domingo, 24 de mayo de 2026


 

LUIS PEREIRA

 

  

 

Depurando la lista de amigos en Facebook

  

Cinco se han muerto en el último otoño
Diez se han tornado fascistas
Quince neo estalinistas
Diez son oficialistas. Algunos tienen puestos de gobierno
Tres son mujeres a las que he incomodado.
Dos son maridos posesivos.
Uno es un rufián local.
Uno artista conceptual.
He terminado mi tarea. Me siento más liviano, con breve equipaje.
Todo cabe en la baulera del coche 23.

 

 

FERNANDO LAMBERG

 


 

Otra carta a Don Quijote

  

Quijote quijotesco y cervantino;
cambiar el mundo son palabras mayores.
No bastan la espada, la adarga, la lanza y la profunda voluntad.
No bastan Rocinante humilde, Sancho fiel y el maltratado rucio.

Pero, mi señor Don Quijote, sal otra vez a los caminos
porque hace tiempo los molinos se convirtieron en gigantes.
Peor aún, mi señor, los malvados aseguran que ellos son los caballeros
y afirman que defienden la paz y la justicia.

Acusan de terroristas a los hambrientos
y con armas que tu no hallaste en tus libros
matan ancianos, mujeres y niños en nombre de la igualdad,
incendian las aldeas diciendo que rechazan la violencia.

Naciste en otros tiempos, mi señor don Quijote,
y debes volver a nacer en estos tiempos.
Ahora el pueblo no cree en los reyes ni en las falsas noblezas.
El pueblo sabe que ahora es él el soberano.

Antaño los duques se burlaron de tu heroísmo
y los villanos golperon a Sancho.
Hoy los pueblos comprenden que solamente unidos
aplastarán la codicia, destruirán la ambición.

Caballero de Los Leones, derriba los muros del mal,
destroza las malditas puertas del imperio
porque tras de ti y junto a ti va el pueblo.

Y recuerda, mi buen señor, que es difícil cambiar el mundo
con sus brillantes logros y sus siniestros yerros
porque las que te aguardan en los castillos siguen siendo doncellas
y los que te ladraban en los caminos siguen siendo perros.

 

 

RUBÉN MARTÍNEZ VILLENA

 

 

 

Insuficiencia de la escala y el iris

  

La luz es música en la garganta de la alondra;
más tu voz ha de hacerse de la misma tiniebla;
el sabio ruiseñor descompone la sombra
y la traduce al iris sonoro de su endecha.

El espectro visible tiene siete colores,
la escala natural tiene siete sonidos:
puedes trenzarlos todos en diversas canciones,
que tu mayor dolor quedará sin ser dicho.

Dominando la escala, dominador del iris,
callarás en tinieblas la canción imposible.
Ha de ser negra y muda. Que a tu verso le falta

para expresar la clave de tu angustia secreta,
una nota, inaudible, de otra octava más alta,
un color, de la oscura región ultravioleta.

 

 

ANNE STEVENSON

 

 


 

Inocencia y experiencia

  

Me acosté siendo mujer
y desperté como niña.
El sueño me enterró hasta la barbilla,
pero mi cerebro cortaba salvaje.

El repentino verano yacía pegajoso como alquitrán
bajo pies blancos y descalzos.
Montones rancios y manchados de hollín del invierno
encogían en la calle.

Titulares negros, doblados como servilletas,
estallaban como granadas
mientras la guerra avanzaba portal por portal
por las fachadas de New Haven.

Europa: una colmena parda de ruidos,
Hitler dentro.
Sobre el estante soleado junto a la escalera
murieron mis renacuajos.

Los chicos mayores ya habían decidido
quién perdería y quién marcaría,
cantando one potato, two potato,
three potato, four.

Cantando palos y piedras
pueden romper mis huesos
(pero los nombres hieren más).

Cantando pisa una grieta
y romperás la espalda de tu madre
(su dedo rodeado de platino).

Cantando quién se acostó con tu madre
cuando tu padre no estaba allí.
Cantando allee allee in free! Estás
muerto, muerto, dondequiera que estés.

 

 

QUILO MARTÍNEZ

 

 

  

Evocaciones I

  

Vuelvo la vista atrás
para mirar las huellas del camino…
hay viento y tempestades
y hay mañanas de sol
y aguas tranquilas.

Una lágrima cae, pero no es triste…
Hay tanto por guardar
que la memoria se hace escasa
y escribo en mi cuaderno de aprendiz de poeta
todo lo recordable
para así no olvidar,
porque olvidar
es tal vez negación de lo que soy
de lo que fui
de lo que fuimos,
de todo aquel ayer cuando
compartíamos juntos sombra y sol
intentando cambiar el destino del río.

 

LUZ HELENA CORDERO VILLAMIZAR

 

 

 

Las armas

  

Muchos se arman para la guerra.
Es necesario.
Otros se arman para el mundo.
Es preciso.
Algunos se arman para la muerte.
Es natural.
Tú te armas para el amor
y estás tan indefenso
para la guerra,
para el mundo,
para la muerte.