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sábado, 27 de octubre de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARREÓN





Silueta detrás de una ventana



Que no sepa la rosa que la miras
ni sepa nunca el agua de tu sed.

Que las nubes
no se sientan flotar
en el azul profundo de tus sueños.

Que nunca sepa el mar
que palpita tu ser al ritmo de las olas.

La montaña,
que no te oiga suspirar sobre su pecho.

El bosque,
que ignore que podría extraviarte.

Que no sepa la tierra cómo mirar
sus frutas más sabrosas
y festejen tus ojos su belleza
sin que ella lo sepa.


domingo, 21 de octubre de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Sin edad

                                                    "Es tarde para la rosa.
                                         Es pronto para el invierno."
                                                          Dulce María Loinaz



Hoy sueño que caminas a mi lado
y juegan en el suelo nuestras sombras
como gráciles aves sin edad.
Y la sombra sin edad de tu mano
acaricia un lugar en el suelo
donde podría estar mi corazón.
Y la sombra sin sombras de mis labios
busca el lugar exacto
donde dejar los besos, las palabras.

La soledad es sólo
el peso de tu nombre en la memoria.




lunes, 15 de octubre de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Tienda en casa



Reciba, sin gastos de envío,
su sonrisa restaurada y blanqueada,
fácil de montar,
sin baterías,
biodegradable,
autoadhesiva,
inodora,
a prueba de bombas,
retransmisiones bélicas en directo,
genocidios,
intervenciones aliadas y ataques a objetivos no civiles
que al final resultan ser un puente, una fábrica,
quién sabe si algún parque,
eso sí, no civil.

Pruebe sin compromisos
nuestra sonrisa
sometida a los mejores controles de calidad
y vuelva a brillar con luz propia
en todo tipo de acontecimientos.

Si no queda conforme,
le devolvemos su tristeza.



martes, 9 de octubre de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Una mujer madura que contrata una cita

                                                                    "Ante la ficción del alma
                                                y la mentira de la emoción”
                                              F. Pessoa


Nos movemos con tanta soltura. Nuestra elegancia es tal.
Gira a mi alrededor para que yo, detenida en mi espacio, te contemple.
Ahora quieres quemarte y por eso te acercas.
Finjo que no te veo, juego a darte la espalda.
Te pregunto quién eres y, a la vez, pongo un dedo en tus labios.
"No. No quiero oír tu voz. No me digas tu nombre.
Eso fue lo acordado."
De noche, en el jardín, abro mi corazón entre la madreselva.
"Me gusta pasear apoyada en tu brazo,
pensar que te conozco desde siempre,
que llevamos largos años sin vernos."
Hablo de ideales perdidos,
de cómo fue la vida la que puso cada cosa en su sitio.

"Ay, la vida." Se me escapa un suspiro
y la vida me resulta muy breve.
Digo que siempre estuve en el lugar exacto en el momento exacto.
Siempre digo esas cosas.
Luego me abrazo a ti y te beso en los labios.
"Vámonos a mi casa"
Te dejo que conduzca y recuerdo la canción de Los Beatles
"baby you can drive my car and maybe I’ll love you..."
A través del espejo la llave gira y oigo
los siete abracadabras de los siete cerrojos.
Todo estaba previsto en el País de Nunca Jamás.
En un interruptor se encienden siete lámparas
que iluminan lugares muy concretos.
Ya no nos quedan vírgenes que mantengan las velas encendidas
aguardando la vuelta del amado,
ese que nunca vuelve, bien es cierto, porque nunca es el mismo.
"Me gustaría subir las escaleras desnudándome como sale en la tele"
digo y me río.
Espero por ver amanecer y así poder mirarte
para después no verte nunca más.
Eso fue lo acordado.

En el baño me quito el maquillaje.
Sobre el lavabo nievan algodones
rojos, negros y ocres.
Me detengo a mirar el verde de la sombra de ojos.
Pienso en las sombras y en la triste servidumbre de mis ojos
y pienso en el carmín que ya no se derrite entre los labios
y en tranvías lejanos cargados de deseo
y duele la claridad del día que me espera
y quisiera arruinarme como Gil de Biedma.




miércoles, 3 de octubre de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Razones

                                                  "Bien está en otros sostenerse.
                                        Porque nadie soporta la vida solo."
                                                                                        F. Hölderlin



Y porque estamos solos empezamos un verso.

Porque sentimos frío acercamos las manos
al calor de unos seres imposibles y bellos
que nos prestan sus ojos para observar el mundo.

Porque tenemos miedo miramos otras muertes
y en nuestra oscuridad encendemos un sol
de mediodía, inmóvil, que no se irá al ocaso.

Huyendo del dolor fatigamos el cuerpo
por calles de ciudades que nunca son la nuestra
de la mano de gentes que habitan en nosotros.

Porque tenemos prisa inventamos finales.
Porque nos falta el tiempo inventamos más tiempo.

Porque somos tan pobres no nos pesa apostar
lo poco que nos queda a este número incierto.

Porque somos humanos miramos a los dioses.
Porque no somos dioses jugamos a crear.


 

jueves, 30 de agosto de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN




Mientras duermes te miro...



Mientras duermes te miro.

Me recuerdas
el frío de las fuentes en los labios,
el prado debajo de la espalda,
la indescifrable danza de las nubes,
el dulce sabor de diminutos dedos en la masa,
la tierra en las uñas,
los pies mojados en los charcos,
los bolsillos repletos.

Contigo junto a mí
los días recobran la suave textura de la cera
y repiten mil veces el amanecer.

Contigo junto a mí
veo pasar de largo la tristeza.


De: "Escenas principales de un actor secundario"


viernes, 24 de agosto de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Personaje a punto de cruzar la calle



Qué nostalgia infinita nos acecha
ahora que las ventanas sólo son
rectángulos vacíos de cristal y madera
contra la densa niebla de la tarde
y el otoño ha llegado
tras esa larga enfermedad que es el verano.
Qué pobre este ahorrar para luego
sin saber para cuándo,
y que las cosas ya no sean,
sólo sirvan,
y que se cierren puertas para siempre,
y marcharme
con lo que quise haber dicho entre los labios
y cruzar la avenida
cuando cambien a verde los semáforos.



sábado, 18 de agosto de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Motel, money, murder, madness



Todas las calles de aquella noche iban al cielo.
Ella surgió del fondo de su vaso.
Quiso beber con él sin prisa.
Quiso saber su historia
mientras le deshojaba el corazón.

Más tarde
le pidió con los labios que se fuera con ella.

Confundir puede el cuerpo el placer con la muerte.

Pasaron como una exhalación por su memoria
la luz mortal de las farolas,
la sombra del sombrero,
el verde botella de los ojos de la chica

mientras se ahogaba en un charco rojo de pétalos.


domingo, 12 de agosto de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Oráculo



No cruzaste aquel puente
y su remota voz de musgo
se enredará por siempre entre tus pasos.

Te dio miedo bajar las escaleras
y un negro precipicio de peldaños
se abrirá a tus pies cada mañana.

Desde hoy
todos los lechos
donde busques descanso
se llenarán de pozos
y caerán confundidos
tu rostro y sus caretas.


lunes, 6 de agosto de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN




  
Mensaje de Robinson a todos los náufragos



No hay certezas detrás de tanta espera.

Náufragos que pobláis cualquiera de las islas
de este mar de silencio, transcurridos los años,
admitid de una vez que habéis sido olvidados.

Quizá pasaron barcos o pudieron ser sueños.
Escuchasteis canciones hechas de blanca espuma
que venían de lejos a embriagar los sentidos.

No miréis más el agua. El mar no es salvación,
sino vuestra locura. Las olas nada ofrecen.
Perdida ya la fe, no miréis más al mar.

Dirigid vuestros pasos sin dudar tierra adentro,
sin añorar más suerte. Dominad vuestras islas,
preparad la cosecha y recibid los frutos.

Levantad vuestra casa sobre firmes cimientos,
como si en ella hubierais de estar hasta la muerte,
esperada visita que arribará a la costa.

Cercioraos de estar completamente solos
y ordenad la soledad sin rabia o desaliento,
como si nadie hubiera de encontraros jamás.


jueves, 26 de julio de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN




  
Manos pintando en una cueva
        


Pasas las horas mirándote las manos.
En esta oscuridad tus manos son el fuego y las antorchas.

Hay un presentimiento que roza las paredes de tu alma.

Tus manos se parecen a árboles desnudos,
a rutas que se pierden en los sueños.

Cuando abres las manos es como si mostrases un tesoro.

Muy temprano recogiste la sangre
y su olor a impaciencia se vierte por la cueva.

Es extraña la sangre.
Son extrañas las manos.

Frenéticamente mojas tus manos en la sangre una y mil veces.
Frenéticamente imprimes tus manos una y mil veces
en el duro silencio de la piedra.


viernes, 20 de julio de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Ley de vida



No pudrirse:
imposible deseo de las frutas.

No pararse:
ambición y condena de las fuentes.

Los pastos van cerrando
el camino sin nombre del collado
por el que tú volvías.

Conozco bien las piedras
desde donde tus ojos oteaban
los tesoros del valle.

Subo la cuesta
y nadie va delante.
Bajo y tu sombra
no me sigue los pasos.

Mi corazón se ha vuelto
charco turbio de lluvia
donde tiembla tu rostro.




sábado, 14 de julio de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Escultor con estatua



Duermo bajo tu luz y me despierta
un eco de latidos que viene de muy lejos.

Dejo caer mis dedos
por el caudal crecido de tu inmóvil cabello
y acaricio tu rostro,
tus mejillas, tus labios,
con mis ojos cerrados,
en lo oscuro, despacio,
voy a tientas, recorro
la nieve antes no hollada de tu carne.

Quiero sellar las grietas
que el tiempo helado forma
y cerrarte los ojos sobre sueños
y tenerte por siempre en mi hermosa mentira.

Quiero habitar tus brazos
que sólo viste el aire
y entrar al cielo inmóvil de tu alma
y ver mi soledad reflejada en tu pecho.

Bajo mis manos eres
la luz del primer día.



domingo, 8 de julio de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN




De senectute



Cuando yo era muy niña
las viejas se peinaban como diosas.
Me gustaba acercarme y contemplar
el sencillo ritual de cada día:
las viejas, sentadas a la puerta,
esperaban tranquilas a sus hijas
que llegaban alegres, bulliciosas,
a deshacer el moño del día anterior.

Con la mirada absorta de la infancia,
observaba caer los escasos cabellos
sobre los hombros secos y la espalda abatida.
Las viejas elevaban hacia el cielo su rostro
con los ojos cerrados
y no podía yo quitar mis ojos
de la piel transparente de sus sienes,
de la azulada red de duras venas,
de los largos mechones apagados.

Así avanzaba otro día,
se tejían las trenzas con esmero,
se trataban asuntos de mujeres,
a veces susurrados,
a veces relatados con viveza,
mientras peinas y horquillas
flotaban en la blanca palangana.

Cuando yo era muy niña
las viejas iban siempre de negro
y vivían
cara al sol en silencio y con los ojos cerrados,
y se peinaban
como si fueran diosas.
Pero aquel elegante recogido que tanto me gustaba
acababa cubierto por un pañuelo negro,
un día más, oculto.
un día más, perfecto.


De: "Ningún mensaje nuevo"


lunes, 2 de julio de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





El poeta aguarda, impaciente, la llegada de alguna musa        

(Estudio de escritor. Mesa de gran tamaño. Estanterías llenas de libros.
Puerta al fondo entreabierta. El personaje camina de un lado a otro del escenario
.)



Que alguien recomponga los jarrones
rebosantes de rosas.
Necesito más luz
sobre el brazo desnudo que ahora escribe.
Los libros, que se vean desde todos los ángulos.
Unas hojas tiradas por el suelo pueden
crear ambiente.
Si es posible,
que caiga por completo la noche.
Una luna entre nubes
podría sugerir un halo de misterio.
En la calle
que parezca que la lluvia ha caído.

Ella entrará por la puerta del fondo.
Traerá el cabello húmedo -podría haber un fuego
donde secarlo lenta, muy lentamente-.
No hablará.
No hablaré.
El silencio es lo más apropiado.
No elevaré los ojos para verla
hasta pasado un rato.

Ella irá hacia las rosas con aire ensimismado
y mirará la luna caminar por mi cielo.

Necesito más luz sobre mi mano.
Necesito más luz sobre las rosas
y un fuego y una luna y un cielo
antes de que ella llegue.

Y que haya llovido.




miércoles, 27 de junio de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Infancia


Soñaba el corazón…

¡Oh sueños de la escuela!
Concha Méndez

Calles estrechas,
balón,
cristales rotos,
la rodilla escociendo sobre el suelo,
última fila en clase,
solitarias vocales buscando consonantes,
los números en serie bajo las uñas sucias
y un nombre escrito en todos los cuadernos,
en todas las paredes,
sobre tu propio aliento en el espejo,
tu mano en el alféizar alimenta a los pájaros
mientras repites
que España limita al norte con el mar Cantábrico
y alguien te clava espigas
en el jersey de lana.


De: "Ningún mensaje nuevo"


jueves, 21 de junio de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Equipaje



Mantén, camino, tú, la esperanza.

Van cayendo los días
en las secas cunetas de mis años,
pasan las estaciones,
otros son los viajeros que hoy marchan a mi lado,
ha caído algún árbol que estuvo antes erguido
y las aves que perdieron el rumbo
vuelan ya de regreso.

Manténte tú, camino,
con cansancio y con sed, con hambre y con deseo,
y dame tus placeres,
tu empinada hermosura hacia el ocaso.
    

De: "Atracciones de feria"
 

viernes, 15 de junio de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Carpe Diem para un amante indeciso

                                   Tómame ahora que aún es temprano
                                                                   Juana de Ibarbourou




No entiendo tus palabras
ni los goces que ofreces
siempre para más tarde,
siempre un poco más lejos,
como una cena fría
tras el castigo impuesto.

Sólo sé dar razón de aquí,
de este momento,
de tus labios frutales
saliendo del invierno,
de mis manos hambrientas
rebuscando en el fuego,
del sabor de tu espalda
cuando empieza el deshielo.

Gocemos todo aquí,
si puede ser ahora,
lo presente y concreto,
lo seguro y lo cierto,
los placeres del alma
con el cuerpo.

No entiendo tu lenguaje
de promesas al viento.

Sólo quiero saber:
¿te quedarás más tiempo?


De: "Ningún mensaje nuevo" 



sábado, 9 de junio de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





En los parques



En otoño era fácil darnos a la emoción
de deambular sin rumbo y disfrutar pisando
las hojas en los parques.
Fue antes de que supiéramos que sólo caen las hojas
secas, envejecidas, amarillas y muertas,
como marchitas páginas.

Si fuésemos capaces aquí, en este momento,
de sujetar las riendas y frenar el galope,
sin querer llegar nunca,
acariciando el suelo, el aire acariciándonos,
sin saber hacia dónde, sin pensar en el cuándo,
sin final ni principio,

y en un girar continuo de palabras al viento,
cerrar todos los libros, quedarnos detenidos,
tender el alma al sol
tenue de los recuerdos que alguna vez quemaron
los labios y los ojos, y que ya sólo son
desorden de papeles.


domingo, 3 de junio de 2018

IRENE SÁNCHEZ CARRÓN





Geografía



"Eres libre" -dijiste.
Yo te miré en silencio
con la expresión absurda
de esas viejas muñecas
que se pierden un día
tras haberse arrastrado
por todos los caminos
sin rumbo de la infancia.

"Puedes ir donde quieras"
-dijiste. Y de repente
encogieron los mapas,
no hubo puertas abiertas,
una goma invisible
borró todas las calles
y entonces fue el dolor
un camino sin tierra y sin orillas.