sábado, 17 de enero de 2026


 

EDWARD CARPENTER

 

 

Tan tenue un velo

 

 

Tan tenue un velo nos separa
de tal gozo, más allá de las palabras,
caminando en la vida diaria—los asuntos de cada hora, cada detalle atendido;
y aun así llevados, arrebatados, por qué dulces torrentes de Otro Ser:
rápidos cauces de música fluyendo, luz brillando desde lo hondo de la Creación,
rostros amados mirando—
¡Ah! del verdadero, del yo mortal
tan tenue un velo nos separa.

 

 

MALEK HADDAD

 

 

El largo camino

 

 

Soy el punto final de una historia que empieza.
No lo olvidemos todo, no partamos de cero.
Intacta, en mis ojos, conservo mi novela
y, sin negar nada, vuelvo a ponerme en camino.
Soy el punto final de una historia que empieza.
¡Para qué intentar distinguir entre el cielo y el horizonte!
El baile no puede separarse de la música,
y mi chilaba lleva, por todas partes, mi casa.
Soy el punto final de una historia que empieza.
De mis dos Saharas sacaré canciones.
Intacta, en mis ojos, conservo mi novela.
Soy a la vez el alumno y la lección.
¡Dios mío! ¡Esta noche! ¡Tanta noche en mis ojos!
Mamá se dice Ya Ma y yo digo Ma mere.
He perdido mi chilaba, mi fusil y mi estilo,
y tengo un nombre más falso que mis costumbres.
¡Dios mío! ¡Qué noche! Pero ¿para qué silbar?
Miedo, tienes miedo; miedo, tienes miedo, tienes miedo,
puesto que un hombre te persigue como un espejo atroz.
Tus compañeros en la escuela, en las calles, en las acequias.
Pero os digo que soy un francés:
fijaos en mis vestidos, mi acento, mi cara.
Yo tengo por profesión una raza.
Para hablar de un comerciante digo tunecino.
Sé que el judío es un mal soldado.
¿Que soy indígena? ¡Vamos! Mi hermana no lleva velo
y en el Instituto obtengo todos los premios de francés.
De francés, de francés, de francés… en francés.

 

 

FRANCISCO ANTONIO GAMBOA

 

  

A mi Hermano Isaías

 

 

¡Al fin le pone término la tumba compasiva
al viaje que viniste del austral hemisferio!
¡Ya cesó tu nostalgia del patrio cementerio!
¡Ya por siempre reposas en la tierra nativa!

¡La tierra que cantaste! En tierra primitiva
hermosa como un astro, grande como un imperio;
la que infundió tu espíritu, con arcano misterio,
el aliento divino de tu alma sensitiva.

Yo, … de esa tierra lejos… ¡Tantos años ausente!
– de mi amarga nostalgia la herida siempre abierta –
¡no puedo estar contigo para estrechar, doliente,
entre mis manos trémulas tu mano inmoble y yerta,
para poner mi frente sobre tu helada frente,
para imprimir mis besos sobre tu boca muerta!

Y al arrullo de tus olas, cadencioso como un canto,
duerma yo mi último sueño misterioso, bajo el manto
de tus cándidas espumas, de tus iris, de tus brumas,
¡verde mar!

 

 

ANA PÉREZ CAÑAMARES

 

Cómo suena la lluvia

 

 

al soltarse de la nube

cuán largo es el minuto en la piedra

cómo transcurre el domingo

bajo el manto del musgo

 

qué síntoma de la muerte

sacude al estornino

quién dice yo dentro de la manzana

qué pensarán los pulpos

de la melancolía

 

de cuántas formas se vestirá el ser

antes de mudar en desnuda nada.

 

De: “Seronda”

 

LISETTE VEGA DE PURCELL

 

   

Perplejidad


Temporada de la mar incierta.
Nada impide que me lance a la cubierta

de un barco a la deriva
con su carga de soledades

entrelazadas en la urdimbre verdinegra de las profundidades
“con sus arpegios en sus nervios locos.
Viento de loco aire de semillas de luminosidad.”¹
En la imperturbable niebla

cubriendo el mar desolado

de las almas que partieron
sin decir adiós.

 

 

De: “Eterno movimiento”

 

 

1.- Ulises. James Joyce.

 

 

EDILBERTO DOMARCHI

 

  

Los dos seres en el más dulce durazno

 

 

Yo era un hombre que compartía
las dulcísimas estrellas
con una mujer suave
Yo era un hombre devorador
de sus golfos de miel,
yo exploraba su país y sus rincones,
sus volcanes, lagunas
y el húmedo salar
de su amorosa boca perfumada
un y mil veces / las dulzuras de su timbal
azotaban mi carne con delirio.
Pero era tan increíble el universo
que su querida flauta se secó,
huyó lejos de aquella ardiente tempestad
y hoy día no queda ni el recuerdo
del oboe ni el eco de la galerna del amor.
Quienes vayan a conversar con la tarde
o con los ángeles testigos del pan y de la miel.
Le ofrecerán a Ud. frágiles caramelillos
pero jamás del aire que perfumó el duraznal.