí, pero en Lima
despertará mi madre cuando el perro
gima a su puerta, le dé los buenos días, la bendiga,
porque su mano es como un fruto que no cesa”.
GUADALUPE VELASCO
Sexto
día
En
la isla de Borneo
el orangután reposa
sobre el tocón
de un meranti amarillo
Observa
las semillas de liana
el fuego
las uñas de acero de las topadoras
escarbando el lomo terrestre
Los árboles derrotados
Quisiera
pero no puede culpar a las termitas.
Un
oso
se sostiene
del
borde
del
deshielo
araña el pedazo huérfano
—último trozo ártico—
Une
con
su
nado
cansado
el mundo roto.
