viernes, 28 de abril de 2023


 

HENRI DE RÉGNIER

 


 

La voz

  

Yo no quiero que nadie se acerque a mi tristeza,
ni tus pasos amigos, ni tu rostro adorado.
ni tu mano que toca con lánguida nobleza
la perezosa cinta y el volumen cerrado.

Déjame; que mi puerta a nadie se abra ahora,
ni al viento matutino dé paso mi ventana;
está cansado y triste mi corazón, y llora
sobre un mundo sombrío y una existencia vana.

Mi tristeza me viene de una región distante,
más allá de mí mismo; es una cosa ajena,
y todo hombre que ame, que sonría, o que cante,
en voz baja la escucha cuando la hora suena.

Y algo se agita y mueve en la conciencia obscura,
se despierta y espande en el alma dormida,
a esa voz apagada que al oído murmura
que es ceniza en su fruto la rosa de la vida.

 

 

HOMERO MANZI

 

 

 

Buenos Aires colina chata

  

Sobre una colina chata
Garay trazó cuatro vientos;
por un costado La Pampa,
al otro lado un Riachuelo
y el río contra la espalda
y contra el pecho el desierto
con su horizonte de paja
y su techumbre de cielo.
Garay trazó diez manzanas
sobre un cuadrado perfecto
y el sitio de las campanas
y el lugar de su gobierno
y las casas capitanas
y los tejados modestos
y el ámbito de la plaza
para los grandes recuerdos.
Garay trazó con su espada
la forma de un pueblo nuevo.

¿Cómo era la pampa aquella
sin gauchos y sin cencerros,
sin chinas, ranchos, ni güeyas,
sin boliches ni puesteros?
¿Cómo era entonces La Pampa
sin estancias ni potreros,
sin una sola guitarra,
sin el ladrido de un perro?…
¿Sin un mazo de baraja,
sin el grito de un resero,
sin un fogón y una casa,
sin un mate y sin un cuento?…

Sólo era una pampa pampa,
con un desierto desierto
y su horizonte de paja
y su techumbre de cielo.
Qué raro que se quedaran
los españoles aquellos,
atados a las distancias
clavados a los silencios.
Tal vez porque ya eran otros
distintos de los primeros.
Tal vez porque ya eran criollos
a fuerza de sufrimientos.
Porque llegaron del norte
inaugurando senderos
madurados por los soles
y las lluvias de febrero.

 

NOAH CICERO

 


 

Decimelo ahora

 

le mandé un mail,
que decía “Llamame a las 8 de tu horario
hoy. Y leéme estas
oraciones, no esperes a que te diga
hola, empezá nomás a leer-

Noah, no me vas a volver a ver nunca.
Noah, no me vas a volver a abrazar nunca.
Noah, si alguna vez estamos en la misma habitación, no podemos
besarnos, no podemos tocarnos, no podemos tener
ningún tipo de contacto físico, porque
tengo un novio nuevo.

De noche o cuando esté aburrida en el trabajo, voy
a acordarme de estar sentada al lado tuyo
cerca del Cuyahoga y el Río Han.
Voy a acordarme del
río en Santa Fe que no tenía agua.”

Después con una voz tranquila, decí-
“Chau Noah.”

Ella nunca llamó ese día. El recibió
un mail cuatro días más tarde que empezaba, “Noah,
lo tenés que aceptar, ya pasó un año. Mirá
alguna película de Greta Garbo, y superalo.”

 

 

ADELARDO LÓPEZ DE AYALA

 

  

 

A unos pies

 

Me parecen tus pies, cuando diviso
que la falda traspasan y bordean,
dos niños que traviesos juguetean
en el mismo dintel del Paraíso.

Quiso el amor y mi fortuna quiso
que ellos el fiel de mi esperanza sean;
si aparecen, de pronto me recrean;
cuando se van, me afligen de improviso.

¡Oh, pies idolatrados; yo os imploro!
Y pues sabéis mover todo el palacio
por quien el alma enamorada gime,

traed a mi regazo mi tesoro
y yo os aliviaré por largo espacio
del dulcísimo peso que os oprime.

 

 

RAYMOND CARVER

  

 

 

La caña de pescar del ahogado

 

Al principio no la quería usar.
Luego pensé, no, me revelará
secretos y me dará suerte
que es lo que entonces necesitaba.
Además, me la dejó a mí
para que la usase cuando fue a bañarse aquella vez.
Inmediatamente después, conocí a dos mujeres.
Una adoraba la ópera y la otra
era una borracha que había pasado un tiempo
en la cárcel. Ligué con una
y empecé a beber y a reñir sin parar.
¡El modo en que esta mujer podía cantar y seguir bebiendo!
Fuimos directamente al fondo.

 

 

MELCHOR DE PALAU

 

 

 

Al carbón de piedra

  

Este, que veis, carbón endurecido,
yacer a mantos en terrestre fosa,
rayos de claro sol un tiempo ha sido,

A la voz de la Industria poderosa,
abandona, cual Lázaro, su tumba,
y a más vida resurge esplendorosa.

Con su aliento, no hay miedo que sucumba
la que es de nuestro siglo predilecta
hija febril, y cual abeja zumba.

Que, a medida que avanza más perfecta,
a la Ciencia siguiendo va anhelante
y sobre el Arte su fulgor proyecta.

Ella nos dice que llegó el instante,
 aun cuando en la substancia son hermanos
de apreciar el carb
ón más que el díamante.

De que cesen los míseros humanos
de prosternarse ante el inútil fuego,
y de tenderle codiciosas manos

Nunca su brillo me turbó el sosiego,
mas del pan de la industria a la excelencia
férvido canto de mi lira entrego.

Cantar quiero su enérgica potencia
los bronces al fundir, nuncios de saña,
defensores de patria independencia,

Cuando caldea y en su lumbre baña
a la férrea fugaz locomotora,
sierpe que tiene el silo en la montaña.

Que, cual ave o Jóve vóladora,
se encumbra a los más arduos peñascales,
y el espacio famélica devora.

Por él llega a los témpanos glaciales
el buque, sin más trapo que su enseña,
contrastando los recios vendavales.

Reemplaza activo la fluvial aceña;
vigor produce en la nerviosa pila;
las creaciones artísticas diseña.

Por él la roca su metal destila;
por él dice el crisol la verdad pura;
el átomo su afine se asimila.

Hasta gérmenes ricos en dulzura
la Química halla en él para su gloria,
colores y matices la Pintura.

Y, de fúlgido origen en memoria,
demás que rasga de la noche el velo,
despide lumbre en exprimida escoria.

Solar emanación con vivo anhelo,
la luz, la fuerza, y el calor prodiga.
Como su padre que recorre el cielo.

Y que cual suele previsora hormiga,
en la estaci
ón de abrasador verano,
sin un punto ceder en la fatiga

temiendo el filo del invierno cano,
almacenar bajo escondidos techos,
el robado a los trojes rubio grano

en la época feraz de los helechos
presintiendo el invierno del planeta,
guardó el carbón en insondables lechos.

La faz del globo de arbolado escueta,
diera la Industria el postrimer suspiro
a no surtirla tan copiosa veta.

Ved al carbono en incesante giro
recorrer los tres reinos naturales;
ya inficionar la atmósfera le miro,

ya, atraído por fibras vegetales,
el germen de sabroso fruto,
ya, salvando los límites florales,

nutrir la grácil ave, el tardo bruto,
ya tornar al espacio con empeño,
de la muerte y la vida fiel tributo.

Mas tú, sepulto en ataud roqueño,
a ciclo tan fecundo substraído,
dormiste largo, indiferente sueño.

Te han pisado, mas no te han conocido;
pasaron sobre ti, cual polvo leve,
las varias razas que en el mundo han sido.

Tocábale al gran siglo diez y nueve,
explorar tus veneros con acierto,
aun bajo la polar cándida nieve.

¡Qué fuera de la Industria tú encubierto!
con gratitud en su aflicción te nombra
negro maná de su árido desierto.

Un día fuiste gigantesca alfornbra;
henchir hoy hallamos calor y luz radiante
donde otros seres disfrutaron sombra:

Que Dios, previendo nuestro afán constante,
para su hartura reservarnos quiso
esa fecunda flora exuberante,
que adorno fue quizá del Paraíso.