jueves, 13 de agosto de 2026


 

VANESSA NÚÑEZ HANDAL

 


 

Jaguar

 

A veces el jaguar ruge.
Entonces los barrancos y montañas
se llenan con su voz.
La tinta con que se viste de día,
escribe los versos que platican con el sol.

 

 

JORDI DOCE

 

 

 

 

Hoy mismo, en la distancia,
creí ver que te alejabas,
y sin un ruido
el rostro fulgurante de un glaciar
se deslizó en el océano. Un viejo roble
cayó en Gredos, sosteniendo tan solo
un puñado de hojas, y una anciana
que arrojaba maíz a las gallinas
alzó los ojos un instante. Al otro lado
de la galaxia, un astro veinte veces mayor
que nuestro sol saltó en pedazos
hasta esfumarse,
dejando una pequeña mota verde
en la retina del astrónomo
que sigue quieto bajo la gran
bóveda abierta de mi corazón
sin nadie a quien contárselo.

 

………………………..(sobre un poema de Ted Kooser)

 

VERÓNICA JAFFÉ

 

 

 

 

¿Qué se gana cuando se pierde?

 

¿Qué he ganado yo cuando perdí,
una casa, un jardín, un continente?
¿Fue arte en verdad ese perder?
¿Arte para ti, poeta,
tu arte?

No sé. No parece así ahora.

Mas bien alivio.
Al menos intentar
una imagen, un poema.
Quizás la próxima,
el siguiente.

¿Y la libertad?

De intentarlo una y otra,
¿con otra voz?
persistente,
como la ola,
un yo sobre la arena.

Tantas cosas que parecen querer
perderse
para Elizabeth Bishop en Un arte

 

 

ROALD HOFFMANN

 

  

 

El diablo enseña termodinámica

 

Mi segunda ley, tu segunda ley, dictamina que

el orden local, las estructuras espacio-temporales,

sean esculpidas en una inevitablemente perdida

contienda con el desorden del entorno

en este fabuloso pero cada vez más caótico universo.

Y nosotros, en esta intrincada maquinaria

de saludables cuerpos y sistemas de soporte vital,

en virtud de la palabra escrita y televisada ponderamos

la majestuosidad de las ordenanzas de zonificación

de esta Ley. Pero, ¡oh, qué inteligentes!, creemos

que nosotros no somos cosas, como lo es la maleza,

o el óxido, o los cantos rodados, y, por tanto, inventamos

un razonamiento que garantice el eterno subsidio

de nuestra perfección, o al menos de nuestra perfectibilidad,

y a eso lo llamamos Dios o alma inmortal.

Y mientras consentimos los desórdenes

que no se pueden ocultar, como la muerte,

o –adoptando una pose literaria– incluso el fin del amor,

hacemos que otras cosas sean pecaminosas, sin más: la ira,

la lujuria, el orgullo –todo el lote, en fin, de impurezas espirituales–.

Las enfermedades necesitan vectores, de modo que

la vieja llamada sale en mi busca. Pero el truco es que los puntales

de la primitiva iglesia de Dios, las siete virtudes,

son un grupo de apoyo tan tenso y comprimido

que cuando dan contigo estás realmente dispuesto

a soltar algo de magma. La fe sirve de sostén

pasajero a las mentes débiles, busca reclutas

para el culto, y una buena parte de ella va a enviar

al infierno esa otra gran invención vuestra,

el contrato social. Aburrida, la Prudencia

mata su tiempo con los más conservadores,

y el Amor, ¡el amor, dices! Ama a uno, descarta a los otros.

Ámalos a todos; ninguno te amará a ti.

Os lo digo yo, amigos, el amor es el más sofisticado

artefacto de entropía creciente que ha podido crear Dios.

El Amor es el adorable cómplice de mi ley.

Y en cuanto al mismísimo Dios, bueno, su unicidad es demasiado

para que el hombre corriente pueda amarle, de ahí

que deba inventarse Líbanos e Irlandas del Norte…

 

El debate no se debe a tu desenfreno

común y corriente, un calco del mío.

No, lo que quiero es que despertemos,

que participemos de la imperfección del universo en paz

con el desorden que ordena. Ya que la frialdad de la muerte

se instala lentamente, y aún hay tiempo,

tanto tiempo, para que la luz de las estrellas se disperse

más allá de los torbellinos del azar, dentro de nuestras mentes,

para construir allí amores cada vez más perfectos,

ciudades invisibles, nuestras propias constelaciones.

  

De: “Los hombres y las moléculas”.

Versión de Luisa Pastor

 

 

RODOLFO MATTAROLLO

 

 

 

 

Por corta que sea nuestra vida,
por momentos entrevemos una eternidad
y dan ganas de hundirse en ese abismo
en cuyo fondo puede haber un intenso lago
transparente de esperanza
indestructible pese a todo.

 

 

MIGUEL ÁNGEL MORELLI

 

 


 

Los signos de fuego

 

al hombre no le ha sido dado demorarse en los espejos:
¿cómo soportar la mirada de dios sin que los ojos se nos incendien?

al hombre no le ha sido dado demorase en los umbrales:
¿cómo es posible edificar el mundo sin apoyarse en su movimiento?

al hombre no le ha sido dado prescindir de la nada:
¿cómo podría la vacuidad del ser suprimir el objeto que lo consume?

al hombre no le ha sido dado despojarse de las palabras:
¿cómo eludir la tarea de nombrar y exigir luego que haya mundo?

como a dioses exiliados de dios muy pocas cosas le han sido dadas:
un balbuceo apenas | un atisbo de infinito | un temblor | una mirada