Mostrando entradas con la etiqueta JOSÉ KAN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JOSÉ KAN. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de marzo de 2018

JOSÉ KAN





BABA O’RILEY

It’s only teenage wasteland…



Yo presencie
el día en que tu madre
mostró cual era la finalidad de este oficio.
Debo de confesar que su cuerpo
era el asedio de una revuelta popular muy noble.
Fue a su habitación
y al pasar delante de la cocina improvisada,
discretamente
arrojó sus ropas sobre la mesa.
Como una forma de incitar una revolución
y demostrar que en un principio
todo parte del silencio,
puesto que, en un estado germinal,
todos hemos sido seducidos
por la apetencia de estar destinados a algo muy grande.
Por alguna razón
aquella visión me lanzó al caos.
Marchando bajo los designios de la altura
y sin la necesidad de ser perdonado.
En lo profundo de mí,
nunca había dejado de ser un animal de casa.
Lo cierto es, que una vez que terminó,
se alzó y se acercó a mi
dejando una grieta en el mundo.
Tuve la impresión de que nos hallábamos
hambrientos de luchas y gracia. Canto y rebeldía.
Entonces llegue a la conclusión,
de que todos sin duda alguna,
en algún momento de nuestra ofrenda
hemos de dejar el asunto de una rebelión
en el reino de la metáfora.




martes, 6 de marzo de 2018

JOSÉ KAN





Tanta falta de tacto



Tanta urgencia de hombre enredado en la memoria
nos hace vulnerables ante los golpes del olvido.
Porque tu mirada no es otra sino la muerte
y tus hijos son los hijos de madres muertas de llanto y partida.
La pregunta que da vueltas una y otra vez
y que hemos decidido dejar pasar como a una caries.
Un simple resfriado que no logra alterar el curso del universo,
ni los lugares asignados por aquellos padres en la mesa a la hora
de comer. Porque ese almuerzo no llegara nunca.
Y si llega será después, allá a lo lejos, cuando ya no importe.
Pues los hijos habrán crecido, los gritos habrán sido callados,
las calles oportunamente pavimentadas por la voz de un
vendedor de elotes.
Y esta cicatriz que traigo en los ojos,
será el maullido de un gato que alcanza a ver a los fantasmas
de una vida tranquila en este país.