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jueves, 29 de agosto de 2019

SERGIO BADILLA CASTILLO





Discurso de iniciado



Mis pupilas atrapan con dificultad la profanía del tiempo
la fugacidad de un destello que revela la exactitud de la vida
la palabrería inmediata del vocablo inacabado
Una sombra más ocupa la extensión desconocida de este viejo laberinto
Hay cercanía cerebral con los objetos
una impresión tactable         tangible con desnudez de dedos prontos
un sentimiento de universalidad dactilar lleno de ditirambos y goces
una genética caducidad en una ciudad perversa
al borde de un barranco que deslinda con la más pronta muerte
Pierdo la voz ante la náusea repentina
accedo como cofrade al ara que me será prohibida en los años
La hermosura nupcial ya fue consumada hasta la sangre misma, en ella
que más se pudo colegir en tanto exceso
en su insistencia de procrear a la luz remitente de unos pocos candelabros
en lumbre mezquina contra lumbre encendida de belleza
Las palabras me espasman indecisas el aliento
me perlan la intimidad de humores en la certitud del cuerpo
Mis pupilas se revelan ante la escasa lumbrería
la fúgida  apariencia  de un resplandor equívoco
amengua aún más la sensación de vida
Los recuerdos se aglutinan           amontonan la torpeza vivida
como una vieja lumia callejera que no tiene lugar donde yacer

La historia se repite con escasez de lágrimas
La quietud de los parientes es ritual  agónico
hace que se sienta como sopla el viento afuera en la escollera
Los maeses no vendrán por el camino de arcilla, contendrán sus
rogativas sectarias en las inmediaciones del templo
súplica tras súplica hasta sellar de secreto los decires
El mandil tendrá colores y emblemas de albañiles
el Oriente se abrirá diáfano entre las altas cumbres
Las duelas de las cubas dejarán goterar el vino dulce
tal vez un último ágape seguirá insomne la fiesta
un postrero escanciar de copas fraternales
ni escápula quebrada al iniciado abrazo
ni adustez de sueño largo ni rigidez de condenado
Se ha cumplido el plazo de esta austera residencia

viernes, 23 de agosto de 2019

SERGIO BADILLA CASTILLO





Anna de Rodolivos



Una fogarada dispersa después de un advenedizo rayo
acaso se rompió entonces la conferida quietud
nos alertó el ojo abierto los sentidos
¿qué se hizo Anna la griega en la costa Macedonia?
los demás la amaron con tardanza
su pudibunda castidad se esparció enardecida entre mis torpes muslos
entre mis escareadas manos
Los distintos usaron sus mañas
sus redes de los más variados tamaños y colores
mánticas perversas y acertijos de poca monta.
Ella extrañó al hijo escaso de sus entrañas
hizo visible el castigo como ruin oprobio
porque volvería a dormir en otras sábanas
propicias y lejanas.
Anna de Rodolivos la más anniusha de la annas
la luna sigue en el mismo lugar desde que se acabó el invierno
cayeron umbrosas las nieves en la destruida ventana
      y en  Katarinabangatan el ouzo quedó servido
      en la mesa vacía
      en el espacio más oscuro de la noche


sábado, 17 de agosto de 2019

SERGIO BADILLA CASTILLO





Alicia



Moustakis es Alicia en Buenos Aires
vecina itálica de las juderías del Once
postrero amor de edad de eternos dioses
Es la juventud que perturba al extranjero en su camino
el año de Perón viejo               muerto de viejo
no hay nada más que hacer         está todo dicho
tus ojos imperdonan mi escapada y algo aumenta
el dolor nocherniego
huyo con un delito imputable en los pliegues del alma
con el rostro oscurecido de impudicias
ferido       ímprobo           frágil
y  el último beso se deslía en una inquieta pesadumbre
La afición vehemente se inmuta en mi cuerpo
Confunde             conturba
en una tienda de campaña
los dos en San Antonio de Areco y Güiraldes
la noche entera cayéndose en estrellas y aerolitos
el fogón lleno de lumbres                 el asado de tira
y Alicia turgente en su pecho



domingo, 11 de agosto de 2019

SERGIO BADILLA CASTILLO





Plenilunio



La cabellera le cae con donaire hasta los hombros desnudos     tierna
la combadura de su torso en mi torso
la aviparda que vuela entre los pinos cercanos desconoce territorios
de enredaderas y de piedras
zumba hasta el dominio de la almohada un abejorro que se pierde
entre las mieses
mis manos reconocen el relieve terso de tu carne
la redondez trasera
en ese atolondrado abalanzarse a la trinchera enemiga
sin ánimo de victoria
Esa húmeda profundidad de doncella inmaculada     disciplina al besamanos
para otra arremetida seminaria
semidormido   semidiós lleno de tu fragancia te susurraré contento
mía la mujer que no era mía
con su erguida dorsalidad tu aún soñoliente cuerpo
se refrenda se contigua en mi calma
fruitiva mía         hermosa mía
te escuché gemir de madrugada


lunes, 5 de agosto de 2019

SERGIO BADILLA CASTILLO





Carezza



Llega por fin la noche
la castidad es errática para especímenes en vías de extinción como tú
y yo Claudia
criaturas celestes de Santiago     serafines alados de la capital
de un país en ruina
El daguerrotipo nutre la oscura sepia con la aminorada luz que entra
de la calle
la escena en la penumbra se trasgrede en una tosca urbanidad
El torrente fluye germinal debajo de la piel           palpita
se deshonesta             se contamina
tensa la espera detrás de la mirada intensa
Urge entonces la musculatura     se yergue
para perpetuar el linaje del animal en celo
la carne se impudicia       se demencia en la calma
se antigua la razonada caricia mi obcecada doncella, el arte de
amar es el arte final de un frugífero vientre
un mérito frugal de descendientes que van y vienen
un despertar cualquiera ante un púdico
día de verano


martes, 11 de julio de 2017

SERGIO BADILLA




Responso por Ricardo Acevedo



La niebla pálida resbala a lo largo del camposanto
acariciando las viejas criptas
y las cruces recostadas en el verdor del suelo,
Hay rostros macilentos desafiados a una despedida
ojos con los párpados abatidos por el llanto.
Unas mujeres van y vienen hablando de Ricardo
y depositan un ramo de flores
a un costado  del féretro,
El corazón es traicionero como una serpiente
me dice al oído un hombre a quien no identifico
pero que me parece conocido.
Qué demacrados se ven los deudos.
Huele intensamente a flores marchitas
o a agua empozada en los tiestos,
La bruma anémica aún se arrastra a través de la necrópolis
ciñendo los mausoleos vetustos.
Es el momento final de los discursos
y el responso definitivo del adiós.
Pienso en las palabras del desconocido
que el corazón es traicionero como una serpiente
miro hacia la lejanía
y me parece distinguir la cara de Ricardo
alejándose hacia el oriente.



domingo, 25 de junio de 2017

SERGIO BADILLA



  
Al final del laberinto



Quizás el episodio del olvido sea una mala parábola
para espantar las sombras que se ciernen como un
afligido ultimátum..
Ando tras un hijo que se confundió en su nostalgia
y olvidó llamarme padre
con la misma indiferencia como los copos de nieve
se abaten en el pavimento de la calle solitaria
Soy yo quizás que desacierta en esta época de contraseñas
y secretos
con esta angustia que me aniquila tal un voraz incendio .
La ambigüedad desaparece cuando descubre su mesura
al final del laberinto.
Yo retumbo así un trueno en la distancia o en la cercanía
defectuosas mis palabras y mi voz
y me permito ser un roedor desorientado que socava
su guarida en la espesa bruma
con esta ansiedad que me devasta como un severo cataclismo.
Ando tras un hijo que se turbó en su tristeza
y omitió llamarme padre
con la severidad de los zorzales que resbalan en el hielo
y luego emprenden su vuelo
en la calle que continuará desierta.


  

martes, 20 de junio de 2017

SERGIO BADILLA




Fragmentos de la misma leyenda



Conservo en mi memoria las noches de mis padres
en la travesía desde el Cabo de Hornos hacia Valparaíso.
La sangre del bárbaro que migró desde Mongolia
hasta Tierra del Fuego.
Los rayos que opacaron la mirada de Jacob en el desierto.
La escritura cuneiforme de los babilonios ancestrales
en mi caligrafía primigenia.
Todos somos fragmentos de la misma quimera
fantasmas de señales longevas
en algún recodo del universo.
La realidad se obliga con sus aberraciones y manías
con sus abstracciones en la concordancia hemisférica
del cerebro
más cerca de la imaginación que del hastío.
Todos somos trozos de la misma fábula
deslices de frecuencias agónicas
en cierta afinidad de la materia.
Guardo en mis nostalgias el evangelio doctrinal
de mis abuelos
en la búsqueda de un edén entre los montes
en Babel o en Atacama.
La estirpe del sefardí que caminó desde Sefarad
hasta Los Andes.
El fuego que Moisés tuvo en sus manos.
Todos somos fragmentos de la misma leyenda.



  

martes, 13 de junio de 2017

SERGIO BADILLA




Nochebuena en Taipalsaari



Aquí hemos llegado al final del recorrido
a este pequeño pueblo de Taipalsaari
a la puesta del sol bordeando los lagos
donde hay hileras de pescadores con sus cañas
perpetuando costumbres ancestrales
que nacieron con los dioses
del Kalevala.
A un costado del camino veo a unos aldeanos
roturando la tierra
con un tractor
y junto a las a las orillas de la albufera
un sin fin de cabañas humeantes de un rojo granate
con saunas que abrasan su leña
en un cielo navideño donde el sol apenas se atreve
a salir entre las nubes
atestadas de tormenta.
y los trols tropiezan en la nieve oscura
con los iluminati y sus agujas persistentes.
Los carámbanos muestras sus uñas afiladas
como garras del Heikki Lunta
el dios de la nieve.
A medianoche
caminamos en grupo a través del bosque congelado
a la iglesia del pueblo
para la misa de nochebuena
¡Qué lástima!
Antti ha perdido la cantimplora con aguardiente
y ya no podremos calentar el alma
ni tampoco las extremidades.
Un viajero inveterado debe estar al tanto
de estas maestrías
por si se extravía en nochebuena
para no tropezar con los trols o los iluminati
entre densos boscajes de pino y abedules
de Finlandia.



miércoles, 7 de junio de 2017

SERGIO BADILLA




La luz no es un espíritu profético



Mis plumas eran breves como las de un  pájaro viejo
e íntimamente el esternón humillaba
con esa sugerencia minuciosa de fractura.
La luz no es un espíritu profético
sino la osadía de mi timidez en tu vientre
o el sigilo de mis párpados en tus noches.
Recuerdo que los espinos retoñaban en el páramo
de arena
y los reflejos del sol tropezaban con la misma piedra.
Los santos eran equívocos en esa patria sugerida
sus parajes inusitados y rigurosos.
Los zahoríes enganchaban sus armaduras
para desafiar al infierno
tal si un demente hubiese arruinado la tregua.
Entonces una grieta en el aire fragmentó las pilastras
de las enredaderas
y los buitres escudriñaron en la carroña ocultada
entre las zarzas.
Mi plumaje era perecedero como el de un ave longeva
y adentro los cartílagos de mi torso oprimían
con esa insinuación escrupulosa de quebranto
ante ese fulgor que privaba tus destellos en mi cara.




jueves, 1 de junio de 2017

SERGIO BADILLA




Décimo evangelio



Padre
te deseo la quietud de las horas apacibles
del sueño indestructible
aunque la muerte estremece el fundamento del origen y de la fábula.
Ha naufragado tu barco en la extensión del abismo más sombrío
en las mareas borrascosas, en el movimiento glacial del océano Pacífico
en una niebla.mañanera.
Cierro los párpados y al separar la densidad de las sombras te reconozco
tal vez con inocencia entre las oxidadas omisiones de la fantasía
únicamente estos verbos que enfrriaron tu éxodo.
No encuentro espacio para el dolor, sólo remanente de la reverberación de un pasado que no cierra la tristeza
Lejano ahora del rumor de la escena, del desaire y de la bienvenida a casa
después de un largo viaje a Brooklyng o al Golfo de Penas.
Qué vestigio de quijote silente, de tardía fama donde
la quietud atrapa y desfigura el esqueleto distanciado del aire salobre.
Estás cautivo en un domo y sin embargo duermes.
Olvido los afectos flemáticos y los veranos viajando en tren a la campiña de Yungay o del Itata
hendiendo el amanecer con su cegado frío.
¿Cómo no exhumar de su encierro el capote marinero y la cabellera enfrentada a un ventarrón en un mar encabritado en Tierra del Fuego?
No obstante suelo percibir en sueño los latidos de tu pecho, tu sangre que discurre reposada y cálida en mis oídos de impúber.
Te cuento padre
para concluir esta epístola
que esta madrugada he advertido la matriz del agua en
el arrecife de magnos oleajes
donde no hay gaviotas ni alcatrces
y el tiempo detiene el curso de la vida en.la oscura
profundidad.de un mar ignoto




lunes, 29 de mayo de 2017

SERGIO BADILLA



  
¿Qué hacíamos en la oscuridad de Samaria?



La ciudad dañada
el odio interminable
y la razón equívoca.
Un disparo acredita el desconcierto
de aquellos años de confusión y de quimeras
y el agua se entretejía y zigzagueaba
a través de las baldosas.
Lloriqueaban las madres
en retiro amargo en la sombría mazmorra
además silbaban los pífanos de los convoyes
en la vieja estación
con sus pescuezos negros desde lo alto
de las locomotoras.
Gandules  poseídos y soplones
espiaban para la jauría asesina.
El mundo se venía abajo con
las reglas marciales y los estrépitos.
Era reflejo de las ametralladoras en las ventanas
durante dos o tres veces por día tras un despojo
diferente.
¿Qué hacíamos en la oscuridad de Samaria?
con sus murallas inmaculadas en la curvatura
de los cielos
donde dominaron los impulsos envilecidos
de la locura
y no hubo lugar para la clemencia.



martes, 23 de mayo de 2017

SERGIO BADILLA



  
Una confesión de San Anselmo



Veo a los hostiles desde mi estacada
son ellos quienes acosan con sus armaduras
mi frontera
por eso asumo la fragilidad del vencido
en la trinchera interminable de estos días.
La oscuridad que oculta la conciencia es sibilina
y la casualidad es equívoca
una confesión de San Anselmo
o una sumisión de la razón para acomodarse a la herejía
Descubro a mis enemigos ya en las puertas
de mi morada
con sus apariencias malévolas
sus cartas bajo la manga
en la verdadera correría de la insania.
Soy un cátaro o un pagano que
se adapta a la paradoja
con la templanza del humillado
como una negación del raciocinio para
escapar de la duda.
La vaguedad que encubre el discernimiento es hermética
y el acaso es confuso.

Mis adversarios ya invadieron mi casa.