lunes, 30 de enero de 2012


ESTEBAN CHARPENTIER

 


 

P.D.

 

Para que no me confundas,
con mis anónimos
colgaré de los balcones de mis manos
los disfraces que más se me parecen

 

  


PABLO CASSI

 

 

 

Tu sonrisa

 

Cada noche tu mirada es un anhelo diferente,
te desnudas a conciencia con mis besos
y en mi cuerpo tejes un traje de deseos.

 

Estos versos son todo cuanto tengo
a la hora de soñar contigo,
mi pequeña historia que se instala en tu oído
la memoria se equilibra en un viaje hacia el recuerdo.

 

Tradúceme el secreto lenguaje de tu mirada
el rito unánime donde se ajustan los labios
y las palabras cumplen lo que prometen
darme la hermosura de una sonrisa.

 

Atravieso nuevamente el mismo pueblo,
recojo la tristeza de tus ojos quebrados
el vuelo indiferente de algunas palabras.

 

Tú eres bella como las mujeres que el poeta conoce
en el ejercicio de sus primeros versos.

 

  

CLAUDIO GUERRERO

  

 

 

Un día de lluvia

 

Un día de lluvia
la madre seca la ropa mojada
en la vieja estufa a parafina.
La abuela prepara en la cocina
una torta de castañas.
Los niños aún no saben nada
de metas en la vida
sólo quieren salir a la calle
a correr bajo la lluvia.

 

El padre llega agobiado del trabajo
pero trae dulces para regalar
la radio anuncia nuevos crímenes
se murmura en el sillón un hasta cuándo
el invierno se expande en la ciudad sitiada
los niños sólo piensan
en jugar bajo la lluvia.

 

  

FERNANDO MARIN

  

 

 

Amor eterno

 

Puedes cerrar los ojos, complaciente, y saber

que no habrá más estrellas con nombre de mujer

pues buscando de noche la luz del firmamento

ahora duermo tranquilo, apacible y contento.

Ahora que he descubierto que a veces en penumbra

Una llama de amor casi todo lo alumbra.

 

Puedes cerrar los ojos y soñaré conmigo

yo que sueño despierto, pero no te lo digo,

para encontrarme a solas con ese alma viajera

sabiendo que, paciente, cada noche me espera

en un frugal encuentro de silencio de silencio nocturno

para dormir conmigo un sueño taciturno.

 

Puedes cerrar los ojos, sabiendo complaciente

que este amor es eterno, infinito y paciente.

Y si acaso otra estrella ilumina tu noche

yo cerrare tus ojos y sin ningún reproche

besaré tu deseo en forma de desliz

pensando solamente: “quería ser feliz”.

 

  

SUSANA CATTANEO

 

 

 

 

Detrás del relámpago

 

Pasa la muchacha encinta

por las calles del pueblo,

pasa la muchacha.

Hacia el cielo

su frente apunta

mientras otros arrojan

duras miradas.

Pasa la muchacha encinta

por el pueblo de barro,

pasa la muchacha.

En su vientre lleva

gloria de soles.

Otros seres,

vierten vergüenza

en sus entrañas

y en su rostro puro,

piedra, amenazas.

Pasa la muchacha encinta

por la siesta del pueblo,

pasa la muchacha.

Vuelve

en el crepúsculo,

multiplicada.