Tlaltecihuátl
Suele
pasar que los desplantes y rechazos se vuelven cotidianos.
Que
se empieza a navegar por la sombra de los ríos, cuidándonos de las piedras y
los golpes bajos.
Suele
pasar que los rechazados nos encontramos. Que los recodos dejan que nos
sentemos para habitarnos en las palabras y el recuerdo.
Que
de tanto en tanto nuestros dedos tocan el alma y nuestros besos envuelven
arterias que bombean la sangre para continuar adelante.
Suele
pasar que se vuelven insoportables las siempre vivas que se arraigan en medio
de la sequía y el silencio. Que se abrazan con sus ramas y se sostienen a sí
mismas al palpar la luz.
Todo
eso es insoportable. Porque nos dijeron que se necesita de lo extraordinario
para que tenga derecho a permanecer con el permiso de los que nos rodean.
Nuestro
culto es no tener culto. Y nuestra protesta a las catedrales, es que todo lo
encierran. Por eso es que cada cosa puede funcionar como un templo.
Hemos
de sacar al sol los pedazos de barro que otros adoran. Hemos de poner a la luna
todos esos conjuros que hablan del amor y la muerte.
Somos
paso con recuerdo.
Nahualas.
Coyotas.
Güilas.
Gallinas.
¿Has
visto como reviven las plantas?