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martes, 26 de agosto de 2025

JÓZSEF ATTILA

 

 

Mamá



Desde hace una semana, en mi mamá
sólo pienso, abstraído; en mi mamá.

Con la chirriante cesta a la cintura,
iba siempre al desván en su premura.

Yo era un hombre sincero todavía:
chillaba, pataleaba. Le decía:

deja para otro ese pesado y gran
bulto, mi madre, y llévame al desván.

Sola se iba a tender, calladamente,
sin regañarme, sin mirarme, ausente.

Y las ropas crujían, luminosas,
revoloteando en lo alto, jubilosas.

Aunque para llorar es tarde ya,
sé cuan inmensa eres, mi mamá.

Flota en lo alto su agrisado pelo
y echa su añil en el agua del cielo.

 

 

 

miércoles, 20 de agosto de 2025

JÓZSEF ATTILA

 

  

Bella mujer de antaño



Bella mujer de antaño que quiero ver de nuevo,
ella en quien se escondía el cariño de un hada.
Cuando íbamos los tres a pasear por los prados,
iba, grave y risueña, sobre el fango ligero.
Y si ella me miraba no evitaba un temblor,
bella mujer de antaño que quisiera no amar.
Sólo quiero mirarla de nuevo, simplemente
mirarla soñadora bajo el sol del jardín,
un libro entre las manos, cerrado como ella,
y en torno, los tupidos follajes en el viento
de otoño. Quiero verla, meditando despacio,
como pensando en algo, en el quiosco sonoro,
mirar furtivamente y emprender el camino
que se oculta en las frondas y va a la lejanía.
Las dos hileras de árboles le dirían adiós.
Como un niño que mira a su madre ya muerta,
así quisiera ver una vez más a aquella bella
mujer de antaño que se pierde en la luz.

 

 

 

jueves, 14 de agosto de 2025

JÓZSEF ATTILA

 

   

Saludos a Thomas Mann



Como el niño que ya quisiera descansar
y ha llegado a la calma del lecho del hogar
y todavía pide: "¡No te vayas y cuenta!"
(que así la oscura noche no lo asirá violenta),
mientras su corazón palpita atormentado
sin saber qué prefiere, si estar acompañado
o escuchar que le cuenten historias formidables,
nosotros te pedimos que te sientes y hables.
Hablamos como ayer, aunque no lo olvidamos.
Di que estás con nosotros y nosotros estamos
contigo, todos los que respetamos tu nombre
y tenemos problemas a la altura del hombre.
Tú que sabes muy bien que el poeta no miente,
háblanos de la luz que brilla en nuestra mente
y, allende lo real, muéstranos la verdad.
Así juntos podemos vencer la oscuridad.
Haz que, como Hans Castorp, que veía a través
del cuerpo de madama Chauchat, podamos
escrutarnos esta noche. Por tu hablar melodioso
no pasa el ruido. Háblanos de lo malo y lo hermoso,
que del luto al anhelo pueda el pecho ascender.
Al pobre Kosztolányi¹ enterramos ayer
y, como abrió en su cuerpo el cáncer un abismo,
Estados-Monstruo roen sin tregua al humanismo.
¿Qué más vendrá, inquirimos —las almas de horror
plenas,
de dónde nos azuzan nuevas ideas-hienas?
¿Hierven nuevos venenos que quieren infiltrarnos?
¿Y hasta cuándo habrá un sitio en que puedas
hablarnos?
Queremos que, al oírte, o nos abandonemos
y que todos los hombres como tales quedemos,
y que nuestras mujeres sean libres y hermosas
—todos seres humanos— pues ahora estas cosas
escasean. Maestro, siéntate y haz tu cuento.
Te escuchamos. Y alguno estará muy contento
nomás que de mirar, aquí frente a estos bancos,
a un europeo entre los blancos.

 

1.- Dezó Kosztolányi (1885-1936), célebre narrador, ensayista y poeta húngaro.

 


viernes, 8 de agosto de 2025

JÓZSEF ATTILA

 


 

 

Marzo


I

Una tibia llovizna cae serenamente
y la espiga del trigo joven sube hacia el cielo.
En una chimenea la cigüeña se instala
y el invierno, abatido, se muda a los glaciares.
Llegó la primavera con su alegre violencia,
llegó la primavera con verdes estallidos.
Delante del taller de un carpintero
exhala la esperanza olor a pino.

¿Qué dicen las revistas? Una banda saquea
a España y la devasta.
En China un general estúpido
quita a los campesinos
sus pedazos de tierra. La guerra hace amenazas.
Las camisas más limpias ya se empapan de sangre. Los pobres están siendo torturados.
Los que atizan la guerra gesticulan.

Alegre soy: tengo el alma de un niño
y Flora me ama. Contra nuestro amor
—amor bello y desnudo— avanza al populacho
desfilando con hierros y con tanques.
El celo de esta chusma
me asusta, desde luego,
y sólo obtengo fuerza y esperanza
en interés de nuestras vidas.


II

El hombre es mercenario, la mujer prostituta.
Entre sus corazones y el mío no habrá diálogo.
Sus maldades también están infladas
y temo por mi vida
que es todo cuanto tengo.
Mi mente, precavida, piensa en esto.
Y cuando el globo herido ya está helado
el amor de mi pecho y mi Flora arderán.
Una hermosa muchacha, sabia, procrearemos,
y también un varón inteligente y bravo.
Ellos heredarán un jirón de nosotros
como la vía láctea guarda la luz del sol.
Y cuando el mismo sol ya sólo parpadee,
mientras charlan, confiados, volarán nuestros hijos
a bordo de máquinas buenas
en pos de las estrellas laborables