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jueves, 29 de julio de 2021

ELVIO ROMERO

 

 

 

En los días venideros

 

 


En los días venideros

Cada cual tendrá su sitio;

Aquellos que derramaron

Su vida por conseguirlos,

Y su juventud volcaron

Sobre los anchos caminos.

Esos llevan en la frente

Duro metal encendido,

Simientes de sembradura,

Relentes de sol invicto.

 

En los días venideros

Cada cual tendrá su sitio.

Los que fueron vivas ascuas

Con cuerpo y pecho encendidos,

Y los que siempre anduvieron

Bajo el temor escondidos,

Y son como quienes viven

Con el corazón vencido.

 

Árbol que no tenga frutos

Será como un leño herido,

Astilla para el brasero,

Viejo mojón del camino.

El hombre tendrá en los labios

El resplandor de sus gritos,

Y si no ardieron sus manos

Con fuego de monte ardido,

Su sangre será una sombra

Sin esplendores ni brillos.

 

Los que se han puesto de lado,

Eludiendo su camino,

Irán como pobres sombras

Sin saber ni lo que han sido,

Sin tener en la vejez

El respeto de los hijos.

 

En los días venideros

Cada cual tendrá su sitio;

El digno tendrá una muerte

En campo abierto y tranquilo;

Los ojos, tristes mortajas

Que huelan a triste olvido.

 

Y en un murmullo solar

Se encenderán los caminos.

 

viernes, 23 de julio de 2021

ELVIO ROMERO

 

 


 

Por qué

 

 

Por qué no habremos de querer nosotros

Lo que nunca quisimos; por ejemplo, una casa

Sobre el remanso de un río,

Con camalotes en sus costados,

Con sus ventanas en regocijo.

 

Por qué no habremos de escuchar nosotros

Lo que la noche escucha; por ejemplo, una sombra

Que nos sirva de abrigo,

Que allí muera misteriosamente

Asumiendo el color de sus dominios.

 

Por qué no habremos de pisar nosotros

Lo que jamás pisamos; por ejemplo, un sendero

Con olorosos racimos,

Con una hoguera que allí se encienda,

Con grandes lluvias que nunca vimos.

 

Por qué no habremos de sonar nosotros

Con un eco que suene; por ejemplo, un murmullo

Que tiemble en el sonido,

El que responda a las preguntas

Que junto al fuego recogimos.

 

Y por qué no buscar siempre

Lo que es parada en un camino,

Lo que hay de otoño en un verano,

Lo que hay de ardiente en lo más frío,

Lo que es sonrojo en unos labios,

Lo que es recuerdo en el olvido,

Lo que es pregunta en la respuesta,

Lo que es jadeo en un suspiro,

Lo que es vital de esa alegría,

De esa tristeza en que vivimos.

 

sábado, 17 de julio de 2021

ELVIO ROMERO

 


 

Los ayoreos

 

 

Los ayoreos sueñan con sus bosques,

Con la Tierra—sin—mal que está escondida

Más allá del palmar y el horizonte,

Con el collar de pluma de sus ritos,

Con los misterios hondos de la noche.

 

(El hombre blanco ha impuesto

Su ley en la comarca;

Le desterré a sus dioses,

Le arrebaté sus máscaras,

Su alba de guacamayos,

Sus confines de caza).

 

Los ayoreos sueñan con sus bosques,

Con la iguana que cruza las picadas

Y el caimán que bosteza por los bordes

Del gran río, en las siestas amarillas,

Cuando el calor arrasa con los montes.

 

(El blanco le ha robado

El venado y la calma,

Las antiguas creencias,

La luz antepasada,

La vincha de fulgores

Y la vara de danzas).

 

Los ayoreos sueñan con sus bosques,

Con el panal de fuego del lucero;

Descifran el lenguaje y los colores

De las aves que cruzan el desierto,

De las serpientes en los camalotes.

 

Mientras el blanco trama su emboscada,

Los ayoreos sueñan con sus bosques.

 

domingo, 11 de julio de 2021

ELVIO ROMERO

 

 


Tormenta

 

 

La noche ha sido larga.

Como desde cien años

De lluvia,

De una respiración embravecida

Proveniente de un fondo de vértigo nocturno,

De un cántaro colorado

Jadeando en la tierra,

El viento ha desatado su tempestad violenta

Sobre el velo anhelante de la ilusión

Efímera, sobre los fatigados menesteres,

Y tú y yo, en la colina

Más alta,

En el rincón de nuestros dos silencios,

Abrazados al tiempo del amor, desvelándonos.

 

Deja que el viento muerda sobre el viento.

 

Yo te cerraré los ojos.

 

lunes, 5 de julio de 2021

ELVIO ROMERO

 

 


 

Cintura

 

 

El arco en desazón de tu cintura

cimbreó su tallo en fresco movimiento,

como si todo el soplo de tu aliento

no cupiese en la red de su envoltura.

 

La quemazón del lecho y su blancura,

sintió agitarse ese temblor violento

de tu cuerpo sembrado por el viento

con que ensayé sellar mi quemadura.

 

¡Oh, firmamento abrasador, sencilla—

mente ofrecer y asir soles profundos

al frutecer la sangre en el relente!

 

¡Y dar y recibir dones fecundos,

como un surco acogiendo la semilla

feraz y fértil en su mes ferviente!

 

viernes, 31 de enero de 2014

ELVIO ROMERO

  


Amor en libertad



Te amo como soy yo
-militante de un partido recóndito de la vida-

         sencillo
tierno como una rosa
y sobre todo
esperanzado
con suficiente fuerza
y alegría
de saber que soy una gota
de ese inmenso mar
que liberará
             al sol
aprisionado por la roca

así te amo en esta madrugada
en que el canto del sinsonte
florece en nuestra ventana
y no existe peligro de allanamiento

México, 1982



jueves, 30 de enero de 2014

ELVIO ROMERO



  
Aguafuerte



Sujeto a palos en cruz,
un hombre, quieto,
sobre dos palos en cruz,
con sogas entre los huesos.

Y abajo el viento.

Acaso atada mi tierra
como un tamborón de cuero
sobre dos palos en cruz.

Y enfrente el viento.

¡Toda la patria en el suelo
sobre dos palos en cruz!

¡Y encima el viento!

De “El sol bajo las raíces”


miércoles, 29 de enero de 2014

ELVIO ROMERO



Mía


Vuelvo a ti, Libertad, mi compañera
de todos los momentos en la vida,
clavel entre claveles conmovida
belleza que se acerca en primavera.

Yo te tendré conmigo a toda hora,
como a una novia siempre enamorada,
junto a mí, Libertad, mía y amada,
retoño de la luz que el alba dora.

Yo me voy a la frontera,
a cantar y a pelear
tú serás mi compañera,
yo, quien te va acompañar.

Día a día a tu lado, en tanto vea
que los hombres procuran defenderte,
mientras yo, noche a noche, sueño verte
andando a mi costado, adonde sea.

Querida amiga, Libertad, deseo
que seamos los dos como una brasa
compartida, y mi casa sea tu casa,
y mires donde miro y donde veo.

Yo no voy a la frontera,
a cantar y a pelear;
tú serás mi compañera,
yo, quien te va acompañar.

Te beso, Libertad, porque eres mía,
porque mi afán es solo verte, amarte,
y aunque no he conseguido conquistarte,
no he dejado de buscarte todavía.

De "Cantar del caminante"



martes, 28 de enero de 2014

ELVIO ROMERO



  
Cintura


El arco en desazón de tu cintura
cimbreó su tallo en fresco movimiento,
como si todo el soplo de tu aliento
no cupiese en la red de su envoltura.

La quemazón del lecho y su blancura,
sintió agitarse ese temblor violento
de tu cuerpo sembrado por el viento
con que ensayé sellar mi quemadura.

¡Oh, firmamento abrasador, sencilla-
mente ofrecer y asir soles profundos
al frutecer la sangre en el relente!

¡Y dar y recibir dones fecundos,
como un surco acogiendo la semilla
feraz y fértil en su mes ferviente!



lunes, 27 de enero de 2014

ELVIO ROMERO

  

Carta


Te escribiré mi amor, desde un sonido
de tierra apretujada,
desde un hondón, de pie, desde un frondoso
confín de llamaradas,
desde donde sus pétalos la Rosa
de los vientos deslava;
de allá te escribiré, a la luz profunda
de una estrella lejana,
desde donde me encuentres y no me encuentres
buscándome en el mapa,
te escribiré de asuntos de entereza
al punto fijo en que despunta el alba.

Desde el clamor del mar o de la tierra
te escribiré esta carta.

Desde el instante en que te supe hermosa
te escribiré esta carta.
Desde el sesgo de luz de tu sonrisa
te escribiré esta carta.

Te escribiré mi amor, desde la arena
removida en resguardo de la llama;
lejos de ti te escribiré, bañada
de sudor y esperando una batalla,
vestido de hojas y de estrellas verdes,
de monte oscuro y de llanura parda,
desde un cambio de sombra en la vigilia
te escribiré esta carta.

Desde el desvelo de los hombres bravos
te escribiré esta carta.

Te escribiré también desde la espera
y el anhelo mayor de la mirada;
lejos de ti te escribiré, tan lejos
que aproxime tu afán largas distancias,
desde el ruedo de sombras de una hoguera,
desde un sendero de cruzadas ramas,
desde un sol de acechanza y de una noche
que abriendo el puño alumbre las guitarras,
te escribiré desde el albor de un niño
de lluvia desdoblada.

¡Desde un vivac de imperativa lumbre,
te escribiré esta carta!



sábado, 25 de enero de 2014

ELVIO ROMERO




Casa Cautiva



Esta es la casa; es nuestra.
Esta es su música; las exigencias todas
de la vida pasaron por sus habitaciones, por el ascua
quemante de sus fronteras; la locura de quienes emprendieron
una empresa más ancha que sus fuerzas, el sueño
que los fue desgarrando, esa sal escogida
que salpicó las llagas de su vasto martirio.

Es nuestra. Aquí resuenan
músicas melancólicas, instrumentos que exaltan
querencias y alegrías. Le pertenecen la quietud antigua
y los hechos sangrientos. Sus ríos, los espejos, recogieron despojos
de injuria y desventura (por eso es esta música); obsedieron
a sus hijos colores de aturdidos relámpagos, sus manos
apresaron los frutos de una infausta cosecha.
Su música es así. Descansa ahora
en un boreal tembladeral de pájaros, de plumas
amarillas, de crucifijos deslavados, rotos. Y es hora
de preguntarse ¿qué trajimos
para ungirla a un estado de habitación del hombre;
se habrá sentido, como cal viva en los ojos, la tribulación
de su destino? ¿Qué tembloroso cántaro
amasamos, qué súplica o trastorno,
qué empeño y asechanza para evitar la herida
de su piel, esa absorta mirada de sus ojos terribles
como una acusación? ¿Habremos, pues, cumplido
con el deber que hiciese merecer habitarla?

Es nuestra. Esta es su música. ¿Qué rencores oscuros
le habrán tejido esa circunferencia,
el halo que empurpura sus techumbres? ¿La enemistad
como un osario vano entre sus hijos? ¿El desconsuelo
de las cruces plantadas en su sueño y la obliga
a prosternarse a solas junto a su sombra rota,
a la intemperie, al umbral del orgullo que vela su infortunio?

A saco habrán entrado
en ella los Impuros, los cómplices
del ritual del crimen; habrán entrado a saco
con miserables máscaras que engendra la codicia;
habrán marcado un día trágico por sus muros.
trágico de fatalidad, espúreo
como el inicuo cuervo sobre el árbol desierto
en cuya raíz de hueso reposan los desnudos.
Su música es así, una cifra
de dulce acento humano, un anuncio
previo de acusación anudado a la rueda del destino
y al párpado de los muertos, melodía incesante en el desgaste
del desierto cubil, sonido desgajado
de un instrumento oscuro con imagen de reja y cautiverio.

Todo saldrá de aquí, de su piedra
y su polvo, de su migaja el pan, de su venero
verde la cosecha, de las estancias tristes la temblorosa noche
de la revelación y los rebeldes;
de aquí la sangre, el fuego, de los cuencos vacíos la mirada
final y salvadora, como un amor que brota
de madrigueras hondas de escarnio y menosprecio.

No habrá ya que olvidar decir su nombre
de música y quejumbre, ese nombre de selvas que prohijó
nacimientos,
muertes, inmolaciones, sea amarga sobre los labios,
del hombre; nombrarla en trance
marcarla a hierro lento en nuestros huesos;
a cada instante repetir su nombre (como triunfo o condena)
mentar esas señales remontadas a tiempos
de arcilla fatigada, de plumajes y tribus destruidas,
nombrarla siempre,
morder su nombre de sol inevitable
(como virtud o pecado), llevar su nombre en la carne
como esta lleva su corrupción, seguir nombrándola
y desvestirla toda con el rebozo intacto
de esa música dulce, inmemorial, desamparada música de un
anhelo insaciable.



viernes, 24 de enero de 2014

ELVIO ROMERO

  


Tormenta



La noche ha sido larga.

Como desde cien años
de lluvia,
de una respiración embravecida
proveniente de un fondo de vértigo nocturno,
de un cántaro colorado
jadeando en la tierra,
el viento ha desatado su tempestad violenta
sobre el velo anhelante de la ilusión
efímera, sobre los fatigados menesteres
y tú y yo, en la colina
más alta,
en el rincón de nuestros dos silencios,
abrazados al tiempo del amor, desvelándonos.

Deja que el viento muerda sobre el viento.
Yo te cerraré los ojos



jueves, 23 de enero de 2014

ELVIO ROMERO





Fiesta


Y así te pasarías
la vida,
tibia carne adorada.

Danzando,
empapada de lluvias,
los cabellos pegados a la piel,
joya desengarzada, aroma y rosa
sobre un campo de hortensias y jazmines.

Cantando,
arrebatada, risa
y ofrenda clara, elástica y hermosa,
los labios frescos en la noche, agitando
el ansia de las guitarras, tentadora
música montaraz, vivaz y airosa, dulce
codicia de forasteros,
blusa de encaje y flores sobre el hombro desnudo,
llenando el patio abierto de canciones.
Así te pasarías,
en el canto y la danza
y asombrado a los caminantes,
hija del fuego, del aire, de las tardes,
visita inesperada, brisa prometedora
de ardor y adivinanzas, apartando
y abriendo las cortinas de las ventanas, viento
marcando el calendario del amor en la aurora.

Así te pasarías,
tibia carne dorada.


miércoles, 22 de enero de 2014

ELVIO ROMERO



  
Esos Días Estraños...



Vienes de afuera. Traes
vitales adherencias en la mirada clara.
Se te ve el regocijo. El júbilo te invade.
Repites nombres, cosas. Y al punto te detienes
en ese espacio grave de distancia que existe
en ese espacio grave de distancia que existe
entre el fervor que traes y el silencio que habito…

¿Qué tengo? ¿Qué contorno
de penumbra me sella y me fatiga?
¿Bajo qué precipicios cierro los ojos tristes
y apenas ya converso con brumas imprecisas?
¿Qué sucede que apenas te conozco,
que tu mirada clara se me borra en las manos
y me enredo en mi noche y mis recuerdos?

Pronto ves que no entiendo.
Que no estoy. Que no escucho.
Que irremediablemente me pierdo en esa umbría
donde, ciego y perdido, rompo mis pobres báculos
que he bajado a una estancia de fiebres invasoras
de donde extraigo, huraño y melancólico,
mis diarias cosechas, mis vinos silenciosos.

Algo quieres decirme. Algo quieres contarme.
Pero no estoy. No siento. Persisto en mi guarida.
Me hospedo en esa niebla donde a veces me pierdo,
bajo la estera oculta donde me afano y doblo,
en la triste carlanca donde enfundo mi sangre,
en mi agujero amargo.


lunes, 20 de enero de 2014

ELVIO ROMERO




Cabellos


Nocturno enmadejado en los destellos
de sueltas ondas y esquivez ligera;
casi fluvial, dormida enredadera,
la espuma boreal de tus cabellos. 

Bosques de ríos conservando en ellos
frescor de amaneceres bosque afuera,
ramaje desmembrado en la ribera
de luna llena de tus hombros bellos. 

Región undosa que la luz levanta,
borrasca desceñida en tu garganta
color mazorca virgen de maíz. 

Nubladas hebras, sombra en movimiento,
rumor sobrecogido que en el viento
fuera a buscar de pronto otro país.

De "Un relámpago herido"


domingo, 19 de enero de 2014

ELVIO ROMERO

  

Alegres éramos...


Usted sabe, señor,
qué alegría colgaba en la floresta;
qué alegría severa
como raigambre sudorosa;
cómo el alegre polvo veraniego
fulguraba en su lámina esplendente,
cómo, ¡qué alegremente andábamos!

¡Qué alegremente andábamos!

Usted sabe, señor,
usted ha visto cómo
la lluvia torrencial sempiterna caía
sobre un textil aroma de bejucos salvajes
y cómo iba dejando con sus pétalos húmedos
su flora resbalosa,
su acuosa florería.

Usted sabe, señor,
cómo los sementales retozaban
hartos de florecer, jubilosos de hartazgo,
con qué poder la noche deponía
su amargura en la altura del rocío
tal como deponía la desdicha
su arma en las arboledas.

Usted sabe qué alegre
aflicción de racimos por las ramas
en frutal arco iris vespertino;
cómo alegres luciérnagas subían
a encender las estrellas,
a conducir azahares que estallaban
como emoción nupcial o lumbraradas.

Usted sabe, señor,
que antes de que aquí se enseñoreara
la pobreza, frunciendo hasta las hojas,
desesperando el aire,
bien sabe, bien conoce
que cualquier miserable aquí podía
fortificar un canto en su garganta,
en su pecho opulento.

(¡Cómo podías reír, muchacha mía!
Juvenil, ¡cómo izabas
una sonrisa fértil como un grano,
cómo te coronaban los jazmines
y cómo yo apuraba
mi vaso de fervor! ¡Qué alegres éramos!)

Antes, antes de la amargura,
antes de que sorbiéramos
un caudaloso cáliz de indigencias boreales,
antes de que amarraran los perfumes,
que en su reverso el sol guardase el hambre,
¡qué alegres caminábamos!

Antes,
antes de que el aura ofendieran,
de arrancar la raíz sangrándole los bulbos,
antes del mayoral, del tiro, antes del látigo,
qué alegría, señor,
¡qué alegremente andábamos!


sábado, 18 de enero de 2014

ELVIO ROMERO




Canto en el sur


Esta noche, en el Sur,
me he mirado en tus ojos. 

Soy como tú,
de piel morena, oscura, oscura,
con estrellas heridas por adentro
y por fuera sudor, cáscara ruda.

Tengo la sangre hirviendo
como un sinuoso trueno derramado;
tengo las manos ásperas
como herramientas duras y soleadas;
tengo los ojos lúbricos
como lúbricas raíces.

Esta noche, en el Sur,
me he mirado en tus ojos.

Te vi ayer en el Norte;
vi en el Norte lo mismo, el mismo
y primario dolor sobre los cuerpos,
el aguardiente galopando a sorbos
y lo demás lo mismo: el mismo
brazo sudando a contraluz sangrienta,
el mayoral que brama entre los árboles,
los mismos ojos sin calor, la misma
temblorosa epilepsia del sudor,
los mismos exprimidos, los mismos coronados!

Esta noche, en el Sur,
me he mirado en tus ojos.

Soy como tú, 
la misma turbulencia contra el mismo espejismo,
idéntico remanso bajo la misma noche. 

Conservo el sortilegio
de estas zonas arbóreas que me cercan.
Tengo la risa ronca
y estas anchas tristezas. 

De piel morena, oscura,
pisando en el calor exasperado. 

De "Días roturados"




viernes, 17 de enero de 2014

ELVIO ROMERO



Con tu nombre


Por siete lunas me miré en tus fuentes,
catorce en las orillas de vasija anhelante de tu sangre;
dormí en tu piel con infinitas manos
los largos ciclos de inundación del bosque,
diez o veinte en tu red de vespertina fruta agreste y dulce,
no sé cuánto en la rama
fragante de tus brazos
y toda la vida me llené con tu nombre. 

Rosa del Sur, me dije clavel de la cordillera,
guitarra clara del amor, mujer suave como la lluvia
que a veces llega apenas para tocar las hojas,
tierra de siembra fértil del varón y el arado,
honda como la brisa que despeina el maizal y la distancia,
mi latido es el tuyo, mis ventanas abiertas al rumor de la noche. 

Si todo mi país, si mi comarca
de taciturna estirpe se despierta en tu aliento,
si el enjambre y la miel, la viga añosa
de la casa, si el azahar del lecho de los enamorados
me acercan a tu piel, si todo late,
si todo vive en ti,
todos mis años, toda mi vida llenaré con tu nombre.

De "El viejo fuego"


jueves, 16 de enero de 2014

ELVIO ROMERO


  

El beso



Germina un beso puro en nuestro pecho,
un beso que es un poco pan de tierra,
un poco arena y vuelo. 

El beso es una ráfaga, un sereno
fulgor que se arremansa en la morada,
un masculino aliento. 

La única perla que en mi alforja llevo,
la única luz que arrebaté a mi sombra,
su único alumbramiento. 

Es una oscura exhalación, deseo,
un aire tibio que la sangre orea,
un luminoso fuego. 

Es un activo manantial, un suelto
clavel sonoro entre los labios, agua
de cántaro opulento. 

Es una alondra enloquecida, en celo,
delirante y nupcial entre las nubes,
levísimo gorjeo. 

Mujer: hoy dejo este profundo beso,
que ensancha la creación, entre tus faldas,
temblor del firmamento.
Por él su peso alivian mis maderos,
por él subo a los árboles, te busco,
por él te pertenezco. 

Por él la ruta es breve, por él peso
el péndulo de sol que te corona,
pulso un afán de sueño. 

Por él nacerá el hijo, por él veo
que habrán de prolongarse mis raíces,
mis primarios silencios. 

Por él mi propia rectitud defiendo,
por él mi descendencia irá sembrando
sus verdes alimentos. 

Por él bajo a la tierra y la poseo,
por él barajo el alma, un poco arena,
un poco arena y vuelo!


De "De cara al corazón"