sábado, 13 de diciembre de 2025


 

CLAUDIA MARÍA JOVEL

 

 

Si no amara

 

Si yo no amara
no fuera capaz de retar el viento
que viene en dirección contraria,
no vería en cada nube,
en cada piedra,
en cada flor,
pedacitos de nuestro gran amor.
Tampoco hubiera sentido
que hasta por los poros
lanzas,
como lloviznas mañaneras,
ese polen de ternura
que depositas
en la tierra,
en el cielo,
en las paredes…

 

 

LILIBETH RIVAS

 


Cavo

  

Señor, disculpe…
buscaba unos ojos como los suyos.
Bueno, parecidos.
Buscaba una barba espesa.
Bueno, no tan mal cuidada como la suya.
Disculpe, no debo juzgar
la capacidad de sus manos
ni el ángulo de tiempo
que usted tiene
para cuidar su barba,
—la suya; no la de él—.

Buscaba una voz grave…
El color de sus dientes
es parecido
a los dientes que busco.
Quizá eso tenga que ver
con la proyección
de la voz que busco,
porque dicen que el aire
transforma al sonido
por medio del color.
¿Podría hablar otra vez?
Por favor diga lo siguiente:…
¡No!, mejor no hable.

Busco un par de ojos
como las semillas de los zapotes.
¡Sí! ¡Sí! ¡Exactamente,
con esa forma y ese color!
¡Qué ojos más bellos son los que busco!
Pero los suyos, sí los suyos (no los de él),
son más pequeños y menos profundos.

Señor, perdón. Me he equivocado.
Dentro de su cuerpo no está él.
Lamento haber abierto su tumba.
Me equivoqué de cadáver.

 

LAUREN GARCÍA

 

 

 

La improvisación sostenida del jueves

 

 

Sólo reclamo al cielo
que unos vellos versos
no sean deslucidos
por la estupidez de un vanidoso,
ni por la carcajada de un cretino.
Y el resto es literatura.
Desde el mirador de la mañana
en el exilio voluntario,
se aprecia el amanecer.
Una vocal en el volcán de tu boca
es la república del viento.
Espérame en una esquina de la taberna
la hora en que regresan los viajeros.

 

De: “Un exilio voluntario”

 

 

VIVIANA PALETTA

 

  

La libertad de arrebujarse

en el rincón

de una misma:

una seguidilla machacona

en el pecho

del alma.

 

De: “Piedra de vigilia”

 

RODRIGO BUENAVENTURA

 

 

Cae la tarde.
El orfebre alza sus manos;
tenía voz y tenía rostro
aunque ahora cruza bajo la noche
y resulta irreconocible.
Ha caído en procesión,
piensa el muerto sin poder
oír ni la sed ni el hambre;
entre sus manos ve deshacerse
lo tangible
de la vida que aprisiona.
Cae la tarde
tras el sol.
Pía un gorrión sostenido
en el almendro
y espera paciente las vísceras
que servirán de alimento a sus crías.
Ha caído la luz
y en la calle cruza un cuerpo,
se arrastra entre los restos y miradas
de lo que un día llamó
sus amantes. Cae el sol
y en vísperas de silencio
la voz solo es un eco.

 

De: “Son en la noche”

 

ANA MARTÍN PUIGPELAT

 

  

OTRA vez entre sus manos la madeja y el ovillo en la otra.
Hubo tardes de respaldo y soledad.
Ya son dos y parsimonia.
Es como el sollozo: acorta el espacio

y lo comprime.

 

De: “La hermana aprendida”