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martes, 26 de enero de 2016

BALAM RODRIGO




Abrilésima nostalgia



El marimbar de la lluvia es abrilésima nostalgia.

Un olor de mangos resucita los bemoles
que la tarde hiere al percutir su música de zinc
tras goterones y aguaceros.

De la trópica lluvia los tenues hilillos
escurriendo en paredones y arboladuras
cual aves en los postes de petrificada luz y canto
que fluyen hacia el mar
en una lunación de sextantes muertos.

Quejosa es su tonada, su piar de ninfas
que habitan en oscura sal y tesituras.

Ya canta la batracia tarde su creación madura,
su bichosa faz que de un salto inunda todo
con sus anclas de agua.

Lenguación tras lenguación, los líquidos insectos
muertan las ciudades:

Efímero es su lluviar entre los brevísimos nosotros.






miércoles, 20 de enero de 2016

BALAM RODRIGO



  
[ eternometraje montado en daguerrotipos
sobre las calles de una ciudad en deconstrucción ]



[…] yo corro por las calles porque el aire y no el polvo
es mi elemento : más ligero que un latido corazón
de colibrí , allanan mis pasos laberintos y pórticos
disimulados por banquetas , cruces , peatones ,
piedras, mujeres , cables ; esquivar las estocadas
de la muerte a cada paso es una tarea honda y sutil
cuando su máscara es el ruido , la miseria, la doméstica
agonía de los que me rodean a cada zancada ,
su extrañeza ante el silencio de mis pasos , y el ese ver
las cosas tan lento , sangre que fluye apenas coagulada
desde solitarios y frescos cadáveres , porque en la muerte
nadie nos acompaña , sólo ese perro triste que soñamos
la noche anterior , anémico al igual que la noche posterior
a nuestra partida ; potro alimentado por torbellinos
y pastos de mercurio , por gotas de sol que reverberan
la indolencia del verano y repiten una y otra vez los pasos
del lenguaje en nuestras venas : así troto por las calles ,
porque inmensa es la ciudad y abandonada
y herrumbrada como los ocres páramos que extraño,
fríos y violentos y también inmaculados
porque en esta urbe no hay siquiera una astilla de pureza
y la luz que le ilumina es absurda y esquirlada :
la extensión de la ciudad es igual a la de todos
los ladridos del corazón , rabiosa , enferma ,
imantada y más nómada que los árboles
que me persiguen ; los árboles y no los pájaros ,
me persiguen : por eso me deslizo espetando sombras
con mi sombra , y la sombra de las ramas
y los frutos sombríos de las yerbas me acechan
con todo su manar palomas glaucas y reptantes :
es verdad , los árboles y no los rostros , me persiguen ;
y yo ensueño y cerceno con mis párpados — tijeras
que recortan las imágenes que colecciono para habitarlas
después de mi muerte — el cielo todo , la gente toda ,
la vida toda : porque es prolongada e infinita
la posibilidad de cortar y pegar las imágenes
una vez vuelto a casa : abro los ojos frente a un cántaro
lleno de agua ( en el que caen los primeros iconos
idólatras ) y las imágenes pasan delante mío al igual
que páginas de luz sobre la corriente de un anchuroso
río ; y yo acomodo y reacomodo una y otra vez
las partes de ese eterno collage en construcción
hasta que la ciudad y sus seres son todos míos ,
y de nadie más ; por eso corro , porque una y otra vez
disparo el obturador de mis pupilas en esta infinita
película que pasa delante mío y que puedo apenas ver
aquí y allá sin saber cual será el final de este inmenso
y caótico eternometraje ; y no sigo más no porque aliento
me falte , sino porque tú , quien lees , eres parte
de esta cinta : tus ojos también han corrido de un lado
a otro , acompañándome mientras corro y salto
y capturo y vierto lo que apenas unas letras-calles atrás
dejé , y porque no hay ciudad más intricada e inextricable
que la página que ahora te dicto , y porque bien sabes
que al terminar esta línea , estaré otra vez cortando
las hojas de un árbol peregrino y las sombras
y las alas de los ángeles que guardo para ti , porque
yo también te veo , inmerso en esta inmensa escena ,
mortal y apenas vista , o cuando mucho , apenas leída ,
al igual que el polvo que no es mi elemento , sino
el aire que transita por mis venas , mientras corro ,
y te sueño […]


De: Icarías


jueves, 14 de enero de 2016

BALAM RODRIGO



  
[ impúrpura ]

esto del palabreaje humano es cosa mala, perro
max rojas (para él)



parten el aire los trinos de los perros ;
cánidas y mansas parvadas
orinan la roja línea del horizonte ,
olisquean las doradas fíbulas del sol :
impúrpura llaga en el crepúsculo ;
constelado por rumores de lluvia
y astros que mueren ahogados
en el humo , extiende el cielo su muerto
lienzo sobre la faz de la ciudad :
sarnosa niña de la noche ; vuelven
los perros a las ramas de un árbol
que crece en el insomnio : repliegan alas ,
lamen aire y silencio , y enroscan la cola
y la lengua sobre el nido ; entre pulgas
y aullidos , roncan y duermen los perros
mientras esperan soñar el sueño oscuro
de los hombres : alguno sueña que ladra ,
o peor aún , que escribe ;  



viernes, 8 de enero de 2016

BALAM RODRIGO



  
[ Graffiti nómada ]



ebria de perros , muerde la noche
con mandíbulas de vidrio la ciudad ,
las calles , la muerte ; fluye en silencio
la sangre almibarada de los signos
en nómadas lienzos que son muros :
decapitada luz que cifra sur
en olvidados , muertos trenes ;
agonizante magma que mana
de las casas y sus cántaros
de insomnio — luciérnagas baldías —
duerme a lo lejos , un puño de ciudad ;
orlan el cielo fugitivo las llagas
de la noche : leprosario infinito
que guarda el dolor y su pezón
de nadir ; ( un perro y su latido
lamen la yerba oxidada de mi sombra ) ;
orina la escritura oscuridad
en la garganta de los ángeles ,
vierte su leche negra en los linderos
de la página : su palimpséstico
aerosol , hace la noche ;



sábado, 2 de enero de 2016

BALAM RODRIGO




Abrilésima nostalgia



El marimbar de la lluvia es abrilésima nostalgia.

Un olor de mangos resucita los bemoles
que la tarde hiere al percutir su música de zinc
tras goterones y aguaceros.

De la trópica lluvia los tenues hilillos
escurriendo en paredones y arboladuras
cual aves en los postes de petrificada luz y canto
que fluyen hacia el mar
en una lunación de sextantes muertos.

Quejosa es su tonada, su piar de ninfas
que habitan en oscura sal y tesituras.

Ya canta la batracia tarde su creación madura,
su bichosa faz que de un salto inunda todo
con sus anclas de agua.

Lenguación tras lenguación, los líquidos insectos
muertan las ciudades:

Efímero es su lluviar entre los brevísimos nosotros.