La
vida se aprecia
La
vida se aprecia por los sentidos.
Es la estación del frío.
Percibo ahora la vida por los matices de la omisión.
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
La
vida se aprecia
La
vida se aprecia por los sentidos.
Es la estación del frío.
Percibo ahora la vida por los matices de la omisión.
Un dolor magno es una pupila
Un
dolor magno es una pupila que siente su propio alumbramiento,
puede verse, incrédula, presta,
como el carmín de la boca que aborrece de otras conquistas.
Alfanjes por besos. El vacío por el trópico de dos tactos seduciéndose.
Lágrima o la noche mísera, un pensamiento tocado por compases distantes.
La marea busca a gritos lo tangible de su roce,
en la espera guarnecida por la opresión.
El ancho pecho permite el pálpito de la vida indefensa,
la tiranía de la piel que se estremece.
No sólo el azul y las desdichas amo,
sino los propósitos que cavan sin tregua su propia sepultura:
amo la embriaguez de la tristeza,
la delicia del dolor ante todo lo que amanece.
Yo
te amé como nunca
Yo
te amé como nunca. Viví tus ojos de pájaro salvaje,
tu desnudo de sombra cálida.
Tu nombre era aire que llenaba el silencio, eras carne,
delicado enjambre de vida detonando en mi crepúsculo,
catarata de alegría entre mis manos.
Eras tibia mirada que recogía las caricias esparcidas por las habitaciones.
Contigo era posible la luz, el torrente de luceros fluyendo por las venas,
como el brazo de espuma que navegaba entre las sábanas cada mañana.
Necesito un oleaje
…mi única patria, la mar.
José de Espronceda
Necesito
un oleaje donde enterrar un sentimiento furtivo.
Una ola de música sonrojada que deje escribirse un silencio.
Ahora soy de nuevo agua: salobre alegría tatuada sobre tu beso.
Calla de pronto el azul líquido: se pobló de soledad
y pasea su lengua marina entre los huesos.
Preciso de una ola donde rasgar una infancia caduca.
Una ola turbulenta que deje arrullarse una nostalgia.
Para viajar este mar no necesita marea, avanza sigiloso trazando caricias
azules,
besando la espuma en un infinito compás de espera.
Ahora deseo dormir, pero se crispa el sueño como dolor enroscado,
se lo devora la arena mientras lapida los híbridos gestos de tu ausencia.
Necesito
una ola que desee mecerse sobre tu aroma.
Una ola que añore el zarpazo de tu evocación.
Entre el mar y cielo la noche fue oprimiendo la playa,
divisando un quejido de memoria y el presente latido de un sentimiento.
Súbitamente esto soy ante tu color de puerto:
palabra náufraga que persigue el solitario ocaso de tu recuerdo.
Retorno
a este mar al crepúsculo de una fábula.
Mi sombra se detiene sobre su espuma
y se posa en la arena sumida en un yodado letargo.
Mi corazón gotea caracolas de melancolía:
agoniza sobre la sábana líquida del océano.
Era
una boca
Era
una boca en su primer cruzada,
rojo miedo que trepidaba en la vena,
rauda vida que ignoró que no existe el olvido.
Era un ojo pardo, incrédulo, perdido en una noche de espuma.
Un sueño a paisajes poblado de negros cabellos.
Pálpito que medita sobre su herida frente al espejo.
Era frágil, era humano.
No
está perdido lo que no encuentra puerto
No
está perdido lo que no encuentra puerto
ni a la deriva una barca que extravía su muelle.
Hay viajes cuyo destino es el recorrido, no un espejismo en el horizonte.
Y se vive viento, niebla, mareas cuyo propósito es ir y venir,
olas donde la brújula sonríe con su boca náutica.
Este viaje nos llena manos y ojos de nosotros mismos:
vamos de forasteros e inmigrantes ilícitos
dejando estelas de ausencias y amares a mares.