sábado, 3 de octubre de 2026


 

DOROTHEA LASKY

 

 

 

La muerte y Sylvia Plath

 

A mi alumna del city college
Le gustan mucho los poemas de Sylvia Plath
Está escribiendo una monografía sobre
Lady Lazarus
Me cae bien esta alumna
Que pasa parte de su tiempo
Sentada frente a mí contándome
Cómo en el poema, Plath pasa de objeto
A animadora
Y finalmente a demonio
Sí, tenés razón, le digo
Estamos satisfechas
Después me pregunto
¿Por qué a las mujeres jóvenes les gusta Sylvia Plath?
¿Por qué no a todos?
La alumna me dice que cuando era joven
Le gustaba Plath
A mí también
Yo no monté caballos
Sylvia Plath montaba caballos
No tengo una tesis
No tengo una estructura
Soy un demonio
Hay vetas azules en el cielo
Es primavera
No soy vos
Ni quiero serlo
Son las 21:02 del 21/02/2010
No estoy viva
No, no estoy respirando más
No vivo en este mundo
Ya vivo en el otro

 

Versión de María Ramos, Valeria Meiller y Cecilia Pavón.

 

 

HOWARD NEMEROV

 

 

 

A los maniquíes

 

Imágenes adorables,
yeso blanco
lirios del campo,
no estás vivo así que el patetismo
estará fuera de lugar.

Pero he aprendido
un dato sobre tu destino,
y es este:

después de que pases de moda
bajo tus muchas modas,
o cuando tus codos y rodillas
hayan sido magullados hasta quedar blancos como el polvo,
para que no le sirvas a nadie

te quitarán tus vestidos,
tus trajes de luto y tus trajes de baño,
dejando expuesta ante todos los hombres
tus vientres inaccesibles
y nubilidades sin sentido.

Los transportistas vendrán por la noche
y te cargarán en camiones
y te llevarán a los campamentos,
donde los soldados, o la Policía Estatal,
te usarán como objetivos
para la práctica con armas pequeñas,

lo que me lleva a preguntarme,
ya que el patetismo está fuera de lugar,
¿qué es lo que están practicando?

 

Versión de Germán Carrasco.

 

ANTONIO MÉNDEZ RUBIO

 

 

 

A flor de piel

 

El tiempo de morir
no lo conoce.

Pétalo por pétalo
se cierra de noche

como si luz por luz.
Turno sin hábito.

El tiempo dado
lo dice todo.

 

De: “Peor que pedir”

 

 

DANIEL FERNÁNDEZ

 

 

 

Noche buena

A Basilisa Rubio Vargas

 

Para mí se trataba
de recobrar la Navidad,
ya fueran los cencerros en la nieve
o aquel castillo de los Lego.
El 24 estaba aquí
y tú venías achacosa,
dispuesta un año más para el invierno.
En el salón sonaban villancicos
(Campanas de Belén…),
y las noticias de Israel y Gaza
(… ¿Qué nuevas me traéis? )
ardían en los dedos.
Fue entonces cuando, abuela,
dijiste aquello por lo bajo:
«Yo solo sé lo que sabía».

 

De: “La vida por delante”

 

 

PHILIP LEVINE

 

 

 

14 de febrero

 

Me despierto en un amanecer de hace treinta
y seis años y veo
sus párpados abrirse
dándome la bienvenida. Me viene
a la memoria cuando me rodeaba
con sus largos brazos, lo recuerdo
hasta que el instante se pierde
entre las horas del olvido.
El resto de nuestras vidas
es el árbol tras la ventana
que gime con el viento. En otras
habitaciones se oye el murmullo
de otras casas, pero no nos importa
y seguimos escuchando
sin preocuparnos hasta que nuestros nombres
se funden con el viento. Una habitación
desnuda, sin cortinas,
en una ciudad perdida hace tiempo,
nos acoge en la extensa
e inconmensurable luz. También
nos acompaña una melodía. La oímos
en las pequeñas lagunas
donde se juntan las aguas del invierno,
en las heladas gotas de lluvia
que caen de los aleros
hasta los charcos que se forman
en los minúsculos llanos. Seis semanas
y el mundo entero habrá reverdecido.

 

Versión de Juan José Vélez Otero.

 

ÁNGELA MALLEN

 

 

 

 

                                      Cal (Zambra)

  

                        Blanca la calle, blanca

                            la casa,

                            y la luz también blanca.

                            Sábanas en los patios

                            aleteando hacia el cielo

                              habitado: aeroplanos

                            de tiza,

                              cigüeñas y palomas.

 

                            Cuánto blanco recuerdas.

                            Todo blanco: pureza.

                            Casa tuya. Infinito.

                            Cuando decías “mi casa”,

                            creías entender

                            quién eras, cuánto eras.

                            Pronunciabas “mi casa”

                            y creías entender la intimidad,

                            la no distancia.

 

                               Blanco tenaz recubre

                                        actos blancos,

                                        voces blancas...

 

                            Todos fueron saliendo

                            de la casa al exilio,

                            a una tierra lejana,

                            a la muerte.

                               Nadie, nadie quedó.

                               Ni costumbres ni voces.

                                        Ni actos.

 

 

                            El vacío no blanco:

                            la casa derruida,

                            pardusca, desolada;

                            algunos matorrales

                            resecos;

                            ningún sonido, sólo

                            silencio de la carne,

                               silencio de tu calle

                               y el blanco tenazmente

                                  en la distancia.

 

De: “Palos”