lunes, 22 de diciembre de 2025


 

ÁLVARO POMBO

 


 

[ Esta primera parte de la tarde… ]

 

 

Esta primera parte de la tarde de finales de abril
La luz este rosal asilvestrado con sus rosas de té
vuelve más dulce y más abandonado que un amor otoñal
este amarillo más fugaz aún que un amor sexagenario

Airosas rosadas astromelias que rebajó la florista a la mitad
a causa de una ya visible languidez de flor cortada en flor
ayer mañana

 

De: “Substancia: Antología poética”

 

 

MARTÍN LORENZO PAREDES APARICIO

 

 

 

Camino

 

 

La primavera cruza las postrimerías del invierno y los vencejos
reniegan de su condición de emigrantes. Como todos los días,
desde aquellos de Lisboa, vas al hospital.
Los pasillos ya saben tu nombre y la luz filtrada por las
ventanas escolta la paciencia de tus ojos.
Vas contenta, con tu traje de enfermera.
La devoción al Dios, que tú admiras, empieza en la sala
de quimioterapia.
Los primeros pacientes del día se encomiendan a la habilidad
de tus manos y al consejo de la experiencia.
“No tengan miedo, todo va a salir bien. Pronto volverán a la
ternura de sus hogares. La llama de la victoria destruirá las
células del miedo”. Les dices.

 

De: “Vivir en tu invierno”

 

 

ADRIANA BAÑARES

 

 

 

El recogido dejaba ver la llama
y el arañazo.
De otra manera
una imagen de belleza conocida
no enseñaba la raíz.

 

De: “Riesgo eléctrico”

 

 

JOSÉ LUIS MORANTE

 

 

 

Epifanía

 

 

Ordinal necesario,
la pulcritud se aplica en dar textura y forma
al poema feliz.
Es palabra con alas que despierta
el hilo en el ovillo
de los sueños.

El poema desciende luminoso,
anuda pies en la belleza
y remoza pequeños propósitos baldíos
pues no contiene lastre
y conoce remedios
contra el cerco de cualquier decepción.

Auroral, el poema
asordina la angustia
y no marchita pasos
en la tierra de nadie
del chantaje afectivo.

Sus palabras exigen
que tenga la avidez
salina de lo intenso
y disloque en el aire
toda asepsia expresiva.
Que soporte la ley
gravitatoria y se mantenga
sobre la cuerda frágil de sí mismo,
como un don disponible
que sostiene el azul
y todo empieza.

Debe saber también,
hecho gesto final,
guardar los extravíos
bajo el techo solar
de la esperanza.

  
 

De: “Nadar en seco”

 

JAVIER GARCÍA CELLINO

 

 

 

Velando el fuego

 

 

Oh ángel de ternura
en cuya frente nacen países imposibles
de esos que mueren un poco cada día
es hermoso imaginarte
a una edad cualquiera de la vida
mientras te busco inútilmente
por esas calles solitarias de la ciudad
y pregunto por ti en los antiguos cafés
y acaricio viejas fotografías
en las que hay un orden más justo en tu mirada

aunque ya sea tarde para mentirnos

o se baje el telón definitivamente

 

 

KAIRA VANESSA GÁMEZ

 

  

 

Intuyo un río
un borde
y en mí misma
un andar que fue de aquí
antes de ti.

El suelo me devuelve mi cuerpo.

Parece mía
la voz oculta entre las piedras.