Mostrando entradas con la etiqueta VÍCTOR FOWLER CALZADA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta VÍCTOR FOWLER CALZADA. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de junio de 2026

VÍCTOR FOWLER

 


 

La mirada el bailarín

  

La mirada del bailarín que pudo ser la mía cuando
salgo al balcón a contemplar la lluvia. El ambiente
(me hubieras visto tomar esa foto del patio vecino
y escribir al pie: Beirut, a las 3 de la tarde). La ciudad,
por ejemplo: evidente y descarnada, sin gracia, todavía
más pobre. El olor de madera húmeda, de argamasa
podrida o cables requemados. El crujido de cosas,
cual si cayeran o pasaran arrastrándose, cual si el
final del agua –como en otros lugares cuando termina
la nevada– fuera una invitación a la chiquillería para
que salte entre los escombros, se bañe en los charcos,
haga muñecos con el desperdicio. En ése instante no
pienso, sino que me dejo invadir por el mensaje
fluyendo desde los sentidos: la promesa de un cambio,
esa electricidad que flota detrás del aguacero.
La sensación de que algo todavía no terminó.

 

 

sábado, 6 de junio de 2026

VÍCTOR FOWLER

  


 

Malecón Tao

  

El movimiento del oleaje
y la oscuridad: diálogo estelar.
la ciudad viva disminuye

Para ceder (entidad)
a geometría imaginaria.

Sobredimensión. El agua toca
mis dedos, los sujeta en el balanceo
de dos respiraciones en equilibrio.

¡Me liberé!

 

 

viernes, 5 de junio de 2026

VÍCTOR FOWLER

 

 

 

El deslizamiento de la montaña

  

Cansancio sobre la colina habanera desde donde
observa la ciudad. Haya su lado una silla cubierta
de polvo y un poco más allá pequeños montones de
basura, duros ya como piedra. De repente lo gana el
deseo, bien sabe que absurdo, de numerar la silla lo
mismo que una casa, de asegurarse un lugar hasta
la muerte para gozar los acontecimientos. No siendo
parte, desde lejos, como si estar allí encima concediera
cierta inmunidad, cierta frialdad de juicio al juzgar
lo que ocurre. En días de solo lluvia dormiría bajo
la silla. En días de frío haría fuego con los desechos.
Mientras no llega el instante, simplemente descansa.
Cansado de esperar a que los hijos crezcan. Del pico
que golpea entre las olas. De las tormentas. De los
azares de la autobiografía. De la madrugada de 1994
en la cual lloramos mi esposa y yo porque el mundo
había cambiado al parecer para siempre. De escribir
estas líneas, incluso.

 

 

jueves, 4 de junio de 2026

VÍCTOR FOWLER

 

 

 

Librejuciones

  

Con el repaso del teclado
clarifica, minucia.
Es como acariciar la barbilla
de Hegel que todo lo dejó escrito:
tesis, antítesis, síntesis.

Etapas o estaciones para el descanso
en el ascenso al sol
de una nueva metafísica.
En las alas de ese pájaro me eduqué,
atravesé los países futuros.

He jugado, lo mismo que un niño,
a soplar una pluma;
si cae al suelo, pierdo.

Eran países armónicos como
La construcción de una coral de Bach,
tejidos por arañas fulguraban
cual catedral en el bosque.
(Dios no era visible, se dejaba adivinar tan sólo.)

Regresar del niño alucinado al pájaro
y luego a Hegel empollando el cerebro
lo mismo que una madre-gallina:
sostiene con desesperación y tiene comicidad
de lo patético extremo.

Oh, Dios, qué bella esta rotura
de las catedrales,
qué imponente la música de Bach.

 

 

miércoles, 3 de junio de 2026

VÍCTOR FOWLER

 

 

 

Nada de lo perdido volverá con la lluvia

 

Nada de lo perdido volverá con la lluvia.
Las voces, los gestos de aquellos
a quienes deseábamos
y ahora son un hueco en la respiración.

Quemaduras al bosque de las mesas,
en las paredes, encima de la piel.
El agua será una purificación,
pero no un regreso.

No vuelven los objetos, ni sonidos,
ni escenas que tuvieron algún significado
o incumplieron su misión.

Tal vez, mientras observamos absortos
la enorme pared de agua que se desploma,
pasa lo Perdido, aunque irreconocible ya.
La memoria lo ha transformado en bucólico.

¿Quién tocaba a la puerta aquella vez?
¿Qué mano recorría los cabellos
haciendo breves surcos
y era un placer sentirla?

Sensaciones lejanas, perdidas.

Tal vez enfrente de nuestros ojos
todo se repite, pero gastadas las formas,
como en los aquelarres.

Quemaduras al borde de las mesas,
en las paredes, encima de la piel.
Quemaduras en el cerebro.

Establecer analogías con el agua
es el peligro en este país
donde nunca termina de llover.

 

martes, 2 de junio de 2026

VÍCTOR FOWLER

 

 

 

Isla que resbala

  

Traté de sostener entre los dedos
isla que resbala,
su blanca playa parecía incendiarse
bajo el sol,
la noche musical llena de puntos.

Conversación sobre la yerba verde;
el cuerpo de los dioses desnudos,
su alegría. Era redondo el seno
y pleno el sabor;
os juro que lo tuve.

No esta aridez sajando,
mira el polvo cubrir las provincias;
os juro que lo tuve.

Sin vivir ni morir he contemplado,
pero no pude hacer del tiempo un hilo.
Resbaló de mis dedos y se hundió.

 

 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

VÍCTOR FOWLER CALZADA



  
El sembrador



He visto el polvo de las celebraciones llenar las calles
antes de que el viento lo desaparezca. Cuando llegaba
la felicidad como una orden, la alegría tejida desde la
semana anterior. Entre el estruendo y la música,
inmensa, de la altura de los edificios, y las sonrisas de
quienes entonces eran mis amigos. Siempre lo quise:
ser uno en la multitud que se aprestaba a confirmar,
que me barrieran, a la mañana siguiente, junto con el
polvo de las celebraciones. Era dueño de esas calles
al caminar por ellas, del cielo desde el cual descendía
la lluvia de papeles recortados, el nombre de la figura
a vitorear. Sabía conjurar cualquier sorpresa, protegido
como me sentía por escudos tan enormes como el país
y el tiempo. Ellos se alejaban, veloces, pero yo seguía
siendo —o, al menos, así lo creía— el Sembrador.



martes, 19 de noviembre de 2013

VÍCTOR FOWLER CALZADA





Confesionario

                                        ¿Oye alguien mi canción?
                                             José Lezama Lima



Yo que no he visto los sauces
donde supongo cantan aves fabulosas
y que tampoco amo las palmas
ni el sonido del aire entre las cañas
¿Alguien vendrá a cargar con mis baúles,
a jugarse por mí la vida si hace falta
en el riesgoso y prolongado viaje?
Yo no he visto la nieve,
pero tampoco siento excitación
contemplando los animales que poseo
mientras pastan en la llanura inmensa y verde.
Sin embargo, el rumor de lejanas cascadas
me acelera el ritmo de la sangre.
Esa agua que salta en mi imaginación
es más real que ningún otra
porque baña mi espíritu y me calma.
y es el agua más segura que conozco.
Cuando el ave atraviesa los océanos
no piensa que es tan cruel la lejanía.
Yo que no he visto la nieve
he jugado entonces con la nieve,
la he abrazado como se abraza
a una hermana perdida.
Yo que no he escuchado el aullido de los lobos
hay noches en las que tiemblo
mientras pelean a mi puerta.
¿Entiendes ya que los sauces no existen
ni la nieve?
No son más que una sábana lanzada
encima de un animal que duerme.
¿Alguien escucha mi canción,
está dispuesto a jugarse todo por mi canción?
Los rollos de seda chinos
donde aparece dibujado un unicornio
con un carbunclo en la frente,
no son más que la sábana que esconde
al animal que duerme.


lunes, 18 de noviembre de 2013

VÍCTOR FOWLER CALZADA


  

La cicatriz




Entre las puntadas, semejantes a picotazos
de aves que hubieran descendido a comer
de ti, se escucha el diálogo de la vida y
la muerte, el río de la escritura creciendo
sobre la piel. Los sonidos del cuerpo y el oído
los despierta cuando la cabeza reposa allí:
en la cicatriz. El dolor y los acontecimientos.
Al pasar un dedo sobre ella, igual que en
una página, los signos del sentido
combaten y armas líneas de brillo en la
noche que nos cubre. Es tu historia,
la huella de esas aves en el vientre
como sus patas en arena o nieve, lo que
hayan sido tus alegrías o sufrimiento,
la soledad o la plenitud que esperas.
Las palabras, como pequeños soles,
ardiendo dentro del libro de tu cuerpo
y entonces no hay más oscuridad.

domingo, 17 de noviembre de 2013

VÍCTOR FOWLER CALZADA

  


Duele


Al tomarle la mano –sus venas gruesas igual a
caminos– reclama una genealogía; al recorrer tu
dolor o sus marcas. Quiere el trabajo para sí,
lo que hayas padecido cual si pudiese dividirlo
en sorbos que paladea durante días; los días
en los que es poseído por tu visión. Quiere el
páramo, el peso y la noche que atraviesas,
las huellas para sí. Quiere asimilar el desierto.
Pisarías ese cuerpo dejando heridas, corteza de
árboles, y él despejaría el camino para ti, cargaría
las piedras con igual suavidad que a niños al
quedar dormidos, pondría el agua en su pecho
y te protegería. Buscaría el centro, el aluvión,
la semilla que la mano siembra. La mano que
reparte los signos.

sábado, 16 de noviembre de 2013

VÍCTOR FOWLER CALZADA




Nevada


Ponía el puño de nieve en la boca, la blanca
piedra de los copos. Se adelantaba a la muerte,
jugaba al deslumbramiento mientras rozaba
la piel erizada del invierno. Con pies descalzos,
con las imágenes. Entre montículos de nieve,
el entumecimiento de los dedos hasta que invade
un sueño dulce y final. Se ven escenas irreales
entonces y sí, estabas al final de los países
vertiginosos. Ola y relámpago, manantial, aguijón.
Como si fuera posible la idea de un bosque
placentero dentro de la nevada, encima de
la yerba o el lecho, estabas tú y estaba tu
secreto. Sobre la lengua adormecida a imitación
de la muerte, entre los copos que llenaban
la garganta. Y era tu piel la nieve y el olvido.


viernes, 15 de noviembre de 2013

VÍCTOR FOWLER CALZADA





De lo perdido



Nada de lo perdido volverá con la lluvia.
Las voces, los gestos de aquellos
a quienes deseábamos
y ahora son un hueco en la respiración.
Quemaduras al borde de las mesas
en las paredes, encima de la piel.
El agua será una purificación
pero no es un regreso.
No vuelven los objetos, ni sonidos,
ni escenas que tuvieron algún significado
o incumplieron su misión.
Tal vez, mientras observamos absortos
la enorme pared de agua que se desploma,
pasa lo Perdido, aunque irreconocible ya.
La memoria lo ha transformado en bucólico.
¿Quién tocaba a la puerta aquella vez?
¿Qué mano recorría los caballos
haciendo breves surcos
y era un placer sentirla?
Sensaciones lejanas, perdidas. Tal vez enfrente de nuestros ojos
todo se repite, pero gastadas las formas,
como en los aquelarres. Quemaduras al borde de las mesas,
en las paredes, encima de la piel.
Quemaduras en el cerebro. Establecer analogías con el agua
es peligroso en este país
donde nunca termina de llover