miércoles, 7 de enero de 2026


 

ALFRED DOUGLAS

 

 

Canción

  

Robad a los prados, saquead las colinas verdes,
arrebatad los brotes de mi huerto, dejadme ceñir
una corona de flores y narcisos,
porque mi amor es bello, blanco y bondadoso.

Hoy el mirlo ha cantado su frase más fina,
las flores, con su incienso, embriagaron el aire,
Dios se inclinó a dorar el corazón de las margaritas,
porque mi amor es bueno, blanco y bello.

Hoy el sol besó a la hija del rosal,
y el triste Narciso, pálido acólito de la primavera,
inclina la cabeza y sonríe al agua,
porque mi amor es bueno, bello y blanco.

Un atardecer de invierno

El cielo helado, como un horno en llamas,
el aire cortante, nítido y frío,
y un ocaso que salpica las nubes de oro;
pero mi corazón vuelve al verano.

¡Vuelve, dulce verano! ¡Vuelve otra vez!
Odio la nieve,
y los vientos helados que soplan del norte,
y la caída de la lluvia congelada.

Odio la tierra de hierro,
las rosas de Navidad,
y el día enfermizo que muere al cerrarse
sin canto ni sonido.

¡Vuelve! ¡Vuelve! con tu calor apasionado
y tus brumas ardientes,
y tu sol que brilla como la mirada de un amante,
y tu día de pies cansados.

 

JENNY WASIUK

 

  

Génesis

 

 

Antes del principio
hubo orden,
[recato de hormonas
en abismos estériles]

El cuerpo desierto
de sensaciones
adrenalizó sus aguas
inundándose
hasta la cima.

Y fue la luz
-de unos ojos-
en el cenit
suspendida,
forjadora del génesis
-apocalíptico-
que hoy me atrapa…

 

 

WENDY COPE

 

 

Dejar de fumar

 

 

No hay soneto de Shakespeare
ni cuarteto de Beethoven
más fácil de querer que tú
ni más difícil de olvidar.

¿Te parece exagerado?
Aún no he terminado:
me gustas más de lo que me gustaría
fumarme un cigarrillo.

 

 

DAVID WAPNER

 


 

Ojos

 

Te pregunto:

si te miro
a través del vidrio
de la ventana
de tu casa
que da a la calle
más populosa de la ciudad
y otros cien
de los miles
que transitan día y noche
por tu vereda
se detienen también
a mirarte
y yo
mezclado entre todos
a pesar de que me estrujan
persisto allí,
¿podrás distinguirme?

Te respondo:

Claro que sí,
por supuesto;
en tal situación
tu rostro denotaría
el típico gesto
de globo que va a estallar
y tus ojos,
empecinados en mirarme,
bailarían la danza
del huevo desbocado

Respondo a tu respuesta:

Cruel qué cruel
eres cruel
con el hombre que te ama
y no consigue
no
consigue llegar a tí
por culpa de esa vereda
atravesada por gente
tanta gente me impide acercar
a tu ventana
ventana que siempre cierras
qué cerrada está
a mis manos
a mis ruegos
a mis ojos
a este corazón
que late
apretujado
por el gentío
¡Si has de herirme no respondas!

Respondo no obstante:

Qué sensible eres,
mi inocente broma
consideraste como afrenta;
no se si quererte por esto
o tomarte por un tonto.
Y ahora que
caigo en la cuenta y pienso,
¿quién eres tú?
¿cuál es tu nombre?
¿de dónde has venido?
No te conozco,
¿por qué me galanteas?
¿por quién me tomas?
¿te simpatizo?
¿por qué,
si no me conoces?

Respondo y me enfado:

Pero, Mimí,
¿no te acuerdas
de aquél día de febrero
en la calle Chacabuco
con un sol que rajaba,
y tú,
que subías a un taxi,
y yo,
que bajaba del mismo
y te miré
y me miraste
y te dije “hola”
y tú
“adios”

Te respondo sin demora:

Te equivocas, Alfonso,
yo aquel día
no salí de mi casa
me quedé leyendo cartas
de un antiguo novio
y otras
de un novio más reciente
¡Ese día, imposible!
¿No podría ser
la semana que viene?

Respondo y me entusiasmo:

¡Claro que podría!
Quedemos para el lunes
a las cinco de la tarde
¿No te parece?

Respondo y concluyo:

Sí. sí y acepto,
Alfonso, mi amor,
hasta la vista.

Concluyo yo también:

Hasta la vista,
Mimí, Mimí,
Mimí.

 

 

BERLIE DOHERTY

 

  

Papá

  

Papá es el hombre que baila
el oso que ríe, la barba que pincha,
los dedos que hacen cosquillas, rugidos de jungla,
potro salvaje, caballo balancín,
el tiovivo helicóptero,
el corre contra el viento entre gritos y risas,
poste de gol, fantasma que asusta,
Jack trepador, espalda jorobada.

Pero a veces es
¡Vete, por favor!
un gruñido roncador, un cuerpo desparramado,
una boca que bosteza, un bulto dormido,

y yo soy una cometa sin cuerda
esperando a que papá vuelva a bailar.

 

 

LILIANA ANCALAO

 

 


las mujeres y el viento

 

 

él siempre va a volver
me previno la griega
traduciendo la borra del café
y me hablaba de un hombre
yo pensaba en el viento

el viento siempre vuelve
pero esta ciudad no se acostumbra
anda
cada vez
desaforado por las calles
a brochazos de tierra
borrándonos los pasos

se nos vuelan los pájaros
los olores
la ropa
se desafina la casa
la memoria se astilla
y hay que poner la pava
preparar unos mates
y esperar
a que se vaya
en unos días
unas semanas
vaya a saber
con el cambio de luna

como un tremendo viento
dicen que fue el malón
un torbellino en contra de los días
y eso que los antiguos eran duros
como rocas
firmes
ahí quedó su sangre
desparramada
me decías abuela
y tu recuerdo es el lago
al que me asomo
para sorber un trago

y aquí hasta la noche se ha opacado
el viento ruge
arrancando hasta las ganas de quedarse
seguro que las lomas quedaron peladitas
por ahí andará el ruego de ignacia quintulaf
porque su hijo no volvía
el humo de la yerba y el azúcar quemadas
subiendo apenas
un poco más que el taill
y es una pausa su voz

el viento siempre vuelve
quiere rendirnos a nosotras
probarnos las raíces
llevarse algunas
arrastradas
o girando
yo prefiero esas matas livianas
a estos huesos espesos
que reventarán contra el cemento

él siempre va a volver
pero no tenga miedo
agregaba
la griega
porque también se irá

el viento amaina
y el planeta se pone transparente

éste es un olmo
y señala mi hermano
un tallo y unas hojas
alzándose del suelo
desafiantes
pienso que el viento nos trajo su semilla
desde el boulevard
y ¿ves? aquí hay otro

quiero decir
ricardo
tus hijos son tan claros
como estos olmos
pero tengo todavía
arena
en las coyunturas
y no hay palabras
quién sabe adónde
las estará sembrando
el viento